Lunes, 11 de Diciembre de 2017
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Ballet

Narciso tropical como 'animal civil'

En el otoño de 2012, Ediciones Cumbres en Madrid inauguró su colección Cuadernos Terpsícore con un pequeño libro del diseñador escenográfico y crítico de danza Roger Salas: Más allá del escenario: el ballet Muerte de Narciso de Alicia Alonso. En su corto ensayo, Salas persigue analizar la versión coreográfica del ballet de Alicia Alonso estrenado en 2010, así como sus antecedentes y su diálogo con una tradición milenaria, la grecolatina.

En las primeras líneas, sin dilación, el crítico de danza del diario español El País se ve precisado a justificar la escritura del texto porque, declara: "Hasta ahora, me mostraba incrédulo y hasta desconfiado sobre las últimas coreografías firmadas por Alicia Alonso, (…) lo veía más como un ejercicio de consolación, si bien respetable, de poco valor testimonial y duradero".

El crítico parece estar deslumbrado al ver la nueva pieza coreografiada por Alonso y, además, hace otras concesiones: escribe sobre el ballet mediado por una grabación, cosa que no acostumbra a hacer cuando se trata de piezas actuales. A partir de ese supuesto deslumbramiento, Salas se adentra en un análisis donde a ratos gana más lo descriptivo, la erudición y la acumulación yuxtapuesta de elementos y datos, que una hermenéutica coherente y más profunda.

Para un lector frecuente de los artículos del crítico, hay algo que también sorprende en esta justificación inicial: Roger Salas ha hecho declaraciones políticas y de otra índole sobre el Ballet Nacional de Cuba (BNC) y su dirección, que bien pueden estar detrás de los primeros párrafos aclaratorios de su libro. Por ejemplo, el 6 de marzo de 2011, en un artículo titulado "El salto a la libertad" (metáfora que une lo danzario a lo político), Salas declara en la sección cultural de El País: "En todos los mentideros internacionales del ballet se preguntan desde hace años cómo puede seguir al frente del BNC una persona en sus condiciones a pesar de su tesón, y se atribuye parte de la decepción de las nuevas generaciones a esta situación anquilosada y sin salida".

Un poco más adelante, agrega: "los bailarines cubanos no han dejado de salir de Cuba por todos los medios posibles, saltando por las ventanas de los hoteles, imitando el cuerpo durmiente con tres almohadas, llenando de ladrillos una maleta para que pareciera llena de ropa de ballet o simplemente corriendo hacia la libertad en cualquier ciudad del mundo: como en las películas; algunos más traumáticamente que otros pero con una lectura única: escapar de las presiones internas de Alonso y su cúpula, del asfixiante ballet oficial criollo y de la angustiosa realidad política y social cubanas".

Ya más relacionado con sus opiniones acerca de la labor coreográfica de Alicia en los últimos tiempos, en su texto "Heredar en vida" publicado en El País el 20 de agosto de 2008, comienza declarando que "durante décadas hemos reverenciado las revisiones coreográficas de Alicia Alonso (…), son coreografías que siempre han circulado con un cierto aire hegemónico". Más adelante, agrega: "en las versiones de Alonso hay calidad, poso documental, experiencia vivida y muchas otras manos", sin embargo: "algunos de estos arreglos a medida tenían un sentido, una alta y potente justificación estética, pero el tiempo pasa implacable, y aunque Alicia Alonso ha ofertado su herencia en vida, el juicio científico y la luz moderna en el ballet nos hacen ver hoy costuras demasiado evidentes, cambios gratuitos de concesión al virtuosismo balletómano y fatales coincidencias formales entre las piezas. En tal sentido, las otras escuelas modernas de ballet, como la norteamericana y la inglesa, han sido menos soberbias y han admitido voces y huellas de diverso signo".

En estas líneas se leen hegemonía y dictadura artística, inmovilismo ideo-estético por parte de la bailarina cubana, de acuerdo a lo que expresa Salas. Pero al menos en materia estilística el "anquilosamiento" se anula cuando el ensayista, sorprendido (eso nos dice), ve Muerte de Narciso de Alicia Alonso que está basado en el poema homónimo de José Lezama Lima.

Todo parece indicar que, de un lado y de otro, la publicación de este cuadernillo por Ediciones Cumbres ha permitido que Alonso, Pedro Simón y Salas se reencuentren y se tiendan manos. Digamos que, al menos al parecer y a pesar de las distintas declaraciones del crítico, lo estético ha permitido una conciliación y ha dejado a un lado lo político. Si en verdad es así, la lección y el reencuentro es hasta saludable para el ambiente cultural cubano. No obstante, en este caso, es difícil que lo político y lo artístico se puedan diferenciar a estas alturas, mucho más cuando el propio Salas utiliza desde el mismo título del primer artículo referido una metáfora balletística sobre el salto para hablar de la huida de los bailarines cubanos, además de dar noticia sobre escándalos económicos en el seno del BNC, sobre la lucha por la sucesión (que es más política que artística, por lo que describe), sobre nuevas vías camufladas de emigración y salida de Cuba a través de la Cátedra de Danza Alicia Alonso en Madrid, y hasta sobre las continuas declaraciones racistas de Alicia.

