Sábado, 1 de Octubre de 2016
01:17 CEST.
Entrevista

«A Cuba la suelen dibujar muy a menudo con un estatismo que no es real»

Recientemente fue presentado en La Habana, el libro No hay que llorar, de Arístides Vega Chapú (Santa Clara, 1962), que obtuviera el Premio Memoria 2009 del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. El volumen recoge testimonios de 35 artistas e intelectuales que vivieron el Período Especial cubano y que conocieron el caos y la penuria nacional de esos años. Su autor ha accedido a conversar sobre este libro y otros temas.

¿Por qué el título 'No hay que llorar'?

Cuando aún era un proyecto el libro de testimonios sobre el Período Especial, en una de las fiestas populares que con frecuencia se organizan en Cuba por cualquier motivo (o quizás sea que existen muchos motivos en mi país para estar permanentemente de fiesta) escuché por las bocinas que amplifican la música en esos jolgorios a Celia Cruz.

Como no era usual, ni antes ni ahora, escuchar en Cuba a esa excelente cantante, le puse atención y disfruté por primera vez el tema No hay que llorar, que mucho después supe era de la autoría de Isaac Delgado (*). La tesis de esa canción tiene mucho que ver con la capacidad de los cubanos de sonreír aun en las circunstancias más adversas. Por eso hacemos chistes hasta de nuestras desgracias.

Es exactamente esa la tesis que comparto con mi libro de testimonios, que en nada trata de regodearse en un período de profunda crisis. Yo, más que hacer recordar con este testimonio lo que se vivió entonces, intento destacar cuán valiente, esforzado y creativo es el pueblo al que pertenezco, sobreviviente de muchas contiendas entre las que está el llamado Período Especial.

¿Qué te hizo preparar este libro?

Entre mis amigos se conversaba, a veces, sobre lo vivido en la difícil etapa que eufemísticamente fue nombrada como Período Especial. Pero, sobre todo, se conversaba entonces de cuántas cosas ya se habían olvidado de ese tiempo y ninguna estaba escrita.

Habían algunas referencias en libros de ficción, y un excelente poemario de Lourdes González llamado Papeles de un naufragio que refería desde la lírica las duras experiencias de ese tiempo, pero no un testimonio, un ensayo, un libro que con esa intención se acercara a todo lo sucedido entonces. Les pedí entonces a esos mismos amigos que me testimoniaran su experiencia de esos difíciles años. Algunos lo hicieron y otros no.

Intenté publicar aquellos testimonios sin lograr que una editorial me aceptara este proyecto. Y me contenté con publicar algunos en la revista cultural Umbral.

Mi hija Laura, que ahora tiene quince años, llegó de la escuela, unos años atrás, preguntando qué había sido ese período. Cuando intenté explicárselo me di cuenta que no era tan fácil, ni siquiera para los que lo vivimos, exponer con pocas palabras en qué consistió el llamado Período Especial.

Es fácil responder: una crisis económica en la que prácticamente se paralizó el país. Pero también sería demasiado simple esa respuesta, que quizás sea la que ofrezcan en un futuro los libros de historia cuando refieran ese período de Cuba. Pero en verdad fue algo más complejo, algo más difícil de definir, porque, aunque es cierto que el país estuvo prácticamente paralizado, la gente, la mayoría del pueblo,  siguió viviendo su cotidianidad lo más parecida a la vivida siempre, y surgieron muchos proyectos, iniciativas, invenciones. Por ejemplo en Santa Clara, la ciudad donde vivo, se fundó la editorial Capiro, uno de los sucesos culturales más importantes de los últimos cincuenta años.

Entonces me di cuenta de que Laura y su generación y todos los que vendrán detrás de ella solo sabrían qué fue el Período Especial si muchos de los que lo vivimos se lo contábamos, y eso fue lo que me impulsó a retomar este proyecto, comunicándole la idea a todo el que pude, pidiéndole a todos que me contaran cómo sobrevivieron ese fragmento de la historia cubana, con las contradicciones y todos los matices que siempre existen cuando más de una persona cuenta un suceso. Por eso hay testimonios más cercanos y más lejanos a la fecha de publicación del libro.

