Miércoles, 28 de Septiembre de 2016
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Literatura

Debate: Sobre la correspondencia de Carpentier

Dada la discusión en torno a la reseña de la correspondencia de Alejo Carpentier con su madre, publicada aquí por Roberto González Echevarría, damos a conocer una carta de éste a Wilfredo Cancio Isla, autor de Crónicas de la impaciencia. El periodismo de Alejo Carpentier (Colibrí, Madrid, 2010), fechada el 28 de diciembre de 2010.


 

Querido Wilfredo:

Al fin he tenido tiempo, gracias al receso de Navidades, para leer tu libro detenidamente. A pesar de que solo había leído fragmentos cuando le di a Víctor [Batista, director de la editorial Colibrí] el texto que aparece en la contraportada, esta lectura corrobora lo que digo en él. Todavía suscribo esa opinión. Tu libro es, sin duda, un aporte valiosísimo para los estudios carpenterianos. Las críticas que siguen te las hago en plan amistoso y con el fin de que, algunas de las fallas que apunto se puedan enmendar en una segunda edición, o que te sirvan para cuando escribas tu próximo libro. Algunas de las faltas son de formato y debieron haber sido subsanadas por la editorial, por lo que, con todo cariño, remito estas notas también a Víctor y a Helen [de la editorial Colibrí] con la esperanza de que no se repitan en libros futuros. Tal vez refunda todo esto que escribo aquí en forma de reseña "doble" cuando llegue a mis manos el libro de Cartas a Toutouche.

Sigo creyendo que lo más importante del libro tuyo es el acopio de textos desconocidos de varios períodos de la producción periodística de Carpentier, sobre todo de la primera época, pero también los que publicó en El Mundo después de 1959. No creo que el conocimiento de esos escritos cambie sustancialmente lo que sabemos de Carpentier como individuo o como escritor, pero sí lo amplía, enriquece y matiza. Es prodigioso lo que Carpentier ya sabía a tan temprana edad y la cultura que logró acumular sin haber hecho estudios universitarios. Fue un autodidacta, algo que tu libro demuestra una vez más, pero algo que hay que repetir.

Es también extraordinaria la capacidad que tuvo para dar con la esencia de obras de arte y eventos de diversa índole que le salieron al paso, y la habilidad para separar lo bueno de lo malo y transitorio. Esto se puede ver desde el principio, en esos artículos escritos cuando apenas salía de la adolescencia. En cuanto a su persona, de tu libro, como del mío en 1977, surge un Carpentier acomodaticio y precavido hasta la cobardía, además de mentiroso, no solo en lo respectivo a su nacimiento, sino a otras cosas. Esto es lo de menos, todos decimos mentiras, y las de Carpentier no le hicieron daño a nadie, excepto a nosotros, los estudiosos de su obra, que caímos en algunas trampas que sus invenciones nos tendieron.

No sabemos a ciencia cierta, como tú enfatizas, cuando llegaron los padres de Carpentier a Cuba. La historia de que su padre estaba harto de Europa, como yo digo en Cartas de Carpentier, es difícil de creer, y lo del caso Dreyfus menos. Lo de la niñez "campesina" es una verdad a medias; vivió en el campo, pero como niño rico que estudió en el Candler College y el Colegio Mimó. Eliminar a Julián Orbón de La música en Cuba,fue una canallada imperdonable, pero no la única. En su vida política, como dije hace años en mi edición crítica de Los pasos perdidos (1985), fue servil y, contando los años que pasó en la Venezuela de Pérez Jiménez y los años de servicio a Fidel Castro, aguantó dócilmente tres décadas en países sometidos a dictaduras.

Por cierto, una incógnita que tú podrías haber ayudado a despejar, porque dices haber tenido una buena relación con ella, es quién fue Lilia Esteban Hierro. Dices que era de origen mestizo y aristocrático, lo cual se me hace una mezcla improbable. Durante la semana que estuvo con nosotros en Yale, y otras veces que hablé con ella en La Habana, no le noté la pinta africana. Lo que dice Carmen Vázquez es que la madre de Lilia sufragó el costo de las ediciones de El reino de este mundo y Los pasos perdidos.A mí siempre me ha llamado la atención que Carpentier le dedicara todos y cada uno de sus libros a Lilia; me parece casi patológico. En todo caso, pienso que pudiste haber aclarado este asunto todo lo que te hubiera sido posible.

