Filosofía

La humanidad del filósofo

Sartre, Foucault, Lévinas… El cubano Raúl Fornet-Betancourt habla de su relación con eminentes filósofos europeos.

Recientemente, el Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago de Chile (IDEA), invitó al profesor y filósofo cubano Raúl Fornet-Betancourt, uno de los creadores de la filosofía intercultural y destacado intérprete de la Teología de la Liberación, entre otros temas, a protagonizar un seminario de varios días en su sede en Providencia. A Fornet-Betancourt se le considera uno de los pensadores importantes de la actualidad. Aunque se había prometido no viajar más este año, su amistad con el profesor José Santos favoreció la realización de una de las más auténticas expediciones en el saber filosófico que se hayan producido en IDEA.

Casi adolescente, a los pocos años del triunfo de la revolución cubana y a consecuencia de la nacionalización de la educación católica, Fornet-Betancourt partió de su isla natal. Culminada su formación con dos doctorados, es autor de monografías, libros y ensayos traducidos a varios idiomas. En Alemania desde 1972, ha trabajado como director del Departamento de América Latina del Instituto Católico de Misionología de la ciudad de Aachen, además de fundar y dirigir, desde 1982, Concordia, Revista Internacional de Filosofía, que entre otros valores ha ayudado a difundir el pensamiento latinoamericano en Alemania. Hasta ahora, por otra parte, ha editado 58 libros monográficos bajo el mismo rótulo que la revista: Concordia.

Precisamente esta última ayudó a vincularlo con varios de los más connotados filósofos europeos, sobre lo cual concede por primera vez una entrevista. Para otro momento quedan sus diálogos con colegas latinoamericanos, a quienes el isleño conoce extensamente y quienes reconocen a su vez el especial carisma, el carácter digamos dulce y acogedor de esta relevante personalidad de la cultura.

En un libro de 2004, Fornet-Betancourt recuerda que diez años antes inició un diálogo entre cubanos de dentro y fuera de la Isla, que resulta "muy difícil" a nivel político, cultural, teológico y filosófico. El objetivo es convocar a ambas partes a dejar todo dogmatismo, toda tendencia de fundamentalismo y encontrarse en un diálogo, señaló entonces el profesor.

Contrario a la expresión pitagórica de que el filósofo es aquel que contempla el espectáculo de la vida, Jean-Paul Sartre, que además se destacó como crítico literario y autor de ficción, ocupa un sitial único en el campo intelectual europeo cuando usted llega al Viejo Continente…

En eso pensaba precisamente el primero de noviembre de 1979 cuando iba hacia su apartamento en la Torre de Montparnasse, a entrevistarlo para el primer número de Concordia, que en aquellos momentos era todavía un proyecto. Ya Sartre estaba prácticamente ciego, pero nos abrió la puerta y al finalizar nos acompañó al ascensor y nos despedimos diciendo nos vemos después, nos vemos otro día. Desgraciadamente no hubo otro día, pues cinco meses más tarde murió. Esta entrevista se publicó en el primer número de Concordia y se tituló "Anarquía y vida moral", correspondiente a su última etapa en que ya prácticamente no se reconocía marxista, sino que iba más bien por una filosofía de la libertad como vida moral, buscando la fraternidad universal y la transformación misma del ser humano a través de su libertad.

Esa entrevista podría ser importante para aquilatar la humanidad del único que hasta hoy ha rechazado voluntariamente el premio Nobel de literatura, pues reconoce un error, a partir de una pregunta concreta que le hicimos, que se asocia con su capacidad de corregirse. Le recordamos: usted ha dicho en algunas de sus obras que la historia es absurda. Y su respuesta: si lo he dicho no lo pensé bien.

Fue la honestidad intelectual uno de los rasgos que más me impresionaron de Sartre. Recuerdo que luego de un viaje a la Unión Soviética y en el contexto de la Guerra Fría, justificó en cierta forma o dijo que no había campos de concentración en la Unión Soviética o campos de prisioneros políticos, etc. Luego, en una coyuntura histórica distinta y confrontado con esa afirmación —creo que en el contexto de la famosa disputa que tuvo con Albert Camus que terminó la amistad entre ambos— él reconoció que a la vuelta de aquel viaje había mentido, y como justificación dijo: yo no supe buscar alternativa entre la fidelidad al proletariado y la fidelidad a la verdad, y entre esas dos fidelidades me decidí por la fidelidad al Estado que yo pensaba que representaba a la causa del proletariado, pero he mentido. 

