Lunes, 11 de Diciembre de 2017
23:52 CET.
Todo oídos

Gore musical cubano

El término gore califica un género (sub-género, o más bien contenido) cinematográfico vinculado con profusión de sangre, regodeo en el crimen, al cual se llega a través del padecimiento, la mutilación física, el daño, mientras más lento, mejor. Por extensión, la palabra inglesa alcanza para la calificación de cierta literatura —ah, ínfimos seguidores de Sade— y, ¿por qué no?, de algunas letras de canciones, en especial, de las llamadas "macabras".

El ingreso de lo sangriento-pasional en el cancionero popular cubano coincidió con la popularización del bolero, traído a las ciudades en las décadas finales del XIX en las voces y guitarras de los cantadores, más tarde llamados trovadores. Las alusiones a la muerte, ya sea a través de los apenas velados chantajes, harto socorridos, de "ámame o moriré", "mejor morir que vivir sin tus besos" o del determinista "hasta que la muerte nos separe", antes habían aparecido en letras de lánguidas melodías, aunque ya los difuntos habían mostrado sus pelados cráneos en algunas guarachas del viejo teatro bufo.

El impulso de castigar con la muerte al perjuro o la perjura, el enterrador de la comarca, el umbrío cementerio y otros atributos funerarios como la socorrida mortaja, se dispensan en anécdotas de torturado amor con escalofriante profusión y llega hasta épocas recientes, ya no con el signo grave de los primeros trovadores, sino con una sardónica sonrisa, con un guiño divertido y cómplice.

El carácter funerario, lo mortal, lo fantasmagórico —incluso lo monstruoso— está condimentado a menudo con una mezcla de ritmo, choteo y sensualidad a la hora de tocar y bailar la música. Las osamentas, tal vez a pesar suyo, se desempolvan a fuerza de moverse por la conga, el chachachá, el son montuno o en los tranquilos territorios de un bolero.

Un velatorio interminable, el del astuto canalla rumbero Papá Montero, por ejemplo, engendró una saga musical que, por los años diez del pasado siglo, retrató una resurrección en plena capilla ardiente: "ese muerto no llega al cielo".

Un autor musical, hábil guitarrista, Alberto Villalón se especializó en temas lúgubres. No solo salpicó boleros con fresca hemoglobina, también con sangre negra y seca de los habitantes del camposanto. En su catálogo hay al menos una abierta intención de asesinato: "luego rodear tu cuello con un cordón de seda/ y apretar bien el nudo", dice en su Me da miedo quererte, con versos de Pedro Mata. Y en el bolero Los muertos de esa tumba no están muertos advierte acerca del peligro de la resurrección de una pálida y llorosa, versátil difunta que "me dio acíbar y miel, luto y consuelo/ desengaño y dolor, paz y alegría /desengaño y desdén, infierno y cielo".

El texto de la creación más conocida de Villalón —Boda negra ("Ató con cintas sus desnudos huesos/ el yerto cráneo coronó de flores/ la horrible boca la cubrió de besos")— fue escrito por un ardoroso sacerdote y poeta venezolano, Carlos Borges, en la década final del siglo XIX. María Teresa Vera, Celeste Mendoza, y Orestes Macías, entre otros, ajustaron a sus estilos la tenebrosa historia del enterrador enamorado.

Entre muchos otros ejemplos recordemos el anónimo aire Lola que relata un crimen pasional ocurrido un día nefasto cuando eran las tres de la tarde, y El muerto se fue de rumba, de Rafael Blanco Suazo, que narra la historia de un rumbero convertido en zombie. Chacumbele, de Alejandro Mustelier, contiene la jovial crónica de un suicidio, y a Ñico Saquito no le tembló la mano en prometer inscribir su pasión en una de sus pocas producciones sentimentales: Lo escribiré con sangre.

Ignacio Piñeiro en Sobre una tumba una rumba, concibió un rencor que excede el hecho de que "los despojos de la que fue mis amores" yacieran en el fondo de la fosa: "¡No la llores! ¡No la llores!/ Que fue la gran bandolera, enterrador/ ¡No la llores!".