¿Qué tiempo te llevó madurar, realizar, y materializar el proyecto?

En pocos días llegué a tener la seguridad de que quería testimoniar el Período Especial con voces de diferentes edades, afiliaciones y militancias diversas, de ambos sexos y cualquier creencia. Personas de diferentes estratos sociales, para que de toda esa rica, desigual y diversa experiencia, saliera testimoniado ese período con la veracidad que propician las distintas experiencias de quienes vivieron, o más bien sufrieron, este tiempo de maneras muy disímiles. Pero de esa intención a tener todos los testimonios que aparecen en el libro pasaron varios años, cuatro o cinco, quizás más. Sobre todo porque en un principio la propuesta asustó a muchos, pues era como mostrar la parte más fea de la existencia de nosotros y se sabe que somos, como característica nuestra, muy  orgullosos.

¿Quiénes han ofrecido sus testimonios para este libro? ¿Todos escritores? 

Cuando comencé a solicitar colaboración para este proyecto se la pedí a cualquier artista, fuera cual fuera su manifestación, pero la pereza de los que no eran escritores y el necesario balance de un libro de este tipo me obligó a quedarme solo con el testimonio ofrecido por mis colegas.

No seleccioné a ninguno de los que finalmente ofrecieron su testimonio. Yo invité a todos los escritores que conocía, a todo al que pude solicitárselo y que por cualquier vía le pude comentar lo que me proponía hacer. Hay escritores muy reconocidos como Lourdes González, Rolando Rodríguez, Virgilio López Lemus, Ricardo Riverón, Reinaldo Montero, Arturo Arango, Guillermo Vidal, Caridad Atencio, Alberto Garrandés, Laidi Fernández de Juan, Zaida del Río y Lina de Feria, por nombrar solo algunos de los participantes.

¿Todos los que han ofrecido su testimonio para este libro viven en la Isla, o hay escritores tanto de dentro como de fuera?

Nunca he tenido el mal gusto de separar u obviar a los escritores por el lugar donde decidan residir. José Martí no dejó de ser el más brillante y patriota de los cubanos por el largo tiempo que vivió en los muchos países donde residió la mayor parte de su corta vida.

En este proyecto aparecen escritores que residen en México, en Colombia, en Chile, en el Vedado, Marianao, Holguín, Matanzas y Las Tunas. Está además Aitana Alberti, representando a los extranjeros que los sorprendió este período de escasez residiendo en Cuba.

¿Qué repercusión ha tenido la publicación de este libro en la Isla?

No creo que la vanidad, que me toca por ser escritor, me permita decir que ha sido un suceso la salida de este libro. Aun solo han sucedido dos presentaciones; la primera en la sede del Centro Pablo, donde se publicó sin tachar o cambiar una sola línea y después de haber obtenido el Premio Memoria que convoca este Centro. La segunda en la sede de la UNEAC en Santa Clara, la ciudad donde resido. En ambas presentaciones tuve el privilegio de tener a buena parte de mis amigos, que como buenos amigos compraron el libro y me felicitaron.

Lo que sí es cierto que en la placita, en la bodega o en el parque Vidal de mi ciudad, me han preguntado, personas ajenas a la literatura, cómo pueden adquirir el libro. Y eso por supuesto es una satisfacción que agradezco y me reafirma que no estuve equivocado en solicitar y juntar estos testimonios.

¿Se pude adquirir en las librerías cubanas?

No tengo control sobre la distribución del libro, que suele ser, desgraciadamente, lenta. Pero sí puedo asegurar que ya está en la librería de la UNEAC en Villa Clara, por gestión de esta institución, y que será presentado en la Feria Internacional del Libro de la Habana y en su recorrido por varias provincias. Por ejemplo me han invitado a presentarlo en la feria santiaguera y holguinera.

