35º Festival del Nuevo Cine Latinoamericano

Sombras fúnebres

Festival sin glamour de estrellas internacionales, su mayor atractivo sigue siendo el número de espectadores que acuden a las salas.

Con el solemne enterramiento del filme de 35 mm, anuncio del paso definitivo del celuloide al digital, el  spot publicitario del 35º Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano afirmaba, no solo la preocupación de las autoridades cinematográficas cubanas, huérfanas de financiamiento para afrontar el tsunami de la tecnología, sino que aludía, sin remedio, a la racha de fallecimientos de fundadores de la cinematografía nacional, que ha traído este 2013.

Comenzando por Alfredo Guevara, fundador del Instituto de Cine (ICAIC), seguían, en declive imparable, directores ─Daniel Díaz Torres, Tulio Raggi─, productores —Camilo Vives—, camarógrafos insignias del equipo del Noticiero Latinoamericano de Santiago Álvarez —Dervis Pastor—, investigadores —Pablo Ramos, presidente del Universo Audiovisual del Niño Latinoamericano, un festival dentro del Festival—, arquitectos vinculados al ICAIC y a la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños —Oscar Ruíz de la Tejera─: en fin, casi una decena de difuntos ilustres señoreaban en macabro registro el evento.

Luego, la muerte de Nelson Mandela, expresidente y  líder sudafricano contra el apartheid, obligaba a cerrar las salas de cine un domingo, dado el duelo nacional decretado, luego de dos días de duelo oficial.

Adentro

Al 35º Festival Internacional de Cine de La Habana llegaron 450 obras de 35 países, de ellas, 300 de América Latina y el resto de otras cinematografías del mundo. Nueve salas habaneras acogieron los filmes.

La sección "Latinoamérica en Perspectiva", organizada por temas —cine de horror, de la diversidad, de arte y tradición—, la sección "A sala llena" (los filmes más populares, según los organizadores), la sección "Cuestión de Fe" (de filmes religiosos) y algunas otras, mostraban las películas que no competían.

Bajo el rubro "Otras latitudes", se situaban las muestras de cine alemán, británico, canadiense, checo (¡cuánto tiempo hacía que no lo veíamos!), de Corea del Sur, polaco y español.

Del Festival de Gramado (Brasil) se exhibían 9 filmes, y del de Trinidad Tobago, tres filmes. De Mérida, Venezuela, se proyectaban los cortos de un minuto de duración del Maratón Atómico Iberoamericano 2013, obra colectiva.

Concursaron 125 filmes en total: 21 largometrajes de ficción, 22 mediometrajes y cortos, 21 óperas primas (con México muy bien representado), 30 documentales, 31 animados, 25 guiones inéditos y 33 carteles.

El sector "Industria" del Festival dedicó varias jornadas a estudiar las leyes de cine de países como Ecuador, Venezuela, República Dominicana, Chile… en arduo esfuerzo por entender cómo se llegaría a articular la cubana, con cuota de pantalla para el cine del patio y  otras menudencias de la sociedad globalizada a la que, paso a paso, quiéralo o no, se va asomando el país.

Seminarios y clases magistrales

Directores, expertos y especialistas del cine —Robert Kraft, B. Ruby Rich, Suzan Pitt (Estados Unidos); Andrea Arnold, Michael Chanan (Gran Bretaña); Jorge Ruffinelli, (Uruguay); Ignacio Ramonet, (España); Manuel Herrera, Enrique Álvarez, Dean Luis Reyes, Joel del Río (Cuba), entre otros— dieron peso y brillo a conferencias magistrales, talleres y seminarios.

Se destacaron el Encuentro de la Crítica —jurado FIPRESCI y la crítica nacional—, quienes abordaron el cine digital y las nuevas tecnologías, con conocimiento de causa; así como  el seminario "¿Nuevo? ¿Cine? ¿Latinoamericano?", sobre la cultura audiovisual en América Latina.

