Jueves, 29 de Septiembre de 2016
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Literatura

«El tiempo hace su obra»

Ganador del XIV Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, en Quintana Roo, por su cuaderno En la isla de las velas azules, Pedro Llanes (Villa Clara, 1962), autor de libros como Diario del ángel (poesía), Del norte y del sur (teatro) y El fundidor de espadas (novela), ha conversado sobre algunos temas literarios y su libro ganador para DIARIO DE CUBA.

¿Viene este premio a producir algún cambio emotivo o significativo en tus días como poeta?

En 1994 y 2005 gané los Premios de la Crítica a los mejores libros publicados en Cuba y el Internacional Nosside Caribe (Absoluto). A decir verdad, considero más fácil en estos momentos ganar concursos internacionales donde hay mayor disciplina que en los premios nacionales importantes, restringidos a la "norma habanera", con jurados y stardom por lo demás habanero.

El recorte a los subsidios de la cultura después de las políticas de ajuste ha mostrado consecuencias que, no por dejar de existir antes, hiperexisten ahora con campo abierto a las fruslerías y la mediocridad.

Por ejemplo, participé durante dos años seguidos en el concurso de poesía Nicolás Guillén convocado en La Habana con mi cuaderno Poemas nocturnos para L., un libro superior al del Guillén de Quintana Roo, y no pude ubicarme ni dentro de los finalistas.

Vivo en la ciudad de Santa Clara, a 268 kilómetros de la capital. Cuando te levantas y echas una mirada desde el balcón de tu casa, te tropiezas con la ruralidad, un paisaje escuálido y una vida cultural desadecuada y también escuálida. La dotación del premio resolverá momentáneamente la vida doméstica de mi familia: mi niña y mi esposa. Pero la poesía, como decía Kafka de la literatura es "salario del diablo", pronto su niebla dorada pasa.

Esa ambivalencia resulta sobrecogedora. Volver a la pobreza, a una pobreza para nada irradiante.

¿Qué de novedoso hallaría el lector interesado En las islas de las velas azules?

Encontrará un enrarecido espacio metafísico donde los entes apenas tienen movimiento. Mi cuaderno trasunta la tristeza de la pérdida de mi madre, es ad majorem introspectivo. He buscado hacia adentro buscando una vitalidad hacia fuera que no ha podido existir. Verso, prosa, un ritmo sinuoso. Creo que hay que leerlo como a los trenos.

Ahora te hago una de mis preguntas favoritas: ¿Crees que la poesía te salva de alguna manera?

La poesía puede salvar. Se salvaron a través de sus textos Günter Grass, cuya narrativa y teatro son también poesía, Ezra Pound, cercano al aparato de Mussolini, a quien Eliot llama "il miglior favro", así como las piezas de Strauss, según Zweig apegado a la cultura del Reich.

El arte aboga por lo bueno, por la justicia y es, de acuerdo con la definición del finado presidente Mitterrand, "libertario y vagabundo".

¿Coexistiría la poesía en una sociedad primer mundista, o crees que tiene una buena casa (la poesía) en la Isla?

Las sociedades primermundistas quizás no hayan descubierto nuevos tipos de poesía de la exactitud, del desartificio. La maquinización, la extrema programatividad no incluyen los discursos afectivos, son antirretóricas por naturaleza. La poesía, al contrario, necesita de alguna manera las retóricas y, salvo casos de excepción (Omar Jayam, Goethe, Ion Barbu, Nicanor Parra, quien estudió Física en Brown y Oxford), parecen excluir las abstracciones.

Las largas listas de poetas más o menos de acá o allá, dentro del país, no hablan de ninguna salud. De todas formas, hemos llegado al adiós de los paternalismos de naturaleza piramidal, poeta-institución. Eso queda claro.

¿A tu consideración, cuáles son los poetas cubanos que actualmente viven en Cuba que merecen un mirada mucho más atenta, o algún tipo de reconocimiento mucho más preciso?

La crítica que pudiera establecer evaluaciones respecto a esto prefiere en el mejor de los casos dedicar interés a las figuras y fenómenos de ruptura a la vista, descuida la exégesis a lo que no se ha convertido en arqueología. De la promoción de los ochenta, salvo autores como Sigfredo Ariel, Víctor Fowler, Roberto Méndez y los ya conocidos Raúl Hernández Novás y Reina María Rodríguez, el terreno se nos aparece bastante confuso.

Los noventa se singularizan con el grupo Diáspora: Rogelio Saunders, Pedro Marqués de Armas, Rolando Sánchez Mejías, que es cronológicamente de la promoción anterior. Después han sobrevenido los jóvenes de la Generación 0.

Las nóminas son cercenantes en sentido operativo, pero te pudiera hablar de Teresa Melo, Sigfredo Ariel, Reinaldo García Blanco, Carlos Augusto Alfonso, Nelson Simón, el ya fallecido Alberto Acosta Pérez, Víctor Fowler, Omar Pérez. En estos dos últimos hay resistencia contra la poética de las posvanguardias, repolitización e ironía de tipo civil.

Lo mejor de los noventa quedó retraído (silencios, exilio) y el texto-consigna de Saunders, Sánchez Mejía, Ricardo Alberto Pérez, leído durante el homenaje a Orígenes en 1994 donde se proclamaban postmodernos y de hecho antiorigenistas, no pudo concretarse en una praxis poética radical, quizás por falta de renuncia a la retórica y los recursos tradicionales.

