Domingo, 25 de Septiembre de 2016
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Encuesta

Lo mejor de tu año (XVII)

William Navarrate: Purge (Purga, Salamandra, 2011) de Sofi Oksanen

La finlandesa de origen estonio Sofi Oksanen (1977) fue la revelación literaria del 2010 en Francia. Purge, su tercera novela, fue ganadora del Premio Fémina Extranjero y la primera que se dio a conocer ante el lector francés. En ella, dos hermanas quedan atrapadas por la historia de la pequeña república báltica de Estonia, después de la ocupación nazi de 1941 y la soviética de 1945. Las rivalidades insignificantes que existían entre las dos se convierten, bajo el yugo de Moscú, en la delación, el odio y la deportación de una y la absoluta sumisión y transformación de la otra.

Cincuenta años después, Zara, nieta de la hermana deportada en Vladivostok, llega a una Estonia libre (1990), a casa de su tía abuela Aliida, huyendo de un sádico proxeneta ruso, ex agente de la KGB, convertido en su mentor. Con perfecta imbricación de tiempos y acontecimientos de las últimas cinco décadas, en un rompecabezas cuyas piezas van encajando, la autora de esta novela diseña, mediante breves bocetos de admirable maestría, un mapa exhaustivo de los efectos del totalitarismo en tres generaciones de rusos. El lector medio se estremece ante el inminente peligro de vivir en estas circunstancias, pero el lector conocedor de los mecanismos del poder bajo este tipo de régimen vive la zozobra de estas vidas con doble intensidad.


Magaly Espinosa: Reencarnación (2007) de Lázaro Saavedra

Apreciar una obra y que ella te evoque el espíritu de la ciudad que conocí en mi infancia, que puedas tocarla, olerla, es un valor que pocas piezas artísticas alcanzan. Eso sucede con Reencarnación, una video creación realizada por el artista Lázaro Saavedra. La misma se basa en la apropiación de unos fragmentos del documental PM (Orlando Jiménez Leal y Sabá Cabrera Infante) sustituyendo la banda original, con un número musical del desaparecido compositor y cantante Elvis Manuel.

PM fue realizado en el año 1961, el tema de Elvis Manuel en el 2007, 46 años las separan, y sin embargo, el montaje realizado por el artista logra armonizarlos de tal manera que podría pensarse que son los mismos personajes del filme los que bailan al compás de la pieza musical. Su valor más encomiable no radica esencialmente en manejar un material visual que forma parte del fondo fílmico del cine cubano, sino en los significados sociales y culturales que activa, del modo como nos hace sentir los tonos vitales de la cultura popular, identificándose también por las vías a través de las cuales ellos circulan, desde medios alternativos e informales, más apegados a las gestiones personales.

El texto que le sirve de preámbulo puede ayudar a comprender el significado de la fusión de estas dos obras, su alcance como síntesis de las circunstancias sociales que las generaron: "Develando los pactos secretos que se establecen entre el 'enterramiento' deliberado, en la cultura de los pueblos existen muchos fantasmas, esos seres proscritos de la representación legitimadora que no tienen derecho al reino de los cielos vagabundean en un punto inexacto entre el cielo y la tierra". El arte da la capacidad de caer en trance y el artista, como médium al fin, establece contacto con esas almas en pena y hace todo lo posible para darle una justa sepultura, para que descansen en paz y se abra para ellos el reino de los cielos.

 

Joaquín Gálvez: Intactvs (2008) de Mike Porcel

El compacto Intactvs, del compositor y cantautor cubano Mike Porcel, ha sido para mí, más que un reencuentro con su obra, un verdadero hallazgo musical, que me ha acompañado en las postrimerías de este año. Lo integran catorce canciones, entre las cuales podemos encontrar algunas conocidas de su etapa en Cuba ("Diario", "Ay del amor", "Esa mujer"), así como otras más recientes compuestas en el exilio ("Autorretrato", "Mis momentos felices", "Amigos") . Intactvs destaca por su variedad melódica y rítmica, que comprende la música clásica, la cubana, la folclórica europea, tal como la celta, la del Lejano y Medio Oriente, y el rock.

