Sábado, 16 de Diciembre de 2017
23:48 CET.
Música

¿Adiós al reguetón?

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El tema del reguetón en Cuba es, en realidad, un problema menor. A muchos sus textos les parecen vulgares, machistas, ofensivos hacia la mujer. Pero si se le pregunta a la gente joven (y no tan joven), siete de cada diez prefieren ese ritmo.

Y los jóvenes también cuentan. Tienen derecho a perrear al compás de los estribillos del Micha, Los Intocables, Gente de Zona o El Yonqui.

Cuando se viaja en taxis privados, es molesto escuchar la colección completa de Osmani García, La Voz, con el audio a reventar. Pero hay que respetar la coexistencia. Se le puede pedir al chofer que baje un poco el volumen.

Las prohibiciones de corte medieval no deben ser aplaudidas. Menos aún en Cuba, donde el Estado es dueño absoluto de los medios. Si hubiese canales alternativos de televisión o emisoras de radio particulares que reprodujeran el reguetón y sus videoclips, la medida oficial de limitar este tipo de música no habría despertado tanta algarabía mediática.

El especialista musical del diario español El País, Diego Manrique, escribió un buen artículo titulado "Cuba quiere acabar con el 'perreo'". Fernando Rasvberg, corresponsal de la BBC, también publicó en su blog sobre el polémico tema. El escritor Leonardo Padura, por su parte, hizo otro tanto en un texto distribuido por IPS.

Y es que censurar genera pasiones. Más aún si las medidas a favor de prohibir el reguetón —anunciadas por Orlando Vistel, presidente del Instituto Cubano de la Música, y apoyadas por Danilo Sirio, presidente de la radio y la televisión— demuestran que esa manera de hacer política, ya sea en lo cultural, lo deportivo o lo económico, que aparta lo distinto cuando el régimen estima que lesiona sus principios ideológicos, ha demostrado ser ineficaz durante cinco décadas.

Una pistola aún caliente

No se trata de implementar prohibiciones. En cualquier país se editan o censuran canciones con letras obscenas. Cada medio es libre de rechazar lo que considere ofensivo. Pero en Cuba la censura es una pistola aún caliente, que en no pocas ocasiones manejó personalmente el propio Fidel Castro. En nombre de la revolución, la palabra prohibir estuvo de moda en los años 60, 70 y 80. Desde condenar el catolicismo y las religiones afrocubanas hasta hostigar a los abakuás y los testigos de Jehová.

En este huracán tropical que impactó en intelectuales de Europa y América, era mal visto que los jóvenes usaran jeans o llevaran melena. Escuchar rock y discos de los Beatles era saltarse olímpicamente los decretos promulgados por una comisión ideológica.

En nombre del orden y el respeto se encarcelaron a miles de personas. Su delito: no vestirse de miliciano, ser cristiano, gay o pensar por cabeza propia. Se pudieran escribir varios tomos sobre las prohibiciones disparatadas que se aplicaron o todavía se aplican en Cuba.

Detrás de la censura al reguetón se esconde la intransigencia, la intolerancia a reconocer lo diferente. El Gobierno se abroga el derecho a decidir lo que considera bueno o malo para los cubanos. Es la misma licencia que permite prohibir la formación de partidos políticos opositores o censurar artículos supuestamente nocivos o contaminantes.

Son los censores de siempre. Los mismos que impiden a artistas cubanos exiliados venir a actuar a Cuba.

Les cuento una anécdota personal. Mi hija cursa el cuarto grado. Con frecuencia, los fines de semana, los padres preparamos una fiesta o "discofiñe", donde los alumnos del aula comparten y bailan. Los inquilinos de la casa escogida son los únicos adultos autorizados a estar presentes. Sutilmente se les vigila. En la segunda fiesta se desencadenó un terremoto.

Y el culpable fue el reguetón. Sin consultar con los niños, los padres decidimos no poner videoclips de reguetón, por lo vulgar de los textos y las imágenes explícitamente sexuales. Al enterarse, los pequeños lanzaron un desafío.

Si no se ponía reguetón, no irían. Negociamos. Llegamos a un acuerdo. Se pondría reguetón, pero solo el audio. Todos salimos complacidos.

La población no solamente está para aplaudir, pagar impuestos o ir a votar en ese remedo de elecciones celebradas en Cuba. El régimen tendría que incorporar a su agenda que las autoridades se deben a su gente, y no lo contrario.

La polémica en torno a la censura del reguetón recuerda una frase de Einstein: "Solo conozco dos cosas que son infinitas, el Universo y la imbecilidad humana".

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