Sábado, 16 de Diciembre de 2017
18:20 CET.
Música

Con Elena Burke, buscando un perfil amigo

Para Lili y Mayito, agradeciéndoles esta noche

 

La noche había tenido ya varios momentos memorables, cuando Malena Burke anunció que cantaría un nuevo tema de Marta Valdés. La compositora de temas insólitos, referencia ineludible de la música cubana, había regresado a las partituras para rendir tributo a una de las más grandes figuras de la Isla, y justo en el día en que Elena Burke hubiera cumplido sus 85 años, dejó en el pentagrama esa nueva canción, llamada simplemente "Elena querida".

En la semipenumbra cálida del Hoy Como Ayer, esa esquina de Miami donde Cuba es más que un país una canción, una forma particular de la canción, Elena Burke volvía a hacer su entrada de la mano de Marta Valdés y de su propia hija. Para los que estuvimos allí, en ese instante, era 28 de febrero, aunque en la calle el ardor de junio se mezclara de vez en vez con algún asomo de llovizna.

Ante aquellos que formaron parte de mi generación, Elena Burke es una especie de sombra ineludible. La veíamos emerger del recuerdo lustroso y exquisitamente acoplado de Las D'Aida, y nuestros padres tarareaban sus arranques inimitables para que entendiéramos qué es, qué puede ser, exactamente, el filin. En los 70, cuando la música era ya parte de mis primeras memorias, aparecía para entonar, además, temas de Formell, Silvio Rodríguez o Pablo Milanés.

Tenía esa virtud concedida exclusivamente a los grandes: la de filtrar a través de su carisma, de su personalidad poderosa y al mismo tiempo chispeante y sutil obras que, en la voz de otros, serían perfectamente olvidables. Era la Elena de Frank Domínguez, César Portillo de la Luz, o Guzmán. Pero también era el oído sagaz que supo reconstruir su carrera, mientras otras cancioneras se disolvían en ese paisaje, para mantenerse a la vista con la dignidad de quien se exige a sí misma no dormirse jamás en ciertos laureles. Defendió a esos jóvenes, y a otros, en grabaciones como aquella que conocí gracias a Sigfredo Ariel, donde entona "Canción simple", de Mike Porcel, con la misma intensidad y convencimiento que insufló a sus himnos de batalla más populares.

En la televisión tuvo un reino que pocos podían arrebatarle, y esa seguridad era la misma que le dejaba evocar a Meme Solís, y a otros caídos en mezquina desgracia, dispuesta a enfrentar la mirada ceñuda de algunos funcionarios. Con ese tono de contralto que, unido a su presencia, la habían convertido en el símbolo de un modo irrepetible de ser lo que se canta, atravesó épocas, resucitó una y mil veces. Tal y como lo hace ahora en ese tema tan hermoso y desgarrador que quiso Marta Valdés regalarle para su más reciente cumpleaños.

De su madre, Malena Burke aprendió no solo lo que una herencia vocal pudo regalarle de antemano. Quien la haya podido aplaudir en el Hoy Como Ayer, y acuda a ese sitio con una imagen de lo que Elena solía hacer en ese tipo de espacios, reconocerá el modo relajado, abierto, y siempre sincero de enfrentar cada melodía. La verá ir de un ritmo a otro, de un compositor cubano a un mexicano o un español, engarzándolos como piezas de una canción en verdad única, que es precisamente lo que nos dicta la memoria, a lo largo del tiempo que cubre toda una noche.

Malena dejó a un lado el respaldo de sus otros músicos, excelentes, para quedarse a solas con el piano de Orlando Guanche. Su voz, y ese teclado, invocaron a Elena a través de los acordes y las palabras que Marta Valdés imaginó como tributo a quien fuera no solo una amiga, sino una de sus más rigurosas intérpretes.

