Lunes, 22 de Enero de 2018
08:54 CET.
Obituario

Daniel

El director de la censurada película Alicia en el pueblo de Maravillas, el autor de innumerables noticieros ICAIC latinoamericanos que hacían un análisis agudo, crítico e imaginativo de la convulsa sociedad cubana de los tempranos años 70, ha fallecido. El creador de la recién estrenada La película de Ana —esa historia tan bien contada sobre una vertiente de nuestro machacado presente—, ha muerto. A mi amigo Daniel Díaz Torres ya no le veré más.

En momentos como estos, uno se pregunta qué sentido tiene la vida. Es un lugar común, pero es lo que se siente. Cada segundo que transcurre me convenzo de que nunca encontraré respuesta a este enigma.

Daniel murió siendo un comunista con dudas, un comunista muy crítico con su entorno; yo hace muchos años que dejé de serlo, pero lo que nunca dejamos de ser, fue amigos.    

A Daniel le conocí en el ICAIC, durante el rodaje de Los días del agua: él era asistente de dirección, yo aprendiz de sonidista. Desde los primeros diálogos que sostuvimos surgió una simpatía mutua. Una buena parte de las oportunidades que llegué a tener en el cine cubano (él estaba más adelantado que yo en los primeros pasos que dábamos como "gente de cine") se las debo a su desinteresada amistad.

Junto a Daniel caminé todas las etapas que nos hicieron cineastas. Atravesamos, juntos, el Niágara en bicicleta. Estuvimos varios años en el noticiero ICAIC, fuimos fundadores de esa oleada de reportajes críticos con la realidad nacional que revolucionaron las pantallas en los 70. Estuvimos a punto de que nos echaran, y lo hicieron, aunque simuladamente, aprovechando que nosotros estábamos desesperados por hacer cine de ficción.

Pero antes, y simultáneamente, como correspondía en aquel entonces, comenzamos a hacer documentales. Los primeros eran horribles, llenos de propaganda simple y manipuladora, pero pasado un tiempo intentamos hacerlos diferentes, de una temática alejada de las miradas oficiales, no porque quisiéramos rebelarnos, sino porque intuíamos que había que hacer algo que se acercara más a lo que queríamos expresar desde nuestra mirada de jóvenes que no llegábamos aún a los treinta años.

Comenzando los 80 rodamos nuestros primeros largos, y hay que decir que no se parecían en nada a nuestras experiencias en el noticiero. Jíbaro, un drama en la Sierra del Escambray, fue su primera película de ficción. La mía, la comedia Los pájaros tirándole a la escopeta… Y seguimos día a día intercambiando criterios y sueños.

A las puertas de los 90, con los escombros del muro de Berlín cayéndonos encima, sí queríamos que cambiaran las cosas y decididamente buscamos la posibilidad de hacer un cine que revelara el país en que vivíamos; yo filmé la fallida La vida en rosa, Daniel rodó Alicia en el pueblo de Maravillas… Y lo que se le vino encima, por su cuestionadora y atrevida película fue, literalmente, un tsunami. Muchos cubanos recuerdan las escasas exhibiciones del filme en La Habana y también las limitaciones de su proyección, con los cines convertidos en cuarteles. Creo recordar que "el estreno" duró solamente cuatro días.

Lograr que la película se estrenara, al menos de aquella manera, fue una odisea. Un grupo de cineastas defendimos tenazmente el derecho a que la implacable sátira que es, pudiera ser vista por los cubanos. Lo conseguimos, después de una durísima batalla, aunque solo fuera en las condiciones ya expuestas. Por ello persisto en calificarla de censurada. Hoy es una película de la que no se habla oficialmente, pero ahí está y estará.

La contienda de Alicia en el pueblo de Maravillas y las arbitrariedades cometidas, colmaron mi copa, ya casi llena de tantas decepciones, y cual bolero de Ñico Membiela, inicié mi separación del cine del ICAIC; no de Cuba, porque la isla nos pertenece a todos los cubanos, ni del cine, porque seré un director donde quiera que esté.

Mi decisión nunca quebró la amistad con Daniel, que continuó soportando estoicamente y defendiendo su condición de revolucionario, aunque con una visión muy personal y siempre cuestionadora.

Pero la realidad es que comenzamos a vivir en aceras separadas que jamás dejaron de ser, en lo humano, cercanas. Fuimos "vecinos", en medio de algunas diferencias que nunca airamos en profundidad, seguramente por no dañar la amistad.

En días recientes visité La Habana para trabajar de manera independiente (gracias a las tímidas reformas que se inician) la música de mi más reciente película, y aproveché para encontrarme con Daniel. Ya estaba muy enfermo. No pesaba cincuenta kilos, pero la firmeza  de su voz, su decisión y su tenacidad para pensar que lo de la muerte no iba con él, me impactaron. Cercano ya a su último aliento, Daniel asistió al estudio privado del músico de mi película, para ver un corte casi final.

