Jueves, 14 de Diciembre de 2017
11:37 CET.
Entrevista

Ubaldo Huerta: «Todos quieren una Cuba democrática y moderna llave en mano»

El empresario y promotor cultural Ubaldo Huerta (La Habana, 1969), salió de Cuba hacia EE UU en 1992. Tras pasar por varias empresas dedicadas al desarrollo de las nuevas tecnologías en Silicon Valley, lanzó loquo.com, un portal de anuncios clasificados locales, líder en España, comprado por Ebay en 2005. Residente en Barcelona y experto en informática, en mayo de 2012 Huerta cofundó Yagruma —junto a Hiram Centelles (La Habana, 1984), cofundador de revolico.com— proyecto de producción artística centrado en Cuba y basado en el principio del crowdfunding (micromecenazgo, financiación colectiva), obligado ahora a redefinirse al chocar con las leyes del embargo norteamericano.

En palabras del propio Huerta, Yagruma es "un mecanismo para fomentar la creación intelectual en Cuba al margen del gobierno y las instituciones culturales, que han sido los productores tradicionales de las artes y, por tanto, han condicionado el resultado de la creación artística. […] Yagruma es una forma de establecer un diálogo entre iguales, entre los cubanos de la Isla y los de la diáspora. No se trata de que los últimos entreguen dádivas a los primeros, sino de patrocinar mediante las vías que abren las nuevas tecnologías una obra de arte, un disco, un libro, y recibir a cambio una recompensa, por ejemplo una copia del disco, un ejemplar del libro…".

De Yagruma y de sus ramificaciones artísticas y políticas, Huerta conversa con DDC.

¿Qué lleva a alguien a 'volver' a Cuba a través de un proyecto como Yagruma, años después de haberse ido y de haberse labrado una carrera profesional?

Ya hace más de 20 años que salí de Cuba; pertenezco a la última generación que salió a una suerte de destierro, pues no había mecanismo de retorno. Francamente, por muchos años, no tuve la más mínima inclinación por visitar lo que dejé, de revivir angustias. Pero como dices, pasa el tiempo, uno se establece profesionalmente, se supera algún agravio y, en mi caso, decido volver la vista y mirar constructivamente lo que quedó atrás.

Es cierto que el país está devastado en todos los órdenes, que marcha casi a la deriva. La calidad de la educación ha retrocedido a niveles inimaginables, y debido a una decisión política —no cabe otra explicación—, estamos desenganchados de internet a efectos prácticos, mientras el futuro se hipoteca. Ante el dilema de seguir dándole la espalda al asunto, de continuar esperando a que "alguien resuelva", o hacer una mínima contribución, transmitir nuestra experiencia, dialogar con los de allá, buscar un resquicio para aportar, participar en la transformación que se teje a regañadientes, pero con rumbo inexorable hacia la normalización, yo he optado por lo segundo.

¿Cuál fue o es la intención de Yagruma? 

En sentido amplio, Yagruma permite "inmiscuirse" en la realidad cubana, permite la participación, a distancia, de la vida en Cuba; incidir en una cultura y una sociedad que están pidiendo renovarse a gritos. Uno decide a qué proyecto quiere aportar, y de este modo establece un diálogo con artistas y creadores sin excluir ni limitar a nadie. Para los creadores es otra fuente de financiamiento, sin condicionantes, más allá de las propias recompensas que el propio creador proponga a cambio del patrocinio. Es, también, una manera de "dialogar" con la diáspora, un diálogo de iguales.

¿Piensas que el momento actual es apropiado para proyectos de ese tipo en Cuba, por qué?

Cuba está cambiando, no se sabe si por voluntad real de desandar un camino equivocado en muchos frentes o por el empuje de nuevos actores de dentro y de fuera. Lo cierto es que cada día se derriban nuevas barreras. Por ejemplo, las instituciones culturales de la Isla, hasta donde yo sé, no pusieron trabas a Yagruma. También entre los jóvenes estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA) y los creadores más establecidos, el proyecto tuvo buena acogida. Nadie cuestionó el derecho de buscar activamente financiamiento fuera de las instituciones, de recibir fondos procedentes de cubanos emigrados o extranjeros interesados en nuestra realidad.

Intuyo que años atrás, Yagruma hubiese encontrado resistencia por parte del Gobierno, y la propia autocensura de los artistas la habría hecho inviable. Ahora, paradójicamente, me atrevo a afirmar que es el exilio el que tiene que mover ficha: todo el mundo quiere una Cuba democrática, moderna, pero que se la den llave en mano. El mayor enemigo hoy por hoy de un proyecto de crowdfunding en Cuba es el desinterés y el recelo de quienes vivimos fuera por lo que acontece en la Isla.

Es comprensible. Desde la diáspora no se percibe aún que existan proyectos verdaderamente independientes en la Isla. Se cree que todo sigue dependiendo del Gobierno, como siempre ha sido desde el afianzamiento del castrismo.

