Literatura

'Lo que soy sigue vivo en mis poemas'

El poeta Delfin Prats reflexiona sobre su vida y su poesía a raíz de la edición crítica de su obra que publica la editorial Hypermedia.

Se cumplen 45 años de la publicación de Lenguaje de mudos, primer poemario de Delfín Prats. Como merecido homenaje, la Editorial Hypermedia recoge en un volumen toda su poesía escrita entre 1968 y 2013. En la entrevista que en 1968 le realizara La Gaceta de Cuba, Delfín respondía a la pregunta de quién era: "lo que soy ahora está en mis poemas". Actualmente se reafirma, al declarar que "lo que soy, lo que fui, sigue vivo en mis poemas". De ello hace parte a amigos, lectores y estudiosos que han contribuido a que su obra sea una de las más reconocidas en el ámbito cultural cubano, a pesar de los años en que la censura oficial quiso silenciar y desaparecer sus poemas.

Este hombre pasa, sin transición alguna, de la autodefinición al agradecimiento y la alteridad como prolongaciones de sí mismo.

Las últimas frases de aquella entrevista de 1968 parecen hoy realidad; el tiempo, su testimonio franco le han dado la razón y el respaldo del lector nuevo, algo que apuntaba y perseguía desde entonces al proponerse dejar testimonio "sobre el tiempo que vivimos, sobre esa historia donde los engranajes de transición se proyectan hacia quienes los justificarán". Parte de esa justificación, confirmación de esa historia, son las palabras que siguen:

¿Quién es Irán Jorge? ¿Cuánto te diferencias y te pareces hoy a él?

Hay como un anhelo de alcanzar la otredad. Presumo que con el nuevo nombre intentaba evadirme de las largas horas sentado al buró, traduciendo textos muy alejados de mis crecientes pretensiones por hacerme de una cultura literaria. Mi alianza con el nuevo nombre duró poco. El que más tarde aparece es Hiram, seudónimo bajo el cual se ocultaba el soldado con inclinaciones bohemias. Hay una anécdota que siempre recuerdo y lo hago con mucho placer: yo envío a La Gaceta cuatro o cinco poemas de aquellos que estaba escribiendo y una tarde recibo una llamada de Nicolás Guillén, quien se había interesado en ellos y me aseguraba su publicación en el próximo número de la revista. Aquello era más de lo que yo hubiera podido esperar, fue muy estimulante. Los poemas nunca se publicaron. Solo uno vio la luz, la "canción georgiana", bajo el seudónimo de Irán Jorge. Pero fue gratificante y todavía hoy el Irán Jorge que me ha acompañado toda la vida da las gracias al poeta funcionario por aquel gesto amable. Sí, evidentemente, el personaje de ficción vive aún en el que soy y me sugiere en voz baja un afán cotidiano de elegir, entre la pluralidad de las cosas, las más bellas. El ser es el río heraclitiano de indetenible fluencia.

Precisamente en ese número de 'La Gaceta' aparece 'canción georgiana' ilustrado con una mujer con los pechos descubiertos; sin embargo, en el poema se habla de Kolia, un nombre masculino. ¿Hay un referente humano real de Kolia, nombre que aparece en este que fue, además, el primer poema de 'Lenguaje de mudos'?

Sí, como parte de nuestra formación como profesionales de la lengua, destinados a impartirla en los cotos caribeños, se nos envió a diversos lugares donde estuviéramos solos entre rusoparlantes. Así fue como fui a parar a un campamento de pioneros en las cercanías de la ciudad de Tula y fue allí donde conocí al adolescente. Entablamos una hermosa amistad que duró hasta mi regreso a Cuba. Después no nos escribimos más. Un poema con el mismo título aparece en Lermontov, el gran poeta romántico. Las canciones georgianas aluden a Gruzia, que es como se nombra en ruso esa república del Cáucaso, donde yo tuve el privilegio de estar casi al final de mi estancia en la URSS cuando acompañé como intérprete a una delegación de ingenieros cubanos. La belleza del lugar, lo inusitado de la ciudad y el recuerdo de la abundancia de fruta en los mercados me han acompañado siempre.

Con apenas 15 años participas en la campaña de alfabetización cubana de 1961. ¿Algún recuerdo especial de esa etapa?

