Domingo, 17 de Diciembre de 2017
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Literatura

OBITUARIO: Muere en Miami Ángel Arango, pionero de la ciencia ficción cubana

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Ángel José Arango Rodríguez, uno de los pioneros de la ciencia ficción cubana, murió el pasado 19 de febrero en Miami, mientras dormía, informó es un blog la escritora Daína Chaviano citando fuentes familiares. Tenía 86 años.

Arango, nacido en La Habana el 25 de marzo de 1926, se doctoró en Derecho Civil por la Universidad de La Habana y se especializó en Derecho Aeronáutico.

Formó parte del equipo de árbitros y expertos consultores de la Organización de Aviación Civil Internacional, fue miembro del Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico, del Espacio y de la Aviación Comercial, con sede en Madrid, y trabajó en el Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba.

En 1964 publicó la colección de cuentos de ciencia ficción ¿A dónde van los cefalomos?, obra que, junto con el poemario La ciudad muerta de Korad de Oscar Hurtado, marcó el nacimiento de la ciencia ficción en Cuba.

En 1966, Arango publicó El planeta negro, en el que aparece el cuento Un inesperado visitante, que luego sería incluido en numerosas antologías en el extranjero.

"Lo conocí hace más de treinta años. Yo era una estudiante que acababa de ganar mi primer premio literario y aún no me lo creía. Cuando me lo presentaron, casi no pude disimular mi emoción. Aquel señor de grandes e intimidantes espejuelos era el autor de Un inesperado visitante, un relato que me había marcado", dijo Chaviano en su blog.

"Contaba la historia de un Cristo extraterrestre que, usando poderes inexplicables, era capaz de alterar la materia y transformar el agua en vino o de caminar sobre las aguas. Aquel relato sigue siendo una de esas joyas narrativas que, una vez que se leen, es imposible olvidar", añadió.

Chaviano destacó que Arango "se mantuvo fiel" al género de la ciencia ficción "incluso durante el tristemente célebre Quinquenio Gris, cuando se prohibió en la Isla, entre otras cosas, toda obra de arte o literaria relacionada con la fantasía".

"Pese a la cacería de brujas que se desató durante esa época y que llegó a anular y quebrantar a otros autores, Arango regresó al género cuando el velo de la prohibición comenzó a levantarse, gracias precisamente a la persistencia —a veces silenciosa, pero firme— de escritores como él", añadió.

En 1982, publicó la novela Transparencia, en la que desarrolla la idea y el escenario del cuento ¿A dónde van los cefalomos?.

Con esa novela inició una serie que incluye Coyuntura (1984) y Sider (1994).

Arango publicó en España, en varios países del antiguo campo socialista, México, Francia y Argentina. Fue incluido en la antología Lo mejor de la ciencia-ficción latinoamericana, de Bernard Goorden y Van Vogt.

En 2009 se estableció en Miami con su familia. Su última novela, La columna bífida, permanece inédita.

"Siempre estaba haciendo planes y dispuesto a aconsejar a todo escritor que se aventurara en su terreno. Era agradable y reconfortante encontrarlo en los portales de la Unión de Escritores (y Artistas de Cuba), y sentarse a oírlo hablar sobre otros autores que a su vez lo habían inspirado", afirmó Chaviano.

Fue "el último representante de esa primera generación de escritores del género en la Isla, que abriera el camino para los que vinimos después", resaltó.

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Comentarios [ 4 ]

Imagen de Anónimo

Muchas gracias por compartir esta información. En memoria de Ángel Arango haré el pequeño gesto de leer sus escritos por placer. Un abrazo.

Imagen de Anónimo

Hermoso homenaje a un pionero de la Ciencia Ficción en Cuba. E.P.D. Y gracias a Diario de Cuba por reconocer a estas glorias olvidadas. 

Imagen de Anónimo

Ano 5.34 am. Aquí se habla del Arango escritor, lo demás es asunto de la gente cercana a él. Su "Un inesperado visitante" también constituyó uno de mis cuentos favoritos en un momento de mi vida. EPD.

Imagen de Anónimo

Todos quienes participamos en los años 60 de una tertulia que este señor amparaba en su apartamento del Vedado vimos nuestros comentarios hechos allí delatados a la Seguridad del Estado. Cuando su esposa puertorriqueña le suplicó que le diera permiso para sacar a sus hijos de aquel infierno, él se nego y ella tuvo que permanecer en Cuba con ellos hasta que fueron mayores de edad. Ser un escritor más o menos bueno no es sinónimo de ser buena persona.