Jueves, 14 de Diciembre de 2017
01:56 CET.
Literatura

'Abisal'

Las leyendas por lo general tienen un poco, o bastante, de cierto. Lo que usualmente consideramos que es un mito, a menudo constituye una parte, no la única sino apenas la más espectacular, de un fenómeno. Uno entre una larga relación de acontecimientos.

Diseccionar con herramientas literarias una criatura presuntamente fantástica, a la que suele llamarse "Chupacabras", es la propuesta explícita de la novela Abisal, que acaba de publicar en Madrid la editorial El Barco Ebrio.

Su autor, Osmani Baullosa Acosta (Pinar del Río, 1972), graduado de periodismo por la Universidad de La Habana, residente en Chile desde 1998, cuenta en esta entrevista el origen del libro, que es su primera incursión en el género fantástico, luego de haber publicado, en conjunto con otros autores, el libro de no-ficción Chile País Oceánico (Ocho Libros, 2005), en el cual es el único escritor no nacido en el país sudamericano que tiene un capítulo a su cargo.

Osmani, si tuvieras que resumirlo en pocas palabras, me gustaría saber de qué trata Abisal.

Acerca de las posibles consecuencias de elegir creer, o no creer, en algo. También podría decirse que trata sobre lo que suele ocurrir cuando ignoramos algo, sea de modo voluntario o involuntariamente.

¿La idea de la novela surgió con ese propósito específico, de describir lo que provocan nuestras creencias o las ignorancias?

En mí actuó, como gatillante del relato, una anomalía registrada a principios del actual siglo: la aparición de decenas de miles de animales muertos, meticulosamente desangrados, en distintos países de las Américas. Fue un detonante esto (sobre todo cuando los casos sucedieron en Chile, a donde yo recién había emigrado), más el "detalle" de que todavía no haya quedado claro qué o quién causó las muertes.

Están bien documentadas esas muertes en reportajes de prensa escrita y de televisión. Y ante la falta de explicaciones por parte de la policía, o de la ciencia, intenté abordar el asunto por medio de la literatura.

Eso en cuanto al móvil que catalizó la escritura de la novela. ¿Hubo otras motivaciones?

La intriga que me despertaron esos casos hasta hoy no aclarados (y que algunos consideran simple bandidaje, a falta de una conclusión mejor), se mezcló con un instinto que tenía yo de escribir sobre lo siguiente: Charles Darwin y su osada teoría de la evolución, Carlos J. Finlay y su no menos atrevida hipótesis del mosquito como agente transmisor de enfermedades. Osadía y atrevimiento, obviamente, para la época en que se presentaron estas ideas, pues sabemos que con el paso del tiempo su aceptación se impuso, y permitieron desatrancar muchas puertas: varias de las obras más importantes de los tiempos modernos: ingenieriles, políticas, sociales... se edificaron a partir de lo planteado por estos hombres.

El científico inglés y el científico cubano forman los extremos del eje de mi narración. Y aunque ellos dos y las secuelas de muerte y ruina, provocadas por lo que se ha dado en llamar "chupacabras", parezcan no tener conexión alguna entre sí, para empezar nos colocan ante un mismo dilema: en qué creer, qué no creer, y el costo de ignorar.

Nuestras creencias configuran la realidad, al menos tanto como la realidad configura nuestras creencias. Y por supuesto, también nuestro destino, individual y colectivo.

En algún momento de la pasada década, tras salir de Cuba, dejaste de escribir, e incluso de leer literatura, para dedicar a la jardinería el tiempo que antes solías ocupar en esas dos actividades.

Abisal es mi segunda novela. La primera, también escrita en Chile, es anterior a mi descubrimiento de la jardinería, que no practico de manera profesional; mi empleo es como funcionario público, desde hace 10 años.

A esa primera novela nunca la llevé a hacer la ronda por las editoriales. Tiempo después de terminada, me di cuenta de que la había escrito como una suerte de vaciamiento. De ahí en adelante perdí interés por escribir y hasta por leer. Quise dedicarme a una actividad más, ¿cómo definirlo...? Trabajar con entes vivos en vez de lidiar con ficciones, con el estadio anterior a la celulosa de que está hecho el papel, con la materia, con la tierra. O el deseo de volverme experto en algo.