Estas deposiciones de opiniones y posturas acerca de la situación del ballet en Cuba permitieron que el nombre de Roger Salas apareciera en calidad de diseñador junto al de Alicia y el de Narciso en las páginas de Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, a propósito de la presentación de Muerte de Narciso en Nápoles en 2012.

No obstante, cuando uno revisa los artículos de Roger Salas sobre el ballet cubano en su continua labor en El País, reconoce a un crítico que ha reverenciado la trayectoria de una de las más grandes bailarinas a escala internacional, y que se ha hecho eco (como periodista responsable y consecuente) de los vaivenes de la danza clásica en Cuba y de sus continuas lecturas políticas, tanto dentro como fuera de la Isla, de lo cual, la propia dirección del BNC tiene culpa. Salas, por tanto, canalizó su devoción hacia Alonso en el cuaderno que comento.

Muerte de Narciso

Con respecto a la exégesis del autor sobre Muerte de Narciso, pieza que "ha cambiado diametralmente mi consideración inicial", según declara, la presentación de su estudio es más referativa, basada más en exempla de la historia de la música, la literatura y la propia danza que en elementos analíticos de peso. Desde el principio gana más lo descriptivo y alusivo que lo hermenéutico.

En las páginas de presentación, Salas menciona un antecedente dentro del ballet cubano con el mismo tema de Narciso, una obra homónima del coreógrafo y bailarín cubano Ivan Tenorio también inspirado en el texto lezamiano. Lamentablemente dicha pieza paralela y anterior queda solo como referencia de paso, como mero apunte de conocimiento, cuando el lector agradecería más bien un análisis comparado entre ambas coreografías.

Cuando Salas presenta el poema de Lezama como punto de partida de la obra danzaria, ofrece una serie de elementos formales (cantidad de estrofas, número de versos) que no se encauzan en el análisis en ningún momento y que tampoco dialogan con la coreografía, y si no tienen convergencia semántica, no vale la pena mencionarlos siquiera, como ha enseñado Rodríguez Adrados. Seguidamente, analiza tres versos lezamianos que tienen eco en la sintaxis somática de la pieza de Alonso. Esa línea, apenas presentada en las páginas 11 y 13, podría ser provechosa y acertada de continuarse en un futuro, ya que en el libro no cristaliza del todo. Hasta pueden analizarse convergencias temáticas y formales entre el texto literario y el coreográfico, y entonces los elementos discursivos lezamianos tendrían más sentido dentro del texto crítico de Salas, si es que, en verdad, como él mismo afirma sus "ejemplos (los de Alicia) apuntan el propósito expreso de no separarse medularmente de la fuente literaria".

Otro procedimiento exegético que podría ser fructífero (de llevarse a cabo más consecuentemente a lo largo de todo el trabajo) es la relación que establece Salas entre el diseño escenográfico para el Apolo bailado por Alicia donde aparecía una especie de "promontorio-caverna" y una "roca lateral", con el ballet Narciso… en el que dichos elementos son retomados. Esta correspondencia escénica de una obra a otra permite al autor declarar que "Apolo nace de ella, por ella Narciso se va" y "que Alonso con este ballet buscaba reencontrarse con una estética que le era muy querida, que formaba parte consustancial de su época de oro". Este tipo de asociaciones agudas y sugerentes se agradecerían mucho si fuesen más continuas en el libro.

En la revista electrónica La Portada, se cita a Pedro Simón declarando que el estudio de Salas es: "el primer ensayo realmente profundo sobre la coreografía de Alicia Alonso. No se limita a elogiar su arte, sino que investiga y lo analiza. El libro enseña a comprender el mundo coreográfico en general".

Lo anterior no es cierto, es más bien un elogio circunstancial y exagerado que una verdad constatable, si se tienen en cuenta no solo los argumentos precedentes sino algunos trabajos de diploma que conozco por haber tenido como alumnos a los autores.

El texto de Salas se inscribe en una importante línea de investigación: los "estudios interartísticos", y dentro de estos dialoga con los estudios de "literatura comparada" y los de "tradición clásica". En el primer caso es de destacar el trabajo de Laura Domingo Agüero titulado La presencia de la literatura cubana en el repertorio del BNC, cuyo análisis de la obra coreográfica de Alicia Alonso merece tenerse en cuenta.

Con respecto a la tradición grecolatina y el ballet, la tesis Ballet clásico y tradición grecolatina en Cuba de Jonny Luis Téllez Hernández, presentada en mayo de 2012 en el Instituto Superior de Arte de La Habana es lúcida y profunda. Tuve la oportunidad de ser el tutor de dicho estudio, me consta que el análisis que en él se hace de Dido abandonada presenta la hondura y agudeza, la capacidad de relación entre lo mítico, literario, coreográfico y escénico que falta a ratos en el libro de Salas.