La riqueza musical de este compacto la compensan textos de hondo contenido poético, que dan testimonio de la vida de este músico. En la canción de apertura, "Autorretrato", escuchamos: "Sé de la gloria y del polvo, de caer y de alzarse en silencio, de resistir, de nacer y morir a lo viejo, con una estrella en las manos". Para así cerrar con "Intactvs", canción homónima de esta producción, que sirve de coda y que, como un haiku, destila la belleza y la síntesis de la sabiduría oriental: "Despierto para cerrar los ojos, camino algún poema poblado de futuro. Hago el amor a tientas como un pájaro ciego para evitarme un sueño y continuar después intacto".

Creo que esas líneas definen muy bien al artista y a la persona; su dignidad de creador, no sólo dentro del politizado medio cultural cubano que le tocó vivir, sino también en un ámbito musical masificado, donde prima la comercialización impuesta por las disqueras y los productores musicales. Gracias a la independencia artística de Mike Porcel, los amantes de la buena música nos podemos sentir a salvo en este remanso de exquisitez y calidad creativas.

 

Harold Alvarado Tenorio: La balada de los bandoleros baladíes (Universidad Veracruzana, 2011) de Daniel Ferreira

Nada más atroz que hallar en la ficción, el "arquetipo" de una experiencia y la "transcripción" del mecanismo que la ha producido. La balada de los bandoleros baladíes ha obrado en mí esa impresión. Hace más de una década viví en Colombia el horror del paramilitarismo, primero como hechos que sucedían en mi entorno y luego directamente. Si fuésemos capaces de reconstruir sin fingimiento los sentimientos de entonces, tanto fue el terror de los narcos y la guerrilla que desde finales de los ochenta llegamos a creer que los paramilitares eran una posible solución al conflicto. Pero lo más enfermizo de todo esto es que era tanto el terror que impedía condenar los efectos del contra terror. Al menos fue mi caso.

Con una Bogotá sitiada por las FARC, con sus asaltos a las poblaciones vecinas, los secuestros de todo precio, las extorsiones y el desfile de sus milicianos como Pedro por su casa en los campos, ver y oír las atrocidades de las paramilitares AUC contra quienes decían ser "nuestros" enemigos sin una condena explícita y un rechazo a los execrables "comandantes" no tiene otros descargos que la despiadada capacidad de la crueldad humana y el desprecio por el otro.

Los doctrinarios del terror como método para derrotar las bandas armadas de las FARC, lo ejercieron solo contra los débiles e indefensos. En muy raras ocasiones lesionaron gentes adineradas, blancos, pardos, terratenientes o godos. Fueron comunidades e individuos de raza negra y mestizos, los campesinos pobres, desamparados de los pueblos, las víctimas de su crueldad. Las ejecuciones y desmembramientos de ancianos, niños, inválidos, sordos, mudos, contrahechos o embarazadas fueron llevadas a cabo por profesionales del asesinato, mientras oían canciones de moda, comían sancochos de sábalo e ingerían ron blanco con el único propósito de castigar a los civiles, por los actos de los alzados en armas.

Es por ello y más que La balada de los bandoleros baladíes inaugura, quizás en español, la puesta en escena de los mecanismos del mal que asiste a las mentes de los criminales de oficio, que despedazan sus víctimas sin odio, ni ira, ni meditación, exclusivamente como una profesión, cuyos resultados deben ser infundir terror en quienes apoyan a los "otros" o hacen parte de esos colectivos. Estremecedora, apocalíptica, brutal, sangrienta, La balada de los bandoleros baladíes es el horrendo retrato de un monstruo que tuve la desdicha de conocer: José Dámaso Cuestas Hernandez, alias Jonás, uno de los lugartenientes del más feroz asesino que haya asolado el municipio de Guaduas: John Fredy Gallo Bedoya, alias El Pájaro.

 

Orlando González Esteva: Al vuelo de la página (Fórcola Ediciones, Madrid, 2011) de Juan Malpartida y Perros en la playa (La Oficina Ediciones, 2011) de Jordi Doce.

Entre las mayores alegrías que puede proporcionar la literatura está recibir un buen libro escrito por un amigo; por un amigo que escribe como a uno le gustaría escribir. Al vuelo de la página, de Juan Malpartida, y Perros en la playa, de Jordi Doce, publicados en 2011, vinieron a recordarme por qué durante un buen número de años he seguido con entusiasmo la labor de ambos autores y, oportunista, he pretendido beneficiarme de su ejemplo. Son dos escrituras donde, a la excelencia formal, hay que añadir —además de una sensibilidad que solo se alcanza a través de una intensa relación con la poesía— un arsenal de lecturas bien asimiladas, una inteligencia aguda tanto en lo racional como en lo intuitivo, una auténtica pasión crítica (en el sentido que Octavio Paz le daba a esta frase) y una curiosidad tan presta a hurgar en la vida interior como en la exterior, en el presente como en el pasado, en lo más familiar como en lo desconocido y, llegado el momento, tan presta a impugnar como a celebrar e incluso a sonreír.

