Miércoles, 13 de Diciembre de 2017
10:55 CET.
60 años sin democracia

La novela del batistato

Recorriendo hace unos días la librería Barnes and Noble de mi vecindario, cosa que hago a menudo más por mantener el hábito y tratar de encontrar algo inusitado, ya que casi todos los libros los compro por internet, me tropiezo con un título: 1959: The Year Everything Changed, publicado en el año 2009 por la prestigiosa casa editorial John Wiley & Sons, y cuyo autor, Fred Kaplan, es, según me entero por la contraportada, columnista de la revista Slate, contribuyente asiduo del New York Times y de New York Magazine, ganador del premio Pulitzer de periodismo y autor de un par de libros. Reviso el libro con rapidez y veo que el capítulo 12, titulado Euforia revolucionaria, está dedicado a Cuba.

Despierta mi curiosidad, decido sentarme a tomarme un café mientras leo dicho capítulo, para determinar si compro el libro. Todo comienza más o menos de un modo simplista pero tolerable, hasta que a la altura del tercer párrafo me tropiezo con esta oración: "Batista había convertido a Cuba en una sucursal de los Estados Unidos, concediendo términos favorables a las corporaciones americanas y permitiendo a los jefes mafiosos operar casinos y centros nocturnos".

Molesto, me detengo. No es la veracidad o falsedad de lo que dice lo que me molesta, sino el reduccionismo sumario de todo un período de nuestra historia. Esta sentencia se ha repetido hasta el cansancio a lo largo de cincuenta y tres años, promovida en parte por los gobernantes cubanos, porque sirve como punto de partida conveniente y justificador de todo lo ocurrido después. Es la idea básica que fundamenta la gesta y le concede su carácter independentista.

Inmediatamente, paso a buscar las fuentes de información del autor para dicho capítulo y veo que no hay ni una referencia a un autor o periodista cubano. La mayor parte de las citas son de la biografía de Fidel Castro que escribió Tad Szulc.

La corriente del pensamiento me lleva de inmediato a otra cosa. Mucho se habla de "la novela de la Revolución", pero nunca se ha hablado de la "novela del batistato". Es en general, en la novela, realista o no, donde mejor se reflejan los hechos históricos. La ficción es una fuente de información más confiable que el más exhaustivo compendio histórico.

Cuba tiene una larga tradición novelística y de novelistas que han practicado el realismo social. Meza, Loveira, Montenegro, Serpa, son algunos ejemplos. Los inicios de la república, los movimientos sociales de la década del treinta y la corrupción política y administrativa de los años cuarenta, están todos muy bien documentados en novelas cubanas. No soy, ni de lejos, un especialista, solamente un lector bastante informado e interesado. Reviso los libros de historia de la literatura cubana que poseo, entro en Google y navego por el espacio virtual. Al final, no encuentro ninguna novela, al menos de trascendencia, publicada en Cuba, por escritores cubanos, entre 1952 y 1959.

Dos grandes escritores publicaron novelas en este período. Alejo Carpentier sacó Los pasos perdidos en México en 1953 y publicó El acoso en Buenos Aires en 1956. Virgilio Piñera editó su primera novela La carne de René en 1952, y luego Pequeñas maniobras en 1956. Ambas en Buenos Aires. Por supuesto, Carpentier vivía entonces en Venezuela, y Piñera en Argentina. La noche habanera de los cincuenta no hizo su entrada en la narrativa cubana hasta 1967, cuando se publicó en España Tres tristes tigres. Las crónicas del batistato comenzaron en 1960 con Bertillón 166, de José Soler Puig, y a partir de ahí la mayoría de lo que se publicó en Cuba durante las décadas siguientes, en consonancia con la agenda oficial, fue una obra concentrada en la épica revolucionaria.

Nunca existió, en tiempo real, una narrativa del batistato. En aquella época, Cuba ocupó un lugar cimero en el desarrollo de las telenovelas y de la programación televisiva en general, pero la producción literaria fue casi nula. Me pregunto qué fue entonces de las editoriales cubanas y dónde estuvieron los escritores cubanos en esos años. Tarde me doy cuenta que ya es tarde. Este es un vacío ya imposible de superar, un lastre que ha dejado una imagen definitiva de nuestra historia, un silencio que nos revela.

 


Este artículo apareció originalmente en el blog Diletante sin Causa. Se reproduce con autorización del autor.

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