Viernes, 30 de Septiembre de 2016
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Cultura

Cuadernos 'Nueva Cuba'

"Detrás de mí el diluvio" —no se atreve a escribir Fidel Castro en alguna de sus pedregosas Reflexiones. "Lo de allá me importa menos que el precio de la gasolina" —tampoco se atreve a decir un cubanoamericano tras su tacita de café en la calle 8 de Miami.

Pero los conocedores de la historia de los cubanos en el exilio —desde el siglo XIX hasta hoy—, sabemos que muchos atesoramos el orgullo de no olvidar la Isla en la que el azar hizo que naciéramos. Así fue. Es. Será. Con alegría o rabia, nostalgia, esperanzas… Así lo prueba este intento —tan simbólico como práctico— de sugerir cómo podría ser Cuba.

Los cuadernos Nueva Cuba —Ed. Aduana Vieja, Valencia, 2012— se inician con un tema central: la educación y la cultura. A cargo de la redacción del primer boceto ha estado el lingüista Humberto López Morales, Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española. La presentación está anunciada para el lunes 21 de mayo. La Academia Norteamericana de la Lengua española (Delegación del sur de la Florida), junto a otras instituciones y organizaciones, patrocinan el acto, que coordinan Orlando Rossardi y Joaquín Badajoz. Será en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos, de la Universidad de Miami.

Según puede leerse, estos cuadernos presentan recomendaciones sobre lo que se podría llevar a cabo en la educación y la cultura en Cuba. Se insiste en que son borradores, documentos de trabajo. Un —no "el"— punto de partida para los que se propongan y emprendan la reconstrucción del país.

El Dr. Humberto López Morales sabe —imagino las arduas sesiones para conciliar criterios en y entre las Academias— que de no tenerse un documento base, las discusiones se empantanan, caen en digresiones, tropiezan entre improvisados juicios y a veces entre delirios y bacterias, como el "mí-mí-yo-yo" de algunos "dueños de la verdad" o los comisarios conservadores de las conservas burocráticas enlatadas.

La insistencia en el carácter preliminar, sin embargo, lejos de detener la polémica, logrará incentivarla. Ese es el sencillo —no quiero usar "humilde", dado el enorme desgaste del adjetivo— propósito del autor, avalado por su experiencia administrativa en organismos culturales y aquí por las largas jornadas de trabajo, que incluyen consultas, revisiones de documentos similares en otros países, análisis de estructuras gubernamentales, valoraciones de éxitos y fracasos…

Pero antes de las polémicas sobre el texto hay una sobre el autor: el hecho de ser un intelectual exiliado. Aunque López Morales no pertenece a ningún partido político o grupo de la oposición o disidencia, el hecho de estar fuera crea una frontera, casi siempre mantenida a rajatabla por el gobierno.

¿Opinarán sobre los cuadernos? ¿Serán capaces de invitarlo a una discusión libre en La Habana, con cobertura de la prensa independiente —como el Blog Generación Y— y de la extranjera? ¿Cuál reacción tendrán sus colegas de la Academia Cubana de la Lengua, encabezados por el director, Roberto Fernández Retamar?

No creo, sin embargo, que la reacción oficial sea burda. Recurrirán a que las décadas de exilio han alejado al autor de la realidad nacional. Recurrirán a las leves reformas en marcha de jicotea. Recurrirán, sobre todo, al silencio, aprendido del "ninguneo" mexicano…

En este sentido los intelectuales del exilio y los escasos no temblorosos del insilio, tenemos el privilegio de opinar sin subterfugios. Corresponder a la sabia generosidad de Humberto López Morales con nuestras ideas y proposiciones. Por supuesto que no siempre coincidentes. Bajo la premisa que dicta el sentido común: el necesario apoyo en una futura investigación de campo, avalada por los criterios de quienes ahora mismo padecen las estructuras piramidales de dirección, el monitoreo del Partido Comunista, la corrupción generalizada, la indefensión...  

La complejidad del estudio, por ejemplo, puede observarse en el cuaderno dedicado a la cultura. Me limito a enunciar dos aspectos generales que deben ser revisados, enriquecidos a partir del meritorio borrador:

Cualquier proposición de crear o mantener instituciones gubernamentales de la cultura —aunque estén bajo un Estado de Derecho, democrático— se enfrenta a más de medio siglo de tutelaje estatal, de plantillas infladas, de burocracia espesa e ineficiente. Nadie en su sano juicio apoyará nuevos parásitos de la cultura, entorpecedores del trabajo artístico.

Propiciar instituciones privadas de la cultura, ajenas al aparato estatal, provincial o municipal, debe ser el primer objetivo. Incluyendo, desde luego, la ayuda de fundaciones y organismos internacionales como la UNESCO, de iglesias y empresas transnacionales, de subvenciones académicas que favorezcan intercambios y becas… Porque cualquier "organigrama" hoy mete miedo. Cualquier "paternalismo" hoy huele a demagogia, deseos de manipular.

La construcción de una fuerte sociedad civil pasa por una profunda reforma de las concepciones sobre el papel del Estado, más como catalizador de esfuerzos que como oficina de control y censura. Los retos son gigantescos, sobre todo al considerar la ruina económica del país, con el valor añadido de varias generaciones acostumbradas a recibir órdenes y conseguir violarlas, en un sucio juego de máscaras.

Por ejemplo, las inevitables irrupciones de los medios comercializados, casi siempre amantes de la trivialización, el melodrama barato y las noticias de la página roja, exigirán favorecer ofertas culturales alternativas, no contaminadas por el populismo embrutecedor… 

La mejor forma de gratitud a Humberto López Morales, está en leer los cuadernos con un rigor por lo menos cercano al que él acaba de regalar a la cultura cubana. La discusión fraterna y crítica apenas ha comenzado. Porque la premisa —inferida sin mucho esfuerzo— baila de alegría en el mismo título de la colección de cuadernos. Dice Nueva Cuba.