Muchos recuerdos. Se trata sobre todo del descubrimiento de lo agreste y de esa coexistencia de faldas abruptas y de mar profundo en la parte sur de la Sierra Maestra. No voy a ocultar que soy un romántico, pero mi estancia en lugares con esa insólita belleza tuvo a la larga que rendir sus frutos. Yo había crecido en la llanura y hasta este momento solo había vivenciado extensiones en lo llano. Entonces descubría que había otro tipo de paisajes. También otro tipo de hombres, forjados en las dificultades. Allí aprendí muchas cosas, entre ellas a ordeñar las vacas. Esa estancia de meses en la Uvita, que es el nombre de la localidad costera donde alfabeticé, me enriqueció ostensiblemente.

¿Qué valor crees que tiene en tu vida y en tu obra la estancia en la URSS?

Un gran valor. Date cuenta que yo había crecido en lo escueto y entonces de golpe descubría lo vasto, lo inabarcable. Descubrí también la diversidad de los hombres, pues en los albergues convivía con gente procedente de diversos países. Estaba también la diversidad de los olores de las comidas que ellos preparaban. Estreché vínculos, sobre todo con mis vecinos más cercanos y con mis compatriotas, un grupo de muchachos y muchachas a quienes quise mucho y de quienes todavía conservo imágenes en las fotos que guardo. En esos años yo era poseedor de una gran ingenuidad y no vi nada amenazante en el entorno, todo parecía seguir un curso normal, como si la corriente histórica fuera uno de aquellos ríos de vasto caudal que yo había conocido durante mi estancia en la Sierra. Por otra parte, y por raro que parezca, yo comencé a descubrir mi país desde la URSS, a través de las revistas que nos llegaban y de las conversaciones con quienes ya tenían conocimiento de nuestra cultura. Comencé a tender hacia lo cubano desde ese provisorio punto de mira entre sopas de coles y viajes en tranvía, cosas que me resultaron insólitas al principio, pero a las que me acostumbré luego. Sí, evidentemente, esa estancia de dos años y medio en la URSS tiene una gran importancia formadora en mi naturaleza, entonces en estado formativo y sin lugar a dudas, influyó en lo que más tarde pude escribir.

¿Cuál fue tu relación con el grupo El Puente y con el primer 'Caimán Barbudo'?

Cuando yo regreso de la URSS y me incorporo al trabajo de traductor en una unidad militar, ya las ediciones El Puente habían cerrado. Yo trabajaba ocho horas y después —esto es lo que recuerdo— dormía en la unidad militar. Pero el régimen no era tan riguroso como para no permitirme salir, abrirme hacia la noche. Comencé a frecuentar esa zona del Vedado, la Rampa y sus alrededores. Visitaba también las bibliotecas, pues ya había germinado en mí aquella semilla de anhelo por el conocimiento de la cultura nacional que tenía orígenes moscovitas. Es así como debo haber ido, poco a poco, conociendo las figuras que habían participado en la aventura de El Puente. Conocí a muchos de los que habían publicado en la editorial y lo más importante es que inicié con José Mario una relación que fue muy positiva para la ampliación de mi horizonte de expectativas culturales. Esta amistad de magisterio y discipulado duró hasta la partida del poeta hacia Europa. Es en ese momento, al calor de esas charlas, que comienzan a problematizarse mis relaciones con la circunstancia y es entonces que las implicaciones políticas de la literatura, y de la cultura en general, comienzan para mí a mostrar su condición de Jano bifronte. El conocimiento de lo que habían sido esas ediciones y el entrar ya a la palestra literaria habían hecho nacer en mí inquietudes nada ortodoxas, yo tengo que haber hecho entonces una labor de elección entre las tendencias del momento y debo haber, de algún modo, elegido el rumbo que iba a seguir mi escritura, rechazando tajantemente los simplismos ad usum, debo haber —un poco quizás inconscientemente— razonado que la poesía era lo contrario del discurso histórico y que mi escritura podía ser un testimonio de mis angustias y una afirmación de mis recuerdos personales, de mis vacilaciones entre lo espléndido de aquellas noches y el caos inconmensurable de la Historia.

Quiero, antes de pasar al siguiente tema, referirme, aunque sea de paso, a otra figura que influyó mucho en mi formación, Reinaldo García Ramos, otro importantísimo puentero, con quien desde muy temprano establecí una relación amistosa que dura hasta el día de hoy. Gracias, Reinaldo.

