Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
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Artes Plásticas

Umberto Peña: 'una escritura de urgencia'

La creación de imágenes, como la expresión poética, es uno de los medios al alcance del hombre para trasmitir y asimilar experiencias y sensaciones inexplicables, para explorar aquello que nos rodea y que inevitablemente forma parte de nosotros mismos. Referencia imprescindible en el panorama de las artes plásticas cubanas de las últimas cuatro décadas, la obra de Umberto Peña (La Habana, 1937) ha estado estrechamente ligada a las influencias y efectos del medio circundante, configurando una original indagación sobre la condición humana.

Ampliamente analizado y valorado por la crítica, su trabajo sobresale entre los más polémicos y cautivantes dentro del amplio mosaico de interpretaciones diversas de esa inédita realidad humana e histórica que rodeó a la plástica cubana durante los años 60. Como parte de la generación de artistas de los primeros años de la época revolucionaria, sus ejercicios creativos lo comprometen como artista y como hombre de su tiempo en una peculiar, incisiva —y a veces chocante o extraña— exploración del mundo interior de sus contemporáneos y de sí mismo[1].

La exposición Acerca de Salamanca: Pinturas y dibujos recientes (enero de 2012, Salamanca, España), marcó el regreso de Umberto Peña a la pintura tras varios años entregado a su carrera como diseñador gráfico. Volvemos a disfrutar del poder enigmático de sus lienzos y dibujos, de su trazo expresionista, de su especial acento sobre los aspectos sicológicos del cuerpo y la realidad cotidiana, así como de su original investigación sobre diversos métodos y lenguajes pictóricos en búsqueda de una expresión propia.

En esta nueva entrega de imágenes poderosas y vibrantes, Peña "nos invita a acercarnos a su espacio interior haciéndonos partícipes de un diálogo con su nueva geografía vital". Son formas entonces que "viajan en un tiempo íntimo, por paisajes áridos inundados por los colores de Castilla y León, quedando atrás la luz del Caribe, del Atlántico miamense y las onomatopéyicas estridencias del Pop"[2].

Figuras y fondos se inundan de tonos tierras, ocres, grises y azules más o menos intensos o nublados, representativos de un paisaje diferente que, junto al movimiento vertiginoso de trazos, líneas y rasgados del pincel sobre la superficie, parecieran representar extraños acontecimientos, sensaciones o pensamientos acumulados como fogonazos de recuerdos latentes en la memoria.

Una vez más la realidad que rodea al artista es la fuente que nutre la fuerza y el vigor de sus visiones alucinadoras. Manchas imprecisas que en ocasiones incorporan formas vagamente humanas, donde puede sobresalir un rostro, elementos del paisaje o un grupo de puños alzados en protesta y desacuerdo con lo acontecido.

Aquellas primeras obras en las que Peña creaba una especie de matadero particular (reses desolladas) y donde se conjugaban trazos expresionistas con elementos de la action painting, se traducen aquí en una avalancha de formas y tonalidades extrañas, grotescas en ocasiones, protagonizados por fragmentos amorfos de figuras que parecen dialogar, viajar o enfrentarse, describiendo actitudes propias de nuestro entorno. La exploración en las zonas más íntimas del ser humano que, durante los años 60, le llevara a introducir elementos como servicios sanitarios, cepillos de dientes, dentaduras, cerebros, en un lenguaje directo, claro y a veces hasta obvio, ahora se llena de giros, rejuegos y alusiones.

La elocuencia de trazos y formas recurre una vez más al apoyo de lo textual, presente esta vez en los títulos que acuden en auxilio del entendimiento del espectador, ofreciendo algunas pistas, "guiando su incomodidad": Terca resistencia, Alejamiento progresivo, Difícil entendimiento, Visita esperada, parecieran hablar sobre asuntos que afectan la vida del hombre, referidos al contexto personal o social del artista.

Otros títulos, como El peso del tiempo, El territorio enemigo o Por donde continuar, introducen espacios de reflexión de orden casi filosófico sobre determinados eventos o dilemas propios de cualquier época o lugar, adentrándose en el devenir existencial del individuo.

Acuden a nuestra mente ideas y sensaciones diversas que pueden viajar desde la dialéctica de cambios, traslados y adaptaciones a nuevos contextos como parte inherente a la vida del hombre contemporáneo, el erotismo, la soledad del hombre moderno, hasta motivos asociados con la ironía y la frustración ante la opresión sistematizada del poder. Pensamientos y emociones intensos, momentos de reflexión o dolor, que enlazan con los gritos ahogados de sus onomatopeyas, de sus dientes apretados mezclados con vísceras y órganos de épocas anteriores.

La serie de pinturas y dibujos que componen esta nueva etapa reflejan, de igual modo, tanto la tensión y agresividad de sus cuadros, como "la expresión de ese mundo bullente y sensible que rodea al artista". La obra de Peña —desarrollada en una gran amplitud de formatos y medios a lo largo de toda su carrera (pintura, grabado, tapiz, diseño gráfico) y valioso ejemplo para nuevas generaciones— se reafirma como expresión de esos momentos de la existencia llevados al límite, en su inquietud por sondear nuevos caminos expresivos.

Imágenes rotundas, visceralidad, pulsaciones de un tiempo donde no faltan contradicciones, tensiones y utopías[3], son escenas que nos recuerdan esa "escritura de urgencia", donde la exageración, la desmesura y la hipérbole dominan, donde no hay medias tintas en la forma de narrar y el contenido resulta inevitablemente una provocación.


[1] Ortelio Rodríguez Alba, "La mirada provocativa de Umberto Peña" en Radio Metropolitana, 01-07-2008.

[2]  Rafael Díaz Casas, "Acerca de Salamanca, conversaciones de un pintor en viaje", enero, 2012.

[3] Ortelio Rodríguez Alba: Op. cit.