Lo que pide la autora de "Aunque no te vi llegar" y "Canción desde otro mundo" al fantasma que es hoy Elena, es un minuto más de compañía. Valdés, figura que organiza un punto de transición entre el filin, la trova y la nueva canción, es de las pocas personalidades que ha conseguido encarnar la poesía en nuestra música, sin acudir a los lugares comunes, a los resabios y metáforas que eso suele acarrear, en perjuicio, por lo general, de lo que en tales casos se escucha.

Lo emocionante del tema es corroborar la vibración que es aún la Burke en las vivencias de esta otra mujer extraordinaria, una página que podría incluirse entre las mejores que ha firmado, a muchos años ya de que se escucharan, por vez primera, las que la confirmaron como un joven talento. No se trata de amistad  o admiración, sino de un reclamo de complicidad en el que se unen dolor y alegría, pérdida y adiós, que la cantante resuelve con una dosis exacta de honestidad e histrionismo desnudo, sacando de su garganta algo que es mucho más que oficio, exponiéndose ante el público con todo lo que le ofrece la canción.

Y también su propia vida. Y el recuerdo de su madre, cuyo rostro, en una fotografía que la presenta junto a Marta Valdés, iluminaba además ese momento.

Hubiera bastado eso para que la noche en el Hoy Como Ayer fuera memorable. La mera noticia de que Marta Valdés tiene una nueva composición que ofrecernos, bastaría para satisfacer algunos titulares. Pero de vez en vez podemos ser doblemente dichosos, y a eso se unió la presencia de Meme Solís en el auditorio. Mito viviente de la canción cubana, rostro al que el olvido malamente impuesto en la Isla sobre su legado no ha podido lastimar, estaba ahí para aplaudir a la hija de su gran amiga, convertida ahora por derecho propio en la reina de sus noches.

Con un gesto que Elena hubiera predecido, Malena le hizo subir a escena, y fuimos afortunados los que vimos a este hombre, nacido en Mayajigua y famoso pianista acompañante de figuras como Olga Guillot, Xiomara Alfaro, Alba Marina o Esther Borja, apoderarse del teclado para inundar ese sitio con un puñado de canciones entre las cuales no faltó algún tema suyo, reinventado al calor de ese abrazo de voces y empatías que consiguieron ambos.

La Habana que pervive en la nostalgia de muchos contiene una imagen nítida del cuarteto que Meme Solís imaginó, pero él ha sabido pervivir, como la propia Elena, mediante sus muchas encarnaciones, hasta llegar a estos días como un eco que se resiste al respeto de museo o leyenda congelada. Alguna vez, en esa misma Habana, en la tarde de presentación de Yo seré la tentación, el libro de memorias que Ramón Fajardo organizó para María de los Angeles Santana, Rosa Fornés entonó "Sin un reproche". Oí sus estrofas, más que en la voz de la diva incombustible, en las gargantas de todo el público que repletaba la sala Caturla del célebre coliseo. Hoy, yo mismo puedo sorprenderme repitiendo esas líneas. O sea, invocando a José Manuel Solís Fernández en una Habana que no necesita ser la real para saberse también palpable. Me inclino con humildad ante sobrevivientes tan imbatibles.

85 años de La Burke

Aunque el 28 de febrero de este año, en La Habana se iluminó la sala Covarrubias para rendir tributo a Elena Burke, en una gala que tuvo como joya inesperada la presencia de la propia Malena, es poco para lo que esa figura mayor debiera haber provocado en la Isla, ahora que la recordamos a 85 años de su nacimiento. Aún su legado, preservado en numerosísimas grabaciones, no ha sido objeto de una antología verdaderamente cuidadosa, que más allá de los "grandes éxitos", consiga dar una imagen cabal de todo lo que abarcó ese mundo vocal único que fue Elena Burke.

Esa antología tendría que incluir, por supuesto, su "Persistiré", "Amame como soy", "Llora", "Duele", "Mis 22 años", "De mis recuerdos", "Lo material" y "Son al son". Pero también me arriesgaría a sugerir, en función de esa amplitud que aquí digo, sus versiones de temas que no siempre llegaron a discos y que duermen en las bóvedas de la EGREM o el ICRT, como aquella "Canción simple" que mencioné, o "Estás lejos", de Pablo Milanés, y "Buscando un perfil amigo", desgranado en alguna emisión radial de A solas contigo, aquel programa que es, en buena medida, un antes y un después en ella y en Meme Solís.

