Viernes, 20 de Julio de 2018
Última actualización: 16:36 CEST
Música

Dímelo cantando: música y política en Cuba

Actuación del grupo Interactivo, con Robertico Carcassés al piano. (EFE)

La actuación del músico cubano Roberto Carcassés, pianista y líder del proyecto Interactivo, en la conocida Tribuna Antimperialista, durante el reciente concierto dedicado a cinco agentes cubanos presos en EEUU ha sorprendido a muchos. La improvisación de Carcassés ejemplifica uno de esos "raros momentos de electricidad política" en los que "el guión oculto" (hidden transcript) de los grupos subordinados llega a la arena pública y es "hablado" frente al poder (J. Scott, Domination and the Arts of Resistance: Hidden Transcripts, Yale University Press, 1990).

Un gesto como ese, transmitido en vivo por la televisión, habría sido impensable hace una década, en circunstancias de mayor hegemonía política del Estado. Sin embargo, la politización de la música popular en Cuba es un fenómeno creciente en los últimos años. En la Isla los medios de comunicación y las instituciones están bajo estricto control estatal y el debate sobre temas como los tratados por el músico, están restringidos "al lugar y al momento oportunos", siempre por venir. En consecuencia, las artes, y la música popular en particular, han reemplazado a los medios de comunicación tradicionales en la discusión de temas medulares que son silenciados por el discurso oficial.

Para explicar este proceso, es útil entender a la música popular no como un "reflejo de la realidad" sino como un medio de comunicación que contribuye a la interpretación y construcción de dicha realidad social. La música popular funciona como un medio de comunicación afectivo y eso le permite traducir problemas sociales e ideas políticas al idioma más accesible de la vida cotidiana.

La música popular acompañó a los cubanos en los años difíciles del "periodo especial", cuando apenas circulaban periódicos y las horas de transmisión televisiva eran escasas.  Canciones como "La política no cabe en la azucarera" o "Guillermo Tell" del trovador Carlos Varela resumían en un código compartido la crisis generacional y económica que estaba enfrentando el país.

La tradición de música con contenido político en Cuba no es un fenómeno exclusivo de ese periodo. La Nueva Trova podría definirse como "la banda sonora de la Revolución" (Frank Delgado, entrevista con la autora, 2007). Sin embargo, los trovadores de la llamada Novísima Trova utilizaron esa misma tradición para cantar sobre el desencanto, la incertidumbre que invadió al país luego de la caída del campo socialista y los problemas de la vida cotidiana.

Según Frank Delgado, en la década de los 90, los trovadores vinieron a llenar el vacío que dejaron "las instituciones cubanas de discusión". De este modo "los trovadores se convirtieron poco a poco en los únicos tribunos que podían hablar lo que les daba la gana, porque hay una tremenda doble moral, gente que se paraba en una asamblea del Poder Popular, y aunque quisiera decir millones de cosas no las decía, o si quería decirlas se quedaba callado, o si alguien las decía venía otro que se paraba y le decía que era un contrarrevolucionario…"

Y también el reguetón

En la última década, músicos de varios géneros, sobre todo aquellos que constituyen la escena de la música alternativa y el pop-rock —Habana Abierta, Interactivo, X Alfonso, David Torrens, Raúl Paz, Nassiry Lugo, entre otros— cuestionaron la política migratoria existente y pusieron a circular en sus canciones una idea de cubanidad basada en una comunidad cultural y emocional que trasciende fronteras y militancias políticas.

Esta redefinición de la identidad nacional permite acomodar a la diáspora y romper con un marco binario de interpretación de la emigración, el dilema entre irse o quedarse, el síndrome de "la otra orilla" que reaparece entre los críticos de Carcassés. Esta nueva cubanidad se ha concretado en proyectos musicales como Habana Abierta, Havanization, el Cuba NU Wave Festival o el propio Interactivo, que han agrupado a músicos asentados en Cuba, fuera de la Isla, o que son propiamente sujetos transnacionales.

No hay dudas de que el poder de comunicación de la música, la propia práctica de los emigrados y sus familias, así como la presión de muchas otras voces, contribuyeron al cambio reciente de la ley de emigración.

