Lunes, 26 de Septiembre de 2016
12:29 CEST.
Música

Bobby + Jerry: la combinación perfecta

La madrileña Sala Clamores ofreció los días 7 y 8 de enero dos conciertos de Bobby Martínez y su Ensemble.

72 horas después, y sin poder hacer nada para evitarlo, uno sigue bajo el efecto de esa droga maravillosa que es la música en general y, en particular, el jazz. Para tocar así, además de asimilar largos años de conservatorio y estudio concienzudo, hay que dominar la técnica, la métrica, las armonías y la improvisación, pero también sentir la música con el corazón, con el akokán.

Sin riesgo a equivocarnos, podríamos decir que ahora mismo, en Madrid, los reyes del jazz en general y particularmente de su vertiente latina, son estos músicos cubanos que —amén de poseer una formación académica que les permite comprender una partitura al vuelo— tienen la muy socializada virtud de sentir y expresar con arrebatadora vehemencia la herencia musical de la Isla.

Además de ser un saxofonista tenor exquisito, Bobby Martínez conoce con qué músicos debe relacionarse para plasmar sus ideas; las mismas que, una vez ejecutadas, hacen vibrar al público y dejan la tarima bien caliente incluso en una noche de enero.

De esta suerte, Martínez consiguió acompañarse de músicos con los cuales ha tejido una estrecha complicidad, como Pepe Rivero en el piano, El Negrón en el contrabajo, un entrañable amigo como Oscar Salas en la batería, y el legendario musicazo newyorikan Jerry González, a cargo de la trompeta y el fliscornio, así como también de cinco tumbadoras. A partir de este ensemble solo cabía esperar un sonido que nutriera nuestra permanente hambruna de buen jazz.

El repertorio estuvo muy acertado, pues Bobby mezcló clásicos como Footprints, de Wayne Shorter; I got rhythm, de George Gershwin; Beatrice, de Sam Rivers, recientemente fallecido; All Blues, del gigante Miles Davis, con otros de su propia autoría, como Two way streets.

En ese sentido, lo más apasionante de esta banda es la capacidad de releer los clásicos en clave contemporánea y, sobre todo, traducirlos al latin. Escuchando la formidable versión del I got rhythm de Gershwin, se comprende definitivamente que su Obertura Cubana, con su potente soporte rítmico y sus síncopas, no constituye un mero homenaje a la música afrocubana, sino que la genialidad del compositor le permitió reconocer muy tempranamente que aquella formaba parte indisoluble del jazz.

Otro mérito de ésta banda de Bobby Martínez es que las transiciones del swing al latin y viceversa resultan extraordinariamente fluidas, terminando por amalgamarse de una manera tan orgánica que provocan una polifonía exuberante e intrincada que lleva, a su vez, a imaginar formatos musicales primitivos. En esto tienen especial responsabilidad Jerry González y Pepe Rivero, quien lo mismo le saca a su piano bellas armonías en Tenderly, que se alía con la poderosa polirrítmia de González en las congas para producir un gran contrapunto.

Uno se queda con ganas de más. Por suerte, estos músicos no cesan de trabajar, de crear y de reunirse en distintos formatos. Gracias a ellos Madrid podría convertirse, con pleno derecho, en capital europea del jazz latino.