Teatro

«Mi jubilación se aprovechó para cerrar la Compañía»

Gerardo Fulleda León, dramaturgo y director durante 25 años de la Compañía Rita Montaner, conversa con DDC.

Gerardo Fulleda León, dramaturgo y director general de la Compañía Rita Montaner durante 25 años, habla como si el cierre "del Rita" no fuera un hecho, como si no hubiera sucedido o él albergara aún esperanzas de variar el curso de los acontecimientos. A casi un mes de la resolución, cinco jóvenes actores están dando pelea, y Fulleda los apoya.

La Compañía no cerró por recortes económicos ni porque no hubiera un director con capacidad suficiente para asumir el puesto. La decisión del cierre entraña una responsabilidad histórica, y Fulleda está seguro de que no le toca asumirla. Acepta los errores cometidos y llama por su nombre a los responsables.

Si hay un entramado mayor, nadie lo ha sabido decir, y algunos han querido permanecer en el anonimato. No es para menos. En esta historia hay enredos, chismes, adulonerías, usos y abusos de poder, pero sobre todo miserias humanas. Ojalá esta entrevista sirva, al menos, para que los actores de la Compañía recuperen su espacio. 

¿Por qué decide retirarse Gerardo Fulleda?

Decido jubilarme porque creo que 25 años dirigiendo son suficientes. Un espacio creativo necesita renovación. Creo que nadie es para siempre ni debe ser para siempre. Aunque sé que quiero permanecer de alguna forma en la Compañía, porque fueron 25 años de muchos logros, y de muchos desaciertos, por qué no decirlo.

Hacía rato que venía viendo la posibilidad de sucesión y estaba preparando a alguien. Me cogió la jubilación en un momento duro en cuestiones organizativas y con la  dirigencia de personas que no creía capaces de las cosas que hicieron y me agoté, me cansé. Y dije: Es hora de pensar en mi obra, que Gerardo Fulleda León, aunque mal esté decirlo yo mismo, está entre los más importantes dramaturgos vivos y es al que debo cuidar y al que debo seguir sosteniendo. De eso no voy a parar nunca.

Pero dejaba a la vez en el grupo una serie de contactos importantes que había activado con el cincuentenario de la Compañía, porque aunque aquí en Cuba no tuvo la debida resonancia, afuera sí la tuvo, y aparecieron muchas oportunidades tanto de Italia, de Canadá y de Estados Unidos.

Estas relaciones también trajeron lo suyo. Al cansancio que yo sentía se le sumó la desidia, cierto oportunismo, cierto afán de divismo en algunos elementos de la Compañía, y decidí que ya tenía que terminar. Me estresé demasiado.

¿Tuvo algo que ver su jubilación con el cierre de la Compañía?

Eso es algo que ha sido instrumentado para que así parezca, pero yo creo que en el Rita está Fernando Quiñones, que está muy bien capacitado y muy bien formado, además es director, pedagogo, y en sus últimas puestas ha demostrado que puede asumir y continuar con el Rita Montaner.

Además, yo no me iba para dirigir en otra compañía ni formar otro proyecto, sino pensaba seguir trabajando como director artístico. El cierre fue una decisión tomada de arriba.

Hay una ley que yo no sabía que existía cuando tomé mi decisión, que dice que cuando uno se jubila de un puesto de trabajo, no puede seguir trabajando en el mismo lugar. Yo creí que podía y ese fue mi error. Es una ley que salió hace apenas dos años. No lo sabía, pero el desconocimiento de la ley no te exime de la responsabilidad.

De haber sabido todo lo que pasó me hubiese demorado, al menos, un poquito más, pero de todas formas me hubiese jubilado.

En el estado en que yo estaba, de abatimiento moral, de impotencia, de ver cómo ante mi denuncia de cosas mal hechas en mi Compañía no tenía la respuesta debida de la dirección del Centro de Teatro de la Habana, lo único que cabía era mi jubilación.

Imagínate que esperé durante tres meses una respuesta tras denunciar que había descubierto la destrucción, el saqueo de escenografías y de vestuarios, hecho por alguien del grupo y permitido por ellos. Lo descubrí, lo denuncié y no pasó nada.