Por su parte, el hip hop cubano también ha mostrado un fuerte compromiso con la realidad social del país. Como ningún otro género, el hip hop se ha constituido en un espacio de debate racial y rearticulación del activismo negro en Cuba (S. Fernandes, Cuba represents! Cuban arts, state power, and the making of new revolutionary cultures, Duke University Press, 2006.). El rap ha cuestionado el mito nacional del "mestizaje" como recurso simbólico para borrar el tema racial de la agenda pública. Más recientemente, el hip hop se ha radicalizado y grupos como Los Aldeanos y Escuadrón Patriota sistemáticamente y de modo abierto, han criticado las políticas del Estado y sus líderes.

Incluso, géneros supuestamente banales como el reguetón no pueden interpretarse al margen de la política pues permiten "escuchar el cambio" en la Cuba contemporánea (Gámez Torres, "Hearing the change: reggaeton and emergent values in contemporary Cuba", Latin American Music Review, 33, 2). El reguetón no se sitúa más allá de toda ideología. Al enarbolar con entusiasmo valores como el consumismo, el reguetón desafía una ideología oficial que hace constantes llamados al sacrificio, la resistencia y el ahorro. Así, esta música construye un espacio de resistencia en el cual los deseos y valores de sectores desclasados y de otros grupos sociales, son simbólicamente proyectados y celebrados. El reguetón hace visible la existencia de un sujeto social que poco tiene que ver con el proyecto del Hombre Nuevo o el sujeto revolucionario.

Paralelos en el Este

Es posible encontrar paralelos entre el caso cubano y las críticas al socialismo en la Unión Soviética y Europa del Este.  De acuerdo con Anna Szemere, en Hungría el rock también creó un espacio social y cultural alternativo que contribuyó a socavar el socialismo, al hacer posible la dramatización de la severa crisis cultural y moral prevaleciente en la sociedad húngara de la época ("The politics of marginality. A rock musical subculture in Socialist Hungary in the early 1980s", en Rockin´the boat: mass music & mass movements, South End Press, Boston, 1992).

En la República Democrática Alemana, rockeros y cantautores se involucraron directamente en la política y realizaron una declaración que demandaba el diálogo público y expresaba preocupación por el éxodo masivo que antecedió la caída del Muro de Berlín (D. Pollack, "Mass pressures, elite responses—roots of democratization: the case of the GDR", Communist and Post-Communist Studies, 2002).

Como en el caso cubano, en estos países se observaba una nueva generación de músicos que eran demasiado jóvenes, muy ambiciosos en términos artísticos o demasiado marginales para ser cooptados por el sistema. Del mismo modo, en los tres países, el propio Estado politizó el campo musical a partir de prácticas como la censura, la música política por encargo o los actos políticos oficiales con participación de músicos populares. Desde el principio, Carcassés estaba haciendo política, pues estaba actuando en un evento oficial, de modo que el argumento de que el músico es "un excelente pianista" y por lo tanto "debería dedicarle más tiempo a las teclas y dejarles los discursos en la tribuna y las cartas en la web a los políticos" no se sostiene.

Históricamente, el Estado cubano ha empleado un conjunto de estrategias para contrarrestar los discursos críticos en la música popular —que se encuentran tanto en aquella producida por músicos apoyados por el Estado, por ejemplo Buena Fe, como por aquellos que se denominan "underground". Ese conjunto va desde la represión abierta a grupos como Porno para Ricardo, la censura, las sanciones, políticas de promoción de "bajo perfil" hasta la asimilación o "apropiación cultural". Este es un proceso a través del cual "las prácticas culturales…que amenazan con perturbar el status quo…son atendidas y transformadas por intervención directa de las elites con el objetivo de difuminar su poder social transformativo" (Cushman, Notes from the underground. Rock music counterculture in Russia, State University of New York Press, 1995). La creación de agencias estatales de rap y rock serían buenos ejemplos.

