Humor

Garrincha: náufrago precavido vale por dos

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En su libro 'Náufrago' el humorista ha hecho toda una antología, un censo de nuestros hundimientos más feroces, que nos ayudarán a salir a flote mañana.

Haber nacido en una isla no lo hace a uno un náufrago.

Pero nacer en la Cuba de la segunda mitad del siglo XX, y haber vivido el trasatlántico viaje a ninguna parte que es el sistema socialista de esa isla de aspirantes a náufragos y marinos, sí nos entrena lo suficiente para ejercer nuestra naufragilidad en cualquier parte del mundo allende los mares, y allende otros males. Marineros somos y en el mal andamos.

Recapitulo y recomienzo, me llamo a capítulo y enmiendo.

Debí comenzar diciendo: Haber nacido en una isla rodeada de cederistas, guardafronteras, agentes de la Seguridad del Estado, chivatos, envidiosos y vigilantes de toda laya, sí lo hace a uno náufrago profesional  per secula seculorum. A menos que uno lleve las partes de su naufragio a otras partes del mundo, aunque no reclamen la ayuda de nuestros inmodestos esfuerzos.

Escapamos de un naufragio buscando el sufragio, que en el universo que rodea aquella tierra, sí parece ser universal.

Dijo un sabio que todo hombre es una isla. Y otro dejo entender, o lo entendí yo de esa manera, que todos hemos naufragado alguna vez en nuestras propias aguas, aunque hayan estado en un vaso. Todos somos náufragos y todos somos islas, algunas se conectan, y algunos somos islas con su náufrago ensamblado a bordo. Un náufrago bordado es nuestro santo y seña.

Islas y hombres aislados son, tal vez, lo que vamos encontrando a través de nuestros océanos, en una ruta imparable hacia ese mar mayor donde habita el olvido.

Ya lo dijo para la eternidad Jorge Manrique, sin mencionar a Daniel Defoe y al buen Robinson: "Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir".

Pero esta noche no nos hemos reunido a hablar de mí, ni de Manrique, aunque tal vez tengamos sentado en la memoria a Robinson Crusoe, que fue un hombre de un solo Viernes entre muchos días de la semana, en absoluta soledad.

Esta noche estamos aquí, con nuestro náufrago y nuestras islas, para formar un momentáneo archipiélago en torno a quien, a partir de este libro de historietas, se erige como el especialista más grande en variaciones de insularidades y naufragios: Gustavo Rodríguez, alias Garrincha, una especie de pensador de Rodin, sentado en una sola piedra —filosofal—  que es también una isla.

Él lo ha dicho a su manera, en una de las tantas variaciones: "El ser humano es una isla rodeado de lectores por todas partes".

Garrincha habla desde su real naufraguez o naufragilidad, porque él es un náufrago que vive a orillas del mar y habla con los peces, aunque le pese.

Por eso, y durante diez años insulares, dibujó historias de un hombre solo, rodeado por "la maldita circunstancia del agua por todas partes", que habla consigo mismo, con peces grandes y pequeños, con el sol, con una semilla, con el amanecer, e inclusive con Dios, que es otra manera machadiana de conversar con el hombre que siempre va con nosotros.

De cada historia surge una conversación —que no conversión, aunque también las hay— y viceversa. Pero algo curioso tiene ese náufrago que es muchos,  y a la larga sigue siendo el mismo viejo conocido: no solamente jamás pide escapar de su condición, sino que tampoco se queja de ser un náufrago durante más de doscientas viñetas.

Creo que la única vez que intentan rescatarlo, se niega, porque a bordo del barco no sirven pizzas, y Garrincha, o el náufrago, que llegan a veces a confundirse y fundirse, achaca esa renuncia de regresar a la supuesta civilización a "desavenencias gastronómicas". No hay peor náufrago que el que se deja rescatar.

Mi amigo Garrincha, que a veces usa también el nombre humano de Gustavo, ha dejado escrito, y ha insistido en ello, que "leer historietas es de sabios". Seamos todos sabios esta noche. Llenémonos de sabiduría y dejemos que él nos rescate en el velero que es desde hoy el libro Náufrago. Porque Garrincha ha hecho toda una antología, un censo de nuestros hundimientos más feroces, que nos ayudarán a salir a flote mañana.

Eso es Náufrago: una constelación de soledades inteligentes, un rosario de calamidades ingeniosas, que se convierten en historias de un hombre que puede moverse poco, sobre la poca tierra que le pintara Garrincha bajo los pies.

Y es también todo lo que nosotros creamos,  asidos a nuestra tabla de salvación del buen humor. Más de doscientas posiciones de naufragio, resultan, al final de todo, una especie de Kamasutra del naufragio.


Palabras dichas en la presentación Náufrago (Cognitio Books, 2013) en Miami.

El náufrago de Garrincha

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"Eso es Náufrago: una constelación de soledades inteligentes, un rosario de calamidades ingeniosas, que se convierten en historias de un hombre que puede moverse poco, sobre la poca tierra que le pintara Garrincha bajo los pies"

Ramón Fernández Larrea

Comentarios [ 3 ]

Imagen de Anónimo

A mi me ha gustado mucho el artículo, y no entiendo al comentarista agresivo que hace referencia a Jhon Donne; cualquier otra persona de entre las miles de millones que han habitado este planeta podrían haber dicho: todo hombre es una isla en lugar de, ningún hombre es una isla. En fin; hay formas y formas de hacer la crítica. Le sugiero que se tome una tila o cocimiento de yerba buena. Buenos días. Que conste no soy ni el autor del artículo ni le conozco; escribo desde Suecia. 

Imagen de Anónimo

"Dijo un sabio que todo hombre es una isla."

El "sabio", que se llama John Donne, y dijo todo lo contrario: que 'No man is an Island (entire to itself)' en su Meditación XVII. Por favor, un mínimo de sensatez y buen gusto al escribir, y un poco de gracia al prologar el libro de un humorista!!! 

Imagen de Anónimo

Excelentes palabras para describir el ingenio humorístico del genial Garrincha. Felicidades por tan buen trabajo, merecidas palabras y ánimos Garrincha, que quiero seguir recibiendo un humor tan inteligente y fresco, y seguramente muchos también piden como yo, una caricatura que es espejo de ese náufrago interior de cada ser humano.

Javier