Lunes, 20 de Noviembre de 2017
10:13 CET.
Literatura

El efecto mariposa

He aquí el efecto mariposa en acción: "Necesitamos entender de dónde venimos para saber a dónde vamos", escribió el historiador Juan Antonio Blanco en su ensayo sobre Amadeo Barletta, recogido en El otro paredón. Asesinatos de la reputación en Cuba (Eriginal Books, 2011). Esta frase la leyó Ana Julia Yanes, una destacada economista cubano-canadiense, residente en Ottawa, y la motivó a "hacer todo lo posible" para que los poemas de su padre se publicaran. "Es un proyecto personal", reconoció, "un deber ético".

José Yanes, joven poeta acosado por el Estado cubano dada su relación con el Caso Padilla en 1971, escribió por más de veinte años para su gaveta. Hace solo unos meses, le envió a su hija Ana Julia un sobre por correo con esos poemas, escritos desde 1970 hasta 1993.

"Los he terminado de pasar a la computadora, uno por uno, cada noche después de regresar del trabajo, después que mi padre me los enviara en un amasijo de hojas que ya comienzan a ponerse amarillas. Recién le hablé a mi padre de publicarlos y luego de pensarlo mucho ha accedido", me dijo Ana Julia cuando contactó a la editorial Eriginal Books.

De Canciones para Anita a Poesía engavetada

El primer libro de Yanes, Permiso para hablar, obtuvo mención en el Concurso Nacional de Poesía Julián del Casal 1966, convocado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en el cual fueron jurados José Lezama Lima, José Zacarías Tallet y Regino Pedroso. Con ese mismo texto poético, en 1967 obtuvo la Mención Única del Concurso David, también convocado por la UNEAC, en el cual fue jurado Heberto Padilla, entre otros poetas.

En 1971 un libro suyo titulado Canciones para Anita, con una aproximación crítica a la realidad cubana, fue mencionado como destacado, entre otros seis libros, en el Concurso de Poesía de Casa de las Américas, a propósito de lo cual apareció una nota en el periódico Granma. Pero eso fue todo. Inmediatamente después no se mencionó nada más sobre esos textos poéticos y Yanes no fue invitado a la entrega de premios.

Ese mismo año, Yanes, junto a otros escritores, fue vinculado al Caso Padilla, por lo que atravesó situaciones políticas, económicas y laborales muy difíciles. Primero fue puesto en cuarentena laboral. Luego de protestar por esta situación, fue enviado a trabajar como redactor a la revista Romances, donde la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) lo acusó de "escribir cosas que el enemigo podía utilizar" (¡¿En Romances?!) En realidad, se trataba de un segundo juicio por la misma causa. Pero en esa ocasión la sanción fue mucho más severa: Yanes fue suspendido de empleo y sueldo por un tiempo y, luego de una dolorosa reclamación, fue enviado a trabajar a la Séptima Brigada de Construcción Industrial, como simple operario.

Como resultado de todo este lacerante proceso, los desajustes emocionales llevaron a Yanes a destrozar los poemas de Canciones para Anita. Los fue arrojando en cuanto latón de basura encontró en el trayecto de El Vedado a Centro Habana. Su nuevo libro, Poesía engavetada no es más que muchos de aquellos poemas de Canciones para Anita rehechos de memoria, más los que escribió a través de los años.

A partir de 1977, Yanes logró cierta mejora en su condición profesional: consiguió trabajo como oscuro redactor en el Departamento de Publicaciones del Comité Estatal de Finanzas, donde permaneció hasta 1987, año en que comenzó a trabajar en el periódico Trabajadores, donde ya venía colaborando en temas financieros. El árido y siempre vigilado periodismo económico fue el única y estrecho recurso que le permitió sobrevivir hasta su salida al exilio en 1998.

 La 'devolución' del honor

Eusebio Leal Spengler, historiador de la Ciudad de La Habana, en una reciente conferencia en el Brookings Institute en Washington, respondió a la pregunta de si el Gobierno cubano pensaba en un futuro devolver las propiedades intervenidas por la Revolución diciendo que eso sería equivalente a pedirle a la Revolución Francesa que devolviera la cabeza de Luis XVI.

La ocurrente observación parece apuntar al hecho cierto de que las revoluciones trastocan todo de tal manera que hay daños que resultan simplemente irreparables o irreversibles.

Sin embargo, persisten otras interrogantes para un historiador. ¿Qué pasa con el honor de aquellas personas que, por conveniencias políticas, fueron sometidas de forma deliberada y sostenida a campañas calumniosas provenientes del aparato del Estado? ¿Tampoco están dispuestas las autoridades "revolucionarias" a rectificar esas historias apócrifas y devolverles la reputación que intentaron asesinar?

En el libro de ensayos El otro paredón. Asesinatos de la reputación en Cuba, que inspiró a la hija de Yanes a publicar Poesía engavetada, se afirma: "La reunificación de la nación cubana no solamente requiere del fin de las leyes del destierro y de la instalación de un Estado democrático de derecho en la Isla, supone además que se erradiquen los prejuicios que mantuvieron dividida a su sociedad".                                     

