Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Cultura

Swing británico

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La British Week, del 1 al 8 de junio pasado en La Habana, tuvo un programa divertido y atrevido. No se circunscribió, como otras representaciones culturales en la ciudad, solo al cine. Hubo también fútbol, fiestas, teatro y un concierto.

Las fiestas fueron anunciadas en facebook para que ocurrieran en cafeterías, bares o restaurantes del sector privado, con cierta exclusividad no dictada por el glamour sino por los precios. En el Salón Rosado de la Tropical el concierto La Tremendonga Party, de Qva Libre y sus invitados: David Blanco y Ernesto Blanco, JG, Luna Manzanares, Oes3 y D'joy de Cuba, entre otros. En el cine Charles Chaplin, los mejores cortos 2012 para adultos y los mejores animados para niños; dos largos: Día de las flores y Buscando a Sugar Man. Nada de profundidad ni conflicto.

Excepto el teatro.

Acostumbrados a las analogías y a la búsqueda del paralelismo para evadir censuras, con Blue Orange, de Joe Penhall, dirigida por Stephen Bayly, la versión en español de Julio Carrillo y con La Peña Meisner de La Habana, el Bertolt Brecht vio un teatro diferente, denso quizás, donde el texto adquiría junto al gesto espontáneo, natural, el protagonismo en la escena.

La obra transcurre en una consulta médica, con dos psiquiatras discutiendo el destino de una alienada. Un teatro realista, un corte diagonal a una sociedad X, y un diagnóstico nada claro: TLP, trastorno límite de la personalidad. Las manifestaciones de la enfermedad: deterioro de las habilidades sociales, irresponsabilidad, depresión, alucinaciones, paranoia, violencia, miedos.

Un teatro realista sin simbologías ni facilismos. Fue como la técnica de mirarnos al espejo y ver cuánto nos soportamos a nosotros mismos. Por eso al inicio de la función la sala estaba llena, pero pasado el intermedio, sobraban butacas. No soportamos que nos analicen ni siquiera a través de terceras personas, vernos seccionados en varias categorías puede ser un acto de disciplina tan riguroso como imagino que debió ser el ejercicio actoral para Yenisse Soria (la Dra. Bruce Flayherty); Maridelmis Marín, (la Dra. Roberta Smith); y para Idalmis García (la paciente Cristal).

El cuestionamiento de los límites y la normatividad fueron el subtexto: el mundo no es azul como una naranja; el racismo es un monstruo que salta cuando menos uno se lo espera; hay que tener talento para la simplicidad y aprender a lamernos nuestras propias bolas. Y quien crea lo contrario, está loco.

Blue Orange recuerda a Alguien voló sobre el nido del Cuco, de Ken Kesey, donde un hospital psiquiátrico es el escenario perfecto para enfrentarnos a la sociedad; o un filme galardonado en Cannes cuyo título no logro recordar, pero del que no olvido los fotogramas de una niña negra violentada por la guerra, moviéndose en los límites de la magia, la locura, la violencia, el mundo de los muertos y los vivos, que resultan finalmente su salvación y a la vez su tragedia y que, por esas "especificidades culturales", pueden llevarla a ser otra alienada en el mundo occidental; y mi teoría (sin basamento científico alguno, solo conjetura intelectual) de cuánto puede tener que ver la miseria como desencadenante de la locura.

La Semana Británica en La Habana, con su proyección light, abrió una puerta a un mundo que existe más allá de si estamos o no preparados para asumirlo. Un mundo básicamente Pop, donde no hay gratuidades y la velocidad impone poca profundidad. Quizás por eso aparente ser más libre.

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