Domingo, 25 de Septiembre de 2016
16:05 CEST.
Teatro

«El gobierno nos masticaba, pero nunca nos tragó»

En 1987 tuvo lugar un encuentro de estudiantes de Periodismo con Fidel Castro, en el Palacio de Gobierno, donde por primera vez se requirió al comandante cara a cara y se le señaló con un dedo, como mismo él acostumbraba a hacer con los del pueblo. La reunión —de la cual no informó la prensa— fue una trampa mediada por el entonces ideólogo del Comité Central, Carlos Aldana, luego defenestrado por  la propia dirección del Estado.

Al debate asistimos todos los estudiantes de la Facultad de entonces, a partir de la discusión de una obra de teatro que tocaba el tema de las libertades de opinión (La opinión pública, se llamaba) y se presentó en la sala de Teatro Estudio. Pero el líder de la denominada Revolución, al que se le vio bastante disgustado e, incluso, se marchó del plenario para luego volver, ideó una depuración sumaria al obligarnos —en días sucesivos, mediante reuniones interminables— a verbalizar declaraciones de principios falsas con tal de no ser expulsados de la universidad.

El año siguiente, La Habana era un hervidero de especulaciones sobre los cambios que vendrían desde Europa del este: la Glásnot, la Perestroika, en fin, que rondaba la ilusión del final de la dictadura.

En una vivienda de El Vedado —Calzada entre E y F, cerca del Ministerio de Relaciones Exteriores— entraban con nocturnidad pequeños grupos de intelectuales seleccionados para asistir a otro hito de la cultura, que se convertiría en leyenda urbana. La cuarta pared, obra conceptual del dramaturgo y director Víctor Varela, expresaba mediante gestos la incomodidad del individuo en la sociedad, el grito de dolor que provocaba el nacimiento del ente nuevo, o del hombre nuevo, pero no a la manera ideológica impuesta con la figura del Ché.

El que escribe tuvo la suerte de asistir a una de esas funciones underground. El proceso era escalofriante. A la entrada, tomaban a cada espectador de la mano y lo trasladaban hasta un lugar oscuro; lo hacían sentar sin saber dónde y lo dejaban a merced de un espectáculo inhibidor que concluía, como se conoce ampliamente, con cinco actores desnudos, hombres y mujeres. Lo más perturbador era las mínimas dimensiones del espacio.

Por aquellos días se rumoró que Vicente Revuelta había hecho experimentos parecidos en los años 60, pero nada quitó la fuerza mítica de La cuarta pared. Tanto es así que el Gobierno se vio obligado a programarla en el Teatro Nacional, y entonces dejó de ser underground.

Hoy recordamos aquel contexto histórico con uno de los actores, Alcibíades Zaldívar, radicado en México.

Aunque continúa joven y activo, su blanca cabellera —que entonces no tenía— señala el paso del tiempo.

El estreno de La Cuarta Pared en una casa particular de La Habana coincide más o menos con la caída del Muro de Berlín; o sea, con el desplome del llamado Telón de Acero comunista. ¿Es pura coincidencia o la puesta en escena fue un tocado cubano del Efecto Mariposa?

El cansancio de ver tanto miedo, oportunismo y mediocridad en todos lados; llamados a ser forjadores del futuro y el presente en el mundo comunista se caía a pedazos; después de un Mariel, de mítines de repudio, promesas, consignas pero nada de cambios reales… llegó el hartazgo.

Por diversionismo ideológico fui expulsado de la Escuela Nacional de Instructores de Teatro (ENIT), después del examen de mis alumnos; por pretender una Cuba a la altura de las circunstancias históricas.

Eran censuradas exposiciones de jóvenes artistas, expulsiones de escuelas, abusos finalmente de un gobierno chantajista en el cuento de pagar con sumisión la "tranquilidad socialista".

