Sábado, 1 de Octubre de 2016
01:17 CEST.
Entrevista

«La plástica cubana actual es una maravilla»

La casa de Luis Trápaga es su taller y galería personal: de pared a pared cuelgan los cuadros de relampagueantes colores, o descansan, innúmeros, recostados apaciblemente en pasillos y habitaciones: son obras agresivas, maduras y nobles realizadas en el tiempo necesario para fundamentar una carrera profesional que ya abarca más de dos décadas y que se iniciara propiamente allá por los años 80.

Abstracto y figurativo, dominador de la estética gráfica, de sus signos más incandescentes, que van del letrismo a lo simbólico, de arrasador lirismo, Trápaga es un dominador de las formas y la luz que visible y cortesmente marca el tono experimental y desvelado de la excelencia plástica alcanzada a finales del siglo pasado y comienzos del presente en nuestra Isla.

Hay mucho coraje en estas formas laboriosamente trabajadas, con relámpagos de color, y aun en aquellas realizadas en austeros blancos, negros y grises. Ensimismados, conquistadores, sus cuerpos de amor y combates, ora tendidos o erguidos en composiciones irónicas y furiosas, palpitan y permanecen en un afuera de fiesta, ronda de pícaro aliento en noches de ron y vagabundeo habanero, como suspendidas locuras de la memoria.

Aireados por el sueño, fundidos en la risa, sus personajes o sus manchas de ondulantes verdiazules, grises rosas, blanquinegros angélicos, tienen el peso de la luz y el color de lo vivo.

Lo primero que atrae del pintor  habanero es el  equilibrio, la armonía. En Trápaga su técnica le debe mucho al diseño gráfico y, siendo el dibujo  su fuerte, el conjunto de sus líneas verticales, circulares, rectilíneas, cruzadas, más que sucesión despliegan simultaneidad cromática en una especie de caleidoscopio mental irisado, en una tendencia de exploración permanente, de fecundas resonancias, de luz y movimiento. Emplea con frecuencia colores vecinos, también contrastes complejos. Sin perspectiva ni modelado, sus cuadros abstractos nada representan: solo significan. La pintura de Trápaga, si abstracta, es de impulsos afectivos, si figurativa es réplica sensible y personalísima que le dicta el mundo físico. Inventa y evoca, celebra el deseo. La memoria de un pintor como él es siempre imaginación transfiguradora de lo real.

Uno de los personajes eróticos más logrados de su pintura, Karla, se muestra sofisticada, impúdica, coloquial y desinhibida en plenitud de línea e intención. El éxito de la serie donde figura ese personaje fue arrollador en la exposición de 2006 de Espacio Aglutinador, que dirige la artista Sandra Ceballos. Con textos de la escritora Lizabel Mónica, la obra El arte sexual es demasiado político para dejarlo en manos de los serios; el arte político es demasiado sexi para dejarlo en manos de los ombres,  presentaba cuadros de la serie sobre Karla, cuya vitalidad exige al autor nuevas y constantes visitaciones para beneplácito de sus  admiradores.

Habanero de pura cepa, a Luis Trápaga suele encontrársele por las calles de su Vedado natal, en infatigable deambular, o en su casa-taller-galería, punto de reunión de los amigos más cercanos. Alto y desgarbado, físicamente recuerda a su padre, el afamado bailarín de igual nombre que tantos lauros conquistara para Cuba en escenarios internacionales.

Le abordamos a punto de entrar a la Cinemateca, uno de sus lugares preferidos de la capital de todos los cubanos, ya que es un fanático del séptimo arte, al que dedicara no pocos de sus mejores años como animador en los estudios del Instituto del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

Llevas más de veinte años en la profesión, pero han sido muy esporádicas tus exposiciones. ¿A qué se debe esta notable ausencia?

