Jueves, 21 de Septiembre de 2017
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Artes Plásticas

Su deber de ser libre

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Para hablar de los héroes no hay que ponerse serios. Ni ceremoniosos. Ni firmes. Eso debe pensar también Reynier Leyva Novo, "el Chino Novo", con El deber de ser libres, aun cuando su discurso ande sobre la delgada línea que separa lo patriótico de lo patriotero.

Inaugurada el pasado viernes en el Museo del Ron de La Habana Vieja, el Chino Novo, como en la pasada Bienal a un costado de la Universidad de San Jerónimo,  muestra sus réplicas hechas de resina polyester.

La serie El deseo de morir por otros (2012) esta vez comienza por la bala que fue encontrada en el cuerpo de Panchito Gómez Toro; después los revólveres de Carlos Manuel de Céspedes, José Martí y Calixto García; y los machetes de Máximo Gómez, Antonio Maceo, Manuel Sanguily y Quintín Bandera. Todos de la colección del Museo de Bellas Artes.

Dos piezas más. El orden de la batalla (2013), compuesta por tres rompecabezas para reconstruir El recorrido funerario, Combate de Dos Ríos y De la playita a Dos Ríos. La segunda pieza es Solo la tierra perdura (Batalla de Mal Tiempo), con un paisaje de la región y un texto que narra los hechos.

Las grandes figuras detrás de las piezas más elaboradas siguen siendo Martí, Maceo y Máximo Gómez, sin embargo, es Panchito Gómez Toro el protagonista, lo que da otra dimensión a la lectura histórica, una dimensión que parece sugerir: es en este rincón, y no en otro, donde se esconde la verdad.

(Difícil saber qué habrá descubierto Reynier Leyva Novo en su búsqueda, pero la historia, que siempre estará mal contada, y que se puede reconstruir de mil y una maneras, llegó a mi a través de mi abuela, que decía que su abuela le contaba que el comentario de la época era que Panchito había traicionado a Antonio Maceo.)

Pura herejía. Puro chisme. 

Y ahora está aquí esta poética sutil que se inclina hacia la ironía de los intersticios de un cuento que nos ha sido contado oficialmente desde el oportunismo y la manipulación. Resulta sospechoso.

La historia parece ser una obsesión constante de este artista, que ya ha intentado apresar en frascos, olores que identifiquen al héroe, el espacio o el hecho, con Los olores de la guerra (2009). O la variación musical de La Bayamesa, en la composición para guitarra de El patriota invisible (2007). Intentos de asir lo inasible.

En Leyva Novo no hay una intensión de asaetar al individuo directamente, su interacción es física. Hurga, desde un discurso machacado, en un concepto muy poco elaborado aún, de lo que puede ser, ser cubano.

En Chino Novo hay una proyección más abarcadora como artista, que quizás tenga que ver con la época y la concepción del mundo, pero que en él definitivamente ya ha empezado a manifestarse. Y es la necesidad de no solo involucrarse en el hecho plástico, sino de abarcar el diseño, el comercio y la publicidad sin prejuicios.

No obstante, el concertazo que dio Aldito López Gavilán y su grupo, para amenizar la exposición, deja una preocupación y un ligero tufo intuitivo que recuerda a Kcho. Ojalá y no suceda que entre las mismas hendiduras que ha encontrado el Chino, terminen colándose las manos del oportunismo político.

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Comentarios [ 1 ]

Imagen de Anónimo

parece interesante..