Lo que está en discusión

Como respuesta a la actuación de Roberto Carcassés, el Instituto Cubano de la Música impuso, casi inmediatamente, una sanción que implicaba "la separación del sector por tiempo indefinido" según explicó el propio músico en su página de Facebook. Como ya va siendo habitual en estos casos —estoy pensando en las críticas de Pablo Milanés y el artículo de Roberto Zurbano en The New York Times— a la trasgresión, le siguen respuestas semi-oficiales en blogs y páginas digitales que provienen de músicos, académicos (en dependencia del gremio), periodistas y blogueros. En el caso de Carcassés, las críticas más comunes son variaciones sobre el mismo tema del "lugar y momento apropiados". Como también es común en estos casos, pocos críticos se refirieron directamente a las ideas expresadas por el músico y el debate se desplazó a la forma (el cómo, el cuándo) y no al contenido (qué dijo, es válido o no), mucho menos al por qué lo dijo.

Sin embargo, el punto de inflexión aquí estuvo marcado por el intenso debate y la solidaridad con el músico que rápidamente se generaron en las redes sociales, incluso en la limitada red de la Isla. En pocos días, el grupo puertorriqueño Calle Trece hacía pública en Twitter una carta abierta dirigida al presidente Raúl Castro para pedir la eliminación de la sanción. El trovador Silvio Rodríguez también intervino y fijó una posición intermedia al criticar tanto "la torpeza" de Carcassés como la sanción al músico.

La solución discursiva de Silvio Rodríguez permitió darle una salida al asunto. Es probable que él, o cualquier otro mediador cultural, haya intervenido para convencer a las autoridades de revocar la medida y ensayar políticas de asimilación que permitan diluir rápidamente el conflicto. La noticia sobre la sanción había llegado al Washington Post y la  revista Billboard. La intensa actividad en las redes podía provocar una reedición de las discusiones suscitadas en la "guerrita de los emails", esta vez de más difícil manejo por la instantaneidad de Facebook y Twitter y la imposibilidad de contener localmente el debate.

Comentaristas menos sagaces han intentado enmarcar los debates en la red como "escandalillos" en "un país donde pareciera que nadie tiene nada mejor que hacer que meter la cuchareta, y darle relevancia a cosas intrascendentes".

Silvio Rodríguez, las autoridades, Roberto Carcassés y todos los demás involucrados en este debate saben, por supuesto, que el tema no es intrascendente. Lo que está en discusión hoy son los límites entre música y política, los límites de lo que puede ser dicho públicamente, así como la capacidad de los cubanos de todas partes para opinar y actuar en las redes sociales y, eventualmente, más allá de ellas. No hay que olvidar que la "improvisación" de Carcassés implica un reclamo urgente de extender la reforma promulgada por Raúl Castro hacia el terreno político. En ese sentido, la esfera pública cultural construida por y a partir de la música popular puede ser vista, no solo como espacio de ensayo de la política, de búsqueda de soluciones imaginarias a problemas reales, como diría George Lipsitz (Dangerous Crossroads: popular music, postmodernism and the poetics of place, Verso, New York, 1994), sino también como una práctica política en sí misma, como un modo de reconfigurar y encauzar las prácticas individuales y colectivas. En este marco debemos leer la improvisación de Roberto Carcassés.

32 comentarios

Imagen de Anónimo

Oiga Anónimo - 23 Sep 2013 - 4:09 pm, parece que le dolio porque h adicho mas de 4 verdades.....!. Estos represores y policias del monitoreo de la UCI, les duele cada vez que una persona intelectual los desnuda. Ellos siempre tratan de llevarnos al terreno de la confrontacion y la ofensa. Yo les invito a a ver si les pueden llegar a la suela de los zapatos de esta chica...! Adelante...!, ella les puso la piedra en su terreno. Ahora les toca a ustedes. Saludos

Imagen de Anónimo

Para Anónimo - 23 Sep 2013 - 7:54 pm.Entonces tú debes ser tronco de comunista y tronco de mediocre, a no ser que tu nombre sea Anónimo...

Imagen de Anónimo

Para Anónimo - 23 Sep 2013 - 6:51 pm.Y entonces por qué no le escribes so pendejo o escribes un artículo "sagaz" para contrarrestar sus argumentos? Eso es típico de comunistas mediocres que se esconden detrás de un anónimo. jajaja. Patético el punto este.

Imagen de Anónimo

Este debe ser el compañero poco sagaz que se menciona en el artículo, jajaja. Yo creo que la autora lo llevó cómodo. Como diría el difunto Revéee. A sancochar boniato!!!! 