Pedro Simón conoce de primera mano dichas investigaciones, y sabe del rigor y el valor que las mismas poseen. En cuanto al texto de Salas, valiosas son las ideas de Alicia-Tiresias en calidad de invidente iluminado, que puede seguir una línea que los demás no podemos captar a cabalidad, y que desde el principio Salas apunta al hablar de "los ojos de la diosa", aunque se opone también a los argumentos del propio autor en algunos artículos sobre las limitaciones físicas de Alonso.

Es también valiosa la relación continua que establece entre el BNC y las demás artes, como la literatura, el cine, la música y la plástica, lo cual se vincula directamente con la labor de Salas como diseñador de la puesta en 2012, donde el título del ballet aparece escrito en griego clásico: juego entre escritura, plástica y danza, frecuente en la obra del joven pintor cubano Dashiell Hernández, que también trabaja motivos grecolatinos. Y valiosa es la alusión indirecta del crítico de que la pieza de Alonso es un homenaje al cuerpo masculino que ha conocido, tocado y sentido durante décadas como mujer y bailarina.

El investigador da noticias de una coreografía anterior a la de Iván Tenorio, hecha por la propia Alicia en 1955 según Marilyn Hunt, biógrafa de la bailarina cubana, cuyo título fue Narciso y Eco, aunque pocos datos se tiene de dicho trabajo, y Salas habla de "amnesia colectiva" sobre este tema, dentro de la cual cabe también la amnesia de la propia coreógrafa.

El libro contiene un apartado titulado "Temas clásicos en el ballet. Narciso", pero podríamos engañarnos al pensar que el autor realiza un recorrido panorámico de los temas grecolatinos en el ballet o la danza en general, para terminar en el tópico de Narciso. No es así y, si quiere encontrarse algo semejante, pueden consultarse las tesis de Laura Domingo Agüero y de Jonny Luis Téllez Hernández antes referidas, así como las cronologías temáticas que estos proponen en sus apéndices. En el caso de Salas, en realidad se trata de un rastreo del mito en la danza clásica, por lo que mejor debió llamarse "Narciso en el ballet".

Hay otra aclaración necesaria en el título de ese apartado del libro: al hablar de temas "clásicos" el lector podría no estar claro de a qué se refiere el término: si al ballet (clásico), si a la literatura (clásica), si a la música (clásica), por lo que, para evitar ambivalencias e imprecisiones mejor sería hablar de "temas grecolatinos", que es a lo que se refiere (creo entender al menos) el autor.

La sección final, "Consideraciones entre literatura y coréutica", lleva también un título engañoso. No se trata, como pudiera esperarse, de ideas teóricas sobre la relación entre literatura y danza a partir del ballet de Alonso. En lugar de ello, Salas presenta una yuxtaposición de citas de otros autores, tanto poemas como críticas, pero poco o nada analizadas por él, solo se limita a presentarlas sin hacer una valoración expresa y una vinculación con el trabajo coreográfico de Alicia.

Este es un discurso más referativo que analítico, más descriptivo e impresionista que exegético; no hay armonía de conjunto, falta coherencia estructural y hermenéutica; en lugar de un estudio que interrelacione los elementos de mejor forma, lo erudito aplasta y se impone. Salas es un gran conocedor del mundo de la danza y de la cultura artístico-literaria en general, por ello uno esperaría una mejor conjunción entre el conocimiento y la exégesis, lo cual, lamentablemente, echamos en falta muchas veces en este ensayo. A través de las imágenes sobre ballets de tema grecolatino y de los textos poéticos compilados por el autor sobre el mito de Narciso en el libro, uno a veces puede seguir una línea paralela de análisis que, sin embargo, el texto de Salas no logra concretar plenamente.

Su libro pretende ir más allá del escenario, tarea ardua y necesaria que se habrá de continuar y mejorar. Por ello apuesta actualmente Ediciones Cumbres en Madrid con una edición sobria, cuidada, estética, de mucha calidad de imagen y factura. Este ensayo es el comienzo de una línea editorial necesaria y poco explorada. Dentro de los estudios interartísticos, las relaciones entre la danza y la literatura o entre ballet y tradición clásica carecen de suficientes trabajos si se comparan con el teatro o el cine. Roger Salas abre Cuadernos Terpsícore dándole valor a estas líneas investigativas. Auguro una continuidad de ediciones que profundicen en los momentos más álgidos de este volumen, de modo que lo analítico prevalezca y encuentre, como Narciso, su esencia en las tensas aguas de la escritura del cuerpo.

 


Roger Salas, Más allá del escenario: el ballet Muerte de Narciso de Alicia Alonso (Cumbres, Madrid, 2012).

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