Bueno, Yagruma es una entidad sin ánimo de lucro, registrada en Barcelona. Operamos con transparencia y fiabilidad, pagos seguros, transferencias bancarias a los creadores, todo auditable. En el caso de Yagruma no ha habido apoyo o relación con ninguna entidad de la Isla. Es cierto que en Cuba, a día de hoy, no existen entidades independientes del Gobierno, pero muchas veces se usan como sombrilla, como amparo legal por parte de personas que buscan apoyo, intercambio cultural y económico, por qué no, con entidades o sujetos de fuera. Se puede esperar a la normalización, a que haya un registro mercantil de empresas sin participación estatal, de asociaciones independientes, pero el hecho es que nada de eso existe hoy.

Ya el mecenazgo no es exclusivo de los poderosos. Han pasado siglos desde que los Medici, los D’Este, los Sforza o los Gonzaga apoyaran a los Rafael, los Mantegna, los Cellini o los da Milano. ¿Cómo ha funcionado el fenómeno del 'crowdfunding', sobre todo en lugares como España y Latinoamérica?

El crowdfunding nace en el mundo anglosajón, léase EE UU, hace pocos años, y su uso se ha acelerado sobre todo desde 2010. A simple vista no es más que la clásica irrupción de internet en el mecenazgo tradicional, que antes solo se hacía a puertas cerradas, por instituciones, o por Medicis de la era moderna. Ahora está al alcance de cualquiera, y no solo eso, sino que permite al creador socializar una idea, encontrar una audiencia, incluso antes de llevarla a cabo. Kickstarter, el sitio de referencia, movió casi 320 millones el año pasado, con 18 mil proyectos financiados. No debe sorprendernos que esto ocurra en EE UU, donde la cultura del mecenazgo está bien establecida, donde nadie cuestiona que para emprender cualquier proyecto creativo o empresarial lo primero que se necesita es movilizar recursos.

En España hay varias plataformas. Destaca verkami.com, con casi 800 proyectos financiados. En Latinoamérica, por su parte, aún queda mucho por andar, pero la idea prende. Ideame.com, con cientos de proyectos activos, se perfila como líder.

Hace falta dinero para todo; para crear arte, mercado, infraestructuras, sociedad civil, independencia. Sin embargo, y mientras sus miembros se enriquecen, el castrismo ha llevado como divisa lo contrario, ha desarrollado en la sociedad la creencia de que el dinero es malo por sí mismo.

Esa es otra barrera que hay que derribar, la creencia de que hay algo indigno en buscar financiamiento para cualquier andadura creativa o empresarial. En Cuba, según mi experiencia, se suele estigmatizar todo lo referente al financiamiento. Aunque se empiezan a dar tímidos pasos. Como sabemos, a día de hoy solo se permite la existencia de trabajadores autónomos, a cuenta gotas, sin un mecanismo legal para la inversión de terceros. Encima, hay severas restricciones para ejercer actividades profesionales; no hay vías legales, hasta donde yo sé, de invertir en las cooperativas cuya puesta en marcha se ha anunciado, no he visto ni siquiera la intención de permitir el establecimiento de empresas donde los accionistas sean personas físicas. Falta aún mucho por hacer. Si una economía de primer mundo es rica y diversa como una selva tropical, la cubana, en comparación, tiene la complejidad de una colonia de esponjas de mar.

Evidentemente ha habido una estrategia gubernamental de estigmatización del dinero, algo que parte de la ideología marxista y de las ansias de mantener el control político por parte del castrismo. Pero, ¿no hay además entre los cubanos un componente cultural que lastra la relación con el dinero cuando este va más allá de las meras transacciones económicas? En otras palabras, ¿tiene futuro el ‘crowdfunding’ en una sociedad como la nuestra, tan necesitada de reencontar ciertos valores éticos y morales?

Eso está por ver. Irónicamente, en una sociedad donde en teoría se inculca el valor del bien común, de la solidaridad hacia terceros países, del voluntarismo, ha desaparecido por completo el mecenazgo, el auténtico concierto entre ciudadanos para, con fondos o esfuerzo propio, impulsar iniciativas como la de sanear las márgenes de un río, improvisar un teatro de títeres en la calle, hacer un refugio de animales abandonados, etc. Hay mucho por andar, pero todo se andará.

¿Qué proyectos se realizaron en Yagruma?

Yagruma, en su corta vida, ofrece resultados modestísimos, de los 55 proyectos que se lanzaron, solo once consiguieron financiación. La temática es variopinta: un corto de ficción sobre el vuelo espacial conjunto sovietico-cubanoun disco de Boris Larramendi, ex Habana Abierta; animaciones en stop motion, etc.

Yagruma se inscribe dentro de la modalidad de financiación todo o nada, o sea, si no se consigue la cantidad establecida por el creador en el plazo requerido, a los patrocinadores le son devueltos los fondos. Muchos proyectos válidos, como por ejemplo el XIV Festival Mundial Poesía sin fin, no conseguieron llegar a la meta económica, pero eso no los desmerita, todo lo contrario: Yagruma es también una manera de dar a conocer una idea, de exponerla para darle forma.

