Jueves, 29 de Septiembre de 2016
13:58 CEST.
Artes Plásticas

Daphne Rosas o los Juegos del Inconsciente

Waldo Díaz Balart, el reconocido pintor concreto, me dijo un día frente a un cuadro de la artista Daphne Rosas: "mira, Armando, hay algo en esta chica, en la obra de esta chica, una fuerza en los trazos que, a falta de otra palabra, yo definiría con el término… cojones… está chica tiene cojones en el modo de enfrentar el acto creativo, de expresarse".

Waldo, pintor al fin, no deja de ser gráfico en las definiciones y aludía, quizás, a la índole de una obra en que sobresalen los mandatos del inconsciente, manifiestos en el uso de colores fuertemente contrastantes; una obra que, proviniendo de lo inconsciente, ha de asentarse en lo numinoso y, por lo mismo, despunta dotada de lo fálico, de lo testicular, del Lingam en suma; Lingam en tanto eterno equilibrio entre las energías de lo masculino y femenino en el orden, desorden, de lo creativo. 

Daphne, que obtuvo una Licenciatura en Arquitectura por la Universidad Internacional de La Florida, en el 2007, y coordina los blogs Pinceladas y DRC Art, ha dicho que su obra ha experimentado una metamorfosis que va de la  observación y búsqueda de la imagen afuera: una flor, un edificio o un objeto interesante que llevar al papel o al lienzo, enfocándose en el escrutinio casi microscópico del detalle, lo que además mantiene aún como estudio de las formas del mundo que le rodea, y por lo mismo, razón suficiente para no abandonarlo del todo, pero que, albricias, finalmente dejó de observar en la superficie, de procurar plasmar el mundo externo y empezó a sentir su obra, a saber que todo estaba en su interior y parió, pintó pulsiones, emociones, sentimientos… 

Asegura la artista que después de esa fase observadora, en plan transicional, pintó a lo loco, dejándose arrastrar, poseer de las más anárquicas composiciones de colores que le saltaban a la mente, líneas y formas. Todo muy libre, sin un aparente porqué, para luego, aplicar conciencia a lo inconsciente, permitir aquiescente que las ideas fluyan por su cuenta, por sus cauces, desde lo más profundo de su ser, fuera del yo, o dentro del superyo, en un proceso espontáneo, sin hora ni lugar, a veces tan rápido y fugaz como un disparo, destello de luz, para, solo entonces, tomar de esos soplos de inspiración y trabajar sobre ellos, pensar, buscar sentido al aparente sinsentido, respuestas, y después, claro, pintar; hacer la faena física, técnica, que permitiría la plasmación de esos extraños universos de sus cuadros, a medio camino entre la mar y los cielos, entre las olas y las nubes, allí donde pueden columpiarse unos seres andróginos, semihumanos o sobrehumanos; seres como de asombro, salidos del asombro; tan asombrados como lo estaría el Hombre del Popol Vuh ante los misterios de su propio origen.

Y es que Daphne Rosas, auténtica artista, no pierde la capacidad de asombro, niña y loca, crea porque juega; juega inmersa en su batalla de colores contrastantes que tienden a complementarse y convivir en armonía con el ser, con lo infinito, sin la intención de que compartan espacio, sino sobresaliendo cada uno en su sitio, cada uno dotado de su propia identidad, mientras terminan formando parte de algo mayor, la composición de la obra; colores en tanto partes, figuraciones, fulguraciones de un universo que solo podría ser aprehendido desde una perspectiva, visión de conjunto; perspectiva, visión que anula la violencia del caos cotidiano nuestro de cada día; de cada color.

Así, la artista cuyo nombre es un misterio, o cuyo nombre está en el origen de muchos misterios, está poseída, pienso que en vida y en obra, por esas fuerzas de lo telúrico, de lo telúrico femenino y de lo telúrico masculino, que tienen como última manifestación unas pulsiones que, Lingam mediante, encuentran unos modos de expresión asimilables a ese ojo humano medio, ojo no alertado, que podría disfrutar la pintura de Daphne, relajarse inclusive, entrar en alfa, sin siquiera sospechar los cataclismos que estremecieron al alma atormentada, no ya en el parto creativo, sino en lo que antecede al parto creativo, es decir, atormentada siempre; parto de quien pacta con el diablo. El diablo como buen amigo de la sabiduría mayombera, diablo en su acepción mefistofélica, luciferina, en tanto entidad que porta la luz; que da luz a quienes le pactan.

 


Juegos del Inconsciente, primera exposición individual de la pintora Daphne Rosas, se inaugura hoy 2 de junio, de 7:00-10:00 pm, y permanecerá abierta al público durante todo este mes en la galería Frameworks (3196 Commodore Plaza, Coconout Grove, Miami, Florida, 33133).