Imagen de Anónimo

Para Anónimo - 23 Sep 2013 - 6:51 pm.
¿El majá diciendole arrastrao al jubo? Nora sabe quién soy yo, y tiene como contactarme... No me pica la opinión de Nora, ella es libre de escribir lo que piensa, y de hecho lo hizo... Me molesta que una antigua compañera de estudios haga una decodificación aberrante, entienda lo que le que le convenga entender para plantear su tesis, y lo haga a costa de quien fue un compañero de aulas, y que se mojó en Cuba mucho más de lo que ella hizo cuando aún estaba aquí... Que le aproveche...

Imagen de Anónimo

Para Anónimo - 23 Sep 2013 - 4:09 pm.Envidia o rabia? Un comentario como este, debe ir acompañado de una firma y no de un anónimo. Este debe ser un@ psedointelentual, parece que le picó el artículo de Nora. Muestra lo que has escrito y ya. Pendej@!!!!

Imagen de Anónimo

Maravillosa tu sagacidad, Nora... Ese ha sido tu problema siempre: eres tan profunda que te ahogas...

Imagen de Anónimo

La realidad es que nosotros los cubanos no tenemos lugar "apropiado" para decir la verdad, o por lo menos lo que uno piensa. Si lo dices en una esquina salta un oporcomunista y te manda a la plaza, porque sabe que uno solo en la plaza, diciendo realidades, dura lo que un merengue en la puerta de un colegio. Si yo como cubano voy la escuela de idioma y caigo en un debate político, me dicen que ahí no, que vaya a la tribuna, entonces Roberto va a la tribuna, dice la verdad, y le dicen que ese no es el lugar apropiado, y los oporcomunistas lo acusan de optunista. Entonces hago la pregunta de los 160000 pesos, alguien sabe la dirección exacta del lugar para decir la verdad aquí en Cuba.

Imagen de Antonio Gómez Sotolongo

Quizás leí muy rápido pero en el artículo, que abarca mucha información sobre el tema, no hace referencia a Pedro Luis Ferrer, alquien que fue trasquilado en la plaza pública y condenado a un larguísimo plan payama por hacer unas declaraciones -que a la nomenclatura le parecieron "contrarrevolucionarias"-,  a un periódico fuera de Cuba. Aquella época no conocía la capacidad de las redes sociales para presionar a las clases dominantes, esa es una diferencia con los años que corren; sin embargo, como alertó Orwell, unos son más iguales que otros, porque gracias a la acción de las redes sociales a Roberto le quitaron la soga del cuello, pero ni a las Damas de Blanco, ni a Ángel Santiesteban, ni Ana Luisa Rubio, ni a muchísimos otros cubanos que son violentamente reprimidos y encarcelados por expresar sus ideas políticas, han sido tolerados ni un ápice. Sería bueno que toda esta montaña de solidaridad por la libre expresión, las elecciones libres y la igualdad de derechos para partidarios y opositores siguiera creciendo y aunque Roberto nunca se debería convertir en un político porque perderíasmo al gran músico que es, sí continuara, como lo hacen muchos artistas en el mundo, apoyando las causas por las que ya se pronunció en el lugar y el momento apropiados, que es donde se le pegue la gana al que quiera decir las cosas que piensa.

Imagen de Anónimo

Silvio Rodríguez, las autoridades, Roberto Carcassés y todos los demás involucrados en este debate saben, por supuesto, que el tema no es intrascendente. Lo que está en discusión hoy son los límites entre música y política, los límites de lo que puede ser dicho públicamente, así como la capacidad de los cubanos de todas partes para opinar y actuar en las redes sociales y, eventualmente, más allá de ellas. No hay que olvidar que la "improvisación" de Carcassés implica un reclamo urgente de extender la reforma promulgada por Raúl Castro hacia el terreno político. En ese sentido, la esfera pública cultural construida por y a partir de la música popular puede ser vista, no solo como espacio de ensayo de la política, de búsqueda de soluciones imaginarias a problemas reales, sino también como una práctica política en sí misma

Necesita crear una cuenta de usuario o iniciar sección para poder comentar.