Quedará grabado en mi memoria, y en la película, un simple consejo, como tantos que nos dimos mientras compartimos espacios en Cuba:

En la escena final, la protagonista de la historia espera un tranvía en una parada. A la llegada del mismo, ella se arrepiente y no sube, sino que se marcha caminando, perdiéndose por una calle lateral de la ciudad. "Rolando —me dijo Daniel— alarga el plano final, no le cortes a la gente la respiración, déjala pensar mirando cómo se aleja el tranvía y aunque ella ya no esté en la imagen, deja ver a la gente caminar, dale aire al plano".

Ahora camino, mirando el tranvía pasar por las calles de Santa Cruz de Tenerife, dándole aire a mi particular plano, esperando que todos los creyentes de este mundo tengan razón, y Daniel y yo nos encontremos algún día con tantos seres queridos en un supuesto paraíso habitado por gente buena, donde las ideologías y las batallas de este mundo desaparezcan. Ojalá haya parques en el lugar para sentarme en un banco verde a echar una parrafada con mi amigo Daniel Díaz Torres, aunque es una pena que ninguno de los dos hayamos sido nunca demasiado proclives a los happy end.

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Comentarios [ 29 ]

Imagen de Anónimo

De acuerdo con Camilo y otros, que lo importante no es lo que fuera Daniel, sino lo que nos hizo pensar a los comunistas y no comunistas....yo, que vi la película dessde el lado norte del muro del Malecón, sentí inmediatamente una enorme simpatía por el director, por los actores, eran mis hermanos, eran seres humanos, era como si encotrara vida en la luna... volví a cobrar esperanzas por el futuro del pueblo cubano, no importa lo que esté pasando, Alicia era una luz al final del túnel. Cristobal Díaz Ayala. San Juan, Puerto Rico

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¿Pero este escrito es sobre Daniel o sobre Rolando hablando de Rolando?. Qué obsesión con lo político y con el comunismo tienes siempre, Rolando. Hasta pa despedir a un amigo, compadre....ñoooo. Tas obsesionado mijito. Y no, Daniel no era comunista. Y si lo era, tampoco viene al caso.

Imagen de Anónimo

Gracias Daniel y en paz descanse.De tu pelicula Alicia en el pais de las maravillas, recordare siempre la espectativa que desperto en los cubanos verla, aunque nos costara horas y horas en la cola del Payret, pues al terminarse la tanda, permanencian las [huestes oficialistas[ para evitar supogongo cualquier manifestacion, gracias de nuevo. Aquella escena de los cubiertos encadenados para no ser sustraido permanece en mi memoria

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Conocí a Daniel y en las bastantes ocasiones en que departimos en algún que otro lugar, nunca hizo comentarios ideológicos, es más, no tenía las características desagradables propias de la mayoría de los comunistas. En paz va a descansar este amigo que siempre estuvo en la acera de los buenos, no importa en qué partido. (HEREJE33)

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Un comunista con dudas es tan peligroso como un capitalista con deudas. Saludos, Nic

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Siento una profunda pena por el fallecimiento de Daniel, para mi no era un "comunista con dudas", para mi era un hombre inteligente con pensamiento propio, quienes lo critican ahora por ser militante del Partido no conocieron al hombre que era, por eso no vale la pena contestar sus pobres comentarios. No porque haya muerto Daniel se convierte en santo, ni en anti comunista, ni en lo que cada uno desde su afecto o no quiera ver. Daniel tenía voz propia, no colectiva. En paz descanses amigo, tu obra siempre quedará para el cine cubano... SIEMPRE.

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Un texto excelente y necesario, gracias

Imagen de Anónimo

DDT tenía carné del Partido, lo que no era un hombre del Partido... No sé si me explico...Lulú Puñales

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 ESO PIENSO LINDA FORMA DE DESPEDIR A UN AMIGO, RECORDANDOLO EN TU ULTIMO PLANO DE ESA NUEVA PRODUCCION. 

Imagen de Anónimo

QUE IMPORTA SI ERA COMUNISTA O NO!? LO IMPORTANTE ES TODO LO QUE NOS HIZO VER Y PENSAR Y ADEMAS RECAPACITAR DESDE SU ARTE...Y ESTE ESCRITO ADEMAS ES UNA MUY LINDA Y SENTIDA DESPEDIDA DE ALGUIEN QUE REALMENTE FUE SU AMIGO.....ME PARESE TAN FUERA DE LUGAR LOS COMENTARIOS DE A QUE PARTIDO PERTENECIA O NO!? ERA UN CREADOR UN TIPO MARAVILLOSO E INTELIGENTE QUE NOS DEJO CINE PARA RECORDAR...EN PAZ DESCANSE.