Los Gatos y La Cuarta Pared fueron producto de una generación todavía llena de ilusiones a la cual pertenezco, mi querida Generación de los Ochenta. Desde la experiencia pedagógica en El Yarey, en Bayamo, Víctor y yo queríamos armar un grupo para hacer nuestro teatro. Al terminar en esa escuela nuestro servicio social y saber que las promesas de irnos a estudiar Dirección Escénica a la Unión Soviética eran puro cuento, nos encerramos literalmente a entrenar y montar el delicioso texto de Los Gatos. Primero en el departamento de los padres de Víctor y Carlos —éramos vecinos—, después en casa de Marianela Boán, donde también se montó La Cuarta Pared.                                                                                               

Coincidió con la primera visita a Cuba de Eugenio Barba y el Odin Teatret. Ellos fueron a ver Los Gatos y Eugenio nos dio consejos muy necesarios para seguir haciendo a contracorriente nuestro proyecto, fue el primero que confió en nosotros. En la pequeña sala de proyecciones de la Cinemateca, después de ver sus entrenamientos y obras (el Odin traía su trabajo en 35 mm, nada de video), escuchamos sus palabras alentadoras y por ende subversivas, de ser libres y no dejarse aplastar gracias al teatro.

Éramos un grupito de artistas en su mayoría muy jóvenes. A eso súmale el trabajo con Vicente Revuelta que, junto a Leandro Soto y Félix Antequera, armó un taller inolvidable en la Casa de Línea. Súmale el contacto con Danza Abierta, Arte Calle y otros creadores; así como el cine polaco y el destape gorbachiano hizo que muchos en aquellos años buscáramos por medio del quehacer artístico una salida.

Los debates en el ISA ante el representante del gobierno, el zorro Aldana, y el ímpetu generacional de bombardear con arte la baba del sistema fue algo extraordinario, mucho antes del 89.

La temática de la obra, a todas luces, es la asfixia del individuo, tal vez la alienación de éste con respecto a la sociedad. La estética gestual utilizada y el sonido gutural, en lugar del texto, todo fue muy  vanguardista. ¿Se conoce algún antecedente estético en Cuba?

El maestro de maestros fue y será siempre Vicente Revuelta. Me tocó ser su aprendiz y cercano colaborador a finales de los ochenta, por eso hablo de viva voz sobre la influencia de este genial actor y director en los caminos del teatro cubano.

Ya Teatro Estudio en su momento renovó mucho de la herencia acartonada que existía. Súmale Los Doce, la puesta de La Noche de los Asesinos y Peert Gynt, Brecht, Albee y muchas más. Flora Lauten, antes y después del Buendía. La herencia del Living Theatre, Grotowski y el propio Barba, todo esto, movilizaron la rigidez socialista y el costumbrismo de siempre.

Muchos creadores anónimos de provincia también impulsaron otros caminos. El cubano es esponja y todo lo fusiona, lo transculturiza. Por eso también sobrevive la dictadura.

¿Cómo se realizó el casting de La Cuarta Pared? ¿Hubo algún problema para que los actores se desnudaran totalmente y se aproximaran al público a menos de un metro de distancia?

Después de terminar Los Gatos, donde participó la actriz, directora y pedagoga María Elena Espinosa, Víctor buscó a unos jóvenes ajenos a los formados en escuelas teatrales: Alejandro, Félix, Tania Coto y Julio Mazorra. Barbarita, Alexis y yo nos incorporamos después (puedo errar en detalles, la memoria se confunde).

Todos entrenábamos lo aprendido con los maestros e inventábamos otros ejercicios. Junto a la experiencia de Marianela y a la intuición de Víctor fuimos profundizando en el cuerpo total, hasta que apareció el texto escrito por el director de lo que sería después el espectáculo extra verbal La Cuarta Pared.

Teatro del Obstáculo siempre fue un laboratorio vivo alrededor del virtuosismo del actor. David Placeres, nuestro escenógrafo, fue un colaborador extraordinario que sumó talento y disciplina. Lo sagrado, lo insólito, lo auténtico; trascender la técnica y convertir —como era nuestra mística— "el obstáculo en creación".

