Domingo, 21 de Enero de 2018
22:34 CET.
Opinión

Esto no es una botella de Ciego Montero

"A mí sí me interesa el poder. Quiero tener influencias y quiero estar como jurado en los concursos, para ayudar a mis amigos y que ellos me ayuden a mí, porque entre nosotros tenemos que tirarnos el cabo."

La frase corresponde a una persona menor de 40 años, que ya ha ganado algunos certámenes literarios de importancia. La escuché hace unos días, casualmente en paralelo con la realización de una "Mesa debate sobre las actuales tendencias de la joven literatura cubana", que tuvo lugar el pasado jueves 19 de septiembre, en el Centro Cultural Dulce María Loynaz de La Habana.

El panel, moderado por Jesús David Curbelo, escritor y director del Centro Loynaz, estuvo integrado por los poetas Domingo Alfonso, Antonio Armenteros, Edel Morales, Yanelys Encinosa y Yansy Sánchez, así como el narrador y editor Rafael Grillo. Además, contó con la colaboración destacada, desde el público, del crítico y también poeta Victor Fowler.

Desde su convocatoria, el foro había despertado un morbo inusual en el adormilado mundillo literario habanero, y (ojo) había cambiado varias veces de panelistas. Tras el amable rótulo redactado para las carteleras culturales, en los días previos al encuentro fue vox pópuli que lo que estaba en el aire era mucho más que un intercambio de ideas entre generaciones literarias más o menos contiguas, y así lo evidenció Antonio Armenteros, al declararse "decepcionado por lo que se estaba leyendo y por lo que se estaba hablando en (otros espacios de) esta misma sala", "indignado" por la "grosería y mediocridad" que alienta en la obra de no pocos autores jóvenes.

Con maneras de Jefe del Sector de la Poesía, nos ilustró Armenteros sobre cómo su generación trató de romper con esas actitudes de conversacionalismo y vulgaridad que ahora vuelven a observarse  en estos nuevos escritores. De paso, nos ilustró Domingo Alfonso sobre cómo no se puede hacer poesía a propósito de una botella de agua Ciego Montero, y nos demostró (¿nos demostró?) Yoss, desde el público, que tal cosa sí es posible.

Los jóvenes escritores y la política

Distinto y doble signo contiene la suma decepción de Víctor Fowler, y encontró en la  descalificación de los panelistas una lamentable vía de expresión. Por un lado, el autor de La obligación de expresar no vio colmadas sus expectativas, dado que sus peculiares mecanismos de interpretación equiparan descripción de un fenómeno a apología del mismo. Así, afirmó que defender la idea de la juventud como valor intrínseco para la creación literaria "es ridículo, no tiene ningún valor".

Sin duda, pero es que nadie dijo eso. Las inferencias fowlerianas invitan a conferirle un estado de susceptibilidad semejante al de Armenteros, y solo se explican en aquello de "el que no está con nosotros, contra nosotros está".

Por otra parte, Fowler declara inaceptable (¿también  falaz?) la postura expuesta por Yanelys Encinosa al hablar del desinterés por la afiliación, la jerarquización y el poder político (en el campo literario), como marca distintiva de los nuevos escritores. Su lectura paranoica (missreading total, como la definió Rafael Grillo) encontró en las palabras de Encinosa una crítica a las generaciones anteriores, que sí estaban interesadas en estos temas, porque "de eso precisamente es de lo que se trata".

Me recordó el ya patrimonial cuento del gato, pero aquí hay que agradecerle a Fowler que haya revelado las verdaderas claves del debate; lo que se recordará de esta discusión dentro de 10 o 15 años, porque es obvio que las preocupaciones morales del poeta Armenteros (y otros) eran solo el entrante o algo peor: la manera políticamente correcta de plantear el verdadero conflicto: el tema del poder, de la política, en el campo literario, y cómo se está dando ahora mismo esa lucha en Cuba.

¿Está establecido y es inmutable —como parece querer Victor Fowler—-, aquello de lo que hay que ocuparse, lo que hay que desear, cuando se es un escritor? ¿Realmente las nuevas generaciones no están interesadas en el poder político?

