Lunes, 11 de Diciembre de 2017
20:15 CET.
Artes Plásticas

Alexandre Arrechea: la intuición sin límites

Hay un cierto modo de imaginación, poco deferente con nuestras convenciones más arraigadas —que es otro modo de decir, con nuestros temores más primarios— que no ha venido a ocupar un puesto respetable entre las artes hasta el arribo tempestuoso de las vanguardias. Esa búsqueda de asociaciones irresponsables y desinteresadas que se atribuye a la infancia, esa zona en que la muerte —el Gran Límite— es apenas un mito, es una manera de imaginar el mundo ajena al compromiso con el sentido y el fin de un tiempo resignadamente lineal. No pretende ajustar el mundo a los deseos personales sino más bien lo contrario.

Esa es la visión que domina a los artistas-niños que  no obligan a la realidad a "decir" ciertas cosas sino que prefieren hacerla hablar en un nuevo idioma y encima tratan de escucharlo. Y no pienso sólo en Miró, Klee, Dubuffet, Basquiat o Keith Haring sino también en otros artistas-niños algo menos obvios y de más refinada factura como Magritte o Dalí (cuando creía ser niña levantando la orilla del mar).

Unos y otros andan menos preocupados en el parecer que en el ser, pero un ser visto como posibilidad móvil, cambiante y resbalosa. Alguna razón habrá para que tengamos que remontarnos a los homo sapiens que emborronaban las paredes de las cuevas de Altamira y Lascaux o a ciertos pintores flamencos enfebrecidos con picardías paganas o hurgar en los rincones más oscuros de cualquier catedral gótica si queremos encontrar antecedentes de lo que hoy es moneda frecuente en museos y galerías. Puede intuirse que sólo la pretensión moderna de haber puesto al fin riendas al mundo consiguió hacer espacio a estos contestatarios de la arrogancia humana que vale lo mismo decir de la pretensión adulta de que sabemos lo que somos y lo que queremos.

Por estos días se ha inaugurado No Limits, exhibición de esculturas del artista cubano Alexandre Arrechea a lo largo de la elegante Park Avenue de Nueva York. Se trata de una serie compuesta por sus propias versiones en acero y aluminio de algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad: el Flatiron convertido en bandera, el Chrysler y el Seagram en sendas mangueras para apagar incendios, el Empire State Building en el papel de serpiente enroscada, el Sherry Netherland y el Hemsley curvados en círculo hasta casi atrapar su cola con su cúpula, otro par de edificios bailando sobre trompos, y así sucesivamente. Como si Arrechea por fin cumpliera el sueño de todos los artistas-niños: conseguir que le entreguen la más paradigmática de las ciudades modernas —aunque ciertamente no ya la más moderna si buscamos en la palabra un sinónimo de novedad— para que juegue con ella, retorciéndola de todos los modos posibles. Manhattan convertida en la playa particular de Alexandre donde se sienta con su cubito y su pala a reinventar la ciudad a placer.

No debe sorprender que No Limits no sea una obra de un neoyorkino sino de un outsider que ve la ciudad con la desprejuiciada calma con que los niños ven el mundo de los adultos, con esa ilimitada libertad. De ahí la potencia de esta serie y hasta su título. Pero donde al niño apenas le queda la opción de imaginar, el artista hace. Arrechea enfrenta a una ciudad con fama de abrumadora —con sobrenombres monstruosos como la Babel de Hierro— con su reverso juguetón.  

Algunas esculturas de la serie pueden reducirse a comentarios concretos sobre la dinámica de la ciudad pero la diversidad de los símbolos en los que se transmutan los edificios hace imposible asignarle un sentido unitario y estable más allá del juego, un juego muy serio por otro lado. Me puedo imaginar al artista desarrollando refinadas y maduras explicaciones de su obra, cubriendo de seriedad aparente la gravedad profunda de sus esculturas, esa que le concede una ingenuidad emparentada con la del Heracles niño que destrozó las serpientes enviadas por la reina de los dioses griegos para que lo mataran en la cuna. La inocencia poderosa de los mitos, digo, que se confunden con la infancia de cada cual.

Porque no debe olvidarse que Nueva York es ante todo la más mitológica de las ciudades modernas. Una mitología reforzada para generaciones de cubanos por ser al mismo tiempo el rostro del enemigo y la más seductora de sus ciudades. Estimulante y conflictivo debe resultarle a un artista cubano de la edad de Arrechea que sea precisamente la ciudad que en su niñez representaba al adversario la que le ofrezca la posibilidad de emprender uno de sus proyectos más ambiciosos. Lo suficiente para que con el afán contradictor de todo artista verdadero recorra justamente el camino inverso y pase de la seducción que antes le proponía el enemigo supuesto a la reserva y la resistencia ante la generosidad de la ciudad que se le entrega. Arrechea materializa así, en esos edificios escurridizos, en plena metamorfosis, no solo la condición a un tiempo cambiante y resistente de la ciudad en que están enclavados, sino también la transformación de la mirada que los observa y se sorprende a sí misma.

Y sin embargo, cualquier significado concreto que pueda atribuirle a cada una de las piezas o a su conjunto no es más subversivo que el mero acto del juego. Tan sedicioso como que la ciudad emblema del capitalismo le entregue espacio, tiempo y dinero, sus bienes más preciados y Arrechea los dilapide en el mero hecho del juego. (No obstante, la última ironía le queda reservada, por supuesto, a la metrópolis que lo aplaude en lugar de regañarlo: hablamos de la sede de Wall Street y de una estación del metro poblada por esculturas que servirían como ilustración para una edición infantil de El Manifiesto Comunista o de Das Kapital). Pero quizás ya eso sería interpretar demasiado.