Las ideas y sucesos raros que mencioné antes se maceraron en mi imaginación por años, hasta un punto en que no pospuse más la preparación de la novela. Cuatro años me tomó documentarme, y la misma cantidad escribirla. Fue entretanto que me abstrajo la pasión por las plantas. Específicamente las plantas de bulbo —como son los tulipanes y los gladiolos—, que teóricamente son plantas eternas.

¿Hay huellas de esa afición en la historia que cuentas en Abisal?

Sí, aparece representada en el libro, con la intensidad de una pasión, a través de uno de sus protagonistas, jardinero. El modo en que estas plantas de bulbo "hibernan" (las que cultivo yo estivan, porque su recogimiento bajo tierra se produce en verano), por años inclusive, lo cual posibilita trasladarlas como si fueran objetos inanimados, las torna para mí plantas fabulosas, y símbolo de lo que somos los emigrantes.

¿Consideras que tu novela es más cubana que chilena, o viceversa?

Es mestiza, no únicamente en el sentido racial del término, que igual está presente en ella, sino en correspondencia también a como es uno mismo: un híbrido signado por la emigración. Todos sus personajes son criaturas migrantes.

La novela refleja algunos de los rasgos más sobresalientes de la —por así llamarla— "civilización cubana", los aportes a la humanidad de sus distintos componentes raciales en áreas como la música y la medicina, antes de que fuésemos una república. No obstante, buena parte de la trama transcurre en Chile, en el siglo XIX (en Valparaíso, y del desierto de Atacama al territorio antártico). Asimismo, en la Holanda del siglo XVII; en Rusia una centuria después... Y a fin de cuentas, si la lee un postadolescente de cualquier país, que no ande fijándose en si pertenece más aquí o allá, acaso vea en el texto solo un libro de aventuras, como es mi aspiración que sea leído este.

O como una novela de vampiros...

Puede ser leída como una novela de vampiros. Por supuesto que sí. El enigma que trata de descifrar Abisal, a nivel de trama, es la identidad de un misterioso ente que toma (por no decir bebe) sangre. ¡Que ha robado ríos de sangre!, tal como dio cuenta de ello profusamente la prensa global que cubrió las incursiones de "El Chupacabras" en la pasada década; sus apariciones desde Estados Unidos de América, en el norte, hasta Chile y Argentina en el sur.

Es una novela hecha no a la carrera para participar en la estampida de historias de vampiros que hemos visto de improviso, sino concebida antes de ese frenesí. Elaborada con tiempo, respeto por la tradición del género. Lírica de aliento. De prosa y factura cuidadas, preciosistas… o eso procuré, lo cual no implica que sea un libro escrito para gente sofisticada, aunque sí para quien ame el saber. Y hasta para quien sienta placer con el sonido de las palabras bien acopladas. El narrador intenta emular con su lenguaje las letras muy elaboradas pero de apariencia sencilla de nuestros compositores de principios del siglo XX; no en balde él nació por la misma época en que surgieron estos.

Como autor, me siento más cerca de Felix B. Caignet que de José Lezama Lima, y un contador de historias antes que un intelectual.

¿Cuáles son los temas que te interesan con autor?

Los que comenté más arriba constituyen una muestra. No me atraen los asuntos puramente cubanos, sino aquellos transversales a la condición humana. Así, Abisal, que es la extensa biografía (consta de dos volúmenes—Dientes de león y En el vientre— y es, en rigor, una saga) de un hombre contada por su hijo, también trata sobre la compasión.

¿Quieres agregar algo más?

Creo que es mejor, en vez de seguir hablando de la novela, que hable la novela por sí misma...

 


Osmani Baullosa Acosta, Abisal: Dientes de león (El Barco Ebrio, Madrid, 2012).

Osmani Baullosa Acosta: Abisal: En el vientre (El Barco Ebrio, Madrid, 2012)

En libro electrónico, aquí.

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