He hecho algunas exposiciones, no muchas pero sí, alguna que otra individual hay. Lamentablemente, he dedicado más tiempo a hacer otras cosas no tan importantes, y me arrepiento, pero el tiempo no. En cierto sentido, siempre han sido cosas vinculadas al arte... He participado sobre todo en muchísimas exposiciones colectivas, si me invitan y me interesa, no hay ningún problema.

Cuéntanos de tus comienzos, algún evento que definiera esta carrera de artista solitario, independiente.

Tal vez el comienzo más serio fue cuando estuve en el taller de Manero, un taller de pintura libre, es decir, se daban clases de pintura pero no a la manera tradicional, sino todo lo contrario, la gente hacía lo que quería y aprendías un poco a pintar y a dibujar como oficio, pero más de lo otro: más de crear  e inventar.

Luego matriculo en San Alejandro por puro embullo y después, cuando me gradué, me dediqué a trabajos que tenían que ver con la pintura, pero no era exactamente pintar. Entonces pintaba más esporádicamente. Estuve en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT) haciendo escenografía, por muy poco tiempo. Después, en los estudios de dibujos animados del ICAIC. Y pasé un año en la comunidad artística de Baconao, en Santiago de Cuba, y esa experiencia dejó algo bueno, trabajé un poco. Los trabajos se quedaron ahí, por cierto. Todos abstractos, porque cuando regresé a La Habana fue que empecé a trabajar en obras más figurativas, en algo diferente. De hecho, una de mis exposiciones personales en aquel tiempo fue solamente de pintura figurativa, en la Biblioteca Médica Nacional, en el Ministerio de la Salud Pública, en La Rampa.

Hice otra anteriormente, en el Centro Internacional de Prensa. Ésa fue muy interesante, porque cuando saqué los cuadros de aquí de mi casa, cambió la perspectiva: eran otros dentro de un espacio mayor que era la sala aquélla, muy grande. Ahí puede estar una de las virtudes de sacar tu obra de la casa, porque se transforma.

Y, de hecho, la última vez que expuse en la Casa Asia de La Habana, en un homenaje a Tagore, me causó la misma impresión, como que se convertía aquel dibujo en algo diferente. La obra cambia por el espacio, y si la exposición es colectiva, por la cercanía con las demás. El Centro de Prensa era un lugar tan grande y tenía una perspectiva muy buena, sobre todo para pinturas abstractas de gran formato. Y yo los tenía todos, chiquitos, grandes y medianos.

Has transitado por diversas etapas, configurado series de singulares personajes, confirmándote, a la vez, como uno de nuestros más relevantes pintores abstractos, sin dejar de incursionar en casi todas las técnicas, ¿cómo explicarías el "ahora" de Trápaga?                                                                              

Tal vez sí, hay otro amigo que también lo dice, que soy un buen pintor abstracto, tal vez es verdad.

Mi "ahora" es muy parecido al de hace veinte años, sólo que aprendí más, pienso, del oficio.

No me molesta no haber cambiado demasiado, ni las temáticas que, por el contrario, he desarrollado. Sin embargo, me he mantenido siempre experimentando, aunque no ha habido un cambio sustancial en lo que hago.

Siempre me ha gustado la ilustración. De ahí que mi dibujo tenga ese carácter de cómic a veces. De hecho, disfruto mucho del dibujo a línea. Me relaja. En el futuro quisiera hacer más este tipo de trabajo figurativo.

¿Que opinas de la plástica cubana actual, de sus temáticas o fobias? ¿Qué, si la comparamos con lo que se hace en nuestro continente? ¿Con el mundo?

La plástica cubana actual es una maravilla, sobre todo la que no pinta ni esculpe. Lo digo porque yo me formé más como pintor de oficio en la academia de San Alejandro y me asombra cómo la mayoría de los jóvenes ahora no necesitan mucho de las técnicas tradicionales para poder expresarse. Lo que parecía antes una carencia, como pintar o dibujar "mal", se convierte ahora en un reto, con cualquier medio, formato, que esté al alcance. Y lo que es más importante, con cualquier idea que parezca alejarse de lo que tradicionalmente se puede entender como arte.

