Viernes, 15 de Diciembre de 2017
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Artes Plásticas

La leyenda de Jesse Fernández revive en París a través de sus fotos

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Fotografió al joven Fidel Castro, pero también las noches calientes y sensuales de La Habana, antes de exiliarse en Nueva York, donde retrató a músicos y escritores, como hizo luego en Madrid y París: el cubano Jesse Fernández es celebrado en París, en ocasión del Mes de la Foto, informa AFP.

Armado de su Leica, Fernández, nacido en La Habana en 1925, recorrió entre los años 50 y 80 Colombia y Guatemala, México, Estados Unidos y España, antes de morir en París en 1986.

En cada uno de esos sitios, su ojo, enamorado del blanco y negro e influido por Cartier Bresson y Walker Evans, captó gentes y paisajes, calles y cantinas, transmitiendo el ambiente que se respiraba en ciudades y campos.

Dejó también testimonio de sus encuentros con escritores como el argentino Jorge Luis Borges, músicos como Miles Davies, pintores como Salvador Dalí, bailarinas como Alicia Alonso, cantantes como la Tongolele.

Sus fotografías, expuestas hasta el 28 de febrero en la parisina Maison d'Amèrique Latine, han sido reunidas en un libro, Tours et détours, de La Havane a París (éditorial Filligrame), que fue lanzado esta semana en la capital francesa, que celebra durante todo el mes de noviembre el arte de la fotografía.

Fernández —que ha sido calificado por el artista mexicano José Luis Cuevas como "el más grande fotográfo latinoamericano después del mexicano Manuel Alvarez Bravo"— era además un personaje de novela, según uno de sus amigos, que firma uno de los artículos que acompañan las fotografías del libro.

"Jesse es toda una leyenda. Era un personaje irreverente, picaresco", contó a la AFP el periodista venezolano Ben Ami Fihman, que compartió con él aventuras en Nueva York.

El cubano vivía en Nueva York en los años 40, donde frecuentó a artistas como Wifredo Lam, Marcel Duchamp y Willem de Kooning, y conoció al escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, que quedó fascinado con él y lo retrato en su novela Tres tristes tigres, recordó Fihman.

En 1956, regresó a Cuba, fotografió la vida cotidiana de La Habana y luego a los jóvenes revolucionarios.

"Fidel Castro lo adoptó como su fotógrafo oficial. Jesse lo acompañaba a todas partes. Me contó luego muchas anécdotas de ese tiempo, como cuando fue con Fidel a buscar a Camilo Cienfuegos, que había desaparecido en una avioneta. Nunca se encontraron los restos ni de él ni del avión". Pero un día el idilio acabó.

"Jesse me contó que una vez, en un viaje en yate con Fidel, vio algo que le hizo presentir que la revolución se encaminaba a algo que a él no le gustaba, y fue entonces que decidió exiliarse", dijo Fihman, sin dar más precisiones.

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