No habían libros, los copiábamos a mano; música, a pasar los caseticos; video, a verlos donde fuera. Todavía recuerdo todo lo que disfrutamos en el departamento de la calle 28 con los equipos de música y video que Santiago Feliú guardaba en casa de Carlos… Éramos hermanos de sueños afines; la trova, la pintura, la danza, el teatro y la literatura eran un solo camino para hacernos mejores y compartirlo todo con el otro. Eran tiempos de luchar apasionadamente contra la censura y la autocensura.

El desnudo fue un proceso natural de ejercicios previos y una plena convicción de por qué y para qué lo hacíamos.

¿Tuvieron alguna visita de la policía política durante aquel experimento?

Las visitas policíacas eran normales para nosotros. Nos detuvieron por separado; sabíamos que teníamos "un expediente abierto". En algunos interrogatorios se nos decía lo que hablábamos, con quién y a qué hora. Todo eso nos hacía más fuertes. Amigos músicos y pintores también fueron amenazados.

¿Cómo seleccionaron los grupos para las visitas piloto a esa sala de teatro verdaderamente alternativa?

Iban a nuestras funciones los amigos y los amigos de los amigos. Eran gratis y cabían 8 espectadores. Siempre tuvimos "teatro lleno" y una larga cola para vernos. No recuerdo cuántas funciones dimos en la casita del Vedado, pero fueron años y casi a diario.

Todo eso hizo crecer la puesta en escena y la fama de que algo importante se hacía noche a noche. Allá nos fue a ver otra vez Eugenio Barba, que seguía nuestro trabajo desde Los Gatos. Eso influyó en que, después de tres años y con los cambios del Consejo Nacional de las Artes Escénicas —con Raquel Revuelta al frente— nos dieran una sede en Ayestarán esquina a 20 de Mayo.

Raquel y Vicente fueron también generosos. El presentar Los Gatos un 27 de marzo, Día Internacional del Teatro, en la mítica sala de Teatro Estudio, fue algo extraordinario que hasta en la revista Bohemia salió.

Lograron, luego, que esta pieza fuera programada en el Teatro Nacional. El hecho de que el público estuviera instalado en el escenario reducía el aforo y convertía la puesta en un acontecimiento elitista…¿Valió la pena aun así?

No estoy de acuerdo con la reducción del aforo. Las dimensiones y la virtualidad del espacio fueron maravillosas. Se veía hermosa la caja en la sala del Teatro Nacional. Trabajamos durísimo en el noveno piso durante muchas noches para adecuarnos al nuevo recinto, pero valió la pena.

Éramos la misma banda de teatristas underground, los outsiders del teatro oficial que compartíamos nuestra experiencia, ahora sí, con el pueblo habanero.

El Gobierno nos masticaba, pero nunca nos tragó. Recuerdo muy bien el foro de análisis en el Gran Teatro de La Habana, donde nuestro supuesto héroe de la hermenéutica, Desiderio Navarro, se convirtió en el más lacerante crítico.

Wilfredo Cancio Isla, Magaly Muguercia, entre otros pocos, escribieron en su momento para contrarrestar la avalancha de detractores. Hay mucho que contar y será en un libro que quizá escribiré con la ayuda de mis compañeros.

¿Estuviste al tanto de la reposición que hubo en Nueva York de La Cuarta Pared con una sola actriz?

Gracias a internet. Después de mi separación del grupo no nos hemos visto. El contacto es virtual, pero el respeto, admiración y cariño que nos tenemos es más grande que tanta distancia. Que Baby (Bárbara María Barrientos) y Víctor estén reponiendo la versión unipersonal de La Cuarta Pared, trasciende nuestros pequeños mundos y hace que la obra pertenezca a la cultura cubana en el exilio, que forme parte de la historia del teatro cubano y todos debemos estar orgullosos por el éxito seguro que tendrán. Algún día retornaremos a la Isla y retomaremos el proyecto, o en Nueva York, o donde sea. Nos reunimos hace más de 25 años para no separarnos cuánticamente nunca.

