Martes, 20 de Noviembre de 2018
Última actualización: 17:02 CET
Artes Plásticas

Saavedra dice…

'Karl Marx', de Lázaro Saavedra.

La mini retrospectiva de Lázaro Saavedra en la Galería Habana, confirmó su jodedora imaginación, su habilidad en socavar certidumbres: ante sus obras, se suele pensar en lo que no se ve.

Porque "si el mundo nos hace, también nosotros hacemos al mundo". Y la manera de hacer se Saavedra es crear una verbalización del entorno, añadir la común realidad del mundo externo que se sobra y basta a sí mismo en su facticidad objetiva.

El humor es cómplice del artista. También el absurdo. Y lo grotesco. No hay otra manera de vivir la cotidianidad vigilada del cubano. Se muestra su Detector de ideologías (1989), instalación que no puede faltar en una retrospectiva de Saavedra, por mínima que esta sea. Y el sofisticado Software cubano (2012), de trágica disyuntiva existencial.

Hay dibujos, esculturas, murales de diplomas por trabajo voluntario y horas extras. También de la Federación de Mujeres, con su remate de altar sincrético-religioso. Provocaciones cuyo extraordinario efecto de verosimilitud sitúa modos y escenarios.

El espectáculo visual

Inventor, arriesgado, siempre experimental, aún recuerda Saavedra la aventura de jaleos iniciados en los 80. Porque este es "el lugar", la generación a la que pertenece el fundador del grupo Puré (1986-87); el gestor de Enema y sus intervenciones públicas, vanguardia en momento de sostenida cruzada interior.

"En la práctica, dice en su catálogo a la expo, el arte es una rara amalgama de artesanía, mercancía latente, decoración, lenguaje visual, ilusión, realidad, desafío y exploración visual de combinaciones racionales o irracionales".

Pionero entre los artistas de enviar sus obras por e-mail, Saavedra es hoy por hoy el más significativo anudador de signos, el más prolijo de nuestros artistas plásticos.

Y si aquí no están las marionetas de Muriendo libre, (1997), está, sin embargo, Trastorno bipolar (2013), carboncillo sobre pared: "Todos somos marionetas, yo solo dibujo los hilos". Y Narcigogia (2012) recuerda El desafío de mi arte (1991), exposición censurada en la IV Bienal de La Habana, donde se proponía todo un dossier "para promover mi imagen".

Los hombrecitos, que son prácticamente su firma, su marca de identificación, aparecen al lado de la cabeza (escultura) de Marx,(2013), alertando: "es de carne y hueso".

No hay balance definitivo. Lázaro Saavedra coexiste con la idea, el concepto, en majadera tensión de exquisita sensibilidad deconstructiva, tanto intelectual como básica. No olvida. Siempre vuelve a lo que estaba "diciendo" años ha. Es redundante.

Y verosímil en el sentido de Barthes: "es lo que el público cree posible y puede ser en todo diferente de lo real histórico o de lo posible científico". Ese es su hado, su libre albedrío.