Domingo, 19 de Noviembre de 2017
14:09 CET.
Blogosfera

La polémica Elaine

Del periodismo moderno me suele atraer más la forma que el contenido. Me gusta diseccionar la carpintería soterrada de los textos. El manejo hábil de las palabras. La magia para concatenar párrafos amenos y redondos.

La periodista y bloguera Elaine Díaz es de ésas. Luego, es muy probable que esté en desacuerdo con mucho de sus criterios. Pero eso pasa a un segundo plano.

Creo que ahora mismo en Cuba no existe una pluma de más rigor y categoría que la de Elaine. Las hay buenas. Desde Luis Cino a Paquito el Gay, de Miriam Celaya a Yoani Sánchez.

Pero Elaine Díaz es el número uno del ranking. Poco importa que venga de la acera de enfrente, del periodismo estatal, tan dado a parir reporteros que entienden la profesión como un campo de guerra.

No comprendo cómo los mandarines que gestionan los medios en Cuba tienen sus plantillas infladas de tipos que escriben vulgares panfletos con la daga apretada entre los dientes, y dejen en la trastienda a una joya del periodismo como Elaine.

Algo hay. O no se confía en la lealtad al sistema de la joven y políglota profesora de periodismo, o son unos inútiles de bulto al dejar a la sombra a una reportera de calibre.

Es absurdo que Carlos Serpa Maceira, topo de la policía política y un ramplón juntaletras, reporte notas que dan ganas de suicidarse para Radio Rebelde, o un tedioso articulista como el exministro de Cultura Armando Hart dispare dardos insufribles en una revista de tirada nacional, mientras Elaine, que narra con destreza lo que la gente de a pie quiere leer, esté escondida con candado en un cuarto de desahogo.

Solo un 3% de la población cubana pudo deleitarse con sus posts, artículos de investigación y crónicas soberbias. Qué desperdicio. Sucede que en la isla el 97% restante no tiene acceso a internet. Por tanto, su blog La polémica digital, entre lo mejor de la blogosfera cubana, pasaba de puntillas. Fui de los afortunados que a partir de 2008 pudo leer, a veces puntual, casi siempre con retraso, las entregas de Elaine Díaz.

Muchas de sus crónicas hubiese querido firmarlas. No necesariamente hay que estar sentado en un pupitre descolorido de la Facultad de Comunicación para entender al vuelo de que se trata del periodismo de estos tiempos. Sus historias fueron para mí clases magistrales a distancia.

Tengo a Elaine en ese top ten de reporteros de los que aprendo con cada artículo. Ahí, junto a Raúl Rivero, Ryszard Kapuscinski, Fareed Zakaria, Rosa Montero, José Samano, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Brook Larmer, Moisés Naím, John Carlin, Carlos Alberto Montaner y mi madre, Tania Quintero.

Es una pena que Díaz cierre su blog. Aún quedan electrones sueltos que desde la oficialidad nos muestran pinceladas de calidad y un discurso tolerante e inclusivo. Pero Elaine era insuperable.

Ya se sabe cómo estos gobiernos cerrados desaprovechan el talento. Por temor a sus conceptos liberales y a que no sean soldados habituales que cumplen a rajatablas las orientaciones que emanan del poder, siempre los tienen bajo lupa.

Es como tener a Mozart tocando en una retreta municipal. O a Leo Messi jugando en tercera división. El aburrido y gris periodismo oficial ha tenido una baja notable. No abundan las buenas plumas en los medios locales al estilo de Elaine Díaz. Decididamente era la mejor.

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