Lunes, 18 de Diciembre de 2017
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El Rey guajiro

Los viejos villareños recién llegados a La Habana, como todos los cubanos del interior, procuraban cuanto antes hacerse una foto frente al Capitolio. Después, antes de ir a registrarse en la carpeta del Saratoga o el Sevilla, el Caribbean o el Siboney —hoteles cercanos ya muy venidos a menos en los setenta del pasado siglo— algunos, como mi padre, caminaban Prado abajo hasta donde estuviera treinta, cuarenta años atrás el Palacio de la Radio, los estudios de RHC Cadena Azul, y rendir silente homenaje a Amado Trinidad. Apenas podían contener la emoción ante la escueta tarja que recordaba al rey.

"Nunca los artistas cubanos vamos a poder pagarle a Amado lo que hizo por nosotros", le escuché decir a la famosa cantante Celina González. "Él fue quien comenzó a pagar decentemente a los músicos", me dijo una tarde Isolina Carrillo ante una cerveza, "a los blancos y a los negros, como a Chano Pozo, como a mí misma".

"¡A Amado hay que ponerlo en mármol en el Parque Central, chico!", dijo enfática Radeúnda Lima para poner fin a una conversación en que se evocaba al guajiro de Ranchuelo y su desventurado final, casi de radionovela: bancarrota, traición de una mujer, amigos que lo abandonaron.

"Es verdad que lo dejaron solo", me explicaba mi padre, "después que hizo a un montón de artistas, a Clavelito, a La Calandria, a Chanito Isidrón, que también es de Las Villas, pregúntale un día de éstos. Otra cosa: Amado metió a la negrá en la radio, sin complejos, la tumbadora, los tambores religiosos que se llaman batá. Había que tenerlos bien puestos porque a mucha gente eso le cae muy mal. Pero él estaba lleno de ideas extraordinarias y no tenía miedo".

Por pura valentía, no por otra cosa, Trinidad compuso un número musical, el único hasta donde sé: Tu rostro marcado, de los mayores éxitos conseguidos por la rubia Toti Lavernia, coronada por él Reina del Bolero. Eran días monárquicos en el aire cubano: Margot Alvariño y Aurora Lincheta eran soberanas también —del guaguancó, del pregón— entre numerosas estrellas nuevas "que causaban furor", como se decía entonces, en el estudio teatro de RHC. En la cima, él: el Rey de la Radio.

Punto guajiro, tumbadoras y un reinado

Oigo ahora al Conjunto Azul de Chano Pozo de 1941. Azules se les llaman en Cuba a los negros muy prietos, como Chano. El sonido es cercano al de Arsenio, más oscuro quizás. Pero el conjunto de Arsenio no había grabado aún en esa fecha. De otra placa RHC salen Celina y Reutilio con la orquesta de Obdulio Morales: "tambores congos, tambores congos", dice el estribillo, y luego un jingle de productos Crusellas, de los primeros que se radiaron en el aire cubano, iniciativa de Trinidad, por el grupo vocal de Isolina Carrillo, en el cual cantó una Olga Guillot casi adolescente.

Sindo Garay con su hijo Guarionex grabaron centenares de canciones en una, dos, tres, todas las madrugadas que sean necesarias, dice Amado Trinidad, quien presenta además la primera novela guajira, el primer programa de controversias y un consultorio radiofónico que mezcla espiritismo y tonada campesina con el inconcebible Clavelito.

En sus espectáculos se aplauden a Rita Montaner "la Única" y a Miguelito Valdés, que regresa de Nueva York para actuar en exclusiva, eso por solo mencionar a dos de los consagrados. En su cuadro de comedias está Leopoldo Fernández y Aníbal de Mar, eso lo dice todo. Será en Cadena Azul donde Bebo Valdés presente el revolucionario ritmo batanga con un cantante —villareño también, por cierto— recién llegado de México: Benny Moré.

Amado se convirtió en un "ídolo de mayorías", como se dice ahora, no solo a través de los aparatos de radio de las ciudades. Su ejemplo era el de un auténtico triunfador en los hogares campesinos donde se captaba la señal de su emisora en milagrosos radios de galerna: Amado-héroe. Fábula con brillante moraleja.

La música guajira, que había comenzado a grabarse en disco en los comienzos de la fonografía para luego olvidarse entre sones y guarachas, boleros y congas, encontró en RHC un impulso decisivo en programas en los que a veces se suman piano, percusión y contrabajo al de por sí sucinto ámbito instrumental que acompañaba a los cantores hasta entonces. La vistió de largo.

Pienso que desde que vivía en su natal Ranchuelo, Amado Trinidad soñaba con difundir en grande su música preferida, disfrutada, casi imaginada a partir de la ruidosa eufonía de una ortofónica movida por mecanismo de cuerda: décimas y puntos cantados por Martín Silveira o Miguel Puertas Salgado al son de la bandurria o el laúd. Y lo consiguió, de triunfante manera. Hay quien asegura que aspiraba a introducir la televisión en la Isla, pero el tiempo se le acabó.

En opinión de muchos guajiros de los años cuarenta, como mi padre, Amado trasladó el centro de la Isla —casi el centro del mundo— al costado del viejo hotel Packard, al final del Prado, edificio que estuvo largos años en ruinas hasta que ya en este siglo un ciclón dio cuenta de la última pared llevándose consigo la lámina de bronce que mencionaba el esplendor de su etéreo reinado.

Su destino fue el de un espectáculo radiofónico: el aire se lo llevó.

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Comentarios [ 6 ]

Imagen de Anónimo

Sigfre me encatò!Y esa Frase final me sumiò en la reflexiòn!
Gracias por compartirlo!
Saludos

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Muy buen articulo, para mi es primera vez que escucho hablar de esto. Una historia olvidada de la isla que Ariel nos cuenta con singular nostalgia y orgullo.Robustiano el libre.

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Magnifico, Sigfredo Ariel, todo un acto de justicia y de memoria de nuestra cultura. Le agradezco todos sus articulos, que siempre leo. Muchas felicidades.Y perdoneme por la falta de acentos.

Imagen de Anónimo

Por favor puede alguien indicar la dieccion deonde esta situada la emisora R H C Cadela Azul ?.Gracias.

Imagen de Anónimo

Emocionante hasta las lagrimas. Gracias Sigfredo

Imagen de EL BOBO DE LA YUCA

muy bueno. me ha dado deseos de oir esa musica