Miércoles, 23 de Agosto de 2017
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Teatro

En las tablas de Madrid

Nació en Matanzas en 1977 y comienza a estudiar teatro en su ciudad natal con René Quirós. Mientras estudiaba en la Universidad de La Habana integró el grupo teatral Aire Frío y debutó, poco después, en 2002 en la pieza Las mariposas saltan en el vacío, bajo la dirección de José Milián, en el Teatro El Sótano. Desde entonces mucho ha llovido y ha incursionado en incluso en la actuación radiofónica y en la poesía. Arístides Naranjo, actor y poeta, se presenta hoy en Madrid como director de una pieza de teatro que exhibirá el Teatro Calderón. Mejor nos los cuenta todo en primera persona.

Siempre hay un inicio de todo, ¿no?

En efecto, me recuerdo a los trece años caminando por las calles de mi ciudad para llegar a la Sala José White, donde el maestro Quirós disponía de un espacio para impartir clases y talleres. A veces teníamos que trasladarnos de lugar porque habían sitios ocupados; pero la ilusión era inmensa y eso es inolvidable.

Ahora me viene a la mente algo muy curioso, y es que en un sentido me emparento con Abelardo Estorino, no solo porque es de Matanzas, como Milián y Piñera, sino porque tanto él como yo, aunque con años de diferencia, fuimos graduados de Odontología. Incluso, cuando me evalué profesionalmente, tuve a Estorino como presidente de mi tribunal, junto a Adria Santana y Zoa Fernández. Pero hablando de inicios, si una gran suerte me acompañó, fue la de contar con excelentes profesoras de Español y Literatura en las etapas de enseñanza media y preuniversitaria. ¡Es increíble el papel determinante que un buen profesor es capaz de ejercer en un alumno!

Todo parece indicar que mientras estudiabas Odontología manifestaste más interés por el teatro.

Durante mis estudios universitarios integré la agrupación Aire Frío, dirigida por el médico y artista César Montero. Hoy veo mis desempeños de esta etapa como un punto de partida imprescindible, en cuanto a que mis ganas de hacer teatro no eran para matar el tiempo o desconectar de las clases, sino todo lo contrario... Con César el rigor profesional no tenía límites; de hecho, en una de las presentaciones del grupo en festivales organizados por Ciencias Médicas, me enteré a través del actor y crítico de arte Roberto Gacio, que el dramaturgo y director José Milián estaba realizando un casting para el elenco de Las mariposas saltan al vacío.

Sin dejar enfriar la noticia, fui a verlo. Él me dio una escena de la obra para que la estudiara individualmente y la presentara al siguiente día, y así hice. Pasaron cuatro meses de trabajo interpretativo: entre seminarios de danza, canto, y rodillas con quemaduras por la fricción de la alfombra roja del escenario. El 20 de diciembre de 2002, justo antes de producirse mi debut profesional, Milián, desde uno de los hombros de El Sótano, me daba la "patada de la suerte"; y salí a escena con el Fermín de Las mariposas...

Claro, al estar graduado de Odontología, se imponía una solución a mi tema laboral; y fue entonces cuando opté por pedir una licencia cultural al Ministerio de Salud Pública que me fue concedida por mi trayectoria artística en la Universidad.

Entonces, ¿no retomaste la carrera?

Lo que retomé fue el teatro. Por citar algunos ejemplos, te menciono Si vas a comer, espera por Virgilio, que hice por primera vez en 2004, y a la que considero una de las obras cubanas más importantes de la segunda mitad del siglo XX, Juana de los Ángeles (2005), Lo que le pasó a la cantante de baladas (2004), El cartero de Neruda, Parece blanca y Don Juan Tenorio (2006), El deseo (2007), Los mangos de Caín (2009).

Incursioné junto a Milián en el género musical, con las obras La ópera del mendigo (2003) y Concierto para Brecht.

Durante cuatro años, tuve la oportunidad de actuar en espacios dramatizados de la radio como La Novela de las 2, La gran aventura de la humanidad, entre otros; bajo la batuta de Héctor Pérez  Ramírez, Leyanis Rodríguez, entre otros valiosos directores.