La tuve ante mí en un concierto, en la sala del Museo Nacional de Bellas Artes, que me dejó oírla cantar temas de Marta Valdés, con acompañamiento al piano de Frank Emilio, a mediados de los 90. Fue la Elena exuberante de la que queda un retrato en un capítulo de Las iniciales de la tierra, de Jesús Díaz; y a la cual evoca Antonio José Ponte mediante el recuerdo de su actuación en el Lincoln Center, que puede leerse en La fiesta vigilada: una mujer que cantaba sin esfuerzo, una profesional que sabía crear su propia atmósfera, que reía sobre la partitura, provocaba al público, y se reinventaba en un momento de dramatismo que otra actriz pudiera haberle envidiado con justeza.

Vivía ya en México, durante una temporada larga que permitió a los cubanos radicados en el D.F irse a El Hábito para escucharla. Allí, poco antes de que empezara a consumirla la enfermedad, seguía en pie, mítica y esplendorosa. Volví a verla en esa última fase, a través de un recuerdo doloroso, cuando ya fue imprescindible devolverla a La Habana. Teatro El Público, dirigido por Carlos Díaz, acudía a sus canciones para crear la banda sonora de uno de sus espectáculos, y ella, en silla de ruedas, estuvo en el estreno. Recuerdo, de ese espectáculo tan raro que fue María Antonieta o la maldita circunstancia del agua por todas partes, su versión de "Coincidencias", un tema de Vicente Garrido que sospecho nadie podrá cantar jamás como ella.

No llegó a ser parte del fenómeno Buena Vista Social Club. World Circuit, creo, no la tiene en sus catálogos. Está, ahora mismo, resguardada en el empeño de algunos devotos que se esfuerzan en tributarle memorias, a fin de que no desaparezca del todo su eco. Tal vez todo eso, que parezca un obstáculo, sea lo mejor. Porque nos hará buscarla en otras formas menos predecibles de lo vivido y lo cantado, en la Cuba que se transparenta en las horas más amables o tremendas, y en la voz de su hija o sus nietas, que no dejaron que esa noche fabulosa concluyera sin que se unieran para abrazarse y abrazarnos en un tema reciente. Es de esas maneras que se nos aparece hoy Elena Burke, tanto tiempo después.

Lo que viví en esa noche del Hoy Como Ayer no fue únicamente el tiempo agradable que me permitió, además, retratarme junto a Malena o Meme Solís, a quien no podré expresarles nunca del todo mi admiración. Fue, antes bien, otro gesto que agradecer a la propia Elena Burke, invocada por todos, por el recuerdo de su perfil y de la Cuba que pervive en todo lo que de ella emana, desbordándose también en esa nueva canción de Marta Valdés, que tanto me emocionó. En la madrugada, aún la recuerdo. La escucho mientras escribo estas palabras. En esas noches infinitas en que nos piensa Cuba, ella sigue siendo la mejor acompañante.

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Comentarios [ 22 ]

Imagen de Anónimo

Alla en mi lejano pueblo de Oriente, recuerdo, por los años 80, tarde en la noche, escuchar esa voz tan peculiar. Hay muchas cantantes que cantan, pero para Elena cantar era dejar el alma en sus canciones. Después de casi 40 años fuera de la Isla es la única voz que de veras recuerdo.