¿Crees que la nueva generación se interese en conocer de algún modo cómo se sobrevivió a aquella crisis de la década de los noventa a través de tu libro?

No hay manera de imaginar el futuro desconociendo el pasado. Por otro lado, la juventud cubana (y puede que sea así con la juventud de todas partes) es inquieta y abierta y está ávida por conocer todo lo que tenga que ver con su historia, sobre todo con los episodios que no aparecen en sus cuadernos escolares.

¿Cómo definirías aquella última década del pasado siglo en Cuba, y cómo definirías esta primera década del siglo actual en Cuba? ¿Percibes diferencia(s) entre una etapa y otra en cuanto a lo económico, político, social y cultural?

A Cuba la suelen dibujar muy a menudo con un estatismo que no es real. Yo definiría ambas etapas, áquella y ésta como difíciles. Nos ha tocado andar sobre una cuerda floja. Yo nací con la Crisis de Octubre, por lo que he pasado por varios períodos difíciles, pero todos diferentes.

Como cualquier cubano, me siento un experto en la sobrevivencia. Me gusta creer que ahora estamos viviendo un momento igualmente difícil pero que traerá para la mayoría de mi pueblo resultados positivos, beneficios y mejorías que merecemos todos.

Mi hija Salma tenía pocos años cuando el Período Especial. Ahora tiene veintidós años. Se graduó de chellista, tiene un proyecto con el que toca en un hotel de Varadero. Puede pagarse un alquiler en Matanzas, que por demás es legal. Hace poco se financió la grabación de un disco con algunos temas de su repertorio, con el que cree no hace concesión artística alguna, y tiene contundentes planes para un futuro inmediato y lejano. Tiene sueños y cree que le será posible llevarlos a cabo.

Has dicho en otra entrevista que "el país económicamente se paralizó pero no ocurrió lo mismo en cuanto a la creación". ¿Crees que existe en el cubano algún instinto sobrehumano por "crear" aunque haya que hacer teatro al aire libre y a pleno sol a falta de fluido eléctrico, o hacer algún revoltillo de un solo huevo espolvoreado con gofio para una familia de cuatro bocas que creerán que aquello es picadillo de primera?

Si no fuese así muchos de nosotros no estuviésemos aún con capacidad de soñar un futuro mucho mejor.

¿O crees que cualquier ser humano en cualquier sitio del mundo hubiese hecho lo mismo por tal de no detenerse (o paralizarse) a la par del país que vive su caos económico?

No creo que seamos una raza superior, que por ser cubanos nazcamos con una capacidad superior al resto de los humanos. Pero lo cierto es que las circunstancias nos han hecho creativos, solidarios y fuertes. Yo he visto fuera de Cuba a más de uno derrumbarse por cosas que para nosotros son insignificantes, parte de nuestra dura cotidianidad.

Crees que el llamado Período Especial dejó secuelas en quienes lo vivieron y lo sufrieron? ¿Crees que con el tiempo se olvidarán aquellos años?

No es posible que un suceso importante como el Período Especial, que involucró a todos, no deje secuelas. Por ejemplo yo tengo, desde entonces, terror a ver el refrigerador o el viandero de mi casa vacío. No hay nada que me proporcione más pavor, más miedo.

No tengo capacidad alguna para predecir nada. Ni siquiera conozco el lenguaje del universo y con mirar el cielo saber si lloverá o no. Pero siempre he creído que los pueblos que olvidan su historia olvidan, junto con ella, quiénes han sido y quiénes quieren ser.

¿Cuál es tu criterio sobre la división existente entre cubanos de dentro y de fuera? ¿Crees que pudiera existir alguna vía para unir las mitades?

