Lunes, 10 de Diciembre de 2018
Última actualización: 21:04 CET
Teatro

«Sagua la Grande y Mirta Ibarra son mis dos pasiones»

Con el personaje del escultor Germán en la película Fresa y Chocolate se hizo popular. No había cumplido todavía 20 años y su carrera como actor lo catapultó a la fama. Veinte años lleva Joel Angelino radicado en España, donde ha trabajado en series televisivas de máxima audiencia como Ana y los siete, Aida o El Comisario.

Con su monólogo basado en el cuento de Senel Paz hizo una gira por Europa y América Latina y recibió el Gran Prix del Festival de Teatro de Lugano. Ha trabajado con directores como Carlos Saura, Daniel Díaz Torres, Vicente Molina Foix, Jesús Bonilla y Gerardo Herrero. Adaptó cuentos clásicos infantiles para su propia compañía con sede en Canarias, donde colabora con la televisión autónoma.

Sexo sentido es su último trabajo unipersonal que acaba de presentar en la Sala Azarte de Madrid y que, junto al monólogo sobre el cuento de Senel Paz, lo llevarán de nuevo a Barcelona como comienzo de una nueva gira, en tanto prepara un estreno en La Habana con la actriz Mirta Ibarra. Pero antes de eso, responde a unas preguntas para los lectores de DIARIO DE CUBA.

¿Dónde y qué has hecho estos últimos años?

Después de actuar en series de televisión, teatros, y de hacer algunos largometrajes, me di cuenta que tenía que parar y meditar en todo lo que me estaba pasado, para así tomar una nueva perspectiva de mi trabajo personal y actoral.

Decidí distanciarme. Elegí a la isla canaria de Tenerife por la proximidad que tienen sus habitantes con respecto a Cuba y al Caribe. Allí he trabajado mucho y, entre los logros de esta estancia, ha sido fundar mi propia compañía, al igual que colaborar en un programa de humor de la televisión autonómica canaria.

Además, he publicado dos libros.

¿Y desde cuándo eres escritor?

La soledad de la isla y el rencuentro conmigo mismo me ha hecho escribir, arte que mucho respeto. Pero ha sido un aprendizaje que me ha servido para dirigir y poner en escena mis propios espectáculos para niños sobre cuentos clásicos.

¿Desde cuando haces espectáculos para los niños?

Desde siempre. Cuando tenía 18 años, trabajé con Mariela Castro en un proyecto de psicología infantil, algo a lo que en mi vida le he dado mucho valor. Ah, nací el mismo día que nació José Martí y la educación en la infancia es fundamental para cualquier individuo, muchísimo más en estos tiempos.

En esos espectáculos para niños, ¿cómo te atreves a cambiar el final de cuentos tan clásicos?

El propósito de estas versiones es fomentar en los niños valores de tolerancia y distanciarlos de la crueldad gratuita. Pero no dejo de reconocer el poder que el miedo ejerce en estos cuentos clásicos. No obstante, a través del poder transformador del teatro intento que los personajes establezcan un dialogo con los niños, y que éstos decidan el propio final de la historia.

¿Lo logras?

Es difícil. En algunas funciones sí, en otras no. Los niños a pesar de su inocencia y de sus valores familiares y sociales, se convierten a pesar de ellos, o sin saberlo, en jueces. Sus opiniones prevalecen en cada debate que se sostiene después de cada función. Para mí es más fructífero que en vez de llenarle la barriga de piedra al lobo malvado de Caperucita Roja o achicharrar a la bruja de Hansel y Gretel en el horno, lleguen a un estado donde el perdón, el bien, la bondad sean primordiales a sentimientos de odio, venganza y rencor.

¿No te parece que esta enseñanza le vendría bien a todos los cubanos de dentro y fuera de la Isla?

Seguramente sí. Tenemos que aprender a respetar los criterios individuales por encima de los intereses colectivos.

Dime cómo ha sido tu rencuentro con el público madrileño.