Por paradójico que pudiera parecer, yo, en aquel momento, leí los poemas que comenzaron a aparecer en El Caimán Barbudo y fui conociendo a algunos de los jóvenes que participaban en esa aventura. Parece que existe como una dialéctica en el proceso cultural que hace que los grupos y las publicaciones que los representan se releven saludablemente o, por lo menos, combatan entre sí sin que la sangre llegue al río. En cuanto a esos poetas, siempre he lamentado no haber llegado a ser amigo de Wichy, que es evidentemente la figura descollante del grupo. Razones de diversa índole impidieron esa amistad, la homofobia entre las principales. De otros fui amigo entonces y de algunos soy amigo todavía hoy. Yo rendí un homenaje al grupo en el 94 cuando, en el evento La Isla Entera, que se celebró ese año en Madrid, presenté una ponencia que llevaba por título "Nos pronunciamos", donde yo abogaba —todavía entonces lo hacía— por la unidad y diversidad de la poesía cubana de las dos orillas.

¿A qué se debe la oscilación genérica, el uso variable del masculino y el femenino de una edición a otra en tus libros y específicamente en poemas como 'pero en el viento su rumor llegaba' y 'no vuelvas a los lugares donde fuiste feliz'? ¿Tiene alguna relación con la censura y/o con la homofobia social?

Los poemas estuvieron originalmente dirigidos a un sujeto de género masculino. Después, a la hora de publicarlos, cambié el género del referente, más tarde se han publicado indistintamente de ambas maneras y ha tenido un resultado positivo. Jóvenes de ambos sexos los hacen suyos y los disfrutan sin ese prejuicio que puede generarse en la motivación homoerótica inicial. Me alegraría si en esta edición definitiva estos poemas recuperaran el impulso inicial, griego en esencia, de canto a un efebo en las playas ardientes de Santa María. Hay algo que nunca he revelado y ahora te confío: el nombre de esta colección era Con la misma intensidad de un antiguo, y nadie mejor que tú para valorar una escritura que pretende emular a Teognis. Así son las cosas, colega.

A 45 años de premiado 'Lenguaje de mudos', ¿qué significa ese breve pero intenso poemario en lo personal?

Es mi vida de entonces y la de ahora, el levantarme, tomar café, salir, caminar, recorrer la ciudad, volver al "sitio en que tan bien se está". En cuanto a la escritura en específico, es el soporte donde se apoya todo lo que hice después. Yo era alguien a quien la poesía no se le daba fácil, pero cuando se daba, lo hacía torrencialmente. Eso ya está en mis primeros poemas, en ese cuadernillo.

Persigues fundir tus inquietudes intelectuales con el entorno natural, ¿hay límite entre uno y otro?, ¿los diferencias?

Recuerda que en mi infancia todo fue entorno. Hay una marcada gravitación de la intemperie y del desamparo en todo lo que vino después. Al principio era solo ese bohío y sus alrededores, la finca, un arroyo rodeado de árboles, lo que yo llamo "el bosque". Esas instancias escuetas siempre me han acompañado y hasta el día de hoy no he podido separarlas de lo que he hecho. Claro, más tarde vinieron otras extensiones, las playas, la llanura. Es entre ellas y los espacios y perspectivas que abre la noche por donde discurre mi escritura, los poemas fluyen sobre los espacios, palabras y espacio delimitan las perspectivas de un sujeto lírico que con voz agónica o plena de esperanza escarba en la circunstancia persiguiendo respuesta. No veo límites entre los lugares donde cursó mi vida y las palabras que la configuran. Yo soy esas playas, esos espacios nocturnos, la llanura del Cauto, Gibara. Solo que mi voz redefine los lugares, los adapta a una apetencia siempre nueva. Es una danza erótica donde el cuerpo posee el espacio como la última de las alternativas.

Tu escritura tiene una concisión y un acertado decir en algunos textos, y al mismo tiempo en otros hay un desenfreno catártico, teogónico con pretensiones de aprehender el entorno, de nombrar en un sólo cuerpo 'el esplendor y el caos'. ¿Cómo se da ese proceso en ti en calidad de creador, de ser que piensa y se propone plasmar a través de la palabra un pensamiento?