Se trata de libros muy distintos y sin embargo afines en el gusto por la reflexión y en la voluntad de no ceder al facilismo y a los clamores del mercado; de libros leales a lo único que debe serlo un libro: a lo más sustancial de quien lo escribe, a aquello que éste ha asumido como paradigma de su vocación —que es lo mismo que decir, en el caso de Juan y de Jordi, como paradigma de una forma de ser—, y leales a la literatura, esa realidad que sin serlo todo casi llega a serlo si se le sitúa y se le vive más acá y más allá de la letra escrita, donde, no obstante, el escritor genuino está dispuesto a dejarse el pellejo.

Algo de Al vuelo de la página:

"Si la muerte tiene nuestro rostro, también es verdad que es la disolución de ese rostro. Nuestra propia muerte llama a la puerta y cuando abrimos nos oímos responder: es Nadie."

"El agujero negro es el gran egoísta del universo; pequeño y condensado, avaro que recuenta cada noche la innumerable cifra de su energía."

"No sé si mi padre, que murió de viejo, a los ochenta y seis, sabía con certeza que se estaba muriendo: me decía que lo llevara a la otra casa. Yo sabía que esa casa era la de la infancia, la casa en la que no moriría. Se alzaba y me cogía del brazo pidiéndome, u ordenándome: 'Llévame a la otra casa'. No era la casa de la muerte sino la que no moriría con él, la de la vida. Moriría su vida, pero no la casa de la vida (…)"

Algo de Perros en la playa:

"No logro dar conmigo. Vivo en los lugares a los que no puedo ir."

"La piedra, un silencio que se escucha a sí mismo."

"Escondía cosas para echarlas de menos."

"¿Con quién baila la llama de la vela?"

"Ama como ama el ojo, dejando intacto el objeto de su amor."

"Días que pasan a la carrera, para no vernos."

 

 


 

Otras selecciones:

(I) Daína Chaviano, Jorge Camacho, Armando López, Dolan Mor y Joaquín Badajoz

(II) Francisco Morán, Lourdes Gil, Camilo Venegas, Lolita Bosch y Fausto Canel

(III) José Kozer, Enrique Collazo, Reinaldo García Ramos, Odette Casamayor y Miñuca Villaverde

(IV) Magali Alabau, Luis Alberto de Cuenca, Isis Wirth, Pablo de Cuba Soria y Yoss

(V) Regina Coyula, Abilio Estévez, Ladislao Aguado, Olvido García Valdés y Jesús Rosado

(VI) Isel Rivero, Jorge Enrique Lage, Alejandro Ríos, Irma Alfonso Rubio y Ernesto Gutiérrez Tamargo

(VII) Jorge Ignacio Pérez, José Prats Sariol, Alicia Mariño, Manuel Santayana y Alberto Lauro

(VIII) Fernando Villaverde, Andrés Reynaldo, Juan Villoro, Teresa Dovalpage y Orlando Jiménez Leal

(IX) Manuel Zayas, Reina María Rodríguez, Gerardo Muñoz, Juan Antonio García Borrero y Jorge Luis Arcos

(X) Tanya Huntington, Carlos Pintado, Amir Valle, Enrico Mario Santí y Orlando Luis Pardo Lazo

(XI) Juana Rosa Pita, Carlos Alberto Montaner, Octavio Armand, Idalia Morejón Arnaiz y Radamés Molina

(XII) Javier Cercas, Ernesto Menéndez-Conde, Edgardo Dobry, Romy Sánchez y Lorenzo García Vega

(XIII) María Elena Hernández Caballero, Heriberto Hernández Medina, Mirta Ojito, Antonio G. Rodiles y Roberto González Echevarría

(XIV) Wilfredo Cancio Isla, Enrique del Risco, Gerardo Fernández Fe y Orestes Hurtado

(XV) Mirta Suquet, Juan Cueto-Roig, Carlos A. Aguilera, Francisco Hinojosa y Vicente Echerri

(XVI) Alejandro de la Fuente, Jorge Ferrer, Germán Guerra, Iván de la Nuez y Margarita Pintado Burgos