No sé en virtud de cuál Deber o Verdad Histórica (acaso la sospechosa cantaleta del rol del escritor en la cultura y la sociedad; acaso el romanticismo extremo del arte y el artista puros...), una generación literaria o un sujeto específico, puede atribuírse el papel de Sumo Dictaminador sobre las generaciones que le preceden. Está claro que, con el paso del tiempo, cambian las maneras de relación entre arte y artista. Los jóvenes escritores asumen, imaginan y practican el acto creativo de forma diferente. Y lo que al final me parece más importante: en alguna medida desean cosas diferentes, tienen otras expectativas, respecto de su arte.

Indudablemente, se trata también de mentalidades más pragmáticas ("generación desencantada", le ha llamado Jorge Fornet), posiblemente más dadas a examinar la cuestión del poder en una lógica de coste-beneficio, que generaciones anteriores.

¿Es esto ilícito o reprochable? Para proseguir, yo voy a convenir que no. Aunque cada cual tendrá su propia opinión: teniendo menos de 40 años ¿Se puede desear hoy en Cuba el mismo poder político de la literatura que desearon nuestros antepasados? ¿Para qué ocupar un cargo de directivo en un centro cultural, una editorial, una revista estatales? ¿Para qué ser miembro de todos los jurados, de todos los paneles, todas las delegaciones culturales?

Respuestas posibles y que he observado en la realidad (supongo que habrá otras): para dejar de escribir por el mucho trabajo en condiciones de bombardeo. Para ir tirando mientra$ tanto. Para estar al frente de estructuras disfuncionales, obsoletas y controladas desde "arriba".

(La pregunta todavía se puede radicalizar: ¿para qué publicar hoy en Cuba, donde no hay mercado y no hay crítica? ¿Por qué vender en 100 o 200 CUC la novela que has escrito de madrugada, a escondidas en la computadora de tu trabajo, en las horas libres que te deja el mostrador de la pizzería, el buró, el periodismo independiente, eso que haces para sobrevivir?)

Está claro que a algunos les basta y les "llena espiritualmente" (por ejemplo, al joven escritor que cité al principio) pero parece que a muchos otros no. En Cuba hoy los jóvenes (no solo escritores) por lo general rehuyen la escalada laboral y tienden a eternizarse en cargos de "especialistas" que les dejen tiempo para sus proyectos personales.

Entonces lo fácil, lo lógico-inercial, es no desear ese poder que está ahí, al alcance de la mano. No es que sean mejores personas, más democráticos, más puros y románticos. Tiene razón Victor Fowler cuando no se deja pasar gato por liebre, y afirma que la supuesta falta de vínculos interpersonales y de interés en la jerarquización, esos rasgos tantas veces enarbolados como marca de las últimas promociones de poetas y narradores, son más una consecuencia que una vocación: "No han tenido la posibilidad de hacer grupos. Ninguno ha podido hacer ni sostener una revista independiente (…). No les dieron espacios, no pudieron fundar una editorial".

De tomar el poder

Al final, para lo que realmente importa a los instigadores de esta discusión, estuvieran o no en el panel de marras: qué más da si a los jóvenes escritores les interesa o no el tema del poder. Lo que importa es si lo toman o no, y esto no depende de ellos en última instancia: no tienen que escribir un manifiesto ni planear un asalto al cuartel de los ilustres para derrocar una dictadura de las letras:

a) En parte porque ella se derroca sola: se ha producido "un cansancio entre lectores y escritores,  dado por el afianzamiento de una forma o canon en la literatura cubana, Edel Morales dixit. Y para Rafael Grillo, "los jóvenes escritores no han hecho otra cosa que tomar un espacio que otros han cedido".