Escribir un poema es un acto de magia. Al principio en la página no hay nada. Pero de lo exterior viene una avalancha que el poema está obligado a ordenar. Hay ocasiones felices cuando el poema se escribe solo, como dictado por un daimon. Son esos textos que ni siquiera hay que corregir. Criaturas forjadas en la luz interior, ellas esplenden por sí solas, al calor del ritmo. Otras veces el trabajo se complica. Lo que va a ser el poema involucra una cantidad enorme de materiales procedentes de distintas esferas de la experiencia, sobre todo están los relictos de la cultura, que has recibido de las lecturas, de las artes, el cine, los cuadros que has visto. No toda referencia cultural sirve a la hora de construir un poema. En su montaje te ves obligado a prescindir de muchas, sólo las que abren nuevos espacios serán admitidas a final de cuentas. Un poema así se parece más a un cuadro o a un documental que a un texto convencional donde la voz del que redacta intenta definirse, autoconfesarse, hurgar en las contradicciones. El resultado de ese tipo de experiencias está expuesto a grandes riesgos de permanencia y recepción. Puedes arruinar las expectativas del mejor lector con ese cúmulo de ingredientes dispares. Pero yo creo que a menudo he salido airoso en esta empresa osada. Ahí están los cuatro rocks. Logré decir más cosas en esos textos tumultuosos que lo que nunca hubiera hecho en años de escritura reflexiva. En cuanto a los textos concisos y de escritura lineal, enhorabuena. Son los textos que más uso en las lecturas públicas. Sales fácilmente del paso leyéndolos para un público formado por amantes ocasionales de la poesía. Los textos caóticos los reservo para lecturas frente a un público más exigente. Son poemas para poetas y para críticos.

¿Cómo entiendes la relación 'poiesis'-naturaleza tan peculiar e importante en tu obra?

La naturaleza original de la criatura es una con el cosmos. Participar en la vida social empaña ese débil punto de luz cósmica que es tu centro. Todas las apetencias que plantea el vivir se anularían si pudieras evadirte hacia la luz interior que es una con la luz esencial en el centro del universo. El error aquí pudiera darse si se considerara la naturaleza como una otredad antagónica de tu propio ser. Es en mi poema "aguas" que ese diálogo e interacción con los espacios abiertos alcanza su cenit. Aquí el hablante lírico parece fluir de un punto del espacio al otro fecundado por el Eros de la contemplación de la belleza física y otorga a ese cuerpo apetecido y nunca alcanzado una dimensión sobrehumana. Las instancias espaciales se entrelazan con la criatura apetecida y otorgan finalmente ese cuerpo poemático, fluyente y contradictorio, digno también de un antiguo. Es un Eros centrado en lo natural, en la danza de las estaciones, en lo infinito. Es así que poiesis y naturaleza son inseparables en lo mejor que he dado de mí.

Recitas como nadie tus propios versos, con una precisión y claridad que le falta a las ediciones impresas. ¿Qué relación estableces entre la oralidad y tu poesía?

Esa forma de decir viene con uno. Tengo cierto registro y lo exploto, sobre todo si la ocasión vale la pena. Los grandes textos necesitan no la voz de un declamador, por bueno que sea, sino el matiz o los matices que puede aportar el propio autor. Hay poetas que nos dejan decepcionados cuando los escuchamos leer sus poemas. Hoy día se ha generalizado una forma de decir que es monotonía pura, el texto es percibido por el auditor como un sonsonete insulso, hay pocas diferencias entre esta manera de leer y la forma en que se leería un texto en prosa cualquiera. Yo apuesto por el énfasis, por el antiguo pathos, el poeta entonces recupera aquella capacidad que tuvieron los antiguos para adueñarse de un escenario y para entusiasmar a un auditorio. He presenciado la lectura de poetas rusos, turcos, que lo hacen muy bien y aunque a nosotros, desconocedores de esas lenguas, se nos escapa el sentido de las palabras, sí percibimos la enorme musicalidad de esas construcciones. En cuanto a mí, pues a la hora de decir un texto enfáticamente, siento que se va enriqueciendo, alimentado por la marejada de una expresión cargada de sonoridad y ritmo. Y es que la poesía moderna dejó de interesarse por la dimensión sonora, ingrediente sine qua non del género lírico desde épocas remotas. Hay algo más: siempre he dicho, y lo repito ahora, que mi poesía sólo alcanzará su dimensión óptima cuando yo pueda decir mis poemas con acompañamiento musical, un cuarteto de cuerdas, por lo menos un violín y un piano. Esto contribuiría a que se exaltara al máximo la dimensión sinfónica de algunos de mis textos, "aguas", por ejemplo, y los rocks.