Este último fue el seminario de mayor convocatoria de profesionales y público, el más apasionado a la hora de poner en solfa mitos y realidades de los años 70 que para nada se avienen a los nuevos tiempos, dado el nomadismo de los cineastas que hacen su obra en países ajenos a su origen latinoamericano, con temáticas de  autor,  de géneros arriesgados, y lo más importante, la aparición de nuevos formatos y soportes, donde el término audiovisual se refiere a "ese vasto conjunto de prácticas que engloban al cine, la TV, los videojuegos y las nuevos medios".

La Arnold

Actriz, escritora y conductora de TV, la cineasta Andrea Arnold propiciaba uno de los buenos momentos del Festival, al entregarse con sinceridad a la curiosidad cinéfila y al acoso de críticos y colegas directores.

Con solo tres largometrajes de ficción, la Arnold se ha situado en la cima de su país y de la cinematografía europea, contando a su haber  con un Oscar (Wasp, cortometraje), dos Premios del Jurado en Cannes (Red Road, 2006 y Fish Tank, 2009), y una exitosa, moderna versión del clásico literario Cumbres Borrascosas, de Emile Brontë.

Calificada su obra de "realismo social", con rasgos que le deben al género documental, la Arnold, cuenta historias sobre la clase obrera media de su país, en pueblos y ciudades del interior, espacios alejados de Londres.

Detallista, aguda observadora de su entorno, sus obras privilegian la imagen sobre cualquier otro aspecto técnico, siendo la espléndida fotografía, lírica en muchos momentos y la casi ausencia de diálogos las marcas de un quehacer que ofrece  mucha vida, real vida de personajes auténticos.

Lo que vimos

Del cine latinoamericano, México vino muy bien representado, al punto que varios premios (colaterales y corales) fueron a parar a manos de sus directores —Heli, de Amat Escalante; La jaula de oro, de Diego Quemada.

Argentina no se quedaba atrás y la conocida de todos, Lucía Puenzo, nos regalaba Wakolda, mirada retrospectiva a la historia, con buen pulso y momentos de tensión del mejor policíaco, también merecedora de premio.

Los cubanos Enrique Álvarez (Jirafas) y Arturo Sotto (Boccaccerías habaneras) se ganaban a sus espectadores naturales, en confrontación necesaria: Sotto recibiría el Premio de la Popularidad y el de Mejor Guión; mientras Eduardo del Llano ganaba el Coral de cortometraje por Casting.

Entre los documentales cabe destacar, de Cuba, Claroscuro (Sandra Gómez) y Mi amigo Manolo (Gloria Argüelles), testimonio de indudable valor sobre la generación que creció y se formó en el ICAIC, en la voz de uno de los protagonistas esenciales no solo del cine cubano, sino del continente, Manolo Pérez (Páginas del diario de Mauricio), quien de manera serena, habla sobre hechos de los cuales se conoce poco o solo en pequeños círculos.

De España pudo verse el documental Guitarra de Palo, de Andrea Zapata-Girau, pura música flamenca, rodado en varios países, en viaje antropológico genial.

Del cine europeo vinieron los filmes La caza, del danés Thomas Vinterberg, fundador de Dogma (La celebración); 80 millones, del polaco Waldemar Krzystek; Hannah Arendt, de la alemana Margarethe Von Trotta; la checa Ochenta cartas, del novísimo director Václav Kadrnka; y de Francia, En la casa, del conocido realizador François Ozon.

Estas fueron, de lo visto, lo mejorcito. Muchas se nos escaparon, dada la muy apretada programación que, salvo algunas excepciones, no repetía filmes.

Hubo películas que ya se habían visto por la TV. Otras, no merecen comentario.

Publicaciones

Más de veinte libros se presentaban en el Festival, con gran variedad temática, que iban de La mirada bajo asedio. El documental reflexivo cubano, del crítico Dean Luis Reyes, a Buscando a Caín, de los escritores Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco, sobre Guillermo Cabrera Infante.