b) En parte porque el protagonismo literario le viene a los escritores por factores externos a ellos, dígase crítica, lectores y premios importantes (¿de qué viven, en lo simbólico y en lo concreto, los escritores?). En los últimos años, ese desplazamiento ha comenzado a hacerse cada vez más evidente. Para referirme nada más a los concursos literarios, con su carga de reconocimiento social (al interior del gremio al menos) y posibilidades editoriales: solamente en la narrativa, autores de la llamada Generación Cero como Orlando Luis Pardo Lazo, Raúl Flores, Dazra Novak, Ahmel Echevarría, Legna Rodríguez, Osdany Morales, Abel Fernández-Larrea... se han echado en el bolsillo los más suculentos dineros y prestigios que en la isla se mueven por la vía de los concursos: La Gaceta de Cuba, Julio Cortázar, Ítalo Calvino, los Premios UNEAC y Carpentier...

Entonces, en la práctica da igual si el asalto a los sitiales encumbrados de la literatura cubana es consciente o no. Lo que está en juego aquí es algo más que polémicas culturales: la supervivencia literaria, porque en una situación de extrema estrechez editorial y económica, de no-mercado y no-crítica, la coexistencia pacífica es más una utopía cuasi-comunista que una realidad plausible. Los "no muy jóvenes" escritores lo saben, y preocupadísimos, decepcionadísimos e indignadísimos, han salido a presentar batalla.

Creo que, bajo la apariencia de otras palabras y otras lealtades, de eso era de lo que se estaba hablando en el Centro Loynaz.

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Comentarios [ 12 ]

Imagen de Anónimo

El Yoss masticó el vidrio, se jamó la botella de Ciego Montero y luego cagó una preciosa miniatura veneciana. Ésa fue su acción poética.

Imagen de Teresa Dovalpage

¿Cómo fue la demostración de Yoss? 

Imagen de Anónimo

Oscar, no tienes de darte tanto bombo, ten calma y espera que te lo den.Regino

Imagen de Anónimo

Y sobre el liderazgo: al menos en poesía: ¿se olvidaron del sr. Oscar Cruz? Pienso que este muchacho es el cabecilla de la nueva promoción de los chamaquitos. Claro, esto es un comentario que molestará hasta al más frío de los autores. Pero Oscar Cruz es la cabeza más visible del grupito de los indisciplinados. Y el que no lo vea así, está en el pueblo y no ve las casas. Sujétense de la brocha, que me llevo la escalera!Peter Z. Svidler

Imagen de Anónimo

La fórmula es sencilla y existe desde que se publicó el primer libro. Se escribe, se publica y se lee. Todo lo demás es "muela", juguetear con el poder dentro de la litaratura que es lo mismo que ha hecho el sistema político cubano con todo lo demás. Aquí los escritores juegas una vez más con la cadena, pero no se meten con el mono. Sólo les falta un tipo que se siente ahí y les diga: ¿Terminaron de discutir? Con la Revolución todos. Contra la Revolución nada. Entonces se irán todos a sus casitas tranquilitos.

Imagen de Anónimo

Estimados amigos: evidentemente los "viejitos" de la generación del 80 ni entienden a los nuevos chamacos de la literatura cubana, ni mucho menos los soportan. Creo que estamos en un punto de no-conciliación: la irreverencia, rebeldía, el irrespeto y todo lo que se le parece de esta nueva promoción llamada "Generación 0", ha abierto un abismo entre los Víctor Mesa Fowler, los Toni Guiteras Armenteros, los Cary Atentio y el resto, es decir, los fiñes de la literatura cubana actual, a los que lo primeros se creen con derecho de tratar como padres y "desde su altura".Así que, a joderse! Si no se entienden, entonces... mejor, porque ya no hay nada que hablar...Peter Zorro Svidler, corresponsalía habana

Imagen de Anónimo

No tengan miedo. Me los voy a comer a todos de todas formas.El mejOr.

Imagen de Anónimo

Y cual es el cargo burocratico de Victor Fowler? Acaso es el vice-ministro?

Imagen de Anónimo

Cervantes, das nombres de mediocres pero te faltan otros. No solo en la Habana se escribe mal.

Imagen de Anónimo

pero..., ?al final, alguno escribe bien? ?alguna hace literatura?Ah, la Provincia!!