¿Cómo recuerdas la noche habanera de tu juventud, esa que también ha dejado su impronta en tus versos?

Al principio fue esa pequeña zona de La Rampa y los pequeños clubes. Yo tenía libres las noches y las empleaba en la disipación sana, ese entretenimiento de juventud que consiste en salir, expandirte y visitar lugares. Es seguro que no pudiera visitar dos clubes en la misma noche, pero lo cierto es que los recuerdo casi todos: una barra, los tragos, los cantantes que animaban la noche. Esto duró bastante, y volviendo al tema de las Ediciones El Puente y su gente, es posible que en esos lugares yo departiera con todos o con casi todos los que quedaban. Ya desde entonces estaban también las playas: Santa María, Guanabo. Íbamos a casas alquiladas y allí continuábamos las tertulias, las lecturas, el debate literario. Esa relación con las playas duró años, pero siempre eran playas distintas, el paisaje cambiaba, había variaciones de período en período. El bar que existió al cruzar la bahía, donde terminaba el recorrido de la lanchita de Regla, lo conocí con José Mario, también los bares del litoral en la Habana Vieja. Recuerdo un nombre excitante: Two Brothers Bar.

Los años de "la onda" fueron fundamentalmente de lugares abiertos, de recorridos entre el Carmelo de Calzada y el Hotel Nacional. Recuerdo los grupos, la gente variopinta, el ajetreo en la noche, la risa. Esta es la época que rememoro con más placer, muchos amigos de ambos sexos, amoríos pasajeros, exprimir la noche hasta la extenuación y de nuevo las playas, el amanecer en Santa María. Había todo un trecho junto al mar poblado con cabañas de lona que alquilábamos. ¿Cómo? ¿Con qué dinero? No podría decir. Solo sé que allí venía a culminar todo aquel ajetreo y la caminadera vedadense. En los años de la onda mi frecuentación de los pequeños bares declina a favor de nuestra expansión hacia las playas. Muchos años después yo recupero por años las playas. Conseguí un trabajo en la empresa turística y disfrutaba permanentemente del mar. Era un trabajo engorroso y poco remunerado en el comedor de un hotel para trabajadores, pero me dejaba libre un día cada dos. La playa con todo su esplendor e incentivos sensuales era mía. La noche habanera quedaba distante y era, evidentemente, otra. Aunque todavía no había llegado la dolarización, los clubes del Vedado eran más caros, y ya no estaban al alcance de mi bolsillo. Es mi época de mayor proximidad con mi célebre coterráneo Reinaldo Arenas. Él no era bebedor, los bares no deben haberle interesado nunca, tampoco se vinculó en ningún momento con la onda, sus intereses eran otros, visitábamos gente y lugares, comíamos en algún restaurante. La casa de Clara Morera en la calle Muralla y la Iglesia Episcopal del Vedado son los lugares que ocupan el primer plano en mis rememoraciones. Y otra vez el mar, por supuesto. En resumen, que mi prolongada relación con La Habana, diurna y nocturna, y sus playas se prolongó durante muchos años e influyó notablemente en lo que entonces y más tarde pude escribir. Las ciudades son trampas, pero ofrecen salidas que tarde o temprano nos lanzan hacia espacios insólitos, en la luz y el brillo de lugares perdurablemente asentados en la memoria.

En 1981 regresas definitivamente a Holguín, ciudad en la que todavía vives. ¿Qué significa Holguín para ti?

Hay una  especie de fatum que te ata a determinados lugares y frente a ellos tienes dos opciones: o los abandonas y rehaces tu circunstancia o te quedas en ellos. Yo opté por quedarme o quizás una fuerza kármica superior a mi voluntad me impuso la permanencia. Holguín fue una fuerte atracción en mi infancia, era el pueblo, a donde había que ir por casi todo, por todo lo que no se produjera en la finquita o no pudiera comprarse a los vendedores ambulantes, que ya entonces eran montón. Entonces, mi vínculo con Holguín comienza desde la infancia. Mi abuela vivía en la ciudad, en uno de sus suburbios. Íbamos a los carnavales. Vivían en ella también otros parientes a los que visitábamos. Vino después la secundaria que cursé como interno en dos lugares distintos, séptimo y octavo. El noveno ya lo cursé en La Habana. Después la URSS. A mi regreso ya se vislumbraban los cambios, quizás algo del añorado progreso; había mejorado el transporte entre mi barrio de nacimiento e infancia y Holguín.