El simbolista francés Paul Valéry al tratar de dar con una fórmula para determinar el número de interpretaciones que admitía un poema decidió que este dependía en parte de su nitidez (porque imponía la obligación de interpretar) y al mismo tiempo de la indeterminación del mismo verso que rechaza esa llamada a interpretarlo. Si atendemos a dicha fórmula No Limits es —redundantemente— ilimitada en sus posibilidades de exégesis: tan nítida es su forma, su invitación a ser entendida, como opaco su significado una vez rebasada la mera asociación de íconos.

Era el propio Valéry quien decía que "Cuando un verso es hermoso no pensamos ni siquiera en comprenderlo. Ya no es una señal, es un hecho". Y eso son las piezas de No Limits, sembradas en los elegantes jardines de Park Avenue, un hecho. Un hecho hermoso, como solo lo son ciertos versos, sonoros, transparentes e inescrutables, o como los niños cuando juegan.

Alexandre Arrechea forja edificios en Nueva York

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Comentarios [ 16 ]

Imagen de La Avellaneda

EXCELENTE! Una de las reseñas, más justa, clara y elocuente que he leído en los últimos tiempos. Conocía los textos humorísticos de Enrisco y algunos ensayos, pero no tenía idea de su enorme capacidad como crítico de arte. Enhorabuena al compatriota!Yo que no soy una experta en la materia, pero amante de las artes plásticas y curiosa diletante, no recuerdo otra exposición al aire libre tan monumental y trascendente desde las gordas de Botero. Que el artista se prodigue en los edificios de otras urbes, quiero ver más! En Arrechea, más talento y creatividad en estado puro, un niño en sus manos, un sabio gurú en las ideas de su Arte. 

Imagen de Anónimo

Aquí está el aguafiestas, el amargado, que no soporta la eucaristía de un gran artista ni de su arte. Tal vez se trate de un artista o crítico de arte insignificante y frustrado, ello movería a compasión y lástima, y hasta le excusaríamos su celoso arrebato frente a un artista triunfador, nada menos que en New York. Agita también, inutilmente,  su anaquillé de palabras descalificantes,  "vaguedad", "desinformación", "desactualización", "impostura", en un intento por conjurar el oficio  magistral del señor Enrique del Risco, obteniendo sólo el ridículo. Tampoco salvamos la cabeza ante este plumífero quienes admiramos a nuestro gran Alexandre Arrechea, obsequiándonos frases que nos ahorramos repetir. Este impertinente comentarista, que se queja de impertinencia, es obvio que no puede sentir la emoción que genera tan extraordinario artista. ¡Líbrenos dios de aficionados agresivos e insensibles de semejante catadura! 

Imagen de Anónimo

Anónimo - 26 Mar 2013 - 10:06 am.Amen!, se puede decir más alto pero no más claro.

Imagen de Anónimo

En honor a la verdad el texto que nos presenta el Sr. Del Risco deja mucho que desear, denota falta de criterio, vaguedad, desinformación, desactualización, impostura... Por favor, esto no es una reseña, ni mucho menos un ensayo. ¿Desde cuánto los diletantes se alzan como entendidos en la materia y se creen capacitados para emitir juicios? ¿Por qué tienen carta abierta en publicaciones de este tipo? ¿En qué momento de la historia del arte se quedó el pretendido crítico? Novicios agresivos de semejante calaña, que ensayan palabras huecas y sin sentido, hieren la sensibilidad de los que sentimos el arte. Tampoco son necesarios comentarios aduladores e impertinentes, que defiendan tan vehementemente al artista, ya que las obras se definen por sí solas. Ni Arrechea es un pantocrator del arte, ni un genio y mucho menos un mito. Sin dudas, un panegírico basura escrito por uno de sus acólitos y secundado por los fieles de la manada. 

Imagen de Anónimo

Alexandre Arrechea un gran artista, creatividad y laboriosidad envidiable.Mayra P

Imagen de Anónimo

La foto de Alexandre Arrechea que ilustra este magnífico ensayo, nos recuerda a un cristo pantocrator, generoso, sabio, magnánimo, de aquellos que gustaban pintar en las paredes de los templos y los pergaminos sagrados el arte de los bizantinistas.Y eso es Alexandre Arrechea, un pantocrator del arte, un poderoso artista, más allá de dibujante, de escultor ambiental, de diseñador de formas, es hoy una potente mente que reinventa el Arte en su privilegiada cabeza y nos entrega generosamente ese arte en los espacios públicos de una ciudad mito, para comenzar también su gloriosa carrera mítica. Honor y gloria a este hermoso hombre, a este genial artista, a esta maravillosa persona cuya inserción en la historia del arte, ya es.

Imagen de Anónimo

No todos los artistas cubanos son unos postalita como es el caso de este señor, su obra no aporta nada que ya existiese cuando formaba parte de los carpinteros, de hecho lo que ahora muestra es una prolongación de aquello si cabe más vacío de contenido y como varios aquí apuntan puro regodeo en agradar.Lo de Kcho que escribe "Anónimo - 24 Mar 2013 - 5:19 pm." también lo escuche de el mismo en publico porque en privado todos decían lo mismo: solía decir del trío, que uno pensaba, el otro dibujaba y el tercero jineteaba.

Imagen de Anónimo

Arte utilitario, tanto a dado el ejercicio de la autocensura que los artistas cubanos son ya los mejores exponentes de  el decorativismo!

Imagen de Anónimo

Muy buena, Enrique. Un acercamiento interesantísimo a la obra de Arrechea.Lisset MH

Imagen de Anónimo

Respondiendo a la pregunta de Kcho cuando este formaba parte del Trio "Los carpinteros": para que hacen falta tres para hacer el trabajo de uno" ....