Lunes, 26 de Septiembre de 2016
01:47 CEST.
Teatro

«Quiero hacer Hamlet…, no te rías»

A Jorge Losada, Cuba no le ha hecho nunca un homenaje. En Miami, el centro cultural Cubaocho, en plena sagüesera, celebró, desbordado, sus 52 años de actuación, con la proyección de su telefilme Mejilla con mejilla, con Rosita Fornés. ¡Cómo cambia Miami! Basta caminar la Calle 8, para ver las carteleras con artistas de la Isla. ¿Pero, pueden los artistas cubanos de Miami presentarse en Cuba? ¿Qué opina Losada?

"¡No opino nada! No sé como funciona este intercambio. Yo vengo de visita. Hago una solicitud. Me aprueban. Y al avión. La paso de maravillas gracias a mis generosos amigos. Luego regreso a La Habana. Nunca he venido a Miami como artista a trabajar… Mira que hacerle esta pregunta a un artista que regresa a Cuba. Cuando yo vivía en la Isla y recibía una carta de Reinaldo Arenas, me entraba el tembleque… ¡Ay!".

Acto seguido, Losada cambia el tono. Suena serio. Yo cambio de palo pa' rumba y comienzo realmente la entrevista.

¿Cómo te fue con la diva en 'Mejilla con mejilla'? ¿Rosa se quejaba?

Nos quejábamos todos. Dos meses, 10 horas diarias encerrados en un camerino hecho para la película con una treintena de bombillos de cien bujías encendidos, y sin aire acondicionado porque hacía ruido. ¡Te imaginas! ¡Una sola cámara! Grabar y regrabar. Un calor de infierno. Pero valió la pena. Se estrenó en la televisión cubana el pasado 25 de diciembre. La Fornés está estupenda.

¿Y tú? Cómo te ves de maquillista confesional?

No me quejo. El papel del fan que envejeció junto a su vedete adorada, me salió natural. Llevo la vida entera en el teatro. A mi lado se han maquillado tantas estrellas… Me han contado vidas y milagros.

¿Nicolás Dorr escribió el libreto para Rosita?

Ya antes había escrito para Rosa, Confesión en el Barrio Chino (1983) y Nenúfares en el techo del mundo (1997). Nicolás hablaba de crear una obra para Rosita conmigo. Al fin, hace dos años, nos mostró la deliciosa relación de la vedette con su maquillista. Rosa y yo hicimos varias lecturas con público, hasta que Delso Aquino logró grabarla para la televisión.

¿A sus 88 años, Rosa, todavía retiene sus parlamentos?

¡Qué pregunta, querido! Ella es mi colega, si no los recordara, no te lo iba a decir. Pero te advierto que tiene mejor memoria que yo, que soy un niño. [El ex flaco del cine cubano: Alicia en el pueblo de maravillas, Las viejas putas, Guantanamera, cumplió 79 años].

Háblame de tus comienzos como actor.

En 1954, estudié dos años Bachelor of Art, en Texas. Cuando regresé a La Habana fui declamador. Luego entré en la Academia de Arte Dramático, me gradué y pasé 20 años como actor, en el grupo teatral Rita Montaner.                                                              

¿De tus personajes, cuál prefieres?

¡Todos! Porque a cada uno me entregué. Algunos me dieron popularidad. Otros reconocimiento. Estoy agradecido al Caballero de Pogolotti, de Héctor Quintero, que me ganó el premio UNEAC al mejor actor en 1987, al Don Quijote de la Rampa, que me dirigió Milián, al humorístico Pateando la lata, en TV, con Delso Aquino. Quiero a todos mis personajes, hasta a los más pequeñitos, porque si no, no los hago.

¿Hacías comedia porque tu físico no se prestaba para galán, para el drama?

¿Tan feo soy? Mira, desmiento a Chaplin, me es fácil hacer reír. No me cuesta trabajo hacer comedia. Quizá por esa gracia con que nací, los directores siempre me han ofrecido papeles cómicos. ¡Claro que protestaba! Quería hacer papeles dramáticos. Pero, el que nace pa'tamal…  ya sabes, acabé en el Musical.

¡Con el difícil Héctor Quintero! ¿Qué tiempo estuviste en el Teatro Musical de La Habana?

Cuando salí del Rita Montaner pasé a Estudio Lírico, con la soprano Alina Sánchez, como subdirector de la compañía, de ahí di el brinco al Musical y fue una gran sorpresa para mí. Héctor mantenía una disciplina férrea. Había que estudiar canto, baile, volverse un actor completo. Lo más arduo que hay en el mundo artístico es el teatro musical.

Y ya ves, el teatro musical en Cuba fue acusado de populista.

¿Acaso los musicales de Broadway son populistas porque se llenan? No son populistas, son populares, que no es lo mismo. El Musical de La Habana siempre estaba lleno hasta el tope, porque el cubano lo llevaba en la sangre, iba a gozar, a cantar, a bailar, como hicieron sus abuelos en los teatros vernáculos Alhambra y Martí.

Al bufo que hacían Alicia Rico y Carlos Pous en el Martí, los aburridos lo criticaron tanto que acabaron cerrando el teatro.

Cocinaditos feos, porque el teatro en Cuba surgió del negrito, el gallego y la mulata, de la guaracha, de la rumba, del sainete de actualidad. Adonde estaba el Alhambra habría que hacer un monumento.

Pero en Consulado y Virtudes solo hay ruinas del que fuera el Teatro Musical de La Habana.

Frente a esas venerables ruinas se me cayó el corazón al piso. Desde entonces me alejo. Quizá algún día lo rescaten. ¡Quizá! Es triste, pero en estos momentos, no tenemos teatro musical.

En Cuba, los actores pertenecen a grupos teatrales, tienen un salario. En Miami, la mayoría de los actores, para subsistir, tienen que trabajar en lo que encuentren. ¿Es mejor para el artista el Estado protector?

Hoy en Cuba quedan pocos grupos teatrales, el actor que tiene la suerte de pertenecer a uno recibe un salario, pero solo en La Habana hay más de 500 actores y cada año egresan decenas de las escuelas de arte. La mayoría también tiene que buscársela y después actuar. No cuesta soñar un Estado que se haga cargo de sus actores.

¿Los recortes económicos han afectado al teatro en la Isla?

Ya no estoy en un grupo, no sé de luces o trapos que no hay. Pero veo que se hace mucho teatro. Con pocos recursos han hecho hasta El Fantasma de la Ópera. Los cubanos inventan. Tú conociste la época  en que los actores tenían que llevar el vestuario para trabajar. Después de los años 80, hubo vestuario, grandes escenografías y hasta tus Girasoles de Opina [ríe con la estocada]. Con el período especial no hubo vestuario, pero sí hubo teatro. El cubano siempre se las arregla. Acuérdate del bisté de cáscara de toronja.

La indiscreta televisión de Miami dijo que Rosita Fornés estaba medio olvidada. Tampoco Lauren Bacall está a diario en los escenarios. ¿No crees que hay un momento, en que el artista debe dar paso a los más jóvenes?

El artista nace para morir en un escenario. No tiene que dar paso a nadie. Yo me tuve que abrir paso por mi mismo cuando era joven. Ahora estoy viejo y no pienso dejarle paso a nadie. La nueva generación que triunfe como triunfamos los viejos.

¿Te gustaría morirte en el escenario?

No me gustaría morirme, ¡solavaya! Pero qué lindo que terminara la función y me diera un patatús. Y ascender al cielo en medio de los aplausos .

¿Qué personaje no has hecho que te gustaría interpretar?

Quiero hacer Hamlet…, no te rías, to be, or not to be, that is the question.