Esos prejuicios no eran espontáneos. Fueron cuidadosamente sembrados y cultivados por una maquinaria de propaganda oficial que no se detenía ante ningún escrúpulo para construir historias falsas y destruir la reputación de todos aquellos que les resultasen incómodos. Por ello, El otro paredón comenta acerca del papel de los historiadores en el futuro de Cuba: "Los historiadores tendrán que reconstruir los hechos tal cual sucedieron, aunque luego se dividan acerca de cómo interpretarlos. Ésa es su contribución a la construcción del porvenir. Además de ser una responsabilidad profesional hay otra razón irreprochable para hacerlo: es un deber ético hacia muchas víctimas cuya dignidad agredida espera ser reafirmada".

La hija de José Yanes recogió ese desafío ético y decidió dar un primer paso en la rehabilitación de la obra maldita del poeta desacreditado y desterrado al que habían reducido a su padre.

El Gobierno cubano está en bancarrota y coquetea ahora con la idea de abrirse a inversiones de la diáspora a la que antes despojó de todos sus bienes. Pero no ha tenido primero el valor ni la decencia de pedir perdón, o al menos decir "me equivoqué". Al menos decir: me equivoqué al denigrar y excluir a empresarios como Amadeo Barletta y a políticos como Márquez Sterling. Me equivoqué al acosar a poetas como Heberto Padilla, Reinaldo Arenas y José Yanes. Me equivoqué en menospreciar o incluso acosar —y al final desterrar— a cerebros y talentos de todo tipo: arquitectos como Ricardo Porro, músicos como Arturo Sandoval, físicos como Armando Rodríguez, economistas como Carmelo Mesa Lago, lingüistas como Humberto López Morales, escritores como Jesús Díaz, Eliseo Alberto y Raúl Rivero, músicos como Zenaida Manfugás, cantantes como Celia Cruz, matemáticos como Sara Duyos, ingenieros como Alberto González.

La lista es larga, tomaría varias páginas.

¿Reincorporar selectivamente a las víctimas o restablecer las libertades para toda la sociedad?

¿Ha rectificado el Gobierno cubano ante sus víctimas? Reabrir la puerta de empleos y editoriales a aquellos que después de haber sido repudiados estén ahora dispuestos a servirlos, sin antes exigir el rechazo definitivo de la perversa lógica estatal detrás de las calumnias y acosos sufridos, no es una rectificación. Es un parche para recuperar a quienes estén dispuestos a aceptar las reglas del juego del Estado —la supresión de derechos humanos básicos a toda la sociedad— a cambio de una rehabilitación personal. Es la mejor fórmula para reincidir, contra nuevas víctimas, en esa suerte de terrorismo de Estado que son los asesinatos de reputación, cada vez que las autoridades de hoy, que son casi las mismas de entonces, así lo disponen.

No hubo nunca un "quinquenio gris"; lo que ha existido es una política de tinieblas cuyas sombras se expandieron progresivamente desde 1959 a todo el país. Las víctimas no fueron individuos aislados sino la sociedad en su conjunto. El problema no radica en el supuesto error de no saber distinguir adecuadamente entre el pretendido revolucionario creativo y el contrarrevolucionario "insidioso". El verdadero desafío es recuperar la libertad de pensamiento, creación y expresión para todos; sin exclusiones ni discriminación por razón de ideologías o credos.

A aquellos que implantaron el totalitarismo en Cuba nunca les tembló el pulso para suscribir una sentencia de muerte, pero sus piernas tiemblan hoy ante la perspectiva de, finalmente, tener que reconocer que su proyecto fue un fracaso y que, en su ciego afán por implantarlo, destruyeron de manera insensata muchas vidas y riquezas del patrimonio económico y cultural del país.

Mientras no sean restauradas las libertades públicas, y los victimarios no estén dispuestos a reconocer el dolor que impusieron a sus víctimas, la reconciliación seguirá siendo asunto de la ética teológica, pero difícilmente entrará a ser parte de la política práctica.

El dolor y la angustia del poeta José Yanes aparecen a lo largo de las páginas de Poesía Engavetada. Su hija decidió que era su responsabilidad ética contribuir a devolverle el lugar que los asesinos de reputaciones habían intentado negarle. ¿Qué tienen ellos ahora que decir sobre su infamia?

Una coda

Este artículo terminaba en el párrafo anterior. Cuando se lo di a leer a Ana Julia Yanes hizo una proposición importante que cito:

 "Una sugerencia. La idea de que 'El verdadero desafío es recuperar la libertad de pensamiento, creación y expresión para todos' es muy importante. Es para todos, sin importar ideologías, ni generaciones. De esto se trata, de recuperar parte de la memoria histórica y el derecho de todos a saber, a publicar, a no tener miedo. Esto habría que recalcarlo al final. No se trata de una reivindicación personal o familiar per se, aunque también está ese elemento. Para mí lo importante es la recuperación de una parte de nuestra memoria colectiva. '...de desastres innombrables venimos. No los recordemos, sino para procurar no repetirlos'. Los cubanos de varias generaciones nos debemos el desafío de rehacernos, de rehacer la nación, dondequiera que estemos."

Estoy plenamente de acuerdo con Ana Julia Yanes: de eso se trata.

Síguenos en Twitter, Facebook o Instagram. Si resides en Cuba, suscríbete a nuestro boletín con una selección de los contenidos más destacados del día. Si vives en cualquier otro punto del planeta, recibe en tu buzón de correos enlaces a lo más relevante del día.