Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
17:45 CET.
Gente

Canción para Inés

Una moneda de un euro rodó bajo sus pies. Inés observó la trayectoria sin estar segura de abandonar el dinero. En el mismo instante en que la moneda iba a caer por una alcantarilla, manipuló con gesto seco el bastón donde se apoyaba y frenó el recorrido de aquella pieza de metal con la que pensaba pagar el autobús.

Con mucho cuidado, flexionó sus piernas. Se arriesgó demasiado, pero la maniobra salió increíblemente bien de equilibrio y de tiempo.

Enfrente le quedaba la nueva Ciudad de la Justicia, todo un símbolo en su cabeza, y detrás había un edificio muy moderno acabado de construir. Entre ambos mundos —porque así era el pensamiento— se detuvo el autobús refrigerado de los Transportes Metropolitanos de Barcelona.

Tras sentarse, Inés recostó su cabellera negra al cristal por donde se alejaba el edificio que, poco tiempo más adelante, le abriría las puertas; no solo a una vivienda, sino además a una nueva vida.

Campaña mediática contra reloj

Inés Bobadilla, (49 años, madre soltera, especialista en relaciones públicas de dos de los principales teatros habaneros, el Karl Marx y el Amadeo Roldán) llegó a Barcelona en 2002, justo en la época de la denominada Burbuja Inmobiliaria.

Rápidamente consiguió trabajo en unas oficinas y, como mucha gente, sacó la cuenta de que si pagaba mensualmente de alquiler lo mismo que por una hipoteca entonces valía la pena apostar por lo segundo. Se sumó a la Burbuja instalándose en un barrio de la periferia de la ciudad. Se hizo de un piso pequeño en una zona rodeada de espacios verdes. Decoró su apartamento con gracia, sin traicionar su estilo y pagando la decoración al contado, algo nada complicado en las ciudades europeas.

También se convirtió en empresaria. Las cosas marchaban bien, al ritmo de trabajo intenso al que esta mujer sanguínea estaba acostumbrada a llevar. Inauguró un bar, pero no un bar al uso. Decidió personalizar su reciente espacio como un lugar para la música cubana, preferiblemente para orquestas de pequeño formato. Allí sostuvo durante un tiempo una programación artística los fines de semana y, para su gran alegría, invitó a las noches de descarga a muchos amigos.

Pero se acercaban tiempos de revés ajenos a su voluntad.

A Inés le diagnosticaron una rara enfermedad que incluso muchas veces no encuentra peritaje médico, porque todavía los científicos no hallan cómo hacer un diagnóstico preciso. El padecimiento se llama fibromialgia. Causa dolores fuertes en las articulaciones y un decaimiento fulminante que puede durar semanas, sin que se haya encontrado aún un método curativo reversible, sino simplemente paliativos.

Inés tuvo que traspasar su negocio. Con la caída en picado de su poder adquisitivo, la hipoteca también quedó descubierta. El banco le canceló el inmueble y se vio obligada a entregar las llaves. Ese problema de España que tanto daño hace ahora a cientos de miles de personas, entró en su vida.

Se fue a vivir con Gerard, un catalán simpatiquísimo que también había caído en desgracia como empresario. Europa, y España en particular, entraba gradualmente en la crisis económica más grande que se haya conocido en mucho tiempo. La pareja se las vio negra. Primero tratando de asumir una enfermedad silenciosa cada vez más frecuente en el denominado Primer Mundo. A continuación, debían replantearse todo como si hubieran vuelto a nacer.

Protección Oficial

La relacionista pública, comunicadora por excelencia, ideó un plan donativo para afrontar la crisis. En el repertorio cubano de la música popular bailable hay un tema que lleva su nombre porque fue escrito para ella. Doña Inés (Rimasones, Juego de Manos, Art Color,1995), de David Álvarez, es una canción contemporánea que de cierta manera lleva un ángel especial. Su autor, durante un tiempo, perteneció a la banda de Pedro Luis Ferrer. Hoy David es un famoso de la Isla que estuvo dispuesto a donar los derechos de la pieza para una campaña internacional —los cubanos estamos dispersos por todo el mundo, como los judíos.                             

Se trababa de aportar cualquier cantidad de dinero al descargarse el tema de internet, de una plataforma diseñada desde Miami por el artista gráfico Omar Estrada, otro amigo preocupado allende los mares.

Sin embargo, aunque la idea fue magnífica, el punto de inflexión no vendría por ahí, sino por otro de los caminos que la afectada supo encontrar.

Son muchos años de experiencia en el arreglo de campañas de prensa —se haría extensa la relación de importantes espectáculos organizados por Inés en los 80 y 90 en Cuba— que, además de un don natural, la facultan para hacer uso eficiente de la palabra viva. También, su personalidad fuerte no le permite sentirse extranjera y mucho menos inferior.

Optó entonces por un plan de Protección Oficial para personas con minusvalías de cualquier tipo, que pudieran probar su enfermedad sumando bajos ingresos. Es un proyecto social nuevo, casi desconocido, funcionando justo en la frontera o en el límite mismo de los recortes presupuestarios que ahora nos vienen encima.