En la televisión, con el maestro Jesús Cabrera, Jorge Alonso Padilla, Vicente González Castro, Miguel Sosa y Consuelo Ramírez.

A Fernando Pérez, debo la interesante experiencia de trabajar en Madrigal; y a Tomás Piard, el haber contado conmigo en El viajero inmóvil, ambas para el cine.

He asistido a talleres de interpretación, como el ofrecido por el director Carlos Celdrán en su sede de Argos Teatro, y uno de casi un año de duración, dictado por la gran pedagoga Berta Martínez, en la sede de la Compañía Teatral Hubert de Blanck. Ahora bien, si hoy puedo transitar por un camino dentro de las artes escénicas, a quién se lo agradezco en primera instancia es a José Milián. Él percibió en mí potencialidades que como gran artista fue desarrollando a base de disímiles trabajos de interpretación, con registros, algunos distantes hasta de mi físico y mi edad.

Con Pepe, como cariñosamente también le llamo, tuve mi primera nominación a un premio, por el Manolito de Mamíferos hablando con sus muertos (2004). Sin embargo, cuando me llegó el premio Adolfo Llauradó por mi trabajo actoral en El cartero de Neruda (2006) dirigido por Orietta Medina, ya la Odontología se hallaba en un horizonte lejano.

También escribes y no solo teatro...

He escrito poesía. Empecé a escribirla a los quince años. Conservo un cuaderno de cartas y poemas, Desde el alba, escrito en 1992. He recibido asesoramientos muy valiosos por parte de las escritoras cubanas Mercedes Melo y Teresita Iglesias. Otros poemarios, aún inéditos, son: Fiebre vital (2009), Clarín en ráfaga (2011) y Cantos de un viajero (2012).

Considero el teatro un juego de confesiones, un espacio donde la palabra hecha arte; además de emocionar, cree en los espectadores una reflexión que los enfrente a la realidad, en aras de transformarla en algo útil y hermoso.

Ahora estás en Madrid, en donde llevas ya más de un año y no se puede decir que hayas perdido el tiempo.

El tiempo que llevo viviendo en Madrid me ha servido, entre otras cosas, para descubrirme en la escritura de teatro. He concebido tres piezas (por ahora inéditas).

En España, he actuado en Elda (Alicante); y recientemente, en el espectáculo Tríptico o La desolación de Rafael, escrito y dirigido por el teatrista argentino Joaquín Gómez, de cuyo proyecto de creación iberoamericana, Bombín Teatro, formo parte.

En noviembre te estrenas como director en el Teatro Calderón de Madrid. Cuéntanos qué diriges y qué veremos.

La pieza se titula Arcano 13, y la firma el dramaturgo sevillano Manuel Saldaña. Es una farsa del absurdo con fondo de comedia, e intervienen tres actores y dos actrices de trayectorias profesionales diversas. La obra refleja, mediante situaciones extremas e inesperadas, el conflicto de tres personajes que se debaten en un triángulo amoroso, y donde habrá que ver si La Muerte, o Arcano 13, se sale con la suya.

Se estrenará, como bien dices, en el Teatro Calderón, el próximo 13 de noviembre. En mis ratos libres, hago los apuntes de lo que será una nueva obra para la escena; y quiero dirigir un monólogo escrito por un dramaturgo cubano, cuyo texto vengo trabajando hace meses. Permíteme decirte: Arcano 13 es mi debut en la dirección artística, y me tiene casi sin sueño. ¡La responsabilidad es muy grande!

¿Qué impresión tienes de Madrid?

Es una ciudad llena de cultura y lugares impresionantes. Me he rodeado de personas agradables; y ávidas de conocer, como yo. He visitado la mayor cantidad de sitios que he podido. Siempre hay algo que ver y disfrutar. Si de día el paisaje es atractivo, de noche lo es más. Me faltan teatros por recorrer. ¡No quiero perderme nada!

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