A lo largo del tiempo se ha visto la buena voluntad del Consejo Nacional de las Artes Escénicas cubano, a veces luchando contra el oficialismo acérrimo. ¿Si, a la postre, Teatro del Obstáculo tuvo su propia sede, en la calle Ayestarán, por qué se disuelve todo?

Cuando me quedé en México el grupo siguió trabajando unos años más. En mi caso buscaba hacer otras cosas que la poética del grupo impedía: teatro callejero, máscara, clown, música, cabaret, teatro para niños, etc. Ópera Ciega fue mi último trabajo al lado de Víctor, que fue y será siempre mi hermano de las tablas. Fuimos vecinos en la calle 28, estudiamos juntos, viajamos a El Yarey, fundamos Teatro del Obstáculo y logramos hacer una mancuerna inolvidable. Todavía nos queda mucha cuerda y los lazos de sangre teatral no se rompen hasta que la muerte nos separe.

Cuéntanos ahora de ti. ¿Cómo te estableces en México y a qué te dedicas actualmente?

Llevo casi 21 años en México, distribuidos entre la Ciudad de México y Aguascalientes, donde viví 14 años al frente de una escuela de Actuación llamada Centro de Investigación Teatral, en Los Arquitos. Es un país que conozco algo; he viajado haciendo teatro, dando talleres y escribiendo para la revista México Desconocido.

Este país es mi segunda patria. Aquí conocí a Niurka Bali, mi esposa de aventuras y desventuras. Aquí tengo muchos amigos, y aquí hago el teatro que quiero y con quien quiero.

Sigo los principios que aprendí de mis maestros y de mi grupo Teatro del Obstáculo. Actualmente tengo dos proyectos teatrales: Banca Rota Teatro y Tear Cinema, de Polonia. Con Zbigniew Szmski actué y co-dirigí Muertovivos. Desde 2009 comenzamos esta investigación intercultural al lado de María Lara (argentina) y Edgar Maldonado (mexicano); arroz con mango de excelentes resultados, dos años de gira por Polonia y Alemania y próximamente en el DF.

El otro proyecto que se está cocinando es Creta Teatro Abierto, junto a los hermanos Vélez, para niños y jóvenes. Escribo para la revista México Desconocido, para un Atlas de Telmex y en la revista cultural Replicante —a propósito, de ahí salió Noticias de Castrolandia, que originalmente escribía en DIARIO DE CUBA como comentarios a nombre de un querido personaje que me inventé, el Presidente del CDR No. 22 de Playa.

Sigo dando cursos y talleres por toda la república mexicana y pienso estudiar seriamente gastronomía. 

¿Piensas en Cuba como Ulises pensaba en Ítaca?

En la obra Muertovivos interpreto a un cubano pordiosero muy tierno; Zbigniew escribió para nosotros unos textos divinos y fíjate que dice más o menos así… "Vengo de Cuba. Mi padre apreciaba: el código marítimo, la economía y al poeta griego Constantino Cavafis 'Ítaca te brindó tan hermoso viaje/ Sin ella no habrías emprendido el camino/ y ahora nada tiene para ofrecerte'". Ahí está la respuesta.

México, fundamentalmente el Distrito Federal, es la capital cultural de Latinoamérica. Allí fueron a parar decenas de pintores cubanos contestatarios que, como los miembros de Teatro del Obstáculo, pensaron que Cuba podría democratizarse en 1989, pero se equivocaron y tuvieron que salir forzosamente de la Isla. ¿En la actualidad se puede seguir el rastro de esos pintores? ¿Han dejado huella en México?

Gustavo, Consuelo, Leandro, Pedro no están. Somos la diáspora criolla más loca de la historia moderna. Aquí están otros importantes pintores cubanos que personalmente no conozco. Al historiador Rafael Rojas —desde Cuba seguía nuestros pasos— lo volví a ver en una Feria del Libro en Aguascalientes, vive en el DF y tengo todos sus libros. Otro que se fue y se quedó en sus páginas es Eliseo Alberto Diego; el día de su velorio, de viento frío y gris, fue uno de los momentos más tristes de mi vida en el exilio.