¿En qué circunstancia conoció a Michel Foucault?

Foucault fue uno de los grandes maestros que pudimos escuchar en París, en uno de sus últimos cursos sobre la hermenéutica del sujeto. Fue en ese célebre curso donde lo conocí. Lo abordamos con una pregunta muy insegura sobre si nos podía dar una entrevista para una revista prácticamente desconocida en el mundo francés, y por supuesto para él también. La respuesta fue generosa y espontánea. Nos citó en su casa, donde estuvimos como cuatro horas, discutiendo, hablando, grabando. Fue un ambiente sumamente cordial, de temas serios y sobre su relación con otros filósofos, por ejemplo con Sartre, etc.

No solo fue la impresión que recibimos de su capacidad creadora y filosófica, vista en vivo en una entrevista improvisada, sino la sencillez con que nos atendió. Y nunca se me olvidará el hecho de que cuando no llegaba el texto corregido por él, que ya transcrito le habíamos enviado, lo llamé telefónicamente y le dije que estábamos esperando por su texto, pues no queríamos que el número saliera sin su entrevista, "el plato fuerte, debido a su nombre", le dije.

"¿No les he devuelto el texto?", se disculpó. "Mil perdones por esta demora mía, lo tengo revisado y pensé que se lo había mandado", concluyó. Lo impresionante es que 40 minutos más tarde estaba él personalmente trayéndonos el manuscrito al apartamento donde vivíamos. Fue un acto de humildad impresionante.

En las imágenes fotográficas de la época, generalmente en público o en la calle, se ven juntos con frecuencia a Foucault y Sartre. Cuando usted entrevistó a Foucault ya Sartre había muerto. ¿Qué le dijo el autor de 'Las palabras y las cosas' sobre el creador de 'El ser y la nada'?

Un punto obligado en la entrevista con Foucault era su relación con Sartre, quien había muerto y sobre quien explicitó distancia y puntos críticos, en particular sobre el concepto del mal y la libertad. Pero nos sorprendió que cuando devolvió el manuscrito había tachado esa parte, y nos dijo que por favor no publicáramos esas críticas. Cuando le preguntamos por qué, respondió exactamente: "él sigue siendo el maestro".

Era una especie de admiración que él sentía todavía por lo que había significado Sartre en la cultura francesa. Para nosotros es difícil de explicar en el mundo de hoy que un intelectual llegue a tener el impacto moral que tuvo Jean-Paul Sartre en toda Europa. Fue una figura realmente mundial que se metía en muchas cosas. Daba su opinión y a veces se equivocaba, pero estaba muy presente en la vida cotidiana, en los debates culturales y políticos, y en ese sentido Foucault rendía homenaje todavía a esa aureola de autoridad moral que había representado Sartre. Así nos explicamos su decisión de que no apareciera su crítica, a pesar de que Sartre sí había criticado a Foucault.

Dos de los autores que marcan profundamente la obra de Fornet-Betancourt son José Martí y Emmmanuel Lévinas, a quienes por cierto no se han relacionado a pesar de sus parentescos evidentes. ¿En qué fecha conoció usted a Lévinas?

El primer encuentro que tuve con Lévinas fue en un congreso en el año 1981 en Asturias, donde se celebraba un encuentro internacional al cual fui invitado y el invitado de honor fue precisamente Emmanuel Lévinas. Recuerdo que cuando le pregunté si podía visitarlo en París y hacerle una entrevista, me escribió espontáneamente, de su puño y letra, su dirección y su teléfono en mi cuaderno. Nos despedimos y a los pocos meses yo pasaba por París, lo llamé y acordamos una fecha.