Me parece que un aporte importante de tu libro, y del de las cartas de Carpentier a su madre a punto de salir, es aclarar la conducta política de Carpentier durante el machadato. Saber que Carpentier estuvo vinculado al ABC explica muchas cosas que creo podrías haber resaltado más. Ahora entiendo la hostilidad de Marinello, que se manifiesta en sus reseñas de ¡Écue…! y El acoso, además de lo irónico de sus palabras en el homenaje a Carpentier en 1974, cuando dice que de entonces en adelante Carpentier iba a escribir su mejor obra —¡a partir de los setenta!

El ABC fue una organización antimachadista, pero de derecha con tintes fascistas según algunos, y con una amplia y documentada historia de terrorismo. Fueron los "abecedarios" los que organizaron el atentado a Clemente Vázquez Bello, lo cual explica el conocimiento tan íntimo de este suceso que Carpentier demuestra en El acoso, que yo le atribuía, siguiendo a Modesto Sánchez (cuyo trabajo, por cierto, pareces no conocer), de sus lecturas de crónicas aparecidas en Carteles. Ahora pienso que tuvo testimonios de algunos de los participantes, que habrían sido sus correligionarios. Lo del ABC también aumenta nuestro conocimiento de las relaciones de Carpentier con Mañach, como tú bien destacas y sostienes además con la publicación de cartas entre ellos. Creo que esto merece toda una monografía precisando la ideología de los distintos grupos antimachadistas, sobre todo la del ABC. Como bien dices, Carpentier trató de tapujar todo esto con la connivencia del régimen.

No me parece correcto el título de tu libro porque si de algo no pecó Carpentier fue de impaciencia. Deja pasar diez y seis años entre ¡Écue-Yamba-O! y El reino de este mundo, y casi diez entre Los pasos perdidos y El siglo de las luces. A diferencia de sus discípulos, los novelistas del Boom, Carpentier no sacaba novela tras novela, como si se tratara de una choricera. Por cierto, yo estimo (y he escrito en The Voice of the Masters) que la pausa entre El siglo… y El recurso… y Concierto… (con la premonitoria El derecho de asilo de por medio) se debió a que Carpentier se recicló y renovó para no repetirlos, y en gran medida se les adelantó con obras con un dejo humorístico que son ya post-modernas (esto aparece en mi ensayo sobre El derecho…). Carpentier fue crítico del Boom. En todo caso, siempre me ha dado la impresión de haber sido un hombre que ponderaba y planeaba muy cuidadosamente, con gran paciencia, todo lo que hacía en términos novelísticos.

Tampoco comparto tu entusiasmo por el periodismo de Carpentier como estilo, aunque por supuesto, sí admiro su contenido, que educó a toda una generación de cubanos, entre ellos a mi madre, que hacía que mi abuelo, en Sagua la Grande, le trajera de la estación de ferrocarril Carteles en cuanto el último número llegaba, para leer las crónicas de París. Pero la prosa de esas crónicas se me hace un poco espesa, un poco almidonada y solemne, sobre todo por el fastidioso "vosotros" de que abusan. Me pregunto si es solo un hábito de época (probablemente) o una influencia francesa; en francés el "vous" y sus formas verbales no tienen el tono engolado que el "vosotros" tiene en el español hispanoamericano. Habría que precisar cuándo se despoja Carpentier de ese "vosotros" tan picúo. Yo no recuerdo que lo use todavía en "Letra y solfa," pero no estoy seguro ni tengo tiempo para verificarlo. También se permitía cursilerías como referirse a París como "Lutecia" o la "ciudad luz," que creo a ti se te pega también. En todo caso, Mañach tenía un estilo mucho más ágil que Carpentier, para no hablar de Ortega o Borges. Habría sido conveniente hacer en tu libro un deslinde claro, destacando sus características genéricas específicas, entre variedades de periodismo; entre crónica y artículo noticioso, por ejemplo, y distinguirlos del "ensayo". Desde su inventor, Montaigne, éste contiene una inflexión íntima, subjetiva, irónica, autocrítica, que rara vez encuentro en Carpentier, ni siquiera en los escritos sobre sus viajes al Orinoco que conducen a Los pasos perdidos. Pienso que sus mejores ensayos son el de los "contextos," el de la "ciudad de las columnas," y "Martí y Francia". Pero Carpentier no fue un ensayista del nivel de Alfonso Reyes y Octavio Paz y en ese género no ha trascendido el ámbito de lengua española, que yo sepa.

