Viernes, 30 de Septiembre de 2016
11:31 CEST.
Historia

Alianzas de Alicia Alonso

¿Por qué el nombre de Fidel Castro y su alma gemela, Alicia Alonso, siempre tienen que aparecer en los titulares de los periódicos, ya sean estos cibernéticos o impresos? Sin duda alguna, tanto uno como otro, ocupan y han ocupado posiciones relevantes en dos campos que difieren bastante. Sus respectivas presencias en la historia no pueden ser denegadas, ni tampoco la alianza que a lo largo de décadas han mantenido.

Un artículo publicado hace unos días en este diario ha merecido mi atención por ciertos datos que necesitan ser aclarados, y estoy dispuesta a acometerlos "con  la manga al codo", según un dicho de nuestro apóstol José Martí.

Por lo que expresa el artículo en cuestión, nadie sabe en fin de cuentas quién es en realidad Alicia Alonso. Creo que la definitiva aseveración del autor es algo incorrecta. Esta "dama de hierro del Caribe", como la llama, mostró desde la niñez una  voluntad de acero, dispuesta a hacer lo necesario para mantener su supremacía en el mundo de la danza, dentro y fuera de Cuba. La llegada de Castro al poder le facilitó dominar la escena danzaria en su país y no es difícil imaginar las razones de lo fructífero de tal alianza. Castro necesitaba un nombre conocido internacionalmente para exportar su marxismo-leninismo (léase fidelismo). Alicia, por su parte, había compartido escena con Fernando Alonso pero, una vez divorciada de él, dio rienda suelta a su totalitario poder, se apropió de la escena completamente y para ello hizo hincapié en lo fiel que era a su comunismo (que prefiero llamar alicismo).

Respecto al Ballet Nacional de Cuba, de indudable buena fama, habría que diferenciar los montajes de las obras presentadas —a los que la crítica universal no siempre encuentra interesante—, de los bailarines que aparecen en el escenario, quienes en su mayoría, sí que son admirados por la magnífica formación que obtienen en la llamada "escuela cubana de ballet". Aquí, muy injustamente, el crédito total de enseñanza, entrenamiento y coreografía recae absolutamente sobre Alicia, ignorando en el campo de la enseñanza a Ramona de Sáa,  directora de la escuela, y a la infinidad de profesores que dedican largas horas del día a entrenarlos. Y en los campos del entrenamiento y la coreografía, a Loipa Araújo y la admirada Josefina Méndez, ya fallecida, siempre presentes ayudando a Alicia en transmitir sus dictados, según se ha podido apreciar, fuera de Cuba, en documentales televisivos.

La larga biografía de la Alonso siempre es incluida en los programas del Ballet Nacional de Cuba. No sucece lo mismo, sin embargo, con ninguno de los otros solistas de la compañía. ¿Qué puede proveer a la danza una persona, por muy diestra que ésta sea, si no puede moverse por sí sola, como tampoco puede ver? Esta pregunta, indudablemente cruel pero muy necesaria, nadie se atreve a hacerla, porque  contestarla con honestidad daría muestras de falta de humanidad y compasión. Pero, ¿es justo ignorar a los profesores anónimos que merecen el verdadero reconocimiento?

Una segunda ocasión para bailar ante Batista

Respecto al revisionismo que Jorge Ignacio Pérez estima debe hacerse a tan larga vida como la de Alicia Alonso, espero que cuando se haga se mencione que hubo una segunda aparición de la bailarina ante el presidente Batista, cuando fue invitada especialmente a bailar en el Salón de los Espejos del Palacio Presidencial. Un hecho que sitúo entre los años 1952 (después del 10 de marzo) y 1956 (antes del mes de agosto). En esa ocasión, según mis recuerdos, Alicia bailó La muerte del cisne, acompañada por la orquesta que dirigía Enrique González Mántici. Recuerdo perfectamente las fotos que aparecieron al día siguiente, en el diario Información, y la crónica ofrecida por el periodista José Saínz de la Peña, a cargo de la sección social de ese periódico. Y también El País cubrió el acto, publicando un retrato de la assoluta, recostada en un pilar de mármol de la escalera que subía al salón.