Los intentos post iniciáticos propendieron a cierto pintoresquismo, cristalizan en obras menos autotélicas. Por ejemplo, el Premio Guillén otorgado a Omar Pérez, y ahora en la nueva generación.

Y de los poetas o autores cubanos que hoy no viven en la Isla, ¿tienes algún tipo de admiración o preferencia en específico?

Trato de leer en sentido de que el interés filológico, de exploración de cuerpos textuales sea siempre lo necesario. El académico González Echeverría dijo, no sin razón, que la poesía se reconoce por la marca, a veces la colocación de los adjetivos, la sintaxis. Donde no hay marca, no hay verdadera poesía, pero los textos seudopoéticos no se pueden desestimar. Ayudan a entender lo común, su misma falta de estrategia deja más a la intemperie la aprehensión de contextos, la intrahistoria. Pensemos un momento en L’après midi d’un faune o en los cuadros de Malevitch o Mondrian: necesitan reversos de moneda, complementos.

Prefiero las obras de Alberto Garrandés, los ensayos de Alberto Abreu Arcia y Jorge Fornet. Algunos cuentos de Alberto Garrido y de Rogelio Riverón, el teatro de Nicolás Dorr y Norge Espinosa. Leo los trabajos desmitificantes sobre la historia y la cultura insulares. Los sofistas descubrieron un sinnúmero de asertos sobre la verdad. La verdad debe interiorizarse. Yo busco mi propia verdad.

¿Crees que los cubanos, todos, tanto los que viven en el exilio como los que viven en Cuba, podrían algún día llegar a hermanarse independientemente de las diversas formas de pensar que cada uno pudiera tener? ¿Crees que exista el "entendimiento" entre nosotros, cubanos tanto de dentro como de fuera?

Cuba forma parte de la "caribeñidad". La historia de Haití, de Jamaica, de las islas de Barlovento, de todo el Caribe etnocéntrico, parece inclinada hacia sus diásporas. Migración-inmigración van al lado de su sino recurrente. Los cubanos emigrados a principios de los sesenta poseen tipologías donde han operado factores de transculturalidad, de acuerdo con la definición de Wolfgand Welsh para las culturas asiáticas. Los cambios de contexto verificaron mutaciones en la recepción del mundo mediato e inmediato, las reelaboraciones de imagen de estas personas con respecto a la Isla forzosamente se moldearon a trasluz del distanciamiento (apatía, empatía), pero también del contexto del entorno alternativo.

Los hijos de los cubanos de la diáspora han sido tocados por esa transculturalidad y de alguna manera perdido lo que pudiéramos llamar afectivización ab origo. En su ensayo sobre la educación del hombre burgués, hace casi un siglo, el argentino Aníbal Ponce ponía en duda que capos y obreros pudieran conciliar intereses a través de la formalización. En fin, lo heterogéneo se atrae por una forzosa ley de contrarios. Los fragmentos, parafraseando a Lezama, podrían reagruparse alrededor del imán. El tiempo hace su obra.

De inmediato, ¿qué cambios crees que deberían haber dentro de la Isla? Hablo en sentido general, tanto económicos, políticos, o culturales.

En la Isla ha habido cambios perceptibles desde el 2009 que atañen a estrategias económicas y de gobernabilidad. Los estudiosos están atentos, han salido a la luz criterios diferentes. Es el caso, por ejemplo, de las reflexiones "Cuba: ¿hacia un nuevo pacto social?" de Carlos Alzugaray, Alexis Pestano, Arturo López Levy, Lenier González, etc, en Espacio Laical (número 26, abril-junio de 2011).

Los actores sociales ya no pueden ser ni son los mismos. No estoy muy seguro en cuanto a "recetas" de cambio. Soy una persona solitaria, que vive en el onceno piso de un edificio a las afueras de su ciudad. Intuyo las cosas, pero no puedo verlas bien. Hay que buscar en el hombre interior, como advertía San Pablo.

¿Trabajas en algún nuevo libro o poemario? ¿De qué se trata? ¿Te interesaría publicarlo (también) fuera de Cuba?

Tengo dos libros de ensayos terminados, Breviario disperso, y en coautoría con mi esposa Silvia, Entre el Atlántico y el Caribe (Seis ensayos sobre la identidad insular), que no ha sido bien valorado por ir a contracorriente del discurso crítico tradicional sobre figuras de las letras cubanas del XX, sobre todo Lezama y Carpentier.

Mi ensayo sobre Lezama ofrece claves nuevas para la lectura de Muerte de Narciso, el cual interpreto verso tras verso por primera vez casi a lo largo de un siglo. Además propuse un desmontaje litúrgico de las partes ritualísticas abakuás de Écue –Yamba-O, pero esto y la ortodoxia a la cual me referí antes han actuado como cierre de paso a nuestro libro que sí me gustaría publicar fuera de Cuba, donde obtenga mayor impacto y remuneración.

¿Cómo definir al poeta Pedro Llanes Delgado?

Me considero artesano al igual que Palissy, quien se definía como un hombre que andaba en la oscuridad. La pieza entregada al fuego blanquea para después renacer. Miro hacia abajo. Mis padres me enseñaron a mirar hacia abajo, desde la pobreza. Me defino como una persona que mira hacia abajo.