Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
02:18 CET.
Festival del Caribe 2013

Darle voz a los que no la tienen

Bajando por San Pedro, en la misma cuadra de las oficinas de la EGREM vive María Isabel Berbes Rindeaux, aunque todo el mundo la conoce como Maruchi. Omó Oshún desde hace 20 años, es también Máster en Estudios Cubanos y del Caribe de la Universidad de Oriente, y su casa es uno de los templos en los que se realizan las ceremonias religiosas durante el Festival del Caribe.

Su punto de vista sobre el evento le añade algunas luces a los interesados en lo que pueda estar pasando en Santiago de Cuba y en la Fiesta del Fuego.

¿Cómo se inserta esta casa templo en la dinámica del Festival más allá de usted como investigadora?

Bueno, sobre todo porque es mi casa en la que vivo con mis hijos, mi marido, y en la que mantengo mi negocio de renta de habitaciones y que no mezclo con la religión. Aquí están mis clientes y yo puedo tener una ceremonia sin que los moleste, o puede que algunas personas viajen por motivos religiosos y se hospeden en mi casa, pero eso sucede bien poco. Yo tengo mi familia religiosa aparte del negocio.

En mi condición de investigadora y de iniciada, hace ya muchos años traté de elaborar un programa donde existiera la parte teórica en el curso-taller de religiones populares, y que a la vez cada una de estas manifestaciones tuviera un espacio para la praxis. Hicimos un esquema para hacer en cada casa templo una fiesta diversa que tuviera que ver con las prácticas de estas religiones.

Entonces surgió la idea de empezar el Festival y el curso-taller de religiones populares con una ceremonia aquí, porque yo soy iniciada en el culto a Oshún que de alguna manera se sincretiza con la Virgen de la Caridad del Cobre, madre de todos los cubanos.

Cada año trato de hacer una cosa diferente, pero siempre con mucha música, mucha energía. Fíjate si esta fiesta tiene fuerza que ya yo no celebro su fiesta el día de mi iniciación, sino el día 3 de julio.

¿Cómo combinas la religiosidad y la visión de investigadora?

Hace 18 años colaboro con la Casa del Caribe. Soy colaboradora adjunta de la Casa. Y un equipo de personas  trabajamos para el estudio, desde el punto de vista antropológico, de las religiones de matriz africana. Algunos de los integrantes del equipo, son iniciados y otros no, pero lo importante es que somos multidisciplinarios porque una de las líneas de pensamiento de acción de la Casa ha sido darle voz a los que no la tienen.

Nos enfocamos sobre todo en los que se dedican a la práctica de las religiones que han sufrido diferentes tipos de marginación, unas veces abierta, otras encubiertas; por lo que han sobrevivido de una manera cimarrona, han sobrevivido underground a todos los ataques oficiales o no que han tenido a lo largo de los tantos años de establecimiento en Cuba.

Esto hace que trabajemos en el terreno. Nosotros no hacemos cultura desde la oficina, somos promotores culturales porque nos dedicamos a defender y a promover el Festival que tiene como actores principales a todos los grupos portadores del país. Y a muchas personas a lo largo del Caribe y del mundo que se sienten identificados con la cultura  en todas sus manifestaciones.

¿Qué evolución ha tenido el Festival desde su fundación hasta esta trigésimotercera edición?

Ha tenido una evolución bien visible. El primer Festival comenzó en el Cabildo Teatral con un carácter local y cultural, y no había participación de tantos grupos portadores. Ese fue el núcleo y, a medida que la Casa del Caribe nació,  pues se fue creando toda una política de implementación para que el Festival fuera cogiendo fuerza.

Se comenzó a hacer un mapeo en todo el país de los grupos portadores de más importancia, o sea, aquellos grupos que llevan intrínsecos en sus bailes, en sus danzas, en su actuar y en la vida cotidiana tradiciones, culturas, sentimientos y religiosidad ancestral.

Se hizo un trabajo que abarcó desde Pinar del Río hasta Baracoa a todos los grupos emblemáticos de esta política cultural, y se comenzaron a invitar a Santiago, lo que implicaba un movimiento de logística, alojamiento, etc…

Su director fundador, el fallecido Joel James Figuerola, llevó la dirección de la Casa magistralmente, con una política de despliegue cultural hacia fuera, pero primeramente hacia los grupos portadores, hacia los grupos de interés cultural del país y del Caribe.

Lo que ha permitido una interrelación cultural y podríamos decir, diplomática con todo el Caribe y con algunos investigadores y personas emblemáticas de la cultura mundial durante muchos años. Somos capaces de costear un Festival donde la mayoría de las personas vienen costeándose su propio viaje, solamente por el interés de solidarizarse con la Casa y con la cultura cubana a través de su participación. Lo que denota mucho amor hacia la cultura cubana, que es en definitiva lo que nosotros defendemos y con lo que estamos comprometidos.

Ha habido momentos de clímax en los que hemos podido traer muchos grupos. Hoy día, por razones económicas, hemos tenido que disminuir la presencia de muchos grupos.

El evento fue creciendo en un intento de reunir en un espacio de unos días a todos los grupos posibles. Tuvo momentos de clímax en los que a veces venían 50, 60 o 70 grupos de todo el país, pero ahora es imposible porque ya cada provincia tiene sus normativas económicas, la Casa también tiene otras maneras de dirigirse económicamente y, bueno, los tiempos cambian.

¿Cuánto ha disminuido el Festival?

Pienso que ha disminuido en más de un 20%. Este año hemos tenido menos presencia por recorte de los presupuestos. Y se le ha dado prioridad a los grupos de mayor cercanía a Santiago para que la transportación no sea tan costosa y también para el alojamiento. Y como la política es de ahorro, los grupos más cercanos vienen el mismo día que actúan o un día antes. De todas formas hay algunos grupos importantes que siguen viniendo. Los hemos seguido invitando porque son esenciales al Festival.  

