Martes, 27 de Septiembre de 2016
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Encuesta

Lo mejor de tu año (XII)

Javier Cercas: Melancolía de Lars von Trier

Entiendo que las películas de von Trier no gusten, incluso que pongan de los nervios; a mí me gustan mucho, incluso cuando no me gustan. Quiero decir que, como me ocurre con cualquier escritor o cineasta o músico o pintor que me interesa, me interesa casi siempre, quizá porque con lo que de verdad disfruto no es exactamente con el resultado final de su trabajo (o no solo con eso), sino con el hecho de reconocer en ese resultado final una determinada forma de trabajar y ver el mundo.

En este caso he disfrutado con ambas cosas. Melancolía no es a mi juicio la mejor película de von Trier, pero sí es una excelente película, una película de una fuerza y una veracidad considerables, dotada de una permanente capacidad de sorprender y protagonizada por actores formidables (desde los principales, como Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg y Keifer Sutherland, hasta los secundarios, como una fastuosa y para mí casi olvidada Charlotte Rampling). Por lo demás, ahora mismo no recuerdo una representación cinematográfica del fin del mundo tan turbadora y persuasiva como esa.

Ernesto Menéndez-Conde: The State of Art Criticism (Routledge, 2008), editado por James Elkins y Michel Newman 

Entre las lecturas que más he disfrutado este año, mencionaría ésta. El libro tiene la estructura de un seminario. Cinco autores presentaron temas de discusión, como puntos de partidas sobre los que otros prominentes críticos agregaron sus comentarios. Además contiene la transcripción de dos coloquios, celebrados en el Burren College of Art, en junio del 2005 y en el Art Institute of Chicago, en octubre de ese mismo año.

Un juicio parece prevalecer a lo largo de las más de cuatrocientas páginas que conforman el volumen: la crítica de arte está en crisis. The State of Art Criticism, si bien debe leerse como un obra colectiva, es una prolongación de un libro anterior de Elkins, What Happened to Art Criticism? (2003). La paradoja que propone Elkins en ambos textos consiste en afirmar que la crisis de la crítica se debe, entre otras cosas, a su fecundidad y a su masificación: una sobreabundancia —en catálogos, monografías, periódicos, revistas especializadas, blogs, páginas web— que ni los lectores más ávidos conseguirían digerir. Para opinar o escribir sobre arte no se requiere de ninguna formación ni especialización previa, ya que la disciplina se ha divorciado significativamente de la historia del arte y la tradición formalista. Además, la incidencia del pensamiento teórico contemporáneo —desde el psicoanálisis lacaniano y la crítica feminista, hasta el post-estructuralismo y el neo-marxismo— le ha conferido un carácter especulativo, provisto de una amplia gama de enfoques, frecuentemente entremezclados. La crítica de arte, al igual que la creación artística, se ha deshecho de sus ataduras. Pero la apertura hacia el infinito ha evidenciado una especie de orfandad.

Otros autores ven la crisis de la crítica de arte en una relación muy directa con los problemas por los que atraviesa el arte contemporáneo. Así, Peter Plagens observa que durante los últimos años se ha consolidado el mercado de arte, mientras que —en contra de lo que pudiera esperarse— ha disminuido el interés por la crítica en los diarios y revistas. De acuerdo con el ya retirado columnista de Newsweek, esto se debe a que las creaciones recientes posiblemente hayan dejado de ser vistas como arte y, por ende, han perdido el atractivo mediático que pudieron tener en el pasado.

En la cuarta parte del libro —donde figura el texto de Plagens— opinan quienes ejercen la crítica de arte en las publicaciones periódicas, con frecuencia distantes de los discursos universitarios. En este segmento aparecen numerosos puntos de vista opuestos a las posiciones presentadas en las ponencias y pueden leerse duros ataques, en particular contra Elkins. Esta sección agrega nuevas aristas y convierte el libro en una animada polémica, como las que no suelen aparecer ni en los periódicos ni mucho menos en los predios universitarios norteamericanos.

El libro brinda la oportunidad de disfrutar a pensadores —como el propio Elkins, Irit Rogoff y Boris Groys— que manejan el lenguaje de manera admirable. The State of Art Criticism proporciona también el placer de la lectura.

Edgardo Dobry: Opium (Backlist, 2009) de Jean Cocteau

Aunque he leído, como todos los años, muchas novedades (por ejemplo, estoy disfrutando muchísimo con la nueva edición de La rama dorada, el clásico de James Frazer, en la nueva edición del Fondo de Cultura Económica), creo que uno de los libros de mi año ha sido éste de Jean Cocteau, en la magnífica traducción de Ignacio Vidal-Folch (autor, también, del prólogo).

Aunque se me escapan los motivos por los que los editores dejaron en el título en el original francés, el libro es un diario muy peculiar de la adicción de Cocteau al opio, ya desde la desintoxicación. Aunque las observaciones sobre la droga son siempre lúcidas ("el opio no soporta a los adeptos impacientes, a los derrochadores. Se aparta de ellos, les deja la morfina, la heroína, el suicidio, la muerte"), lo que más me interesó son sus apuntes, breves, ligeros, como al acaso, pero siempre penetrantes y sorprendentes, sobre poesía y arte. Por ejemplo, sobre Mallarmé, a quien condena —creo que injusta, pero muy agudamente— al ámbito de la "orfebrería" verbal: "Rimbaud robó sus diamantes; pero ¿dónde? Ese es el enigma. Mallarmé, el sabio, nos fatiga (...) Mallarmé influye sobre todo en el estilo del periodismo. A Baudelaire le salen arrugas pero mantiene una juventud sorprendente. Cada verso de Mallarmé fue, desde su nacimiento, una bonita arruga... ".