Ella era idónea y lo consiguió. Le dieron un apartamento a pagar mediante cuotas prácticamente simbólicas, ubicado frente a la Ciudad de la Justicia, en aquel edificio blanco y arquitectónicamente raro que sedujo su mirada cuando recuperó la moneda que había saltado de sus manos.

Allí vive ahora, en una especie de mirador, con un perrito cariñoso.

Su hijo comparte vida y otro hogar con una joven catalana que encontró por el camino.

El edificio parece extraído del paraíso escandinavo. Pulcro, minimalista, funcional, con las puertas anchas como pocos inmuebles en España. Tiene un patio central para aparcar las bicicletas, igual que hacen los suecos, quienes apenas contaminan el ambiente. La ubicación es Gran Vía de les Corts Catalanas, una de las avenidas más importantes de Barcelona.

Del otro lado de la calle, emerge caprichosamente una urbanización también moderna (Ciudad de la Justicia) donde Inés tuvo que tratar asuntos de papeles cuando la tierra se la quiso tragar.

Tres preguntas para Inés

¿Cómo se enfrenta psicológicamente una enfermedad incurable?

Con optimismo. Sobre todo con un sentido común que hace reconocer la vida minuto a minuto y que enseña a ver todo lo positivo que nos rodea, sin permitir pensar en lo que será dentro del minuto y medio siguiente.

Esta filosofía de vida se aprende, y cuando se ha sido una persona positiva es mucho más fácil, aunque cuesta. Siempre estamos preparados para hacer, y hacer más y mejor, pero nunca pensamos que nos va a tocar un impedimento físico, clínico, del que aún se desconocen sus causas y, por ende, su cura.

Desde luego, esto lleva un proceso de aprendizaje, porque nadie concibe que, sin ton ni son, se empiece a sentir un cansancio que apenas puedes ni hablar aunque estés "descansada". Que cada pedazo de tu cuerpo duela indistintamente hasta llegar a ser muy agudos los dolores.

Unido a ello, una serie de síntomas que se van generando a medida que va progresando la enfermedad, como la falta de concentración, la rigidez, la pérdida de memoria, la pérdida de equilibrio, la dificultad para conciliar el sueño y otras veces hasta un dormir que dura horas y días.

Tienes en tu mente necesidad de hacer algo y tu cuerpo no te lo permite. Lo cual también provoca ansiedad y depresión.

Por todo ello, la receta psicológica imprescindible es el optimismo, que te ayuda a asumir cada instante con cierto sentido del humor, aunque corresponda una de las habituales crisis que suelen suceder, cada vez con más intensidad y mayor frecuencia.

¿Qué pasó con la campaña, Doña Inés?

Es un proyecto muy lindo. Humanitario por varias razones, ya que David Álvarez, mi gran amigo, a quien un día le inspiré para que escribiera la canción, tuvo un gesto de bondad, como siempre, al donar sus derechos con el fin de recaudar fondos para la investigación de la fibromialgia, el Síndrome de Fatiga Crónica y la Sensibilidad Química Múltiple, coordinado y aprobado con la Fundación de la Fibromialgia y el Instituto Ferrán de Reumatología de Barcelona.              

Este proyecto en lo fundamental se basa en la compra de la canción por el precio que las personas quieran y puedan pagar, a través de la web de Sandungaexpress, que es una organización online de artistas cubanos sin intermediarios, encabezada por Omar Estrada, otro de los amigos de antaño.

Actualmente, el proyecto está paralizado por diversas razones, entre ellas las adversidades de salud por las que voy atravesando que me han impedido una promoción constante, así como la coordinación con diferentes organismos gubernamentales y artísticos. No obstante, el Proyecto FM, una canción para Doña Inés, está por continuar.

Ahora que has encontrado un sitio propio, ¿hay un pedazo de paisaje donde poner a Cuba?

Esa islita siempre tiene dibujados sus paisajes en mi corazón. Nos debemos de una u otra manera a la tierra que nos dio la luz, aunque estemos en desacuerdo con sus fronteras.

Para mí, sus paisajes están en lo que disfruté y aprendí en los teatros, en la radio, en la televisión, en los eventos, en la música, en los artistas con los que tuve el privilegio de compartir mi profesión, y sobre todo, con un grupo de gente amiga a las quiero y me debo, aunque estén disgregadas por el mundo.

Por supuesto, Cuba es para mí el temple de mi padre y la integridad de mi madre, mis colegios, mis muñequitos rusos, mis banderitas cubanas.

Cuba está retratada en las vivencias, en la experiencia y en los recuerdos, aunque siempre desde muy pequeña, cuando le oía decir a mi abuelo Pepe, el que añoraba su Málaga natal, que quería volver a España, yo le respondía con la gracia de las niñas de cinco y seis años: "No te preocupes, abuelo, la que va a ir para España cuando sea grande soy yo".

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