Jueves, 29 de Septiembre de 2016
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Encuesta

Lo mejor de tu año (XV)

Mirta Suquet: Cinévardaphoto (2004), Agnès Varda

Osos de peluche. Tres mil fotografías de niños, mujeres, románticos, prostitutas, enfermos terminales, locos, soldados, miles de personajes retratados con sus Teddy Bears en Europa, entre 1900 y 1940, época en que los ositos se ponen de moda tras la negativa de Theodore Roosevelt de dispararle a un oso atado. Ositos haciendo el saludo nazi, pequeños osos entre las pertenencias de soldados muertos: ironía del símbolo. Una niña apunta a su Teddy Bear con una pistola de juguete, casi de igual a igual, ambos del mismo tamaño: la fuerza de lo siniestro reduce cualquier simulación de inocencia o belleza. La voz en off de Agnès Varda concatena las fotos, teje relatos que tropiezan con la incapacidad de la fotografía para representar el sinsentido de la Historia a punto de abismarse. Europa se aferra a sus ositos de camino al crematorio.

Cinévardaphoto es una antología de tres documentales de Varda, rodados en épocas y contextos diferentes: Ydessa, les ours et etc… (2004), Ulysse (1982) y Salut les cubaines (1963). Lo que organiza los tres documentales son sus intrahistorias. Casi un siglo, el XX. Desde Auschwitz (en el primero de los documentales en torno a la exposición The Teddy Bear Project de Ydessa Hendeles, Munich, 2003), hasta la Revolución Cubana; desde la obsesión por recuperar una inocencia perdida tras la Segunda Guerra Mundial, hasta el chachachá que Varda baila en Cuba en 1963, y con el que cierra Cinévardaphoto. Del desastre en ciernes a la fiesta que casi empieza o termina. Todo en potencia. Y en el tránsito, Europa recupera la fe romántica, vía la hoz y el martillo a la cubana.

Salut les cubaines, el tercer documental, pone en movimiento miles de fotografías de la realidad cubana de 1963. Ahí están todos los rostros jóvenes, conocidos, reconocidos y desconocidos. La felicidad apenas cala a pesar de la fiesta y la pachanga de la banda sonora. Los lugares comunes empantanan el lugar que se describe, el sitio imposible de sitiar por la mirada eufórica de la fotógrafa. Es su fiesta, su culpa mitigada. Pero su valor radica en la posible relectura dentro del conjunto de Cinévardaphoto. Después de la desgarradora metáfora del primer documental, es imposible no dejar de preguntarse por la incapacidad de la fotografía para narrar "lo real". Los seres que posan con sus ositos de peluches están tan ajenos al holocausto por venir, como los cubanos de 1963 a la frustración de su felicidad. Del mundo de fantasía a la fantasía de un mundo.

 

Juan Cueto-Roig: Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García Márquez y otros títulos.

Actualmente, más que leer nuevos libros, me dedico a releer. No me canso de volver una y otra vez a García Márquez. Y de él, Crónica de una muerte anunciada y Doce cuentos peregrinos, y entre éstos, "María Dos Prazeres". Maravillosos relatos.

La última película que me apasionó fue La vida de los otros.

Y en música: Mahler, Mahler, Mahler.

 

Carlos A. Aguilera: El silencio del cuerpo (traducción de J. A. González Sainz, Acantilado, 2006) de Guido Ceronetti

Más que con un pensador o filósofo, Ceronetti pudiera ser comparado con un dentista. Uno flaco, guiñolesco, desgarbado, autorreflexivo. Uno que no quiere que lo echen de su trabajo pero a la vez tiene un profundo horror a la boca, ese agujero lleno de dientes con una cosa larga en medio. Y es que lo que verdaderamente disfrutaría el escritor italiano en una clínica dental serían los "aparatos de tortura", el olor a saliva mezclada con el empaste, la cara del paciente al saber que posee un cáncer, la rigidez del cuerpo (la reparación de un diente o el consuelo de una funda no son cosas que parezcan interesarles).

Esta verdad se hace patente sobre todo en El silencio del cuerpo, su libro sobre todos los males del mundo, sobre cómo identidad, política, vacunas artificiales y controles prostáticos han construido al nuevo animalito humano, ese ser que él parece aborrecer por encima de todo (en una entrevista incluso llega a decir que la salud como ideal es uno de los grandes crímenes de los tiempos modernos). En fin, un libro raro en medio de tanta purpurina y rinconera.

De su autor, el gran histérico que fue Cioran, dijo: "parece un ermitaño seducido por el infierno". Y tenía razón. El infierno de Ceronetti está localizado en los manuales de ginecología, en la reflexión sobre los órganos internos, en la escritura de su desencanto, en el flemón. Y nada como un flemón para hacer que veamos de pronto eso que el cristianismo antiguo llamaba la belleza: la de adentro y la de afuera. Nada como un flemón para hacernos más felices, ¿o hay algún valiente que se atreva a no estar de acuerdo?