Genial. Tenía muchas ganas de volver a Madrid. Aquí viví seis años de intenso trabajo donde podría destacar, además de los personajes que hice para televisión y cine, la labor que hice con la prestigiosa directora Cristina Rota, en cuya academia se han formado muchos actores de renombre en España y fuera de ella (Javier Bardem, Penélope Cruz y muchos más).

Ha sido una gran acogida. El público ha sido muy expresivo y en este espectáculo es interactivo. Ninguna función se parece a otra. La improvisación tiene papel preponderante que me hace estar siempre a la expectativa de todos los detalles que ocurren en el espectáculo, además de los espontáneos que se prestan a cambiarme el guión, y me hacen crear nuevos caminos dentro de la obra.

Han pasado 20 años del estreno de la película 'Fresa y Chocolate' que te dio a conocer. ¿Cómo ves el filme ahora?

No he vuelto a verlo con frecuencia. Cuando lo hice tenía diecinueve años y era para mí un reto trabajar con Tomás Gutiérrez Alea. El texto de Senel Paz, que fue el pilar de la película, sigue siendo un referente en la literatura cubana actual. Ahora, con este monólogo sobre el cuento original, sigue teniendo la misma acogida y expectativa que cuando se escribió.

Es un texto que no pierde actualidad porque trata justamente de la tolerancia y de los valores esenciales del hombre, algo de lo que está muy necesitada esta humanidad.

¿Es cierto que se filmaron escenas de 'Fresa y Chocolate' sin que se editaran en la versión final?

Sí. Ya se conoce la admiración por la bailarina Alicia Alonso que se tiene en todo el mundo. Para nosotros los cubanos es un orgullo. Había una escena donde Diego invitaba a David a ver un espectáculo de Alicia. Se rodó en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional de Cuba, pero los directores decidieron que en el corte final no estuviera para no hacer digresiones con respecto a la historia del guión original.

Entre el cine, la televisión y el teatro, ¿qué diferencias sientes?

Me considero un actor de teatro. Es el espacio donde me siento más seguro e independiente. Verdaderamente autónomo, sin la presión de directores, jefes de casting, etc.

Has actuado en Miami, ¿qué te parece ese público con respecto al de Cuba o España?

Los cubanos son iguales en todas partes. Pero hay que matizar. Cuba es el público donde mejor me entienden. En España hay un humor bastante parecido al nuestro, fundamentalmente en Canarias por su contacto con el Atlántico, pero, sin embargo, en la península se trata de un vocabulario distinto. Y en Miami se palpa una nostalgia a veces dolorosa de la Isla.

¿Tienes proyectos de actuar en Cuba?

Ya tengo un proyecto de teatro confirmado para la próxima primavera en Barcelona. El público catalán tiene una formación teatral muy sólida con actores y compañías de mucho prestigio. Para mí es un reto conquistar ese público. Pero antes de esto me quiero de dar un baño de multitud cubana y voy a recorrerla de San Antonio a Maisí. Actuaré en todas las ciudades de mi país y estoy recuperar el tiempo en que he estado distanciado por mi trabajo en el extranjero.

Loco estoy por ir a mi pueblo de Sagua La Grande, donde nací. Invitar a todos los vecinos que conozco. Y a mi tía Tata con todas sus amigas, para que después me hagan una caldosa con la receta de Kique y Marina. Ah, y que me cuenten todos los chismes del pueblo, que va y los meto en otro espectáculo, aunque tenga que pagarles como guionistas.

Tuviste un proyecto teatral con la actriz Mirta Ibarra. ¿No te gustaría rencontrarte con ella en los escenarios?

Sagua La Grande y Mirta son mis dos obsesiones. Con ella hice dos años Obsesión Habanera, una obra escrita escrita por la propia Mirta. Ante el público nosotros dos tenemos una complicidad muy difícil de lograr. Me he curtido de su sabiduría interpretativa, de su amistad, de sus valores, tan difíciles de encontrar en el mundo del espectáculo.

De mi vínculo con ella he salido fortalecido. Su nueva pieza se llama Neurótica anónima y la estrenaremos el año próximo.