Música

Alejandro Frómeta: «Un poco de silencio no nos vendría mal»

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El músico presenta en Madrid un nuevo disco, 'Sió', y conversa para los lectores de DDC.

Si te pido que hagas una breve presentación de ti mismo a los lectores, ¿cuáles palabras dirías?

Soy un músico salido de Cuba y  asentado hace más de diez años en Madrid, con una propuesta artística, quizás algo alternativa, que pudiera interesar.

¿Es una estrategia, o realmente a Alejandro Frómeta no le gusta entrar en determinado circuito de bares y pub madrileños?

Es muy pertinente esta pregunta porque precisamente de esto va el disco. Cuando llegué a España, estuve un par de años tocando sin parar, suponiendo que cada vez me iba a ir mejor y que si me esforzaba podía llegar a tener cierta estabilidad personal. Pero era imposible. En esos sitios te trataban realmente mal. Tenías que acomodar tu show a las necesidades de la cantina.  No había forma de controlar aquello. Te pagaban cualquier cosa. Hubo días en que toqué para una buena cantidad de personas y al final no me pagaron nada.

Todo me parecía tan indigno, que decidí dejarlo. Me busqué otro trabajo y musicalmente me dediqué a seguir componiendo, y a participar en proyectos que me atrajeran verdaderamente, como la música para audiovisuales y el teatro. También produje algunas grabaciones y toqué, claro que seguí tocando, pero ya no con la perspectiva de quien vive solo de éso, sino como quien lo necesita o simplemente le parece bien hacerlo.

También ha influido el hecho de que para tocar en esos lugares tienes que elegir un repertorio con unos ritmos y unas estructuras que no son siempre las que me interesan.

¿En qué medida pueden ser útiles los nuevos medios para la proyección de un CD como el que presentas ahora? Háblame de tu visión de un artista independiente cubano-español en Alcalá de Henares.

Siempre he sido defensor de las nuevas tecnologías porque a mí personalmente me han posibilitado desarrollar con libertad muchas ideas musicales con un coste mínimo. También para gestionar la información y la comunicación son increíbles.

Pero si te refieres a los portales, redes sociales, tiendas virtuales y todo eso a lo que hoy tenemos acceso para promocionar nuestra música, me parecen bien, son una posibilidad, pero para nada son la solución. No quisiera desanimar a toda la gente que pone toda su fe en ellos, pero la lucha es dura y los que controlan el entorno son los mismos.

Felicito a todo el que pueda componer, interpretar, producir, grabar, mezclar, masterizar, promocionar y vender su música él solo, con resultados satisfactorios. Para mí es una trampa, pero si nadie está dispuesto a arriesgar por uno, no queda más remedio que intentarlo.

¿Te sientes más un cantautor que músico, o al revés? ¿Quizá a partes iguales?

Sinceramente me siento un músico y creo que muchos de mis colegas cantautores también lo son. En mí no hay una parte de músico y otra de cantautor. Lo que pasa es que no soy ni roquero, ni jazzista, ni salsero. Mi música se basa fundamentalmente en la canción, que para mí no deja de ser un género en sí mismo. Tú sabes que la canción cubana, por ejemplo, tiene un relato ella sola a través de su historia, aunque en ella se incluyan compositores y cantantes de diferentes géneros: Sindo Garay, Miguel Matamoros, Arsenio Rodríguez, Adolfo Guzmán, José Antonio Mendez, Silvio Rodríguez, Juan Formell, Giraldo Piloto…

Si te detienes en algunas de mis canciones, te podrás dar cuenta del peso que tienen las armonías, las instrumentaciones, y los ritmos, para expresar lo que finalmente son. Hay referencias sonoras a estilos, contrastes evidentes entre música y texto. A veces la elección de un instrumento no está dada por el color que aporta, sino por lo que puede significar su utilización. Todo esto mezclado con el texto, conforma el objeto artístico.