 

Francisco Hinojosa: Al lado vivía una niña (Almadía, 2011), de Stefan Kiesbye

Una breve novela de tema criminal. Escrita en capítulos cortos, ofrece al lector una visión de un pueblo alemán de la postguerra a través del enfrentamiento de dos pandillas de niños: los Zorros y los Tejones.

Tras la violencia y la crueldad latentes en una sociedad que aún no despierta de la pesadilla de la Segunda Guerra, están en juego la libertad, la soledad, el silencio, el desamparo, la búsqueda de una sexualidad que quiere despertar en ;un mundo adulto sin esperanzas, las débiles fronteras que separan el bien del mal y la vida de la muerte.

Esta primera novela de Kiesbye es también el reflejo de una Europa desencantada y descompuesta.

 

Vicente Echerri: The History of the Decline and Fall of the Roman Empire de Edward Gibbon

Por un cuarto de siglo, los siete tomos de la versión anotada de The Decline and Fall of the Roman Empire de Edward Gibbon resaltaban entre mis libros con el reproche de una lectura pendiente. Este año, al fin —y luego de leer, o releer, a Mommsen, Tito Livio, Plinio, César y Suetonio, como obligados antecedentes a la obra monumental de Gibbon— emprendí la tarea, aplazada por tanto tiempo, con disciplinado placer. Por más de dos meses me despertaba con uno de estos gruesos volúmenes del historiador inglés en mi mesa de noche para proseguir una auténtica aventura en el tiempo: el decurso de la más formidable institución que haya conocido Occidente, el Imperio Romano, desde el apogeo de su poder en el siglo II hasta la caída de su último símbolo —la ciudad de Constantinopla— en 1453. Más de un milenio de historia contada con la amenidad de una novela en una de las prosas más elegantes que haya producido la lengua inglesa.

Si algo resalta en la lectura de esta Decadencia y caída es, de una parte, la voluntad de poder y el legado institucional de Roma en la cuenca del Mediterráneo y, como necesario envés, el lento y minucioso prontuario de los vicios políticos que fueron debilitando su estructura frente a las sucesivas migraciones e invasiones de los bárbaros: conflictos fronterizos e internos, en los que el cristianismo no fue siempre un ingrediente de cohesión.

La lectura de esta vasta obra me ha aportado una mayor comprensión de la cultura en la que orgullosamente me arraigo, una visión más coherente de ese trayecto vital que media, en Europa, entre el fin de la Antigüedad clásica y la reinvención renacentista; y me ha dejado, en el plano puramente sensorial, la memoria de una singular degustación.

 

 


Otras selecciones:

(I) Daína Chaviano, Jorge Camacho, Armando López, Dolan Mor y Joaquín Badajoz

(II) Francisco Morán, Lourdes Gil, Camilo Venegas, Lolita Bosch y Fausto Canel

(III) José Kozer, Enrique Collazo, Reinaldo García Ramos, Odette Casamayor y Miñuca Villaverde

(IV) Magali Alabau, Luis Alberto de Cuenca, Isis Wirth, Pablo de Cuba Soria y Yoss

(V) Regina Coyula, Abilio Estévez, Ladislao Aguado, Olvido García Valdés y Jesús Rosado

(VI) Isel Rivero, Jorge Enrique Lage, Alejandro Ríos, Irma Alfonso Rubio y Ernesto Gutiérrez Tamargo

(VII) Jorge Ignacio Pérez, José Prats Sariol, Alicia Mariño, Manuel Santayana y Alberto Lauro

(VIII) Fernando Villaverde, Andrés Reynaldo, Juan Villoro, Teresa Dovalpage y Orlando Jiménez Leal

(IX) Manuel Zayas, Reina María Rodríguez, Gerardo Muñoz, Juan Antonio García Borrero y Jorge Luis Arcos

(X) Tanya Huntington, Carlos Pintado, Amir Valle, Enrico Mario Santí y Orlando Luis Pardo Lazo

(XI) Juana Rosa Pita, Carlos Alberto Montaner, Octavio Armand, Idalia Morejón Arnaiz y Radamés Molina

(XII) Javier Cercas, Ernesto Menéndez-Conde, Edgardo Dobry, Romy Sánchez y Lorenzo García Vega

(XIII) María Elena Hernández Caballero, Heriberto Hernández Medina, Mirta Ojito, Antonio G. Rodiles y Roberto González Echevarría

(XIV) Wilfredo Cancio Isla, Enrique del Risco, Gerardo Fernández Fe y Orestes Hurtado