Los traumas o fobias parecieran los mismos de siempre, pero la política y el sexo son dos de los temas más recurrentes y aun cuando se piense que se abordan como algo novedoso, siempre han estado allí. 

Participas en la XI Bienal de La Habana con tu propio espacio alternativo El círculo. ¿Tienes compañía? ¿Cuáles son tus expectativas para este evento? 

El hecho de exponer en tu propio espacio es algo muy cómodo y liberador, sobre todo cuando te das cuenta que tienes que empezar por liberarte de tí mismo. Eso, suponiendo que en tu propio espacio apenas tienes ningún tipo de censura y pareciera, en un principio, ideal. Ya en una Bienal anterior organicé una muestra en mi casa, en compañía de algunos otros artistas, es algo que se viene haciendo desde hace mucho tiempo en Cuba.

Yo hice la primera muestra instado por Sandra Ceballos, que es una de las pioneras en esto de los espacios alternativos y una de las que por más tiempo ha mantenido su espacio Aglutinador, haciendo mucha gala de su nombre.

En esta ocasión la idea surgió con otro amigo y pintor residente en Miami, Guillermo Portieles. Éramos compañeros desde la Escuela de Arte y hemos mantenido el contacto a través de los años, aunque él no vive en el país hace ya más de 15. Nos pareció interesante la posibilidad de juntos mostrar nuestro trabajo, algo que hace tiempo queríamos hacer. O sea, somos el típico caso del artista que salió de Cuba hace años pero no ha perdido el contacto, y el otro que se quedó.

Se me ocurrió como título El círculo, por la idea de que empiezas en el círculo infantil, luego viene el círculo de tiza, el cromático, así así hasta que terminas en un círculo vicioso... Este es el título además de una serie de dibujos en la que vengo trabajando hace tiempo, y como Guillermo Portieles tiene unas piezas circulares con gomas de carro sobre el fenómeno de la emigración y el desarraigo, me pareció que todo se relacionaba bastante. La situación de nosotros, los cubanos de aquí y de allá, es un círculo vicioso donde se mueve toda la sociedad cubana (de "adentro", de "afuera"). Y, por otra parte, es una idea muy abierta que se podía manejar en muchos sentidos. Le dimos vueltas, y nació Open Studio Círculo, sumándose los artistas Néstor Arenas, cubano radicado en Miami, y Meme Ferre, de Puerto Rico.

Desde el punto de vista poético esta muestra intentará recoger propuestas que van desde opciones conceptuales, pasando por representaciones geometrizantes, hasta elementos expresivos de la estética popart. Mientras que, en el orden discursivo, la relación, siempre rica en tensiones, entre individuo y sociedad, entre ficción y realidad, así como el desarraigo y el rol de la imagen en las sociedades de consumo, protagonizan los contenidos de mayor interés en las obras aquí presentes.

Quedan todos invitados desde ya a la inauguración que será el 12 de mayo a las 4 de la tarde, en el Open Studio Círculo (Calle 10 No. 316, e/ 13 y 15, Vedado).

Dime de tus proyectos más inmediatos. Y si no fueras pintor, ¿qué serías?

 Dedicarme completamente a mi pintura. En estos momentos, sobre todo, no me viene a la mente otra profesión que me guste más. A lo mejor antes pensé otra cosa, pero ya no, ahora sí quiero pintar nada más.

Tengo que seguir pintando, tanto figurativo como abstracto, si no, no me siento bien. La serie Karla forma parte de los dibujos figurativos, pero tengo que esperar a ver qué piensa Lizabel Mónica, que es su autora intelectual.

Ah, ahora recuerdo que quería ser buzo, pero no tenía condiciones físicas. Pon lo de buzo que es muy importante. Buzo de mar, por supuesto, no los buzos metafóricos de ahora. Siempre he querido bajar al fondo del mar.