No puedo escribir sobre estas cosas sin que una indesterrable tristeza aflore, amenazando con quedarse conmigo. Es por la no permanencia, por la fluencia del tiempo que acarrea pérdidas. Fui a estudiar a la Habana, viajé a la URSS, me quedé a trabajar en la Habana, pero siempre hubo la alegría del retorno. Mi relación con Holguín continuó y se ha prolongado hasta el día de hoy. Períodos aquí, años allá, siempre volviendo. Hay un momento en que mi madre se traslada a Holguín, quedando mi padre y mis hermanos en la finca. Mi tiempo en Holguín es tiempo con mi madre. Viene un retorno de permanencia bastante larga que es cuando entro en contacto con el ambiente cultural, donde se estaba gestando ya la eclosión de los ochenta, en la que  participo con derecho pleno. En los ochenta ya soy ciudadano a tiempo completo, participo en el movimiento literario, me publican en La Habana Para festejar el ascenso de Ícaro, me conceden el Premio de la Crítica, viajo a la URSS al Festival Pushkin con el doctor Luis Álvarez Álvarez. A partir de este momento las publicaciones se suceden una tras otra, publico siempre los mismos poemas en libros que son completados por nuevos textos que se iban sumando a una obra en desarrollo. ¿Qué fue lo que caracterizó a Holguín como centro de desarrollo literario? Una como voluntad de emular, de competir con La Habana y otras ciudades del país en un momento en que la creación literaria crecía al calor de una auténtica apertura cultural después de los años de estancamiento que configuran lo que la historiografía denomina como un "quinquenio gris", que duró, evidentemente, más de cinco años. Holguín era —y lo sigue siendo— la sede de importantes eventos, sus escritores eran premiados en concursos, participaban en actividades en la capital y otras ciudades. Y yo iba con ellos, leía mis poemas en auditorios de jóvenes que tenían sobre mi obra y persona un conocimiento parcial. Pasé de oveja negra de los setenta a ser uno de los creadores que las nuevas generaciones acogían entonces sin reparo.

Holguín, además, se abre hacia sus municipios. Participé como jurado en los eventos literarios de estas pequeñas ciudades. Algunas están arraigadas en el discurrir de mis recuerdos: Gibara, Banes (que reclama ser sede del natalicio de Gastón Baquero), Mayarí, Moa.

Muchos de los que ahora son mis mejores amigos participaron en esta aventura cultural, no cito sus nombres porque he evitado en estas conversaciones citar a personas vivas. Sí puedo decirte que los lazos que me unen a los creadores holguineros —ausentes y presentes— son sólidos y muy gratificantes. La ciudad también me es muy querida, muchas veces saludo el hecho de que sea mi ciudad caváfica, esa que te persigue estés donde estés y vayas donde vayas.

¿Qué valor tuvo en lo personal el reencuentro en Madrid en 1994 con autores como Manuel Díaz Martínez y Heberto Padilla y la interacción con Gastón Baquero?

Ese evento es el mayor estímulo que he tenido desde mis inicios en la escritura y hasta el día de hoy. Fui a Madrid ciertamente cohibido por tantos nombres brillantes con los que iba a compartir en las jornadas. Ya al llegar a La Habana percibí que se trataba de una reunión importantísima por los escritores con los que iba a viajar. En Madrid se hizo evidente que la cosa iba en grande. El diario El País publicó mi foto entre figuras de primera línea: fotos de Lezama, Baquero y Padilla me anteceden. "Una inevitable polémica política marca el encuentro de poetas cubanos en Madrid", rezaba el titular. El evento fue pródigo en sorpresas agradables. Las figuras, ya lo he dicho, eran de primera línea, sobre todo y en primerísimo lugar la presencia de Gastón Baquero, entonces un mito viviente, vinculado por nacimiento a Holguín. Díaz Martínez estuvo muy ligado a Holguín, fue uno de los miembros de esa ya legendaria "Generación del 50" que más nos visitó, prestando asesoramiento al incipiente movimiento literario de la provincia. Con Heberto me ligaba una amistad nacida a raíz de mi premio en el 68. No olvidemos que fue su esposa de entonces, Belkis Cuza Malé, quien otorgó uno de los dos votos favorables a mi libro. Ella no estuvo en la reunión de Madrid, pero mi reencuentro con Padilla fue cálido y durante las jornadas nos encontrábamos y compartíamos a diario. Yo le hice entrega de ejemplares de libros de los mejores poetas holguineros.