Si yo no lo hubiese descubierto a tiempo, ahora el culpable sería yo.

¿Y se hizo justicia en algún momento?

Sí, con la nueva dirección que hay. Con Marianela Amores, la nueva directora del Centro de Teatro de la Habana que es una persona muy efectiva y que se ha metido de lleno en su trabajo. Pero tuve que esperar tres largos meses. Eso me enfermó. Me dije qué va, mi vida y mi obra son más importantes que esto.

Cuando asumí hace 25 años la dirección de la Compañía Rita Montaner, ni me pasó por la cabeza que podía ser elegido por Raquel Revuelta. Creo que hemos hecho teatro muy bueno, teatro regular y teatro malo, como todo el mundo. Y nunca hemos sido los agraciados de la llamada crítica oficial, la que tiene el poder y responde a una política unitaria, pero el público es quien lo dice todo.

Mi mayor satisfacción es que es el grupo cubano de mayor permanencia, que más teatro cubano ha hecho y que más jóvenes autores ha llevado a escena.

Entonces, ¿exactamente por qué cierra la Compañía Rita Montaner? ¿Es una decisión irrevocable?

Quizás consideran que Fernando Quiñones no está capacitado. Siempre hay criterios contrarios. No creo que sea el criterio de la expresidenta del Consejo de las Artes Escénicas, pero siempre ha habido personas detrás de ella, y lo debo decir con nombres y apellidos.

La asesora Bárbara Rivero hace apenas diez años tuvo una entrevista conmigo en la cual me elogiaba maravillosamente, diciendo que yo soy lo que no soy o por lo menos lo que yo no me creo, todo para decirme que debíamos retirar al director Miguel Montesco porque ya estaba viejo y mayor, y que Fernando Quiñones podía ser profesor, y así otras cosas, solo para reorganizar el Rita a su manera.

Una señora que solo ha asistido en tres ocasiones a las funciones del Rita, para dormirse en la última, es la que tiene el criterio y el poder para cerrar la Compañía. Ella se las ha agenciado porque cree que Quiñones no tiene condiciones.

Claro, el teatro que nosotros hacemos no es el teatro de moda. El teatro que ella considera que debe hacerse. Ella que es parte de la crítica también. El cierre de la Compañía era algo que esta señora tenía pensado ya y que aprovechó con mi jubilación.

Porque tú sabes que nosotros nos vamos a bandazos. No admitimos la diversidad. Lo que no sea novísimo no tiene razón de ser.

Quizás eso también sea un criterio en mi contra. Soy de los márgenes.

Pero creo que el cierre del Rita no es algo que vayamos a aceptar así sin más. Ya hay jóvenes dando la lucha, por supuesto, y yo los apoyo. Espero que esta sea una manera más de abogar por la Compañía.  

 

Comentarios [ 19 ]

Imagen de Robustianoellibre

a mi me gustaba ir a la sala el sotano, habia alli cierta magia la pasaba bien y me gustaban las obras a veces mas a veces menos pero en general era agradable asistir, estoy hablando de hace muchos años atras. no estaba inmerso en las intimidades del mundo teatral cubano pero si escuchaba mucho el nombre de Fulleda, fama tenia. lo que mas disfrutaba en los ultimos tiempos eran las puestas en escena de Carlos Diaz en el cine teatro Trianon en la calle Linea del Vedado.

Imagen de Anónimo

Por favor, la mediocridad de las puestas del Rita, se habían convertido en  una vergüenza para la escena cubana...es que si no te dormías, terminabas febril, era un baño de lamentable intento de ¿teatro?!!! Una sala con una ubicación magnífica, que muchos grupos con verdadero talento creativo podrían utilizar. Incluso, si los montajes de dicha Cía, tuvieran su público (afirmación tan discutible como que Fulleda es de los más importantes "dramaturgos cubanos vivos"); entonces que se les permita compartir la sala.

Desde luego, como público se agradece una vuelta de hoja en la programación de "El Sótano" y que el Sr Fulleda disfrute su jubilación y deje a los capitalinos disfrutar del TEATRO.