En cuanto a mis trabajos, noto que dices que mi libro Alejo Carpentier: el peregrino en su patria, se publicó en 1993 (p. 19), cuando lo que se publicó entonces fue la traducción al español de Alejo Carpentier: The Pilgrim at Home, que había salido en 1977. Esto se consigna en tu bibliografía (p. 361), donde por cierto se repite dos veces la entrada de la primera edición. (Volveré sobre la bibliografía más abajo.) Son diez y seis largos años durante los cuales el libro fue ampliamente reseñado en varias lenguas y entró a formar parte importante de los estudios carpenterianos —no había salido antes en español porque mi condición de exilado cubano no solo me vedaba las editoriales cubanas, como era de esperar, pero también las de México, donde al fin se publicó por la UNAM. Pero antes habían aparecido ensayos míos con información que llegaría a formar parte de The Pilgrim como "Notas para una cronología de la obra narrativa de Alejo Carpentier", en Estudios de la literatura hispanoamericana en honor a José J. Arrom, ed. Andrew P. Debicki and Enrique Pupo-Walker, Chapel Hill: North Carolina Studies in the Romance Languages and Literatures, 1974: 201-215; "Isla a su vuelo fugitiva: Carpentier y el realismo mágico", en Revista Iberoamericana, 40, no. 86 (1974): 9-65; "'Semejante a la noche', de Alejo Carpentier: historia y ficción", en Modern Language Notes, 87 (1972): 272-85.

Los dos primeros aparecieron recogidos en Relecturas: estudios de literatura cubana (Caracas: Monte Avila, 1976). Había salido, además, el ensayo sobre El derecho de asilo en The Voice of the Masters: Writing and Authority in Modern Latin American Literature (Austin, London: The University of Texas Press, 1985) —hoy hay edición española de ese libro por Verbum. En ese mismo año salió en Cátedra, de Madrid, mi edición crítica de Los pasos perdidos, en cuya introducción se amplía mucha de la información que había aparecido en The Pilgrim…, y un estudio pormenorizado de esa novela.

Todo lo que dices sobre el regreso de Carpentier y la organización de los festivales del libro ya había sido referido en The Pilgrim…, así como todo lo concerniente a la publicación de los relatos de los años cuarenta que habrían de ser recogidos en Guerra del tiempo, que por cierto se había revelado en el ensayito del homenaje a Arrom. Excepto por The Pilgrim…, al parecer en su edición española de 1993, no pareces haber accedido a ninguno de esos trabajos míos. No son los únicos ensayos o libros que faltan en la bibliografía, pero no tengo tiempo para hacerte la relación detallada.

En cuanto a la bibliografía, déjame empezar por decirte, como traté de comunicarte antes de la publicación de tu libro a través de la editorial, que das mal el título de ¡Écue-Yamba-O! En crítica e historia literaria hay siempre que acudir a la primera edición y consignar escrupulosamente el nombre del autor, el título del libro, el lugar de publicación y la fecha. Se hace para evitar, lo cual a veces resulta inútil porque la gente es descuidada, que se repitan errores, como pasa con esa novela de Carpentier. El propósito es precisar la evolución de la obra del autor en cuestión. Por eso el formato de la bibliografía de tu libro es erróneo.

Para empezar, en un libro dedicado al estudio de un autor se suele dividir la bibliografía en activa (lo publicado por el autor) y pasiva (lo publicado sobre el autor). Hay quienes no se ciñen a este formato y lo ponen todo junto en orden alfabético y cronológico lo de cada autor. En la bibliografía del autor se asientan, en orden cronológico, todas las obras mencionadas o estudiadas, sobre todo los libros, pero también los artículos.

Pones en tu bibliografía una serie de ediciones insignificantes de Los pasos… y El siglo…, y la organizas en orden alfabético, lo cual no tiene sentido. Las ediciones importantes son las primeras, porque muestran el desarrollo del autor, y las ediciones críticas, como la mía de Los pasos... Si citas o te vez forzado a usar una edición que no sea la primera, tienes que añadir entre corchetes la fecha de la primera edición.

En la pasiva, también, el orden de las obras de un crítico debe ser cronológico, aunque, por supuesto, él aparezca en orden alfabético según el apellido. En las notas al pie, al contrario de lo que aparece en tu libro, el nombre de los autores debe ir al derecho; es decir, nombre de pila seguido de apellido o apellidos. Hoy, para economizar, solo hay que dar, la primera vez, el nombre y apellidos completos del crítico, con la fecha de la publicación a la que se hace referencia, con lo cual el lector la puede identificar en la bibliografía.

Todo esto es elemental y [la editorial] Colibrí debe cuidarse de que en el proceso editorial se sigan estas normas.