Nos recibió en su casa con una hospitalidad extraordinaria para un diálogo que duró cinco horas, solo interrumpido para tomar un té y unas pastas que había preparado su esposa. Cuando llegamos a nuestra casa, tratamos de empezar la transcripción de la grabación, pero enseguida notamos que prácticamente no habíamos grabado nada. Sentíamos una vergüenza tremenda. Le hemos hecho perder a este hombre toda una tarde, hemos estado cinco o seis horas en su casa sin resultados.

El editor y yo tratamos de reconstruir la entrevista a partir de nuestras notas. Tanto él como yo habíamos tomado notas, pero una entrevista tan larga, tan diversa en los temas, era imposible de reconstruir, además en una lengua que no era la nuestra. Hubo que decidirse por llamarlo y decirle la verdad. "Mire, señor Lévinas, realmente tenemos una tristeza enorme, estamos totalmente desconsolados, lamentablemente nuestra grabadora no funcionó", le dije.

Pero para sorpresa nuestra, del otro lado del teléfono alguien empieza a reírse. Era Lévinas que tomó el asunto con muchísimo humor. Dijo: "los filósofos y la técnica no caminan bien". Pero lo más extraordinario (y esto habla de que él vivía su filosofía), se hizo cargo de la situación en que estábamos porque nosotros no nos atrevimos a pedir una nueva entrevista. Y más extraordinario aún: "si ustedes tienen tiempo vuelvan mañana". Le dio la vuelta al asunto completa y generosamente. Al otro día fuimos con un aparato nuevo y otros dos para grabar. La entrevista se tituló Filosofía, justicia y amor, y ha sido traducida a muchas lenguas.

'Concordia' no se redujo a dialogar con filósofos en la cúspide de su excelencia, como fue el caso de Karel Kosík, quien desde la fama se convirtió en silencio, para resurgir nuevamente como parte de una biografía que sintetizó, como en pocos filósofos, el talento, la resistencia y un alto costo en dolor.

Vale mencionar aquí, efectivamente, al neomarxista o marxista crítico checo Karel Kosík, que en español se hizo famoso por su libro La dialéctica de lo concreto. Lo conocí en Praga en 1990 o 91, cuando estaba prácticamente olvidado. Fue una persona muy sufrida. Sufrió el nazismo, contra el cual luchó y por el que fue enviado a un campo de concentración, también el estalinismo y, al final de sus años, el neoliberalismo. El pobre hombre. Me impresionaron su capacidad crítica y su honestidad.

Recuerdo que se alegró muchísimo de nuestra entrevista, nos llevó a comer fuera, nos enseñó Praga, tomamos una cerveza y luego nos invitó a comer a su casa, a cenar con él y su esposa, donde su hijo menor, que tendría unos doce años, ya tocaba violín y nos dio una pequeña demostración. Nosotros sentimos que era en parte agradecimiento porque alguien se hubiera acordado de él. Ya estaba olvidado.

En la época del estalinismo, Sartre lo había defendido cuando le incautaron la continuación, en manuscrito, de su obra La dialéctica de lo concreto, que no estaba terminada, pues quería continuarla como diálogo entre existencialismo y marxismo. Aquel manuscrito lo incautó la policía estalinista y se perdió. El suceso le dejó una marca profunda, lo traumatizó. Luego, en el 90, caído lo que se llamó "socialismo real", lo reintegran a la universidad.

Cuando los liberales lo atacaron y lo acusaron de marxista, Habermas lo defendió y nosotros publicamos una carta de éste, una pequeña toma de posición a favor de Kosík, que se tituló La nueva discriminación. Son figuras que uno recuerda con mucho cariño, no solamente por el valor de sus propuestas, sino por la autenticidad de su vida filosófica.

Durante el seminario usted aludió a la implicación de Gadamer con el nazismo, a pesar de que prácticamente todo lo que se puede leer sobre el innovador de la hermenéutica es que rechazó lo que aquel régimen representó.

Yo no lo conocí personalmente. Lo que conté el otro día sobre Gadamer, a quien se consideró en efecto totalmente en contra del nazismo, fue acerca de una tesis que causó bastante revuelo, pues trata las implicaciones de Gadamer con el nacionalsocialismo. La tesis, que se publicó bajo el significativo título La violencia platónica, prueba que el autor de Verdad y método tuvo su implicación en el sistema nazi y aunque no fuera tan connotado y no se involucrara tanto como Heidegger, sí dio conferencias en el sentido que querían los nazis, etc. Se demuestra que tuvo complicidad, pero yo a él no lo traté.

