Martes, 17 de Julio de 2018
Última actualización: 00:01 CEST
Artes Plásticas

El cubangelio según Humberto Calzada

'Años de serenidad'. (HUMBERTO CALZADA)
Sin título, detalle. (HUMBERTO CALZADA)

Toda geometría es un sueño, un imposible del ojo.

Cuando el agua se cuela de espejo por debajo de los vitrales, en una alberca de Marianao, por ejemplo, o en una infinity pool de Miami, en ese cruce de memoria imaginada y futurismo efímero, algo desconocido se engendra a ras de la línea pincelada del horizonte. Un parto no exento de dolor, una genealogía de objetos a la espera (arteros), una génesis muda como toda pintura lo es.

Pasar las páginas del catálogo vital de Humberto Calzada (La Habana, 1944) es, entre otras cosas, una inmersión al vacío. Una expedición al desierto, experiencia existencial de lo inmóvil, instinto de iridiscencia, intento de incubar lo cubista un instante antes de caer en lo coloquial. Conversación callada entre quienes ya no están o acaso nunca estuvieron. Atmósfera de la ausencia.

Aquí el escaque es ubicuo. La teja falsamente francesa. La cosmogonía en alto contraste de losetas en blanco y negro (sicodelia de los pisos tropicales, como un sistema de coordenadas cuyo eje vertical es el arco de medio punto). Peldaños que no encajan del todo en la palabra escalera. Exoftálmicas ventanillas de baño o de nao hundida o de calabozo. La ristra de persianas sin patria en un tercer plano de profundidad (no tenemos que creer en la perspectiva, nos basta con asfixiarnos entre sus superficies). El vidrio vitral, tamiz de luz líquida que completa la composición. La reja, que escapa de ese juego de adentro versus afuera, pues ahora todo es intemperie doméstica. La virtud o la envidia fotográfica del pintor, que imita un hiperrealismo pervertido por esa otra palabra que muta según la hora del día: verdad.

Si la pintura de Humberto Calzada es verdadera, entonces no puede ser al mismo tiempo real. Se aniquilarían sus materias primas y pictóricas en el acto mismo de la creación. Lo obvio, como el misterio, saldría humillado si de pronto pretendiéramos interpretarlo (el pintor es el que menos podría explicarlo, su mano es la de un médium). Hay algo aquí que no encaja. Acaso un color omitido. Una revelación.

Estos espacios no tienen culpa de Cuba. Su primitivismo es estilizado, como cualquier laberinto, y su inocencia se abre de lo íntimo a la revolución. Pero no pasa nada, por supuesto. Los cubanos todavía no nos hemos ganado un puesto aquí. La habitación antecede al hombre. Quedaríamos ridículos, además. Tan cubayoyos en medio de esta cubalidez tan pulcra. En definitiva, luciríamos ridículamente redundantes.

Humberto Calzada podría ser sin quererlo un artista de anticipación (lo onírico, si se sueña a punto de despertarnos, es agorero según el zen). Constructivismo de un sentido sésil, milagro que no emigra. Y, sin embargo, hay algo de guerrero que se bate en retirada contra un eco de luz. Como todo creador, está perdido y por eso ya no puede parar.

En estos crucigramas de reminiscencias, en estos vestigios del porvenir, en estos templos a mar abierto donde el azul es nuevo bajo el cielo, en la alegría infantil ante un museo con ínfulas de mausoleo (la mirada siempre sube en contrapicada desde la altura de un niño), en esta erótica sin órganos (gimnopédica, de flor fósil), en este catálogo de catástrofes, quien pasa las páginas termina formando parte de la erosión. No encontramos el pórtico de salida o, mejor, la gravitación de lo ingrávido nos impide partir. Queremos imponer nuestra presencia en estos páramos del paraíso, pero la maldad del mundo nos lo prohíbe.

¿Por qué toda esta objetuaria sigue siendo cubana a pesar de sí? Para cuando despertemos de nuestra desolación domesticada, para cuando la pesadilla pase y vuelvan la persona humana y sus muebles de civil, para cuando la agonía se convierta en ágora, para entonces estos cenotafios de Huberto Calzada todavía estarán esperándonos allí, como un memorándum de una muerte sobresaturada de luz. Blancópolis. Lo estéril como estética para la esperanza.

6 comentarios

Imagen de Anónimo

Es muy importante que los artistas aprendieran a hablar como Marti.

Imagen de Anónimo

Que dominio del idioma, felicitaciones

Imagen de Anónimo

"Estos espacios no tienen culpa de Cuba."  Creo que esta sabia y arrasadora linea dice casi todo.  Aunque en este magistral texto, dices mucho, incluyendo las contradiciones.Hasta donde se, la ultima serie de Humberto son las ruinas, las ruinas de una Habana desconocida en la memoria del pintor.  AT

Imagen de Anónimo

El Facebook del maestro https://www.facebook.com/humberto.calzada1

Imagen de Anónimo

Ejemplo extraordinario de la paja mental Cubana como critica de arte.  No en balde nadie nos toma en serio.

Imagen de Anónimo

Te la comiste.de verdad que eres un barbaro.los que se siempre te estan criticando esta vez callan ante tanta genialidad.eres lo maximo de las letras en cuba.Felicidades

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