Por último, hay que recordar que el grueso de los patrocinios se consigue mediante el propio esfuerzo de promoción por parte del creador mediante canales online como facebook, twitter, blogs, etc. Este es otro de los grandes obstáculos que enfrenta cualquier proyecto online en Cuba, donde el grado de acceso y la velocidad de conexión a internet y, por consiguiente, a la cultura de uso de la red, ofrecen cifras desoladoras.

¿Qué pasó exactamente con Yagruma y la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) de EE UU?

Los primeros problemas de Yagruma empiezan en agosto de 2012, cuando Paypal, el procesador de pagos líder en internet, suspende el servicio alegando que no puede procesar pagos pues estaría violando las regulaciones del embargo. Después de casi dos meses sin servicio, con varios proyectos en el limbo, conseguimos integrar en Yagruma un procesador de pago alemán. Y en el ínterin no nos quedó otra que zambullirnos a entender el entramado de regulaciones que emite la OFAC (Office of Foreign Assets Control), la oficina del Departamento del Tesoro de EE UU que rige el comercio y la transferencia de fondos de empresas, ciudadanos o residentes en EE UU hacia Cuba.

Varios amigos, conocedores de estas leyes, nos aconsejaron solicitar formalmente a la OFAC una Licencia especial para Yagruma, porque a pesar de que somos una entidad sin ánimo de lucro registrada en Barcelona, muchos de los patrocinadores son ciudadanos o residentes en EE UU; o sea, están dentro del radio de actuación de las regulaciones de OFAC. Tristemente, luego de un intercambio con representantes de OFAC, y tras explorar todas las posibles opciones, es imposible conseguir, dentro de la regulación actual, una licencia para Yagruma. Habría, por ejemplo, que solicitar un licencia para cada proyecto que se presente e informar la lista de patrocinadores. Naturalmente, este mecanismo no es apropiado para un sitio de crowdfunding en internet. También están las licencias para remittance forwarders, como Western Union, pero esto tampoco encaja: Yagruma tendría que estar radicada físicamente en suelo norteamericano para poder ser auditada, además de otras restricciones.

Lo sucedido es una gran decepción para nosotros después de todo el esfuerzo y el tiempo invertido en construir el sitio; incluso tenemos cuatro o cinco proyectos sin publicar, a la espera de la decisión de la OFAC. O sea, los artistas emergentes en Cuba pronto tendrán una opción menos. Lo sucedido pone en evidencia un vez más la necesidad de hacer una revisión crítica de mucha de estas regulaciones que han demostrado su inoperancia en la consecución de resultados tangibles, mientras imponen un severo castigo a las libertades individuales de cubanos de las dos orillas e incluso de ciudadanos americanos. Así y todo, tengo que reconocer que el trato ha sido respetuoso, cordial y profesional por parte de la OFAC. Ya buscaremos otra salida para Yagruma, quizás se pueda reconducir a otro contexto o país, liberar el código para que otros lo puedan usar, hibernar hasta que cambien las leyes…

Es evidente que Cuba está cambiando, que el régimen está en un proceso de mutación, aunque no necesariamente democrática. También es evidente que dada la precariedad económica, política y social en Cuba y la cercanía con EE UU, estos últimos, donde además reside un gran porciento de la diáspora, están llamados a jugar un rol importante en nuestro destino nacional. ¿Cambia Washington, debería cambiar?

Vivimos momentos de cambio, el Gobierno cubano ha tomado una significativa medida política al levantar, aún a medias, restricciones al libre movimiento de personas. Lo que ocurrió con Yagruma, que en el mejor de los casos no deja de ser algo de un peso netamente simbólico, es sintomático de lo restrictivas que pueden llegar a ser las leyes aprobadas en el Congreso norteamericano a mediados de los 90 y que buscaban limitar drásticamente la entrada de recursos al gobierno de La Habana.

Irónicamente, existe la limitación sin precedentes para los viajes de ciudadanos norteamericanos a Cuba. Los permisos, justificantes de viaje, restricciones de gasto, hacen estas visitas inviables para la gran mayoría de los estadounidenses. Yo quisiera, como muchos cubanos, que se dieran pasos constructivos, de ambas partes, para la solución de este diferendo. Ojalá el gobierno de EE UU decida eliminar las restricciones a los viajes, y de una vez y por todas, el americano de a pie pueda chocar con la realidad cubana. Está, también, la opinión, que yo comparto, de que el gobierno de Cuba lo que quiere es el levantamiento solamente de algunos aspectos del embargo, pero que este se mantenga en su esencia, en su carga simbólica, para seguir llamando a cerrar filas y perpetuar el mito de la plaza sitiada. Esto, descontando que el beneficiario directo del levantamiento de las restricciones de viajes sería el entramado de intereses que controlan la industria turística, de la que el cubano de a pie solo recibe migajas.

Todo esto es cierto, pero no lo es menos que hay que pasar página, que los daños colaterales son evidentes, que iniciativas como Yagruma, amén de que sean cuasi simbólicas, son barridas de un plumazo. La crisis que vive Cuba la hemos causado los cubanos. Nos corresponde reparar el daño, enrumbar la nación. Pero por pedir que no quede: el gobierno de EE UU bien podría dar algún paso hacia la normalización. Mal no nos va a hacer.

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