Martes, 20 de Noviembre de 2018
Última actualización: 22:30 CET
Festival de teatro de La Habana

¿Dónde se tocan 'Ana en el trópico' y 'Rapsodia para el mulo'?

Puesta de 'Ana en el trópico', dirigida por Carlos Díaz en La Habana. (ENFOQUE CUBANO)
Puesta de 'Rapsodia para el mulo', de Nelda Castillo. (CUBANTHEATER.ORG)

Si alguno de los actores de Ana en el trópico contara que el teatro estaba abarrotado, que había gente sentada en el suelo del pasillo y parada al fondo, y que aplaudieron hasta el agotamiento, créanle. No exagera.

Incluso aplaudieron cuando Cheché, interpretado por Osvaldo Doimeadiós, sentenciara, en uno de sus bocadillos, que el problema de "esta fábrica" es que no nos hemos integrado al nuevo siglo y seguimos haciendo tabaco como los indios, en alegoría a la situación de Cuba, en medio de la disyuntiva que es la modernización y la inversión de capital norteamericano.

Digamos que Ana en el trópico es una obra oportuna, comedida, que pone el bocadillo justo no solo en boca del personaje que lo lleva, sino en la interpretación del actor que debe ser, como el ejemplo de Doimeadiós. Eso nos muestra un Carlos Díaz prudente, sin los excesos a los que nos tiene acostumbrados. Un Carlos Díaz que quiere decir, pero que también quiere evitar malos entendidos porque está en juego una puesta en escena mayor.

Aunque la sinopsis dice que es el año 1929, se recrea el Tampa de Martí, de los tabaqueros y de enredos amorosos dieciochescos. Es Cuba como un todo constante e inamovible y unos cubanos atrapados por la nostalgia: la guayabera, la pelea de gallos, tres mujeres con vestidos de viajes que esperan al "lector" en quien depositan por su elocuencia algunas ilusiones (tal como testimonian que sucedía con Martí), un pagaré firmado, como muestra de seriedad, en la suela de un zapato blanco, puntifino, de piel, a la moda de la República.

Marela, la soñadora, la joven, la bella; Conchita, la mujer casada y romántica que termina identificándose con Ana Karenina; Palomo, el marido de Conchita, práctico, iluso, enamorado; Santiago, un cubano jugador, estereotipado, dueño de la fábrica; y Cheché, el americano traicionado, miserable, enemigo del amor, que protagoniza el progreso, la americanización, pero que también es capaz de hacer que la miseria humana vaya in crescendo en escena: empieza con la intriga, pasa por una violación y termina en el asesinato de Juan Julián Ríos, el lector, que muere de un disparo, de cara al sol.

Y la tragedia pasa en silencio. No hay un gesto ni un testigo de que han matado al "lector", ¿al más grande de todos los cubanos? Pero, en uno de los giros dramáticos de Ana…, ya se ha izado una bandera norteamericana en el escenario. En otra época de transición, cuando a principios de siglo XX se disputaba la independencia o la Enmienda Platt, también se izó y Cuba tomó otro rumbo. ¿Qué significa esta bandera en el Trianón? Difícil saberlo. Sí es seguro que todos los parlamentos van encaminados a buscar una solución entre cubanos.

Mientras, el aplauso tabaquero obliga al elenco (Fernando Echeverría, Alexis Díaz de Villegas, Lillian Rentería, Mabel Roch, Osvaldo Doimeadiós, Clara González, Carlos Miguel Caballero y Yanier Palmero), a tocar constantemente el suelo de "la patria".

Un buen homenaje a Roberto Blanco.

Un tiempo de definiciones

Por su parte, Rapsodia para el mulo, de Nelda Castillo, también habla de cubanía, pero ¿dónde se tocan Ana y el mulo?

Quizás en algunos clichés que hacen identificar a un cubano a simple vista, y de los que la obra de Nelda está lleno.

Cincuenta y cinco minutos de horror. Una mujer babeando, como un mulo mismo, va arrastrando e incrementando su carga por todo el escenario mientras Radio Enciclopedia, con el programa Gotas del saber, es el único sonido que escuchamos.

Bajo la consigna "Villa Clara, del combate diario a la victoria segura", el mulo carga una bolsa de nylon negro con quién sabe qué adentro: un pedestal de yeso; libros de Lenin, Marx, Engels, de comunismo científico; una bandeja de aluminio; un cuadro de bronce, con marco repujado que enmarca una foto vieja; un mural de trabajo que anuncia el sitial histórico, la brigada autofocal, las efemérides, el concepto de revolución, la emulación y a los destacados. Un tiempo de definiciones. Para algunos demasiado denso. Para otros un espacio para reflexionar sobre las miserias cotidianas a las que no nos enfrentamos nunca.

La tensión ocurre bajo el sonido de la superficialidad, de la seudoculturalidad, de la indiferencia que es Radio Enciclopedia. Sin embargo, el mulo del grupo El ciervo encantado, es la esencia del poema de Lezama Lima.

En esta, como en otras reposiciones de la obra, Nelda Castillo no deja de sorprender con su necesidad de encontrar desde el lenguaje del performance y la experimentación, precisamente lo que el público va a buscar allí, lo escatológico, lo desgarrador.

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3 comentarios

Imagen de Anónimo

No, no se tocan. 

Imagen de Anónimo

Muy bien, Lapon!

Imagen de Anónimo

?Qué dónde se tocan? Lo veo clarísimo: "Ana": el es viejo, anacrónico y eficiente sufrimiento del pueblo cubano ante la octogenaria Dictadura y el "mulo" (es un añejo, travestido y maltrecho, "caballo" Rocinate -véase Coma-andante- que como un fardo insoportable no avanza , ni deja avanzar; pero que se recarga de cuanto amuleto inservible e inútil se encuentra por el camino;  a manera de vendedor ambulante de "sueños" -devenidos en interminables pesadillas-  para un pueblo que bosteza y huye sin moverse de su sitio. El Lapón Libre.

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