Miércoles, 23 de Agosto de 2017
02:02 CEST.
Cine

¿Hacia la cooperativa?

Dicen que el que espera, desespera... y siempre esperando se queda. Así parece acontecer con los realizadores de cine y video cubanos, quienes desde mayo andan inmersos en batalla desigual con el grupo o Comité designado por el Consejo de Estado para la "transformación" del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC); es decir, reducción de plantillas y de gastos a la mínima expresión, acorde con los llamados Lineamientos raulistas.

Hasta ahora se tiene aprobado el registro de guionistas, pero la imprescindible Ley de Cine, demandada hace un lustro por la Comisión de Cultura y Economía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en conjunto con especialistas del Ministerio de Cultura y del propio ICAIC, se dilata en aprobarse, y ya ni en 2014 se vislumbra con certeza.

El G-20, el viejo ICAIC

Primero fueron doce. Luego llegaron a veinte: cineastas que reunidos espontáneamente, en Asamblea, se autodenominaron Grupo de los 20 (G-20), con la ironía característica requerida del caso, para pronunciarse y dejar bien claro que con ellos había que contar en cualesquiera transformación posible, porque sin ellos, los directores, guionistas, técnicos, "no había cine cubano".

Y así comenzaron las fiestas de los e-mails, los boletines y las asambleas incluso de frecuencia semanal, celebradas todas en el emblemático centro cultural Fresa y Chocolate, situado frente por frente al edificio del viejo ICAIC.

El grupo, plural, acoge a creadores de tres generaciones, cuyo espíritu de resistencia cultural está más que probado: en los fundadores del Instituto desde los nublados años 90 y el llamado Período Especial, cuando pasaron al retiro forzado creadores de la talla de Humberto Solás, desapareció el Noticiero Latinoamericano ICAIC y quedó en cero la producción de documentales. Fue una época marcada por el giro que significó Papeles Secundarios (1989), de Orlando Rojas, y que daría obras de la envergadura de María Antonia, Mujer transparente, Oscuros rinocerontes enjaulados, El siglo de las luces, Te quiero y te llevo al cine, La soledad de la Jefa de Despacho, Fresa y Chocolate, Madagascar, Reyna y Rey, La ola, Adorables mentiras, Guantanamera, Motos, entre otras. Filmes que consolidaron la década como la de mayor y mejor cosecha artística, a pesar de todo.

Y si en los jóvenes de entonces prima hoy el espíritu de fidelidad a sus principios y a todo aquello que no quieren perder, el viejo ICAIC; en los nuevos realizadores, que vienen de lo más profundo de la contracultura y el quehacer independiente, campeones del desprejuicio, desconocedores de reglas fijas, que dominan o se inventan las nuevas tecnologías, que van abriendo huecos por entre el compactado muro de rutinas y rituales de un entorno desencantado, ellos, que buscan y logran el choque de las categorías al uso, que en los inicios se mostraron como un relámpago en la intemperie, hoy se inscriben de manera consistente en imágenes otrora censuradas. Levedad, humor, combinatorias lúdicas y una completa indiferencia hacia ese pasado ilustre del viejo ICAIC les caracterizan.

Juntos, los de ayer y los de hoy, viven la desesperación de los infinitos aplazamientos conque el Estado dilata la promulgación de leyes y decretos que legitimen su ámbito de acción. De ahí que no fuera extraña la proposición de Pedro Luis Rodríguez, presidente de la Muestra de Cine Joven, en el más reciente evento teórico de la UNEAC, el Caracol: si la propuesta del Gobierno es ir a dos o tres pequeñas empresas productoras, y del dinero que se destine al ICAIC, una parte se dirigiría a financiar estas empresas, quedando en manos del Instituto la distribución y exhibición de los filmes, sobre todo en la arena internacional —festivales de cine—, ¿por qué no hacemos una cooperativa?, se preguntaba y proponía el joven director. "Una cooperativa se puede conformar ya, pues la legislación está aprobada, hay cooperativas de todo tipo: agrícolas, de transporte, de servicios... una para producir filmes ahora mismo, y no seguir esperando, sería una posible solución."

Desesperados —¿o no?—, los cineastas y videastas cubanos están a las puertas de un negocio: el de la industria fílmica. Si resisten.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.

Comentarios [ 6 ]

Imagen de Anónimo

Los medios de produccion nunca estaran en manos privadas.  Todo, repito, todo debe estar bajo el control del PCC.  De esto nadie escapa.

Imagen de Anónimo

Caballero, tengan un poquito mas de celebro, para que quieeren cooperativas en el cine cuando ya mandaron a cerrar las salas de cine privadas. no se acaban de dar cuenta que la dictadura cubano solo hace lo que le interesa y conviene para la permanencia en el poder y tener mas billetes en sus bolsillos, no sean mas ilusos y despierten de una vez.

Imagen de Anónimo

Lo mejor es que habrá menos control económico y en consecuencia se resquebraja el tanque político. Adiós, Alfredo. 

Imagen de Anónimo

Para que las Cooperativas en Cuba puedan prosperar correctamente se debe modificar el artículo de la propiedad de la Constitución de la República, aprobado en 1976 y ratificado en los sucesos posteriores, sino no se cumple con uno de los 7 Principios Fundamentales del Coperativismo.

Imagen de Anónimo

El desencanto cultural en Cuba,también,esta fraguado por el régimen,pués dado el contradictorio modo de conducción de su política,mayoritariamente por decretos de última hora,el caudal figurativo e interpretativo de esas circunstancias darian lugar a una reacción de la suspicacia creativa(que existe) y conformaría la peor de las reacciones en los receptores de esas creaciones al que manipulan como a caja de TNT,con mucho cuidado,pero mayor temor. Si la brecha es la Producción Cooperativa de Cine(Independiente),tomen el empeño y paralelamente grafiquen el esfuerzo,que sin dudas será el mejor material base para cualquier género cinematográfico. Éxitos.

Imagen de Anónimo

En otras ocasiones he dicho que estoy totalmente de acuerdo con la forma de propiedad cooperativa como complemento de la pequeña y media empresa así como las grandes corporaciones nacionales y trasnacionales, pero que Cuba no se puede convertir en una gran cooperativa. Pienso que en este caso en debate, los grupos de teatros incluyendo sus sedes y otras expresiones culturales la propiedad cooperativa es muy idónea, siempre y cuando sea de común acuerdo de sus miembros y no una imposición del estado totalitario y el aparato burocrático. Al referirme a PROPIEDAD lo hago considerando que se deben establecer los marcos legales de las diferentes propiedades que garanticen la estabilidad y la existencia de las mismas, COMENTARIO de Esopo.