Yo creo que hubo una emigración política en los primeros años de la revolución que salió del país con mucho rencor, con una ira que tristemente los ha ido enterrando a todos. Lo digo por mi propia familia. Mi tío Ramón Vega no se reconcilió nunca más con Cuba y aquí no volvió, ni siquiera a visitarnos. Pero no creo que sea el caso de los que en los últimos años han salido de Cuba.

Yo no he dejado de ser amigo, de comunicarme, con ninguno de los que han decidido radicarse en muchos sitios de la infinita geografía con que se dibuja el mundo. Ni creo que ya sea un obstáculo para nadie el ser tolerante y abierto con ese tipo de decisiones. He visto en centros de trabajo despedir a alguien que por diversas circunstancias se va del país. He visto esas despedidas en las cuadras, entre los vecinos, donde también he visto los cálidos recibimientos que se le dan a los que nos visitan.

Yo creo que esas mitades separadas existen en la mala fe de algunos y a ese nivel en que la política defiende intereses mezquinos que nunca serán los de una mayoría. Se es cubano y un buen cubano por opción, se viva donde se viva. Y los cubanos todos podemos aportar a ese sueño colectivo y esperanzador de cómo queremos sea el futuro de la Isla. Un futuro en el que todos, vivamos donde vivamos, debemos y estamos, de cierta manera, obligados a contribuir.

¿Tienes en mente preparar algún nuevo libro de testimonios, o algún nuevo proyecto?

Siempre estoy trabajando. Terminé hace unos meses atrás una nueva novela, que tiene por título Steinway & Sons, que era la marca de un piano de cola que le intervinieron a mi tía Rita Chapú, como parte de su Conservatorio de Música, en la década del sesenta. Este suceso, que por supuesto la marcó a ella y a toda la familia, me sirve de pretexto para contar una historia, que como es mi costumbre tiene mucho de sucesos ciertos.

Anteriormente a este proyecto había concluido un libro de cuentos, que por cierto es mi primer acercamiento a este género. Ahora estoy comenzando a escribir una nueva novela que intenta testimoniar, desde la ficción, la cotidianidad de un cubano. Yo me doy cuenta que para alguien que no vive aquí es difícil entender lo que para nosotros es ya parte de nuestra realidad: cómo nos movemos de un sitio a otro si no hay transporte, cómo resolvemos los alimentos si hay tantas carencias, cómo vestimos, como vivimos el día a día. Esto es lo que estoy contando en mi nuevo proyecto y estoy muy entusiasmado. Los personajes son todos reales y los sucesos que cuento también.

Has logrado publicar más de una docena de libros de poesía, entre los que destaco Finales de los años (Abril, La Habana, 1994), De lo que se supone (Nave de Papel, México, 2001), y Dibujo de Salma (Capiro, Santa Clara, 2006; Letras Cubanas, La Habana, 2008). Eres considerado una de las voces esenciales de la llamada Generación de los Ochenta en Cuba. ¿Recurrirías siempre a la poesía como un recurso (literario) de salvación?

Creo desde hace mucho tiempo que el discurso de la poesía es el de la verdad. Los hombres, pese a todos los cambios sufridos, creen todavía que con un poema se conquista un amor, que un verso salva y mejora cualquier conversación por escabrosa que sea. Que no hay voz más poderosa, para llamar al combate, que la voz de la poesía. Nadie, por muchos cambios que se han operado en el mundo, se resiste al discurso de la poesía.

Yo escogí escribir novelas y cuentos y testimonio. Pero la poesía me escogió a mí. A veces cuando leo mis poemas, en alta voz, me parece que estoy hablando por Dios. La poesía es un gran misterio, pero un gran misterio, en primer lugar, para el que la escribe. Y yo no creo pueda dejar de escribirla, esté en el proyecto que esté. La poesía es la única confirmación que me puedo dar a mí mismo de que sigo esperanzado.


(*) El tema musical al que se refiere el entrevistado se titula La vida es un carnaval, y su autor es Víctor Daniel.