Recuerdo también los comentarios de Ernestina del Hoyo, madre de la bailarina, que ese día se quejaba a voz en cuello ante mí de que su hija hubiera aceptado la invitación de "aquel asesino". (Su rechazo a Batista provenía de que el padre de Alicia, Antonio Martínez Arredondo, teniente veterinario del ejército del presidente Machado, había pertenecido al grupo de militares refugiados en el Hotel Nacional, por oponerse al tristemente célebre  "cuartelazo del 4 de septiembre". Martínez Arredondo había salido ileso del bombardeo de que fuera víctima el hotel.)

Lamentablemente, en este punto dependo de mis recuerdos, porque no he encontrado en ninguna biblioteca neoyorquina, la información que me respalde sobre esto. No obstante, lo llevo atesorado en mi memoria, y no dudo de que entre los lectores de este portal aparecerá ahora quien pueda dar también fe de ello.

La subvención de 40.000 pesos de que se beneficiaba la compañía de Alicia Alonso comenzó durante la presidencia de Carlos Prío Socarrás, en los años 50, y duraría hasta que el Instituto Nacional de Cultura, dirigido entonces por el Dr. Guillermo de Zéndegui, bajo la presidencia de Batista, la suprimiera en agosto de 1956.

Tuve la suerte de conversar con el Dr. Zéndegui sobre esto, en Miami, en una entrevista que fue publicada en la extinta revista Temas, en abril de 1998, pocos meses antes de su muerte. El ilustre ex-funcionario me aclaró que Alicia y el ballet no habían cumplido con lo estipulado en un principio: funciones gratis para el pueblo, y esa fue la razón para retirarle la subvención. A esta demanda, me contaba Zéndegui, Alicia Alonso le había contestado: "Mire, yo hago más con mis pies que Ud. y todos esos señores con sus títulos".

Huelgan los comentarios.

No creo ocioso añadir que la assoluta nunca tuvo a menos bailar si había buena paga. Ese fue el caso de la Cervecería Polar, que patrocinó una función del ballet Giselle, que tuvo lugar en el stadium universitario, en julio 22 de 1955 (ya la compañía había cambiado su nombre por Ballet de Cuba), respaldada por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). A ambos lados del escenario aparecían dos enormes botellas de cerveza. La imagen de una cerveza adornaba el programa. El lector curioso podrá encontrar abajo una copia del programa. No creo que Alicia  protestara entonces por ese poco elegante anuncio.

Alicia Alonso ha utilizado la política en beneficio de su carrera y de su compañía. No hay que creer, por tanto, en el peso de sus declaraciones políticas. Y valga como prueba una entrevista publicada en El Nacional de Caracas, el 30 de octubre de 1958 (ver copia en pdf abajo), donde la bailarina afirma que Batista, Grau, Prío y Fidel Castro eran lo mismo. Y a continuación asegura no haber votado nunca.

El año pasado, Alicia Alonso fue candidata al Premio Príncipe de Asturias junto al escultor Jaume Plensa, el diseñador Philippe Starck, el arquitecto Toyoo Ito, el cineasta Wong Kar-Wai, la pintora Paula Rego y los grupos Les Luthiers y Monty Python. Al final, fue elegido el maestro Riccardo Muti.

Obtener ese galardón es un largo y perseguido sueño de la assoluta. ¿Lo logrará? No apuesto por ello. Pero, siendo España constante plaza para las presentaciones de su compañía, está por ver qué nueva vuelta dará la Alonso a sus supuestas ideas políticas, para hacerse más grata en la madre patria.

 


Célida P. Villalón perteneció al personal administrativo de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana entre 1941 y 1959. Prima hermana de Fernando y Alberto Alonso, es autora de Pro-Arte Musical y su divulgación de cultura en Cuba (Senda Nueva de Ediciones, Trenton, New Jersey, 1990). Colabora sobre danza en los portalesDanza Ballet y Danza Hoy.