Actualmente con el fenómeno de las autoproducciones, se está dando mucho más esta forma, digamos, personal o autoral, de abordar la creación musical.

Sió, que entiendo como una orden muy común en Cuba para exigir silencio, mandar a callar, es un disco totalmente inédito, creado aquí, ¿o recuperas temas de trabajos anteriores con Superávit?

Sió es una onomatopeya utilizada en Cuba para, como dices, pedir silencio. Para mí es una manera simbólica de expresar esa parte de mi vida en que dejé de tocar. Por otro lado, también esto era lo que estaba pidiendo a mi entorno: Sió. Pienso que hay una sobresaturación de información y expresión de la realidad y la virtualidad. Es como una gran polifonía  en la que se mezclan todas las voces sin que haya un espacio para escuchar y discernir, dando como resultado un intenso ruido, al que nos vamos acostumbrando sin darnos cuenta, y al que además nos incorporamos.

Creo que un poco de silencio no nos vendría mal. Por eso durante todo el proceso siempre pensé en la obra silenciosa de John Cage, 4'33". Para mí es una gran metáfora, porque plantea,  sobre la partitura en blanco, la ausencia de silencio. Hace un mute en la música, para dejar escuchar todo aquello que suena mientras la escuchamos, pero a lo que no prestamos atención y es a esa otra línea sonora a la que decidí dedicarle un tiempo.

Sió es un disco creado en su totalidad en esta otra parte de mi vida. Originalmente quería que fuera grabado en vivo, es por eso que hay una base instrumental común en todos los temas. El concierto contenía unos 20 temas, pero  mi gran amigo Víctor Bencomo me convenció de que ese sueño estaba por encima de mis recursos y lo convertí en una producción más terrenal, aunque ha llevado años terminarla.

¿Cómo fue la producción de Sió y quiénes colaboraron en el proyecto?

Una vez que estuvieron los temas elegidos, terminé de escribir todas las instrumentaciones y a partir de ahí comenzamos a registrar en sonido real, cada una de las partituras.

Al comienzo estuve muy apoyado por David García, pianista, con quién ya había hecho algún concierto. También tuve la colaboración inmensa de Ivette Falcón, que tocó el violonchelo en todo el disco y tocará en el concierto de presentación en la sala Clamores de Madrid. El violín fue dividido entre Mirelys Morgan, una fabulosa violinista que actualmente pertenece a la Orquesta Sinfónica de Madrid, Karolina Andrzejczak , una polaca-vasca muy joven que toca excelentemente, y Elena Rodríguez que, al igual que Jesús Mendoza, que tocó el piano, y yo, es actualmente profesora en las Escuelas de Música del Ayuntamiento de Madrid. Elena y Jesús también tocarán en Clamores. El vibráfono y los timpanis corrieron a cargo de Rubén Martínez, que ejecutará la percusión en directo.

El disco contiene invitados de lujo como Carlos Puig en la trompeta y Emilio Veitía en la batería. Boris Larramendi, Pavel Urquiza y Raúl Ciro cantaron conmigo. Raúl también grabó varias guitarras y, en general, todos me dieron fuerza e ideas muy valiosas para el proyecto.

Participaron además, para temas puntuales, Lucía de la Puente (clarinete) e Iván Luzardo (guitarra).

Conté también con la colaboración de Jesús Martín en las mezclas y la masterización, junto a Carlos Vera.

¿Cuándo es la presentación del disco?

El concierto de presentación será en la sala Clamores de Madrid, el domingo 28 de octubre a las 22:00 horas. La actuación será grabada en audio y vídeo con la intención de confeccionar un DVD que acompañe al disco.

Ofreceremos una Edición Beta Limitada del disco. Los que la adquieran tendrán derecho a recibir gratuitamente la edición oficial junto al DVD.

¿Quieres decir algo más?

Gracias por la oportunidad para contar mis cosas. Los invito a escuchar "Trece revoluciones", un tema del nuevo disco, y los espero el 28 en la sala Clamores.