Miguel Matamoros cantaba y tocaba con su trío por los remotos años de la década de 1930 un lento aire abolerado titulado Los sepultureros y un franco diálogo con la Parca es su Canto a la sombra, concebido como bolero-fox-son. En su famoso Reclamo místico don Miguel advirtió cuasi quevedianamente: "Mira que si muriendo tu voz escucho/ pueda después de muerto que te responda".

Estos y otros muchos ejemplos, anteriores y posteriores en el tiempo, pueden ser entendidos a la larga como testimonio sonoro de un modo de contemplar la existencia terrenal a la cubana, vocación e intención de traspasar los tremendos últimos umbrales protegidos por el amuleto de su baile, su canto y su toque. Quizás, así amparados, apenas nos rozará el terror que inspira El Gran Misterio.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.

Comentarios [ 11 ]

Imagen de Anónimo

No sería mala idea ponerle links a los ejemplos que se mencionan.

Imagen de Anónimo

Oh, God damn! La fenecida y truculenta música cubana, una zombi si las hubo, una muerta viva que chancletea por las calles de Cayo Hueso con el cachete carcomido por los gusanos, regresa y regresa en las reelaboraciones y remembranzas y variaciones nostálgicas de los intelectuales cubanos... 

Imagen de Anónimo

Querido Sigfredo: Excelente artículo, como todos los tuyos, ameno, insinuante,incitando a soñar y pensar... La muerte la tenemos los cubanos hasta en el himno, pero hemos aprendido a guapear con ella...Cristóbal Díaz Ayala

Imagen de Anónimo

cogeme ese toro pinto hijo de la vaca mora......

Imagen de Anónimo

...Ejemplos muy buenos has puesto de canciones clásicas -todas poéticamente muy hermosas, pero otra cantidad de líneas hubiesen ocupado algunas de la llamada "Nueva Trova" u otras dentro del anuario de canciones -seudo- políticas, donde muertos con machetes en sus huesudas manos, nos librarán, aún en el más allá, de no sé que causas independentistas o libertarias. Como si ya no tuvieran drama sobrado y supervivencia gore al levantarse cada mañana a "luchar" el día, nuestros coterráneos allá en la isla. Con mucho cariño. (final) Pedrito: El Cuerpo. 

Imagen de Anónimo

...!Qué cruento temita es de hoy! pero sí, tienes mucha razón, buena parte de la música cubana, es especial su bolerística de siglos pasados está permeada de estos aspectos exageradamente melodramáticos: donde la muerte violenta por: venganza, celos, amores truncos, desdenes... y hasta causas  politiqueras evocan a la "Dama de la guadaña", y a su parafernalia, como redentora de todas nuestras causas: graves o cúrsiles; personales o -supuestamente- colectivas; en nombre de la igualdad de género o del machismo más ramplón...(Segunda parte) Pedrito, El Cuerpo.

Imagen de Anónimo

Hola estimadísimo y siempre querido Silfredo. Como ocurre; desde que te conocí en los -entonces- ardientes y juveniles pasillos de  Radio Ciudad de La Habana, siempre he disfrutado de lo que ha salido ( y todavía sale) de tu privilegiado cerebro -desde el punto de vista artístico creativo- y por tanto, a estas alturas de la vida y dadas las circunstancias, no podía ser menos. He leído con curiosidad y sed de buena lectura tu escrito periodístico y veo que aún conservas ese tino y fina forma de contar lo que para otros pasa inadvertido... (Primera parte) Pedrito, El Cuerpo.

Imagen de Anónimo

ahora hay un regueton que dice.....si me coges la moringa te la doy....

Imagen de F.Hebra

Otros ejemplos que no se quedan cortos dentro del gore en la música cubana es el asesinato del ser amado:"....no me vuelvas a cantar esa canción...porque te mato"O si no el mismísimo Beny dejaba a su amor "sobre la tierra tendida" Y si seguimos con Orlando Vajello, Orlando Contreras y muchos más veremos que ya la cosa es de masacre.

Imagen de Anónimo

y una que dice..."que prendan, prendan el mechon"..y otra que dice "fuego candelaaaaaaaaaaa",,,,,,,,,,,,,,,,y otra que dice