Sábado, 1 de Octubre de 2016
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Periodismo

Tiempo de escuchar

Entre las fechas más relevantes para el campo cultural cubano de los últimos años habría que contar el día en que dos estudiantes de periodismo, Elizabeth Mirabal y Carlos Velazco, se dijeron el uno al otro: vamos a hacer entrevistas.

Media década más tarde sale a la luz el primer volumen producto de sus investigaciones, Sobre los pasos del cronista. El quehacer intelectual de Guillermo Cabrera Infante hasta 1965 (Ediciones Unión, 2011), pero ya sus nombres habían aparecido con frecuencia en las páginas de revistas como La Gaceta de Cuba, Unión, Revolución y Cultura. Varias de esas entrevistas publicadas por aquí y por allá, veintiuna en total, acaban de ser reunidas e impresas por la editorial Oriente bajo el título Tiempo de escuchar.

Graziella Pogolotti, Antón Arrufat, César López, Abelardo Estorino, José Lorenzo Fuentes, Leonardo Padura, Abel Prieto, Senel Paz y Abilio Estévez son solo algunos de los entrevistados por Mirabal & Velazco entre 2006 y 2009, cuando ambos apenas han rebasado los veinte años de edad. Esto puede parecer un dato menor, pero no lo es si tenemos en cuenta que los verdaderos protagonistas de Tiempo de escuchar —y esa es la mayor virtud del libro— no son los entrevistados sino los propios entrevistadores.

"Aunque veamos a diario esos cuerpos jóvenes que crecen ante nuestras narices, resulta imposible hacerse una adecuada composición de lugar sobre su futuro." Así inicia Virgilio Piñera su relato "Un jesuita de literatura" (los Cuentos Completos, dicho sea de paso, acaban de reeditarse con motivo del centenario). Y algo de composición de lugar tienen estas entrevistas en donde las preguntas dicen mucho más que las respuestas.

¿Qué preguntas deben formular hoy los jóvenes? ¿Desde qué perspectivas? ¿Y desde qué pespectiva no formularlas? Si le pones a alguien una grabadora delante, ¿en qué posición te vas a poner tú?

Por lo pronto, Mirabal & Velazco adelantan una actitud. Antes que personalidades, vidas, obras, sus entrevistados son fuentes. Conductos de entrada y de salida a un archivo cultural que está ahí para ser intervenido, increpado, juzgado. En la dinámica de las preguntas que se suceden en Tiempo de escuchar parece latir siempre la búsqueda de un secreto, aun en las entrevistas menos resueltas, aun cuando los autores saben de antemano que no hay secreto alguno que buscar.

De su libro anterior, Sobre los pasos del cronista, extraigo un par de líneas que me parecen especialmente significativas (y que son además un buen tintazo de esa ironía con que Mirabal & Velazco suelen puntuar sus interrogatorios). Se encuentran en el capítulo "Acerca de Palabras a los intelectuales": "Escurridizo, cosa rara en él, Antón Arrufat confiesa que pretende escapar a la tiranía de la interrogante: 'Cada vez que me preguntan sobre ese momento no encuentro una respuesta coherente y válida'."

De pronto Arrufat, sin quererlo, ilustra un estado de cosas en el medio intelectual de la Isla. El paso del ámbito privado a la esfera pública y de unos temas a otros temas: ese pliegue inevitable donde el menos escurridizo se escabulle, donde el hablador guarda silencio, porque el habla solo es posible al otro lado mediante un cambio forzoso de registro y de retórica, y lo demás son ruidos innecesarios que conducen al aislamiento.

Quiero pensar que la labor detectivesca de Mirabal & Velazco —en sus palabras: "nuestro empeño por perseguir los ecos hasta el sitio del cual proceden"— es también el comienzo de un periodismo que asistirá un día a la disolución del trauma político en la voz del escritor, del intelectual. Lo que está claro es que ya representa un notable salto de calidad dentro del periodismo cultural practicado en Cuba.

Uno de los cinco "Proverbios para paranoicos" expuestos por Thomas Pynchon en su El arcoiris de gravedad, dice lo siguiente: "Si ellos logran que hagas las preguntas equivocadas, no tienen que preocuparse por las respuestas".

Pensar, redactar cuestionarios (uno detrás otro), se va convirtiendo poco a poco en una operación que excluye toda inocencia. Las respuestas que importan se obtienen así.