En cuanto a Baquero, pues me acogió con mucho cariño. Siempre hago la anécdota de nuestro último encuentro, ya terminado el evento, junto a un estanquillo de periódicos y revistas. Yo iba en un auto con Reina María Rodríguez y un amigo suyo; vimos a Gastón junto al estanquillo, creo recordar que hojeaba una revista, me bajé y fui derechito hasta él, a despedirme. Me compró un diario, me lo entregó y allí nos despedimos. Fue la última ocasión en que lo vi. Sin embargo, su magisterio me acompaña todavía. Al regresar a mi país yo estaba transformado por esos días deslumbrantes. Fue la realización de un sueño.

Al recibir el premio David, afirmabas: 'lo que soy ahora está en mis poemas', ¿sigue siendo así?, ¿cuánto y cómo ha variado esa idea hasta hoy?

Todo lo que hay de contradictorio en un hombre está en su escritura. Ese primer librito sirvió para demostrarme a mí mismo que yo podía luchar con la poesía y vencerla. Vinieron después años de vida múltiple, de asimilación de conocimientos, cientos de lecturas, miles de días acumulándose bajo el sol, buscando su configuración en las palabras. Lo que soy, lo que he sido, sigue vivo en mis poemas, ha envejecido la apariencia exterior, pero el corazón, el cerebro o lo que sea, allí donde reside mi esencia más íntima, sigue y seguirá estando presente, con fuerza gravitante, en mi experiencia como poeta.

¿Cómo se define hoy Delfín Prats?

Alguien que ha logrado atravesar las barreras y el valladar de los años. He sido llevado de un lugar a otro, de una ciudad a otra por la ventisca de las circunstancias. He establecido relaciones de amistad y camaradería con muchas personas, mi página en Facebook está llena de las caras de esos amigos que han sido mi mayor ganancia a lo largo de años. Al resumir estas conversaciones contigo, carísimo editor, quiero aprovechar la ocasión para saludar otra vez a mis amigos regados por el mundo y para agradecerles su asiduidad. Yo he rechazado y rechazo el veneno y la mala intensión vengan de donde vengan y he luchado por lograr un espacio, un lugar, un alto sitial para la escritura y su magia. Me considero un afortunado: las casas editoriales y las revistas me han abierto sus puertas, las antologías me han acogido. Quiero agradecer por ello, en primerísimo lugar, al Ministerio de Cultura de mi país, uno de los pocos países donde la cultura está entre las prioridades como un alimento cotidiano. Agradezco también a la UNEAC, en cuya editorial he publicado algunos de mis libros. Agradezco a los trabajadores de la cultura y de la UNEAC de mi patria chica (Holguín) por su apoyo permanente, a Ediciones Holguín y a la Editorial La Luz por publicar mis libros, a la AHS por patrocinar la edición de un disco con mi voz: El brillo de la superficie. Debo citar también mi aparición en películas documentales. A los directores de esas películas mi agradecimiento. Y a los editores y traductores que publicaron antologías con mis textos: Alex Pausides, Luis Aguilar, Fabio Aristimunho y Lourdes González. Mis textos, vertidos al portugués por Fabio, exceden en belleza a los originales. También está la traducción de El esplendor y el caos al italiano que hiciera mi amigo el poeta paduano Francesco Manna. Gracias, Francesco. Termino estas líneas, y con ellas termino de responder a tu cuestionario, expresándote el más sincero y cálido reconocimiento por tu edición de este libro que reúne todo lo que he escrito a lo largo de más de cuatro décadas. Es cierto que me hubiera gustado prescindir de algunos textos, pero, en resumidas cuentas este es un libro concebido y realizado por ti. Es, en resumidas cuentas, tu obra, mi poesía reunida por ti. Para ti, repito, mi más ferviente reconocimiento.

Comentarios [ 14 ]

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Jerusalen, Jerusalen. Que matas a tus profetas, !Cuantas veces quise unirlos como la gallina a sus pollitos!. Roberto Montero-Pupo

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Deberian entrevistar a Daniel Fernandez que menciona muchisimo a Pratts en su excelente y divertidisimo libro, "Sakuntaka la Mala Contra le Tetrica Mofeta."

