Jueves, 15 de Noviembre de 2018
Última actualización: 15:36 CET
Festival de teatro de La Habana

Dos obras y cierre

Nina Zaldívar en 'El baile'. (MMP)

Una entra a la sala y al verla frente al micrófono no puede evitar pensar: ella es una mujer que canta para mitigar las penas. El baile, pieza de Abelardo Estorino, y su protagonista Nina Zaldívar encarnan los conflictos de la mujer y su soledad. No importa cuáles sean los motivos. En este caso son muchos y solo esbozados: la partida del hijo, la locura de la hija, la viudez, la profesión, la fobia a la gente y sus costumbres, el arte.

A Nina Zaldívar le preocupan el "montón de años" que está  a punto de cumplir y es autoconmiserativa. Le obsesiona la luz. Se aferra a la tradición, a la herencia de una estirpe desaparecida por un cambio social que nunca menciona. Se refugia en cartas y fotos viejas.

Pero lo más interesante es que la pieza no es un unipersonal común. Hay apenas imágenes teatrales. A veces el personaje hace de narrador protagonista y, más que hacer, cuenta las acciones.

La verbalización es importante.

Este detalle emparenta la obra de Teatro D'Dos con Hamlet Maschine, de Heiner Müller, presentada en el teatro Trianón por el Deutsches Theater Berlin, bajo la dirección del recién fallecido actor y director Dimiter Gotscheff.

Una puesta en escena esta que, a través del audiovisual, se permitió transgredir las fronteras de la muerte y presentar en La Habana la actuación de Gotscheff, alternada con las intervenciones de Alexander Khuon y Valery Tscheplanowa.

El público habanero vio la locura de Hamlet recontextualizada por Müller, de quien se cuenta que escribió esta obra a la par que hacía una traducción de Hamlet para la puesta en escena de Benno Besson en el Deutsches Theater. De alguna manera también se vieron entre líneas los remordimientos y los fantasmas que acecharon a Hamlet, como a los alemanes después de dos guerras mundiales y un genocidio en la conciencia.

La intertextualidad de Müller no solo desmonta la obra de Shakespeare, sino también el mito de la maternidad visto desde toda perspectiva: la del hijo que le reprocha a la madre su infidelidad y la de la madre que arrastra como una condena la obligación de ser madre. De ahí un bocadillo final definitorio que traducido al español dice así: "Yo soy Ofelia. Yo soy Electra y solo sabrán la verdad cuando entre en su habitación con un cuchillo de carnicero".

Un buen cierre para la sala Trianón que, veinticuatro horas antes de darse por clausurado el Festival, retoma su programación con la obra Antigonón, un contingente épico.

Ha sido un Festival de Teatro de La Habana que ha asombrado a algunos por la concurrencia de público joven, ansioso de ver propuestas internacionales, que además ha aprovechado la oportunidad para ver algunas reposiciones nacionales y bailar cada noche con las llamadas "fiestas del Festival", en el Bertolt Brecht.