 

Imagen de Anónimo

Personalmente pienso que la ley debe ser pareja, si van a "depurar" la escena cubana con el pretexto de la malonería, pues que se la apliquen a tod@s los que están haciendo teatro malo y que no se ceben sólo en el Rita Montaner. Hay muchos grupos haciendo basura teatral, pero parece ser que tienen padrino y se bautizan... 

Imagen de Anónimo

No he leído, ni visto, una sola obra de este autor que valga la pena. La querida de Enramada, Chago de Guisa..., horrores. Recuerdo que la puesta en escena de Plácido en Teatro Estudio, provocaba carcajadas en el público. Hace bien en decir que es de los más grandes autores cubanos vivos. Si no es él, nadie más lo diría. Además, todo lo que habla en esta entrevista es tan viejo, tan antiguo, tan Cuba años 69-70...  

Imagen de Anónimo

demostrado en la practica que la dictadura no cree en intelectuales, ni en nadie que no se les pliegue a sus aberrantes normas......plan piyama para este gran dramaturgo, y que no siga hablando mucho, porque le llegara en cualquier momento una cita para un conversatorio, con los aguerridos compañeritos de Villa Maristas.

Imagen de Anónimo

Guillermo Bernal, lo del anonimato tiene total lógica. Así nadie tiene que temerle al policía que pudiera llevar adentro, y además, cualquier comentario puede ser firmado hasta por el mismo diablo, bueno, quiero decir Fidel Castro Ruz, y realmente no es él, aunque según se afirma por el régimen, él escribió la carta del 26 de julio. Mejor ser anónimo que usar un disfraz. Lo importante es el contenido, pues SÓLO LA VERDAD NOS PONDRÁ LA TOGA VIRIL.

Imagen de Anónimo

Guille, no hay "voces autorizadas" en un foro social. Una voz autorizada hace el artículo y expone sus puntos de vista abiertamente y eso, en este caso, queda expuesto a la opinión libre en red. Lo de abajo son comentarios personales que pueden o no aportar algo de luz al tema. Esto no es una asamblea de balance, deberías acostumbrarte a las dimámicas de internet. El anonimato también es un derecho. Si no estás de acuerdo con lo que otros han dicho, rebátelo, polemiza, con tu nombre o sin él, da igual. Aquí los egos no importan, esto no es la UNEAC. Dale, demuestra con pruebas que el "agraviado" es lo que él dice ser, y cuando lo hagas, habrás superado a los opinantes sin necesidad de llamarlos cobardes.

Imagen de Anónimo

Pienso que cada uno puede expresar libremente su opinión, pero la cobardía de no identificarse  y demoler a otros es tan criticable como la labor que hacen los comunistas cubanos. Es una lástima que no haya cojones de poner sus nombres para saber la fuente y saber si son voces autorizadas o no.

Guillermo Bernal

Imagen de Anónimo

La verdad, señores, es patético que un mediocrazo como Fulleda se autonombre como uno de los más importantes dramaturgos vivos. Técnicamente lleva muerto décadas, porque no hay un sólo título suyo que pase a la historia del teatro cubano o se equipare con las verdaderas cabezas de la dramaturgia nacional. Pero está visto que si ningún teórico serio lo decía, él tenía que hacer el esfuercito.

El artículo, además, es pésimo. Trata de usar una especie de primicia de impacto, y se diluye entre chismes que a nadie le importan, con estructura pobre y dando por sentado que el entrevistado, efectivamente, es una víctima, no un cabrón que manipuló y jodió a gente joven a más no poder durante todo el tiempo en que las autoridades del Consejo Nacional de Artes Escénicas se lo permitieron.

Imagen de Anónimo

Es patética la ceguera del señor Fulleda y de quien lo entrevista. El solo hecho de que el uno se autoproclame unos de los dramaturgos cubanos vivos más importantes, y que el otro lo publique ya indica una cegueratotal. Desconozco las razones oficilaes para el cierre, pero satanizar a Bárbara Rivero como el Torquemada del teatro habanero no es algo coherente. Lo cierto es  que la compañía es (o era) muy mala y no se trata de ser novísimo o tradicional, se trata de creatividad y talento, en estado puro y que supera cualquier tendencia estética. Eso no lo había al menos en el "Rita" que yo recuerdo antes de salir de Cuba