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    Cito algunas de las opiniones sobre Delfín Prats vertidas por Reinaldo Arenas en su novela "El color del verano". Algunas de esas opiniones, claro está, porque tiene frecuentes referencias a Delfín en su obra. Pone en boca de Delfín en un diálogo con otros poetas cubanos las siguientes afirmaciones sobre sí mismo (el propio Delfín Proust -dice Reinaldo- (Prats)): "Soy un imbécil repitiendo pamplinas", "Soy un pájaro cursi y a la vez serio", "Soy una loca que quiere ser s.....a por un miembro del Partido", "Soy una loca que grita: 'Me parto, me parto...", "Soy un mudo pececillo", "Ya vienen los bugarrones a matarme. Pero cuando yo esté ausente, no lloréis más, delfines de la fuente, que yo se las mamé hasta que se me gastaron los dientes."

     Son sólo algunas de las referencias a Delfín en la obra de Arenas. Valoren ustedes.

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     Aparecen varias semblanzas sobre este señor en las obras de Reinaldo Arenas, así como de Hiram Prats. Las opiniones de Reinaldo aparecen de modo más taxativo en los manuscritos originales en la Universidad de Princeton (sin corrección de nombres). No queda para nada bien parado este señor entre las opiniones de Reinaldo, pues según el escritor fallecido era contundente su colaboración en varios sentidos con la policía cultural del régimen, hasta algún manuscrito de novela sustrageron (de Reinaldo) tanto el Delfin como el Hiram por órdenes de la dictadura y para evitar que se publicara lo que Reinaldo escribía constantemente. Comprueben ustedes mismos lo que afirma el escritor fallecido que conoció a este señor y vivió después en libertad. Amén de otras cosas más.

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Lo conoci en un encuentro de jovenes escritores y poetas, precisamente en Holguin, digo lo conoci porque me dijeron, ese es Delfin Prast. Luego lo escuche hablar de poesia, se sento muy cerca mio con otros escritores y poetas de su generacion, entre ellos habia una cierta veneracion recurrente, sospechosa, demagogica, y como era de esperar, los jovenes no solo veiamos en ellos a poetas mayores, sino, a los tipos despreciables que vivian de la botella que les ofrecia la tirania como trabajadores que no hacian absolutamente nada en Casas de Culturas, Museos Municipales, o en cualquier otro hueco citadino o provinciano donde se pasaban las horas leyendo, fumando, o alcoholizados. Al final de la quincena les llegaba el pago por sus servicios a la revolucion. Luego los viajes a los paises socialistas y  otra vez el circulo oscuro y vicioso y aquella mirada de alcones polleros sobre nosotros. Recuerdo que uno me dijo un dia: Guajiro, si yo quiero, el mes proximo su cuaderno cuentos es publicado en letras cubanas. Vaya por casa, llameme. Permitame ser su amigo. Puso su mano en mi hombro luego la descorrio con una leve caricia. Le sonrei y me aleje rojo de ira. Por supuesto, este guajiro de bejucal jamas fue publicado por letras cubanas. Si acaso, apareci en una diminuta antologia de jovenes narradores de Salvador Redonet titulada "Los Ultimos seran los Primeros" 

si luego Delfin se convirtio en disidente, no lo se.

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Resulta que Diaz Espi, director de DDC, es tambien Editor de tal Hypermedia, y el autor de esta entrevista, Yoandy  Cabrera es tambien del equipo editorial de la misma.  Que negocio mas redondito! 

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Buena e interesante entrevista. Gracias a Diario por estos artículos de buena cultura cubana. 

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Pero este no es el mismo, que fue hostigado y marginado por la elites oficialistas?  Por ser homosexual mayormente.  Y ahora agradece al Ministerio de Cultura y la UNEAC, y alaba al regimen como unos de los mas bondadosos con la cultura?  Que pobre diablo, este ser tan miserable y arrastrado, ahora que lo han desenpolvado para la politica de cabeza de playa cultural que se traen mas agresivamente por estos tiempos.  Y el DDC siguiendo las pautas; cada vez me parece este blog como otro rejuego castrista.  Les reto que publiquen este comentario.   

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Grande Delfín, el que habla como escribe. Pocas veces el entreveistado nos muestra su alma en sus respuestas. Mil felicidades!!!!

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ESA PROFUSA HUMANIDAD QUE HABITA EN DELFIN PRATS.