Pero si con Gadamer no tuve vínculo personal, con Karl-Otto Apel he mantenido un vínculo estrecho. El fundador con Habermas de la ética del discurso ha cooperado muchísimo con nosotros. Hay una relación de amistad. Apel ha sido miembro del grupo de diálogo norte-sur, programa que coordino desde 1989 y que busca fomentar el intercambio filosófico intercontinental, con énfasis entre europeos y latinoamericanos. Con Apel hemos tenido varias entrevistas, centradas sobre todo en su relación con la postmodernidad, sus conflictos, su debate con lo que él cree que es el relativismo ético de posiciones postmodernas. Su crítica, en fin, de la razón postmoderna.

Comentarios [ 7 ]

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Quienes conocemos el pensamiento y la obra del filósofo Raúl Fornet-Betancourt, esperamos firmemente que los mismos darán sus frutos en décadas futuras. La filosofía intercultural, de la que es uno de sus creadores e impulsores, está llamada a marcar una nueva forma de hacer filosofía.

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los amigos no hacen obra... mucho "name droping". Hay que hablar de Francia y no meterse en Cuba...

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Impresionate la sencillez de este filósofo que ha conocido realmente a los grandes.

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 Me alegra mucho que DDC publique esta entrevista  de  un  filósofo cubano. Durante años hemos tenido esa imagen en nuestras cabezas de que todo filósofo cubano vive atado a los dictámenes de la dictadura y enclaustrados entre lo que realmenete piensan y lo que pueden decir (situación verdaderamente triste cuando de un filósofo se habla). Circunstancias que son el pan nuestro de cada día de millones de cubanos en la isla, y que sólo unos pocos dentro y otros muchos exiliados logran esquivar. Y me alegra mucho que este buen cubano haya escapado a la censura y a las limitaciones ideológicas y del pensamiento que dicta la dictadura Castrista. Y lo honra más el hecho de saber sus, quizás infructuosos de momentos, esfuerzos por unir a los pensadores de adentro con los de afuera; ayuda ra quitarse de encima los dogmas y los miedos a los que aún dentro de  Cuba intentan pensar con cabeza propia.

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No dijo nada de Marti, porque no tiene nada que decir. Mucho menos en una revista como Diario de Cuba. Fornet es un "fernandezretamartiano". Lease este comentario y ya veran de la pata que cogea:

"Esta es la dimensión fundamental del pensamiento del Apóstol, y la que lo convierte, como dice acertadamente Fernández Retamar en el estudio citado, en la primera voz de eso que hoy se ha dado en llamar "Tercer Mundo"."

http://www.ensayistas.org/filosofos/cuba/marti/marti2.htm

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Que bien que un cubano haya conocido a dos gigantes de la filosofia, Sartre y Foucalt.  Sartre, ya en declive, pero aun reverenciado, seguro que apreciaba cualquiera atencion. Foucalt, siempre en alerta a un posible pretendiente. Que fabuloso.

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     Me ha parecido una entrevista interesante, ilustrativa y neutral sobre figuras significativas del conocimiento filosófico. Realmente en el terreno de la Filosofía, como en muchos otros, la neutralidad facilita entender el pensamiento de las personas, sobre todo cuando se habla de ellas. La neutralidad, no implica la ausencia de un juicio crítico personal, que aquí también salpica la entrevista; pero si que facilita la comprensión. Lamento que no haya referido su punto de vista sobre el pensamiento filosófico de Martí finalmente, del que hace una sencilla referencia y que tampoco ilustrase con sus opiniones sus ideas sobre la filosofía intercultural, especialmente en estos momentos de confrontación entre Oriente y Occidente o entre filósofos atados al Marxismo frente a otras dormas de pensamiento. Pero, de todos modos, celebro su manera de divulgar el conocimiento filosófico a través de publicaciones periódicas y sus opiniones.