Viernes, 30 de Septiembre de 2016
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Música

Cubadisco: hacernos la boca agua

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La Feria Internacional Cubadisco 2012 acaba de concluir en La Habana y las subsedes correspondientes en otras provincias, y aunque en voz de su organizador principal, Ciro Benemelis, con esta edición la discografía nacional ha mejorado sustancialmente, en la práctica no es más que una broma de mal gusto. Es, como dicen los guajiros cubanos: contar el menudo delante de los pobres.

Después de dieciséis años, la fiesta que surgió para premiar a los artistas, editores y diseñadores, se ha convertido en una mega-premiación discográfica. Los sellos EGREM, Bis Music y Ojalá exhiben casi toda la producción nacional ante la escasez de empresas discográficas que les hagan competencia. Y, si bien es cierto que la calidad de las sonoridades criollas que se escuchan en la televisión y radio nacionales es excelente en su mayoría, hay que apuntar que los modos de promoción mueren en la orilla ya que el mercado del disco está hecho con miras elitistas y de carácter marcadamente foráneo y excluyente.

¿Tiene Ciro Benemelis las estadísticas de cuánto se vende en Cuba en materia de producción musical? Contados son los nacionales que pueden darse el lujo de tomarle el pulso a la discografía interna a través de la compra en las tiendas en divisas. Los precios oscilan entre los 4, 8, y 16 CUC, un verdadero lujo si comprobamos que el salario de un licenciado en Educación puede irse de un tirón con un disco de Silvio Rodríguez.

Los premios de este años fueron desde el archilaureado Chucho Valdés, el constante Ernán López-Nussa, hasta las novedosas categorías de Cuentos para niños y Concierto Audiovisual, obtenidos por las obras Los cazadores de cuentos/Cuentos de Pinar del Río, de Kiki Corona, Élsida González y Caridad Martínez (EGREM), y Javier Limón en La travesía, de la productora independiente Casa Limón, respectivamente.

A pesar de que los premios Lucas han favorecido ostensiblemente la promoción musical cubana con el apoyo del videoclip, el público consumidor sigue teniendo desventajas. Las realizaciones discográficas emergen cada año como cantos de sirena, como arena entre los dedos. Muchos años después de estas premiaciones, los cubanos sin acceso a la moneda fuerte recibiremos el privilegio y la sobreprotección estatal cuando se produzca, exclusivamente para nosotros, una cantidad irrisoria a vender en moneda nacional.

En ocasiones, y a cuenta de pura promoción, cantantes de pop como David Blanco o el super alternativo X Alfonso deciden regalar ejemplares de sus discos en los conciertos. De lo contrario, hay que acudir a la piratería o esperar años a que aparezcan a mejor precio en librerías y otros centros comerciales.

A finales del 2011 en ciudades como Camagüey, Holguín y Bayamo, recibimos como un alegrón que se vendiera buena música cubana en moneda nacional. Casi nadie salía del asombro: los precios iban de los diez a los treinta pesos cubanos. A saber: Andrés Alén y su Pianoforte; Ilmar López Gavilán con el insuperable Aires y Leyendas o Juan Manuel Ceruto con A Puerto Padre, tributo a Emiliano Salvador. Sé de quienes compraron varios ejemplares para regalar, pero sintieron la punzada en el corazón, la sensación de que habíamos tenido que esperar diez, doce años para poder llegar a ellos.

Las tiendas especializadas de Artex en Santiago de Cuba y Holguín ofrecían hasta hace muy poco la serie discográfica completa de la mítica Irakere y su mejor apuesta, aquélla en que confluyeron Paquito de Rivera, Arturo Sandoval, Enrique Platt y Óscar Vadés, entre otros. Ahí estaba el maravilloso estuche, empastado en negro y los rostros de la historia musical cubana detrás de las vidrieras, a punto de salir a la calle e invadir los espacios íntimos de muchos cubanos que miran con nostalgia al pasado.

Comprar el último disco de pasta nunca fue un lujo. Era tender un puente entre la familia, camino que se alargaba para recordar una melodía, pero que no dejaba roto el bolsillo en el intento de comprar música.