Uno de los capítulos más divertidos del libro está dedicado a Proust. Cocteau y Proust eran vecinos en el Boulevard Haussmann; en una ocasión Cocteau decide visitarlo sin avisar y como Proust no estaba en casa lo espera en la puerta; al llegar, Marcel cree verlo desabrigado. Al día siguiente le manda a su sastre a tomarle las medidas para hacerle una pelliza: "Despedí al sastre y Proust me guardó rencor. A la lista de agravios que me envió añadió otros agravios...". Hay diversas anécdotas por el estilo, que en pocas páginas pintan mejor a Proust que varias voluminosas biografías.

Romy Sánchez: Les Îles (JC Lattès, 2011) de Philippe Lançon

Mi libro del año es sin duda alguna la extensa novela del periodista francés Philippe Lançon. En francés se dice un "coup de coeur". Algo que a uno le dió literalmente un "golpe al corazón".

Se lee en él la voz inquieta y refinada de un narrador viajante, errante, que se mueve continuamente entre París, Asia y América. Por infinitas y a veces inexplicables razones, tiene en Hong-Kong y Cuba ataduras mas fuertes, vínculos mas intensos que en otras partes del mundo. Esas dos islas, tan lejanas y diferentes (y por momentos, gracias a la pluma del autor, tan cercanas y semejantes), son el escenario y los personajes de lo que se podría definir como autoficción. Impresiones, lecturas, cosas vistas, sentidas, oídas, pensadas.

Sin la historia de Jad, amiga asiática del narrador que es el puente entre los dos territorios y que se vuelve literalmente loca en Cuba, el libro pudiera ser una sucesión agradable de paisajes interiores y exteriores, de retratos del mundo y del alma. Pero poco a poco, cuando el texto llega a La Habana, empieza el relato imaginado de lo que aquella mujer vive en la isla caribeña : el narrador, queriendo entender a posteriori como esa abogada de cuarenta años se ahoga en pocos días en una demencia obsesiva, cuenta un viaje turístico en una Cuba que deviene el inquietante teatro de la incomprensión.

Las dos historias se cruzan, se mezclan: los amores enredados del narrador, el comienzo del hundimiento de Jad en una isla que rechaza, el desfile de los personajes de una Cuba estática, las lecturas de un hombre que sobrevivió a un divorcio con una cubana que fue el amor de su vida. Y mucho más. La mirada tanto distante como enamorada de Lançon, esboza una Cuba ya no solo soñada sino bien real, triste, rara y por momentos tóxica por incomprensible. Nada de exotismo, nada de escándalo, de música o de tabacos y ron. Se trata de la Cuba íntima de alguien que supo saborearla con su amargura. Cuba mezclada con locura y con Asia: o como observar desde otros topoï, desde afuera, la obsesión insular.

Lorenzo García Vega: Memento Mori, exposición de Arturo Rodríguez en Miami Dade College

Lo mejor de este año fue una temporada en el Hospital de Boston, donde una neumonía me hizo ver las estrellas. Así que esto me ha dejado una respuesta para los lectores de Diario de Cuba. Pues después de salir del Hospital de Boston, me he pasado el año mirando para la pared, pero hace poco, eso sí, estuve en una exposición del pintor Arturo Rodríguez, en esta horrible Playa Albina donde vivo.

La exposición me clavó en la mente a dos personajes, padre e hijo, compañeros de juego. Sobre todo el padre, con bigote y seguramente un oficinista, me ofreció una música de la que doy, como un notario, constancia, ya que me llegó a apasionar.

¿Qué más puedo decir? Vean esta exposición, pidan el catálogo.

 

 


Otras selecciones:

(I) Daína Chaviano, Jorge Camacho, Armando López, Dolan Mor y Joaquín Badajoz

(II) Francisco Morán, Lourdes Gil, Camilo Venegas, Lolita Bosch y Fausto Canel

(III) José Kozer, Enrique Collazo, Reinaldo García Ramos, Odette Casamayor y Miñuca Villaverde

(IV) Magali Alabau, Luis Alberto de Cuenca, Isis Wirth, Pablo de Cuba Soria y Yoss

(V) Regina Coyula, Abilio Estévez, Ladislao Aguado, Olvido García Valdés y Jesús Rosado

(VI) Isel Rivero, Jorge Enrique Lage, Alejandro Ríos, Irma Alfonso Rubio y Ernesto Gutiérrez Tamargo

(VII) Jorge Ignacio Pérez, José Prats Sariol, Alicia Mariño, Manuel Santayana y Alberto Lauro

(VIII) Fernando Villaverde, Andrés Reynaldo, Juan Villoro, Teresa Dovalpage y Orlando Jiménez Leal

(IX) Manuel Zayas, Reina María Rodríguez, Gerardo Muñoz, Juan Antonio García Borrero y Jorge Luis Arcos

(X) Tanya Huntington, Carlos Pintado, Amir Valle, Enrico Mario Santí y Orlando Luis Pardo Lazo

(XI) Juana Rosa Pita, Carlos Alberto Montaner, Octavio Armand, Idalia Morejón Arnaiz y Radamés Molina