Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
15:17 CET.
Teatro

¿Y por fin Cuba en qué paró...?

El monólogo más corto del mundo se acaba de representar en una salita de La Habana: "¿Y por fin Cuba en qué paró...?" (Iguala el récord del minicuento "El dinosaurio" del guatemalteco Augusto Monterroso.)

Es Rapsodia para el mulo, dirigido por Nelda Castillo para su grupo de teatro El Ciervo Encantado.

Un heptálogo de la locura, desde la basura, collage sobre un carretón en cueros para un recogedor de restos patrios (una recogedora de residuos revolucionarios: la actriz Mariela Brito paseando su biología embrutecida, babeante y orinante en círculos por el escenario, excitante bajo la luminarias crudas, su sexo de hembra-hombre apenas disimulado por un churre coagulado de muda desesperación).

Hala, bestia. ("Caballo caballa", crepita aquí la memoria de un poema de Juan Carlos Flores.) Invitación a violar. A vomitar. A vivir lo vil (pero sin trazas de vodevil, por favor: se trata de un impresionante espejo híper-real). Puja, suda, pare la nada, aborta casi una hora de bufidos del inframundo, vírate al revés. Convertir el revés en arnés.

La Habanada o Satán Clara: ciudades cínicas irreconocibles en un set minimal con background sonoro de Radio Enciclopedia, emisora que encarna mejor que las Mesas Redondas de la TVC el discreto encanto del proletariado.            

Rapsodia o, mejor, rapsodio para animales domesticados de la calle cubana contemporánea. No necesariamente el mulo megametafórico de José Lezama Lima con aquel "seguro paso (...) en el abismo" bajo una "carga de plomo", aunque sí "vidrioso, cegato", trasladando su "portátil lámpara (...) de un horror a otro horror" sobre sus "cuatro pies".

Cuadriplejia. Mucho menos sería aquel ciervo encantado decimonónico que haría las delicias del Historiador de la Ciudad. No. El idilio ha caído por su propio peso ante la idiotez (o quién sabe si la ideología). La memoria es aquí fáctica. Sustantivos sucios tirados en un Plan Tareco del siglo XXI: la familia, la fe, el futuro, la fidelidad. Ser cultos para ser cutres. Cuba cabe en cualquier cacharro.

Hiede. Y, sin embargo, te hiere. Este canto de ciervo herido invoca algunas de las imágenes más hermosas que se recordarán por encima del ruido retórico de la Revolución en el año, digamos, 2059.

Extirpada de la obra Variedades Galiano del propio grupo, este micro-monólogo mal pronunciado (al personaje es muy probable que le falten los dientes), sobrecogió una esquina de El Vedado a sala llena durante las últimas semanas. Cada puesta en escena de El Ciervo Encantado deja ese mismo pavor en el pecho, esa otra imposibilidad de traducirla en palabras, cierta desazón de despedida. Algo termina cada noche aquí, aunque todavía no sepamos pronunciar qué.

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