Mi idea, puede que un poco ingenua del Festival, era que me iba a encontrar un grupo en cada esquina. Sin embargo, no es así. ¿Tiene esto que ver con la reducción que me hablas?

Sí. Esa idea que tú tienes, hubo momentos en que fue así. Por supuesto, cuando vienen más grupos al Festival se pueden diseminar por la ciudad. Por ejemplo, antes se ponían espacios en la zona de Ferreiro, en el parque, y creo que ahora no hay porque yo no he ido por allí este año; se sigue manteniendo la tarima del parque Céspedes y creo que se ponía una en el Distrito. No estoy segura, porque lo mío no es la programación cultural. Pero por lo que recuerdo era así.

Claro, al disminuir hay menos sensación en la ciudad de jolgorio, de fiesta. Es lógico. Esto conspira contra el carácter festivo.

Otras cosas sí que se han mantenido, como es el Coloquio que nos une, la parte intelectual, los talleres, que son bastante antiguos: el taller de religión, el taller de poesía, el taller de comunicación social, el de cine; que siguen funcionando con la presencia de los investigadores cubanos, caribeños y del resto del mundo.

Mira, los grupos haitianos no todos ha podido venir, y eran una presencia importantísima. De los grupos de Pinar del Río, Bahía Honda, que tienen un marcado carácter bantú, creo que ha venido este año, si acaso uno. Los grupos de Ciego de Ávila que son haitianos, tampoco han podido venir.

Pero, contra viento y marea, hemos seguido haciendo el Festival. Hay que ser optimistas y yo pienso que las cosas tienen que mejorar.

No obstante, yo percibo que la Casa del Caribe tiene cierta autonomía en comparación a otras instituciones culturales cubanas. Creo que este es uno de los eventos más completos que se realiza en la Isla. ¿Cuánta realidad puede haber en mi percepción?

Bueno, sí. La Casa, por su temática tan compleja y por el uso de elementos que han tenido que ver con la cultura cubana que son parte del hacer diario, tiene autonomía moral y cultural, y eso de alguna manera le da la autonomía económica necesaria, sin desconocer que existe un Ministerio de Cultura.

Nosotros, como hemos abarcado temas tan específicos como la reivindicación de la cultura haitiana, como el sacar a la luz estos grupos portadores, como hacer un coloquio con nuestras propias relaciones en el Caribe, eso nos ha dado una moral que nos permite actuar con autonomía.

Aun después de la muerte de Joel, cuando se comentaba que la Casa se iba a caer, que se iban a llevar el Festival para la Habana, y no sucedió así. En primer lugar, porque estamos en el Caribe, La Habana no es el Caribe, sino Santiago y sus otras ciudades. En segundo lugar, porque nosotros tenemos la magia para montar el Festival y el entramado cultural para moverlo. Por eso es que se nota la autonomía de la Casa.

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Comentarios [ 7 ]

Imagen de Anónimo

Mi Santiago, en ninguna otra ciudad de Cuba se podria celebrar el festival del caribe como espontaneamente se desarrolla alli. En Santiago el que no tiene de congo tiene de carabali.

Imagen de Teresa Dovalpage

A mí me parece interesantísimo, sobre todo la condición de esta señora que es investigadora, iniciada y empresaria, o algo por el estilo, y cómo puede compartimentalizar (perdón por la palabreja, no se me ocurre otra) todas esas funciones. Me dan ganas de hacer una historia sobre ella, con todo respeto, Saludos desde Taos,

Imagen de Anónimo

Esta es la religion del negocio, te doy un poco de miel pa que me endulces a no se quien, un par de velas pa que me ilumines el camino y asi muchas mas cosas que parecen juegos de adolescentes. Y la parte antropologica ni hablar, pues este sincretismo surge de la humillacion, el sufrimiento, el dolor, tambien es una de las arraigadas causas de la doble moral y la simulacion (Virgen no, Yemaya si por lo bajito); dejemonos de cuentos y de estudios. Estos son chivatos del regimen disfrazados de santeros, todo el mundo lo sabe, y para mejorar el panorama, ahora hacerse El Santo cuesta unos cuantos CUC, hasta rayarse en el Palo, jajajaja. Es la religion del atraso la mentira y el negocio; algo mas para evadir la triste realidad........ religion de esclavos....... y donde quedo el Opio de los Pueblos?????

Imagen de Anónimo

Esto es como si hicieran un festival de polka afuera de Auschwitz

Imagen de E.Lago

Que interesante. No sabía nada de este festival. Tengo 32 años y me fui de Cuba cuando era adolescente, pero este tema me ha interesado mucho ahora. Me encantó la foto de la entrevistada con ese ambiente tan magico.  

Imagen de Anónimo

Excelente entrevista. Soy de Santiago, vivo en Canadá, y me ha gustado mucho este seguimiento de una de las grandes fiestas de mi ciudad natal. Muchas gracias, María Matienzo Puerto.

Imagen de Anónimo

Eso es cosa de negro y los blancos cubanos no les interesa; además esa gente son orientales y negrónes de por allá.......Que sigan con sus tambores y su sudadera.......Fijense si es así que no hay ningún otro comentario......Aunque para mi es una gran encuento entre las culturas del caribe completo.....Pero nos enseñaron a "soportar a los no españoles", pero tambien a no mezclarnos........porque somos descendientes de los conquistadores........Creanme o no.......la verdad es que somos tan superiores que despreciamos, ignoramos y destruimos toda esa cultura milenaria......y seguimos haciendolo......