Fueron presentados también los títulos El cine según García Márquez y Melodrama, tragedia y euforia: de Griffith a Von Trier, ambos del profesor y crítico Joel del Río; así como Acercamiento al cine japonés, de Berta Carricarte; Las trampas del oficio, de Ambrosio Fornet, o la compilación El cine, décima musa, de Alejo Carpentier, realizada por el escritor Salvador Arias.

Final

Festival sin glamour de estrellas internacionales, el atractivo del Festival de Cine de La Habana, sigue siendo, hasta ahora, el espectáculo de los espectadores que acuden a las salas para compartir en espacio público el visionaje de películas, persiguiendo cinematografías preferidas. Cinéfilos fieles en pura  actividad de museo,  si se quiere, en un mundo donde prima cada vez más el goce privado —sala familiar— de las imágenes.

Espectadores que llevan el almuerzo en una jaba, para no perder tiempo y salir de una a otra proyección, corriendo, casi volando, para que nadie les haga cuentos después.  Espectadores que en las largas colas se enfrascan en controversias bizantinas sobre significados ocultos o declarados, e interpelan sin ceremonias a cineastas y actores cuando los reconocen en las calles.

Directores, productores, gente del gremio y visitantes extranjeros reciben gran impacto emocional ante estas grandes salas y este cálido público. No hay otro encuentro de artistas e intelectuales, en este sentido, como el Festival de La Habana. Todavía.

Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

 Tuve la oportunidad de ir al festival y no quedé convidado a volver. Las salas en pésimas condiciones,  el calor sofocante y el mal olor me hacía pensar que estaba en una cueva cada vez que entraba algún cine. La infraestructura tecnológica y, por tanto, la calidad de la imagen y el sonido, daban deseos de llorar. Y de esas colas interminables de años atrás sólo queda el recuerdo. Tal parece que este artículo fue preparado para contrarestar el de Yoani en EL País, donde hace una descripción muy objetiva de la crítica situación actual del festival. Y como dije al principio, lo viví, nadie me lo contó.

Imagen de Anónimo

Recuerdo a los Festivales que asisti cuando vivia en Cuba. Era un corre corre entre una sala de cine y otra por ver las peliculas de las que la gente hablaba mas o se habia corrido eran buenas. A veces la oferta era limitada y teniamos que entrar para no perder el viaje a mandarnos un clavo de la cinematografia boliviana o un thriller bodrio venezolano o cuanto mas y perdonen mi crasa incultura aquellos filmes brasilenos de Clauver Rocha que los snobs aplaudian y de desmorecian alabando sus valores esteticos pero que para mi no eran mas que una partida de locos disparateros moviendose como zombies en un calenturiento desierto. Creo que disfrutaba mas las semanas de los cines frances, ilatiano, polaco, ingles y hungaro y por que no alguna de las buenas peliculas de los Komchalovskis.

Imagen de Anónimo

El gusto y el conocimiento de cine que tiene la sra. Plasencia queda más que demostrado cuando afirma que Manolo Pérez es "uno de los protagonistas esenciales no solo del cine cubano, sino del continente".

¿Por qué no dijo del cine mundial, para hacer mayor el disparate? Solamente en el provincianismo ramplón del ICAIC puede sostenerse una afirmación así. Qué espanto...

Imagen de Anónimo

¡Qué estilo de pensamiento! El mayor atractivo del festival es la gente que va a los cines, atraídos por algo.

Imagen de Anónimo

Es que ese Festival es la única ventanita que tienen al resto del mundo. No en balde yo tambien perseguia esas películas cuando vivía en Cuba. Tremendo maratón en esos días de festival, cuando corría de un lado para otro con la lengua afuera. Ahora que vivo en Miami tengo el mundo al alcance de mi mano sin tanto corre-corre, ni tanta angustia. 

Imagen de Anónimo

No lloran de aburridos pero tienen que esperar un ano para poder ver cine de calidad,nadie debe hablar del aburrimiento en Cuba si se sabe que es cierto.

Imagen de Anónimo

fantastico azucena...vamos a ver q dicen los criticones de diario de cuba para los q cuba es el infierno...y donde todos lloran aburridos