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Gracias mi Elena favorita,cuando veo a Malena siempre vie al recuerdo que en la escalinata de  U. de la Habana ,Elena nos pregunto si que que riamos oir por una personita a su lado(9 anos) PARA VIVIR.RESULTON SER SU MALENAGRACIAS R ROMERO RIOS

Imagen de Anónimo

Gracias NorgeYo no soy mas que un viejo adorador de Elena, de ella tuve mi primer disco aquel solo maravilloso despues de las d'Aida, como terminar una noche de sabado sin ir a ver a Elena y Froilan y cuando conoci a Malena ya en Miami le pedi que me cantara Duele y a capella me la canto, ya no hacen esa clase de gente, Meme ademas de musico maravilloso es un ser humano y un caballero esplendoroso, larga vida a ellos y en cuanto a mi Elena vivira siempre en mis recuerdos y sera parte de mi vida y de mis suenos..GraciasManolo Acosta

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pasé por todas las etapas que pasamos los jóvenes que negábamos lo viejo para rendirnos a lo nuevo...pero finalmente y gracias a que aprendí de mi "vieja" a saber qué era bueno, caí al embrujo de Elena, Leonora, Moraima, Omara y de toda la "tropa" del filin y aprendí a disfrutarlos paa siempre. gracias por ese escrito y por mantener fresca en la memoria a la Señora Sentimiento...una pregunta si cabe...no van a reunir an Miami al cuarteto Los Meme?

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Ante todos estos comentarios anteriores, no puedo escribir nada mas! Cada uno de ellos expresa lo mismo que yo siento. Elena, Malena, Lena, Moraima, y  Meme, son figuras inmortales, pues trascenderan al Tiempo en el corazon de los cubanos de aqui y de alla. Felicidades por este maravilloso articulo.

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Elena!!  la  inolvidable  Elena.Doy  gracias a dios  por  haber  podido escucharla en vivo. Tres  meses  antes d e su  partida  lleve a mi  hija  a que  la  disftrara en vivo en el Gato Tuerto. y le  dije: a e sta  senora  tiene s que  conocerla  antes de  que parta. Gracias  Sr. Norge  por  esta  reseña.

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Me hubiese mucho gustado estar en ese homenaje tan merecido a La Sennora Sentimientos, como conociamos a esa grande de Cuba. Alguien que ademas de ser una cantante excepcional, fue un ser humano transparente, centrado y sencillo. Gracias por este hermoso articulo. Tengo a Elena Burke en mi Itunes y la disfruto mucho sobre todo cuando la mente persiste en recordar cual documental de mi mente, que incluye los olores sagrados, a la Habana annorada. Ahi aparecen imagenes de buenos hijos que defendieron los muros de la espontaneidad y el talento con su presencia y su quehacer sin pretenciones. Ahi aparece Elena, siempre Burke, siempre Cubana y universal. Dios la tenga en la Gloria.

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Gracias Norge:Ya saben todos lo que significa para mi Elena. Ella entre las muchas cosas que me dejo, me dejo a toda su familia que es mia tambien.Gracias por este articulo tan bonito y por las cosas que opinas de mi.Meme Solis.

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¡BELLO!Coño NORGE, que llevaba tiempo que no lloraba....Mi amor por Las BURKE es ¡INFINITO!Amigo mío, Gracias por dedicarmelo....Un beso.

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Jamas olvidare cuando en el teatro Nacional el publico le pidio Mis veintidos Anos y aquella mujer dijo con tristeza ya eso no lo puedo cantar y uno del publico le grito quien pidio que la cantaras hablala,ella se hecho a reir y dijo:Ven ustedes como me tiende de malcriada,Elena era transparente,era genuina,sus grave fabuloso porque eso es un misterio de como Cuba siendo un pais tan calido pudo dar todas esas contralto y la vi en el respeto y el carino con que hablaba de las otras a Leonora le decia:Nona simplente pero habia que respetarla,en uno de aquellos conciertos llamados Amigas,estando ella con Moraima haciendo unos arreglos porque iban a cantar las tres al mismo tiempo canciones de Orlando de la Rosa y Moraima se le quejo dentro porque la otra las estaba parodiando,salio como un fiera y le dijo todo lo que quiso sila quieres cantar bien cantala pero con tu voz Omara tranquilita comenzo amigas y entonces Elena le dijo eso es cantala con tu voz,la Elena de El Gato Tuerto que cada noche descargaba a su manera,antes de entrar en la eternidad esa Elena era un mar de amores.